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El toro del 2011: sin raza no hay emoción

La temporada 2011 ha confirmado el gran mal que aqueja a la cabaña brava desde hace unos años: una falta de raza generalizada que frustra ferias completas.

La afición, crítica con los toros La afición, crítica con los toros

Herman Pascual  |  Madrid  | Actualizado el 04/11/2011 a las 11:53 horas

Al margen de toros y ganaderías excepcionales que ya hemos analizados, la temporada 2011 ha confirmado el gran mal que aqueja a la cabaña brava desde hace unos años: una falta de raza generalizada que frustra ferias completas. Es el desafío de cuya solución depende el futuro de la corrida como espectáculo pujante y en auge.

Ni independentistas ni ecologistas: el enemigo es el descastamiento
¿Es posible que se haya conseguido el toro más bravo, entregado, fijo y noble de la historia del toreo y a la vez se frustren ferias enteras por el juego del ganado? ¿Cómo es posible que se haya erradicado la invalidez de los ruedos y sin embargo la sensación de que algo falla se extienda entre la afición?

Quitando toros puntuales de gran calidad, las ferias de Abril en Sevilla y las de San Isidro y Aniversario en Madrid fueron una sucesión de frustraciones. Semanas enteras con el mismo titular: corrida bajísima de raza. Y así, durante buena parte de la temporada taurina.

Toros que salen con empuje y aguantan sin problemas el tercio de varas. En banderillas comienzan a reservarse y defenderse. Cuando el matador coge la muleta y cita llega el desfondamiento, la embestida corta y sin celo, la falta de emoción y, en muchos casos, el peligro que nace de un animal al que le falla el motor. El motor de la corrida como espectáculo: la raza.

Genio y sosería, las dos cruces de la misma moneda
Hay quien aún cree que estos males se los debemos a las llamadas ganaderías comerciales. Falso. Los defensores de los hierros más duros, toristas o como se quieran llamar, deben reconocer la cruda realidad. En búsqueda de la raza, muchas ganaderías presuntamente encastadas se han topado con el genio.

Es la misma espiral en la que caen las ganaderías presuntamente de calidad: en búsqueda de la bravura, nos entregan sosería y descastamiento. Es otra de las conclusiones de este 2011: los hierros toristas decepcionaron, con honrosas excepciones. Los aficionados a la emoción del toro fiero están de capa caída.

Por el otro lado, ganaderías que lidian de continuo, cuyos toros son deseados y elegidos por las figuras, arrojan resultados engañosos. Muchas tardes se salvan por la boyantía y la nobleza de ejemplares sueltos. La bravura brilla por su ausencia. Su puesto en el top-ten de los hierros más lidiados está garantizado por una única razón: el toro malo simplemente no permite faena alguna. Se para, no quiere, pero no es un toro ilidiable. Y con eso a los taurinos les vale. A la afición, no.

Trapío: un paso atrás
Muchas tardes las corridas se tapan por la cara. Sea por las fundas o no, los pitones salen al ruedo astifinos desde la cepa misma. Extrañamente astifinos. En unos años, al toro de mazorca naturalmente ancha se le acusará de afeitado. Al tiempo.

Pero el trapío no son los pitones ni los kilos. El cuajo está en la culata y en el conjunto. Ha sido otro año de falta de criterio veterinario en muchas ferias. Veterinario y también de las presidencias. Muchos toros sin rematar. Muchas presentaciones que eran auténticas escaleras. Muchos cinqueños bastos y muchos cuatreños que cumplían edad por los pelos.

Y junto a ello, vaivenes en los criterios de la autoridad que desmantelaban corridas concretas, quizá por salvar recientes vergüenzas. Hace falta subir de nuevo la exigencia, sobre todo cuando las figuras están en el ruedo. Si ellos mismos se quitan importancia, mal asunto.

Crisis: ruina o regeneración
Ha sido el tercer año de crisis económica creciente. Los ganaderos son quizá los mayores paganos. Sobran toros, sobran hierros, bajan los precios de venta y suben los costes de las explotaciones. Los saneamientos son cada vez más un yugo y menos una garantía. Con los dedos de una mano se cuentan los ganaderos que saldan el año con beneficios. La situación es negra y en 2012 veremos más hierros históricos que se venden o desaparecen.

Sin embargo, la misma crisis puede suponer un tamiz, aún duro y cruel, que permita la selección natural también entre los criadores de bravo. Los alquimistas del toro siempre han sabido responder a las exigencias de la afición, aunque sea labor costosa y lenta.

Todo espectáculo moderno exige emoción y calidad. Sin ellas el aficionado siempre va a seguir fiel a su pasión, pero el espectador se aburre y elige otra opción de ocio. Así de simple y así de complicado.

 

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Dionisio San Miguel Quevedo

Aficionado desde la adolescencia a este espectáculo, mezcla de plasticidad y emoción, formé un día parte del equipo que realizaba el suplemento de toros del extinto Diario 16, con Barquerito al frente. Hoy, profesionalmente alejado de la información taurina, defiendo la fiesta y al toro sin reservas, pero entiendo que provoque rechazo por desconocimiento o sensibilidades.

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