12:51 jul 14, 2008 | Dionisio San Miguel | General

De cómo ver una corrida y enterarse (III): el temple

templar.

(Del lat. temper

1. tr. Moderar, entibiar o suavizar la fuerza de algo. Apl. al genio o enojo de una persona, u. t. en sent. fig.

 

En estos tiempos en lo que prima, por encima de todo, la velocidad, en muy pocos aspectos de la vida se tiene en cuenta otra habilidad del ser humano: el temple. Parece una virtud olvidada, siendo vital para ir por la vida. Pero estamos hablando del mundo del toro, y torear dicen los puristas que consiste en parar, templar y mandar. Vamos a centrarnos en lo segundo, seguramente otro de los pilares de este arte.

Del temple se ha dicho mucho y se ha discutido más. Para la mayoría, si hablamos únicamente en la parte técnica del toreo, templar significa acomodar la velocidad del engaño a la velocidad de la embestida del toro -así lo dice el diccionario de la Real Academia en su acepción taurina- para que los pitones sigan lo más cerca posible el capote o la muleta, pero sin llegar a tocarlo en ningún momento del capotazo o muletazo. Se trata, pues, de la coordinación perfecta del movimiento por parte del torero: desde el brazo, pasando por la muñeca -quizá lo más importante- y la propia mano.

No es tarea fácil. El empuje del toro distinto al salir a la plaza, con todo su poder, que tras los dos primeros tercios caballo y banderillas-, e incluso va cambiando, en el tercero, de los primeros muletazos a los ltimos. Siendo muchas veces necesario dar leves, para ligar los pases hasta el final de la faena. Es este caso, o el contrario, cuando el toro viene muy deprisa y se le frena el que despierta más discrepancias entre entendidos y aficionados.

Se supone que no se debe llevar el engaño demasiado deprisa, porque el toro perdera su gua y parara repentinamente quedando el torero al descubierto. Ésta es la causa de muchas cogidas y cornadas, mucho más que el arrimarse. Pero tampoco más despacio que el movimiento del animal, ya que se produciran los siempre feísimos enganchones.

En la práctica esto es dificilísimo. Torear despacio a un toro que embiste deprisa es casi una utopía, aunque grandes figuras casi lo han conseguido del todo. Los hay aún, y no sólo entre los toreros más importantes, ni siquiera en los considerados figuras o en los más artistas. Para ser torero hay que dominar muchos aspectos de la lidia, y el del temple es esencial, pero uno más.

Hay nombres como el de Jesulín de Ubrique, si nos olvidamos de la parte más ruidosa del personaje y nos centramos en sus capacidades como torero, que no deben caer en el olvido. Antonio Ordóñez fue único ralentizando las embestidas. El abuelo de los Rivera Ordóñez toreó siempre despacísimo fuera como fuese el animal que tenía delante. Espartaco, a su modo, también fue un experto en estas lides, lo que le permitió dominar el escalafón durante años, pues el temple aporta regularidad, aunque hay que añadirle otras muchas cosas para firmar faenas brillantes.

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Dionisio San Miguel

Dionisio San Miguel

Dionisio San Miguel Quevedo. 37 años. Aficionado desde la adolescencia a este espectáculo, mezcla de plasticidad y emoción, formé un día parte del equipo que realizaba el suplemento de toros del extinto Diario 16, con Barquerito al frente. Hoy, profesionalmente alejado de la información taurina, defiendo la fiesta y al toro sin reservas, pero entiendo que provoque rechazo por desconocimiento o sensibilidades.

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