Cayetano devuelve el brindis, Ponce sale a hombros, y viceversa
A Francisco Rivera Ordóñez le escuche hace años una frase muy sensata, premonitoria de lo que le ha venido sucediendo, dentro y fuera de los ruedos: "lo importarte es que hablen de uno, aunque sea bien". Para él, para su caché como torero, como imagen de varias marcas y, en fin, también para la fiesta, podría ser positivo. Lucrativo, en el caso de Francisco, seguro. "Lo importante es que hablen de la fiesta, aunque sea bien", diríamos algunos. Qué desde que a Jesulín le lanzaban lo que le lanzaban las mujeres no se hablaba tanto de la fiesta en otros foros.
Quizá por eso su hermano Cayetano, que sigue sus mismos pasos, dentro y fuera del redondel, decidió , en la novena de la feria de Fallas, dedicarle la muerte de un toro. Contestaba así al brindis que un día antes había hecho José Tomás a Paco Camino, haciendo bando por el tema de las medallitas de marras. Rivera Ordóñez chico, lógicamente, hizo lo propio en Valencia con Francisco, para que no se sienta sólo en este trance. Y avivando la polémica un poquito más.
Pero Cayetano no hizo sólo eso, sino que, tras estrellarse contra un imposible y deslucido tercer toro, en el sexto -el del brindis- sacó la casta, más Rivera que Ordóñez, y lanzó las cartas al aire ante un reservón ejemplar de Juan Pedro Domecq que le midió y le dudó siempre. Cayetano, muy valiente -lo recibió de rodillas-, no dudó y en un derechazo fue prendido en el muslo, encunado y zarandeado en lo que pudo ser una cogida fatal. Como premio, una oreja ganada a base de raza.
En medio de todo, entre toreros-modelos hijos de toreros, brindis y polémica, apareció Enrique Ponce para abrir la puerta grande. El de Chiva dio una nueva lección magistral. Y van muchas. Dominador de las suertes, de los terrenos, de las querencias, hasta del viento que incomodó a ráfagas, Ponce hizo fácil lo difícil, luciendo a un toro demasiado almibarado para el triunfo al que extrajo una oreja. El cuarto, por flojo, tampoco daba para más, pero el valenciano lo cuidó, dándole sitio y respiro, y lo metió en el canasto. Fue una faena cimentada en los redondos, rematada con un trio de naturales templadísimos, y adornada con sendos arabescos.Otra oreja, y a hombros.
Manzanares sorteó el peor lote y quedó prácticamente inédito. Dejó, no obstante, algunos buenos momentos en los primeros compases de su faena al segundo. Al quinto sólo lo mató bien.
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Dionisio San Miguel
Dionisio San Miguel Quevedo. Aficionado desde la adolescencia a este espectáculo, mezcla de plasticidad y emoción, formé un día parte del equipo que realizaba el suplemento de toros del extinto Diario 16, con Barquerito al frente. Hoy, profesionalmente alejado de la información taurina, defiendo la fiesta y al toro sin reservas, pero entiendo que provoque rechazo por desconocimiento o sensibilidades.
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