8 de El Puerto esperan que les toque José Tomás
La huelga de los transportistas ha obligado a adelantar el embarque de la corrida del 15 de junio, previsto para el día anterior al festejo y los toros de El Puerto de San Lorenzo están en los corrales de Las Ventas desde el pasado fin de semana. Tras la histórica tarde del 5 de junio, todo el mundo está esperando saber si el maestro de Galapagar repetirá la hazaña, pero para que surja su magia también es necesario que su coprotagonista, en este caso los ocho toros que ha enviado Lorenzo Fraile a Madrid, den la talla.
Los toros aspirantes a enfrentarse a José Tomás, El Fundi o Juan Bautista son:
Con el número Cartuchero (Nº 115), Langosto (Nº 53), “Cartuchero (bis)” (Nº 119), Caratuerto (Nª 26), “Caralegre” (Nº127), “Carrilisto” (Nº117), “Liebrito” (Nº 99) y “Picoto” (Nº 85).
No sabemos lo que ocurrirá esa tarde, pero sí podemos imaginar –es gratis- lo que podría suceder esa mañana de domingo en los corrales de la Monumental, ésta vez sólo ocupados por los ejemplares de El Puerto, y algún sobrero más. En el coso venteño siempre hay ‘banquillo’ de sobra por si varios de los titulares no pasan el corte. Imaginemos, pues. Un sucedido...
Domingo 15 de junio de 2008, 9 de la mañana:
“¡Qúe pasa, qué pasa! ¿no escucháis a los cabestros? ¿acaso no sentís ese tufillo a manso?” gritó Caratuerto, como siempre madrugador y tan ruidoso. ¡Ha llegado el día chicos, el último!, lo decía impaciente y emocionado. Todos los hermanos sabían de qué hablaba, menos uno, Langosto, siempre ‘fuera de juego’, que preguntó “¿qué día? ¿cómo que el último?” Ya lo decía madre: “este chico siempre tan distraído, siempre vagando, soñando con no se qué... contando las flores de la dehesa. El día que se lo lleve a la plaza el mayoral se va a pensar que va de excursión”.
“¡Es imposible dormir con vosotros!”, dije. “Y tú, Caratuerto, cinco años pastando y te vas a enterar de qué va esto el último día. Hoy es nuestro momento de gloria, y no estoy dispuesto a que hagamos el ridículo. La ‘cosa’ es por la tarde, y dentro de poco nos separarán, así que escuchad bien lo que os digo. Lo que sucederá según le contó a madre un viejo semental, indultado en esta misma plaza, es lo siguiente:”.
“Escuchad atentos, a ver si luego nos despistamos y salimos en los papeles. Os cuento.
El apartado consiste en separarnos en corrales de la plaza para encerrarnos a cada uno en el chiquero que nos corresponda por orden de salida. Los corraleros y nuestro mayoral, junto con los cabestros, con las voces y las puertas, como si fuera un laberinto, nos irán apartando y aislándonos cada vez que pasemos de un corral a otro hasta quedar encerrados finalmente en nuestro toril. Aunque tratarán de no irritarnos, no poneros nerviosos, ni derrotar contra paredes o puertas, ni pelearos, ni heriros o, lo que es peor, mataros de un golpe o negaros a pasar e imposibilitar el encierro. En esta plaza el público puede presenciarlo todo, y aunque habrá silencio, alguien puede llamaros, siempre hay de esos. Vosotros, ni caso”.
“Pero antes de que comience el movimiento, y para que cada uno quedemos colocados donde corresponde, hay un ‘sorteo’ que nos emparejará con cada torero. ¡A ver a qué dos les toca José Tomás. Y cuidadito. Dicen que ese deja poco espacio para pasar, y te lo llevas por delante por menos e nada!”.
‘Bases del sorteo’
En un principio, era el ganadero o ganaderos quienes elegían y repartían los toros en el cartel. El sorteo se impuso porque algunos toreros veían injusto que el orden lo decidieran los ganaderos anunciados, porque siempre pueden tener sus preferencias o amistades con un matador u otro. Fue Luis Mazzantini el primero que se negó a este privilegio de los ganaderos y el que exigió el sorteo de las reses entre él y sus compañeros de cartel. Lo ponía en sus contratos”.
Desde entonces suele celebrarse justo antes del apartado. Casi siempre son los banderilleros y los apoderados de los matadores quienes participan en él. En la mayoría de las corridas, se hace en lotes de dos toros para cada matador, tratando en la medida de lo posible que ninguno resulte perjudicado. Luego introducen en la copa de un sobrero las papeletas en las que previamente se han escrito el número que identifica a las reses de cada lote. Cada papeleta se dobla muy bien doblada hasta formar pequeñas bolitas, que se remueven hasta que se confundan entre sí y no haya trampas. Después de lo cual, cada uno de los representantes de los matadores coge del sombrero una papeleta según riguroso orden de antigüedad de cada espada anunciado. Una vez identificados los toros que han correspondido a cada cual, se elige el definitivo orden de salida al ruedo de las reses. Si son tres espadas los actuantes, que es lo más habitual, la corrida de seis toros se divide en tres parejas. El primer matador lidia el primer toro y el cuarto. Al siguiente le corresponde actuar frente al segundo y al quinto. Y al matador que cierra la terna, con el tercero y el sexto”.
“Y si me toca a mi ¿qué hago?”, dijo Caratuerto. “Digo si me toca ese de Galapagar. Todo el mundo me pendiente de mí. ¿Embisto? ¿voy por él? ¿rápido? ¿lento? Vaya responsabilidad. ¿Corro mucho al principio o me reservo para la faena de muleta? Y en el caballo ¿me vacío? No sé, mejor que no me toque a mí, porque seguro que me tropiezo, o no me acoplo, y me pitan en el arrastre”. Próximo capítulo... el lunes.
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Dionisio San Miguel
Dionisio San Miguel Quevedo. 37 años. Aficionado desde la adolescencia a este espectáculo, mezcla de plasticidad y emoción, formé un día parte del equipo que realizaba el suplemento de toros del extinto Diario 16, con Barquerito al frente. Hoy, profesionalmente alejado de la información taurina, defiendo la fiesta y al toro sin reservas, pero entiendo que provoque rechazo por desconocimiento o sensibilidades.
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famtástico, a mi me encantan los toros, pero no entiendo para poder dialogar sobre ello. El diálogo entre los toros... genial, un saludo tina