Ponce e indulto, una pura estadística
Enrique Ponce ha indultado otro toro, esta vez en la feria de Hogueres de Alicante. Un juampedro para más señas. Lo que sería un acontecimiento sorprendente por poco habitual, resulta un poco menos en el caso del maestro valenciano porque en él no es tan poco habitual. Más bien resulta sorprendente que haga relativamente habitual algo tan difícil. Para indultar un toro éste tiene que entregarse en el caballo -algo que ver tiene el torero que lo pone en suerte y el maestro picador- y embestir noble e incansablemente en la muleta; no esperar en banderillas, y algo más. Faltaron bastantes cosas, pero había Ponce de sobra.

Fue antes el huevo o la gallina; vemos la tele que nos ponen o nos ponen la tele que vemos; sortea Enrique Ponce muchos toros de indulto o indulta Ponce muchos toros que no lo serían en otras manos... Opiniones habrá, y muchas, pero la estadística está ahí. 38 toros ha indultado el de Chiva a lo largo de sus 19 años de alternativa, exactamente dos al año. Ponce es quién más toros indulta y, como diría aquél, no se puede tener tanta suerte. ¿No será que hace parecer buenos a los menos buenos, mejores a los buenos e indultables a los muy buenos.
Enrique es cabal, inteligentísimo delante de la cara del toro, y generoso, muy generoso. Una generosidad que se traduce en lucir tanto al toro como su labor, y nunca fallar a quien compra una entrada. Le guste a uno más o menos tanta pulcritud y perfección, su profesionalidad es un hecho, casi estadístico. Su técnica y su táctica también, y su prodigiosa habilidad para 'radiografiar' a un toro casi desde el galopar de salida.
Hay que tener el toreo -el Cossio entero- en la cabeza para que apareza el pañuelo naranja más de una vez al año. Por mucho que uno toree.
Con ese toro Enrique Ponce estuvo en él mismo. Insultante facilidad en una faena muy larga, de más de quince minutos. Al principio, dando distancia y tiempo entre tanda y tanda. Sin prisa pero sin pausa. Sin forzar nunca, tampoco en la primera tanda al natural. A partir de ahí cuando la faena tomó vuelo.

El juanpedro, casi inédito en el caballo, siguió repitiendo. Y Ponce lo aprovechó para adornarse. Ya saben, pases cambiados con las piernas genuflexas. Todo en un tres en uno, que alcanzó con fuerza los tendidos. Elegante pero sin someter. Toreando, sin exigir nunca al animal. Primer aviso y oídos sordos. Siguió toreando. Incluso con la espada; muleta en mano, provocando el indulto mientras en los tendidos se jaleaba la jugada. Y el presidente rectificó. Si la estadística no falla, Ponce podría llegar a los 20 años de matador con el doble de indultos.
Certezas, esperanzas, temores y sorpresas de una feria desorbitada
Certeza de que esta feria no iba a ser un éxito porque, sobre el papel, sobraban fechas, carteles remendados y faltaban figuras: el de Galapagar y el de Chiva, por ejemplo. Casi todo se cumplió, excepto que las otras figuras que sí estaban iban a tener escaso protagonismo.
Los principales candidatos al triunfo final no han estado a la altura, bien por demérito suyo, bien por falta de toros de triunfo. Miguel Angel Perera, El Cid, El Juli, sobre todo estos tres, han pasado por la feria entre el bien sin mas, la culpa es tuya y el ni fú ni fa, respectivos del irrespetuoso respetable público de Madrid. Certeza también de que la obligatoriedad de que en Madrid salgan sólo toros para Madrid, en hechuras, peso y trapío, sea cual sea su procedencia, tipo o caja, mermaría las posibilidades de que embistieran más de una decena.
Las esperanza estaba puesta en el arte de Morante, la quietud de Castella y eternas promesas como Talavante o Tejela. El de La Puebla no defraudó. Es más, para muchos es el virtual triunfador. El francés por su parte, salió a hombros y estuvo por encima de sus toros, de la frialdad del público, y hasta de las inclemencias meteorológicas. Los otros dos, jóvenes pero veteranos ya, tendrán que espabilar y apretar lo que resta de temporada, si no quieren perder su sitio en las grandes ferias.
En una feria tan importante, con tanto toro-toro y tantas urgencias de triunfo el temor siempre es el mismo: que se produzca una tragedia, y en esta feria ha rondado cerca. La espeluznante cornada a Israel Lancho que por un instante pareció fatal; la propia al caballo de Pablo Hermoso, las menos graves de Aguilar, Ferrera o Luque y otras presentidas como las que ha esquivado Sebastián Castella o la que evitó Talavante en un providencial quite a un banderillero.
También había el temor de que los toros se cayeran o, simplemente, no sirvieran. De lo primero no hubo mucho, pero toros de triunfo ha habido pocos, aunque algunos se fueron con las orejas puestas porque no los vio ni dejó ver el torero, el público, o el viento.
Gratas sorpresas han sido la entrega -avisada desde que arrancó la temporada- de Morante, que viene a sumarse a su innegable genialidad artística. Sorpresas también han sido las apariciones de Rubén Pinar, Daniel Luque, Miguel Tendero o El Payo. Nombres que pueden sonar fuerte en un futuro no lejano. Sorpresa, pero menos, la maestría de Luis Francisco Esplá, quien no desaprovechó la sí sorprendente y única circunstancia de que se parara el viento en Madrid en el toro de su despedida de esta plaza, y que de quiqueros saliera el que posiblemente sea el toro de la feria.
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Dionisio San Miguel
Dionisio San Miguel Quevedo. Aficionado desde la adolescencia a este espectáculo, mezcla de plasticidad y emoción, formé un día parte del equipo que realizaba el suplemento de toros del extinto Diario 16, con Barquerito al frente. Hoy, profesionalmente alejado de la información taurina, defiendo la fiesta y al toro sin reservas, pero entiendo que provoque rechazo por desconocimiento o sensibilidades.
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