Michelito: polémica de niños toreros o toreros niños
Cómo sucede demasiado a menudo, las asociaciones o plataformas ‘anti’ cogen el rábano por las hojas, o con las hojas y cepellón incluido. Cuando un colectivo lleva dicho adjetivo o prefijo se magnifican las cosas y se toma la parte por el todo y viceversa.

Un tribunal del sureste de Francia prohibió el pasado sábado la actuación del niño franco-mexicano Michel Lagravere, "Michelito"en dos espectáculos taurinos por motivos de seguridad y porque ello violaba la ley laboral francesa, que prohíbe el trabajo infantil. Todo ello a instancias de una denuncia de asociaciones antitaurinas.
Después la Alianza Anti-Corrida, a través de su presidenta, Claire Starozinski recurrió a la Fiscalía francesa de Mont de Marsan para que anulase la actuación de Michelito en una becerrada en Hagetmau. Al final, la Físcalía de las Landas confirmó la no "prohibición de la actividad" y que el espectáculo podría desarrollarse con normalidad, tras haber verificado las medidas de seguridad e higiene del acto.

Los argumentos de la asociación antitaurina son que "se trata, de forma encubierta, de trabajo de un menor de 16 años, algo que prohíbe la normativa francesa". Para Starozinski, "la principal preocupación es proteger al niño". Por su parte, desde el Observatorio de Culturas Taurinas francés, aseguran que "tanto o más peligroso que participar en una becerrada es, par un menor, esquiar o jugar al fútbol, y no por eso se prohíben esas prácticas".

Ni para Michelito, con diez añitos, torear una becerra es un trabajo –no lo era para Alonso conducir un kart o para Torres darle al balón jugando al fútbol 7- ni es lo mismo esquiar que enfrentarse a un becerro, por mucho que no pase de 70 kilos. No es lo mismo que un niño trabaje en una mina o cosiendo deportivas ocho horas al día, que dedicar parte o mucho de su tiempo a torear o practicar algún deporte más o menos peligroso. No es lo mismo.
Por eso, mejor son las asociaciones ‘pro’. Pro-seguridad en los espectáculos taurinos; pro-niños toreros o niños deportistas o niños niños de 10 años con derecho a una educación mejor... Más sumar y menos restar. ‘Michelito’ tiene derecho a elegir lo que quiere ser en la vida y remover sensibilidades utilizando a un menor como ‘ariete’ es una actitud ventajista, por plausible que sea el objetivo que se persigue.
De los vestidos de torear y de sus colores
Sí, vestido. Popularmente conocido como traje de luces, la denominación más correcta de la vestimenta del torero es vestido de torear. Tiene origen en los vestidos goyescos que se empezaron a utilizar en la segunda mitad del siglo XVIII , cuando la corrida de toros empezó a ser un espectáculo formalmente organizado. No es cosa baladí, según para qué profesional, y forma parte de otra de tantas liturgias de este arte-espectáculo-fiesta de los toros. No se elige un color determinado como el que toma del armario un traje o una corbata para ir a la oficina. Hay vestidos para ocasiones, y hasta para estados de ánimo.
La vestimenta del matador, llamada ‘terno’, se compone de ‘taleguilla’ -pantalón-, ‘chaquetilla’ y chaleco y está hecha de seda bordada en oro, a diferencia de los de los subalternos, bordados en plata o hilo de azabache negro. Los matadores pueden también vestir como los subalternos, pero en ese caso deben llevar siempre el chaleco bordado en oro, por jerarquía. Esta última también obliga al picador a vestir la chaquetilla bordada en el color del preciado metal, recordando su antiguo protagonismo en la lidia.

Volviendo al torero de a pie, el atuendo se completa con un gorro llamado ‘montera’, que permanece siempre puesta, excepto para saludar al público y, en el caso del matador, que, salvo contadísimas excepciones, se descubren durante la faena de muleta. Otro complemento es la ‘castañeta’: una pieca de casquete esférico con la que sujetan una coleta postiza y que se prende en el pelo del artista con un ‘tornillo’. Por último, una camisa blanca adornada en la pechera con cintas rizadas -‘chorreras’- , un calzón largo que hoy tiene forma de maillot completo; tirantes anchos; medias de seda rosa sobre otras de relleno; unas zapatillas de piel negra y suela plana, y un corbatín.
Pero quizá lo que más llame la atención son los colores utilizados, que forman parte también del gusto particular del torero, sus supersticiones, y sus manías. La descripción del color de cada vestido, amén de los colores conocidos: blanco, negro, azul marino, etc, también tiene un sinfín de variantes, relacionados con diversas semejanzas. Desde el típico tabaco y oro, por mimetismo del marrón y el color de las hojas de tabajo, hasta el purísima y oro, por su parecido con el color del manto de la virgen.

Hay un sinfín de colores y tonos, ya que los sastres de toreros han ampliado muchísimo su variedad y los toreros cada día se atreven más a salirse de los más o menos estandarizados, pero estos son los más habituales:
Los colores definitivos se han organizado en función de cinco grupos de tonos: blanco, crema, naranja, gris; rojo, rosa; verde; azul, morado; y marrón, negro

BLANCO, CREMA, NARANJA Y GRIS:
Blanco
Hueso
Canario
Barquillo
Caña
Canela
Vainilla
Mostaza
Plomo
Perla
ROJO Y ROSA:
Grana
Burdeos
Sangre de toro
Rioja
Corinto
Carmesí
Grosella

Rosa Fucsia
Rosa palo
Frambuesa
Salmón
Butano
VERDE
Oliva
Botella
Esperanza
Limón
Mar
Nilo
Esmeralda
Agua
Manzana
Espuma de mar
AZUL, MORADO
Añil
Cobalto
Pavo
Purísima
Marino
Turquesa
Eléctrico
Celeste
Cardenal
Nazareno
Obispo
Lila
Berenjena
MARRÓN, NEGRO
Tabaco
Tabaco rubio
Teja
Caldera
Catafalco
De cómo ver una corrida y enterarse (III): el temple
templar.
(Del lat. temper
1. tr. Moderar, entibiar o suavizar la fuerza de algo. Apl. al genio o enojo de una persona, u. t. en sent. fig.
En estos tiempos en lo que prima, por encima de todo, la velocidad, en muy pocos aspectos de la vida se tiene en cuenta otra habilidad del ser humano: el temple. Parece una virtud olvidada, siendo vital para ir por la vida. Pero estamos hablando del mundo del toro, y torear dicen los puristas que consiste en parar, templar y mandar. Vamos a centrarnos en lo segundo, seguramente otro de los pilares de este arte.
Del temple se ha dicho mucho y se ha discutido más. Para la mayoría, si hablamos únicamente en la parte técnica del toreo, templar significa acomodar la velocidad del engaño a la velocidad de la embestida del toro -así lo dice el diccionario de la Real Academia en su acepción taurina- para que los pitones sigan lo más cerca posible el capote o la muleta, pero sin llegar a tocarlo en ningún momento del capotazo o muletazo. Se trata, pues, de la coordinación perfecta del movimiento por parte del torero: desde el brazo, pasando por la muñeca -quizá lo más importante- y la propia mano.
No es tarea fácil. El empuje del toro distinto al salir a la plaza, con todo su poder, que tras los dos primeros tercios caballo y banderillas-, e incluso va cambiando, en el tercero, de los primeros muletazos a los ltimos. Siendo muchas veces necesario dar leves, para ligar los pases hasta el final de la faena. Es este caso, o el contrario, cuando el toro viene muy deprisa y se le frena el que despierta más discrepancias entre entendidos y aficionados.
Se supone que no se debe llevar el engaño demasiado deprisa, porque el toro perdera su gua y parara repentinamente quedando el torero al descubierto. Ésta es la causa de muchas cogidas y cornadas, mucho más que el arrimarse. Pero tampoco más despacio que el movimiento del animal, ya que se produciran los siempre feísimos enganchones.
En la práctica esto es dificilísimo. Torear despacio a un toro que embiste deprisa es casi una utopía, aunque grandes figuras casi lo han conseguido del todo. Los hay aún, y no sólo entre los toreros más importantes, ni siquiera en los considerados figuras o en los más artistas. Para ser torero hay que dominar muchos aspectos de la lidia, y el del temple es esencial, pero uno más.
Hay nombres como el de Jesulín de Ubrique, si nos olvidamos de la parte más ruidosa del personaje y nos centramos en sus capacidades como torero, que no deben caer en el olvido. Antonio Ordóñez fue único ralentizando las embestidas. El abuelo de los Rivera Ordóñez toreó siempre despacísimo fuera como fuese el animal que tenía delante. Espartaco, a su modo, también fue un experto en estas lides, lo que le permitió dominar el escalafón durante años, pues el temple aporta regularidad, aunque hay que añadirle otras muchas cosas para firmar faenas brillantes.
Abecedario de San Fermín, y sus encierros
Desde el 6 de julio con el Chupinazo, hasta el 14 de julio que se entone el "Pobre de mí", Pamplona será centro neurálgico de la fiesta de los toros, con el encierro de las reses por las calles de la capital navarra como protagonista. Es, también, santo y seña de la fiesta con mayúsculas. Para acercarse a este singular evento, hay unas cuantas palabras de imprescindible uso y conocimiento.
ALCOHOL: forma parte también importante de este evento de carácter mundial. Cualquier momento del día se aprovecha para 'alegrarse' con kalimotxo, cerveza, etc. Incluso durante las corridas. En el encierro hoy está bastante controlado y los buenos corredores no toman nada hasta después de que el último toro llegue a su chiquero.
BANDA: de música: básica en todas las plazas de toros. Sin embargo, lo es más en la de Pamplona, donde ésta y las propias peñas, amenizan el festejo de tal modo, que a veces el torero se siente en mitad de una fiesta y sin que nadie le haga el menor caso. La música suena en todos los rincones de Pamplona durante los nueve días de fiesta.

CUADRILLA: en Pamplona y otras ferias del norte, como Bilbao, es muy típico que el grupo de amigos, incluso de profesión, salgan o queden siempre en cuadrilla para ir a los toros, cenar, y el resto de actividades que tienen lugar en la capital navarra durante San Fermín.
CHUPINAZO: desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona, el alcalde o alcaldesa o un concejal del Consistorio anuncia el comienzo de las fiestas en honor a San Fermín, y un cohete da el 'pistoletazo de salida' al ciclo. 
DOBLADORES: indispensables, junto a los pastores, en el encierro y durante la corrida. Su función es concreta: atraer al toro para meterlo en chiqueros.
ENCIERRO: es la parte más importante y conocida de la Feria de San Fermín. En él los toros que se van a lidiar por la tarde, hacen un recorrido por la ciudad, siguiendo a los corredores que procuran ir delante de ellos lo más cerca posible. Al final, llegan a la plaza y son conducidos por los dobladores a los toriles del coso, donde quedarán confinados hasta que de comienzo el festejo.
FIESTA: con mayúsculas, está también por encima de todo: a Pamplona la gente que va particularmente a ver los encierros, los toros o la ciudad, pero todos van a disfrutar de una fiesta, que es diversión noche y día.
GAS: nombre que se da a los corralillos en los que se han desembarcado todas las ganaderías que acuden a San Fermín. Cada noche, a las 23.00 horas, los toros son conducidos desde 'El Gas' hasta los corrales de Santo Domingo, punto de partida del encierro. El conocido como 'encierrillo' se concibe como un ritual al margen de la fiesta que tiene algo mágico. No hay voces ni ruidos. La gente guarda un silencio sepulcral. Sólo se escuchan las pezuñas de los toros sobre el asfalto y los cencerros de los mansos.
HEMINGWAY: el famoso escritor norteamericano se enamoró de esta fiesta, y la hizo popular internacionalmente. Se hizo un gran aficionado a los toros y en Pamplona llevó hasta el extremo su afición al vino y otros licores.
IRUÑA: Pamplona en euskera. La capital de Navarra tiene unos 250.000 habitantes. Es centro universitario y empresarial. Su origen data de hace más de 2.000 años. Fue una pequeña ciudad romana construida sobre una aldea vascona, a la que dio su nombre el general romano Pompeyo.
JANDILLA: Ganadería extremeña habitual del ciclo sanferminero. Aunque con fama de nobles y ‘cómodos’ para el toreo, si se separan, en el encierro son de los más peligrosos. Habría que añadir que la 'jotica' tampoco falta en Pamplona. Imprescindible el día grande, el 7 de julio, cuando se le canta al santo "es la jota de mi Navarra".
KILOS: los de los toros de Pamplona. La gente del norte, ya se sabe, es de ley y, en la mayoría de sus manifestaciones, excesivos. Las camadas que van a los sanfermines, al igual que sucede en otras plazas como Madrid, son las más grandes de cada ganadería anunciada. Los propios ganaderos, que en esta Feria del Toro no cambian mucho de año a año, reservan sus ejemplares más grandes.
LABRIT: calle aledaña a la Plaza de Toros atestada de bares. Durante el año son los "garitos" que más tarde cierran del Casco Viejo.
MISERICORDIA: la Casa de Misericordia, propietaria de la plaza, organiza y gestiona la misma, la feria y los encierros. La mayoría de sus ingresos van para la propia institución, que acoge a mayores de 65 años, oriundos de Pamplona o empadronados en la ciudad.
NORTEAMERICANO: estos corredores, salvo honrosas excepciones, y junto a otros de parecida procedencia anglosajona (australianos, sobre todo), suelen ser carne, nunca mejor dicho, de cornada. Confunden un toro bravo con uno de rodeo -no tienen nada, nada, nada que ver-; se levantan tras una caída; cruzan de lado a lado la calle del encierro, etc. Son muchos los que han resultado gravemente heridos, o muertos.
Ñ: presente en la ciudad en su propio nombre.
OLOR: a fiesta. Pues mucho y malo.
PASTORES: alejarse de ellos. En el encierro, provistos de largos palos, golpean con ganas a los toros (para mejorar su carrera y especialmente si retroceden) y a los inconscientes que les citan (a los toros). Por ambos motivos, tenerlos lejos.
QUIOSCO: normalmente se asocia al que está instalado en mitad de la Plaza del Castillo, lugar de quedada de muchos pamplonicas.
RIAU, RIAU!: acto, ahora no celebrado, consistente en impedir todo movimiento a los ediles de Pamplona en su breve recorrido desde el Ayuntamiento hasta la capilla de San Fermín.
SAN FERMIN: antes debemos decir que no es San Fermín (un Santo francés de vida incierta) el patrón de Pamplona: lo es San Saturnino. Ni tampoco que su fecha conmemorativa sea la que se celebra. En todo caso, para los pamplonicas lo es de su fiesta, y cada mañana entonan antes de comenzar el encierro, el tradicional "A San Fermín venimos, por ser nuestro patrón..."
TORO: el gran protagonista. El de Pamplona es un ciclo abiertamente torista, donde el animal está por encima de todo. De hecho, la de los sanfermines es llamada ‘Feria del Toro’.
UNZU: antiguo comercio de Pamplona de la calle Mercaderes, a la que todo el mundo iba a comprar su ropa sanferminera.
VILLAVESA: nombre popular de los autobuses urbanos (el primero creado llegaba hasta Villava, de ahí la denominación). Encierro de la villavesa es el que, hacen los inconsolables el día 15, ya fuera de los Sanfermines, siguiendo a un autobús que realiza aproximadamente el mismo recorrido que el encierro y a su misma hora.
W: www.sanfermin.com
X: en Pamplona la x nunca va sola: txapela, kalimotxo, txikito...
YOLANDA: Nombre de la alcaldesa de la ciudad, de UPN-PP. Su nombre es uno de los más "coreados" de las fiestas.
ZURRACAPOTE: bebida local, mezcla de vino tinto, con trozos de frutas y azúcar.Variables dosis de cada componente, el resultado, todavía líquido, siempre es de cierto peso.
Nunca falta, en cubos, en las corridas.De cómo ver una corrida y enterarse (II): el paseíllo
Hasta que sale el primero toro a una plaza de toros pasan muchas cosas, y casi ninguna porque sí. Las corridas de todos son un espectáculo en el que la tradición y el reglamento imponen un orden y un desarrollo prácticamente inalterables, y sólo en el caso de festejos menores desarrollados en plazas de toros provisionales, se admiten ciertas licencias.

Cuando el reloj de la plaza –las de primera y muchas de segunda lo tienen- marca la hora fijada en los carteles, el presidente hace flamear un pañuelo blanco, que da el ‘pistoletazo de salida’ al festejo. Entonces suenan clarines y timbales para avisar al público del comienzo. Inmediatamente, salen al ruedo dos ‘alguaciles’- popularmente alguacilillos a caballo, que cruzan el ruedo hasta el lugar del mismo que queda justo debajo del palco presidencial. Allí saludan destocados al presidente y cada uno recorre las tablas en semicírculo hasta la puerta de cuadrillas desde donde partieron, y desde donde encabezarán el paseíllo.
Esta vuelta al ruedo de los alguacilillos es un recuerdo de lo que sucedía antiguamente, cuando aquellos debían despejar la plaza de espectadores. Entonces las corridas tenían lugar en plazas de ciudades y pueblos.
El paseíllo es un desfile muy vistoso, con un protocolo definido. Breve, pero solemne. En él, tras los alguacilillos desfilan los tres matadores colocados, según orden de alternativa. Vistos de frente, en el lado derecho de la primera fila se sitúa el espada más antiguo, en el centro el más nuevo, y a la derecha el intermedio. El orden de alternativa lo fija la fecha en que recibieron su doctorado y, aunque suele, no tiene porqué coincidir con la edad de cada uno. Con esta pista y el cartel anunciador, que también se rige por este orden de veteranía profesional, podemos en seguida saber quien es quien.
Tras la fila de matadores, marchan los tres banderilleros del primer espada y, sucesivamente, en la tercera fila los del segundo matador y en la cuarta, los del tercero, respetándose también de derecha a izquierda la veteranía de cada uno. A continuación, y en fila de a dos, según la antigüedad de sus jefes y la propia, desfilan los picadores montados a caballo y sin la pica.
Cierran el paseíllo a pie mozos de caballos y areneros, seguidos de mulillas y mulilleros. Los primeros son los encargados de auxiliar a los picadores en su misión de picar al toro. Las mulillas son una pareja o trío de mulas que se emplean para arrastrar las reses desde el lugar donde han caído muertas hasta el patio donde se encuentra el desolladero. Los mulilleros son los encargados de conducir las mulillas. Los areneros, mozos provistos de rastrillos para alisar y limpiar el ruedo antes y después de la lidia de cada toro.
Los componentes del paseíllo desfilan cubiertos, a excepción de los matadores nuevos en la plaza, que lo harán descubiertos. Matadores y banderilleros lucen capotes de lujo –de paseo-, liados y sujetos al cuerpo sobre el brazo izquierdo.
El ceremonioso desfile acaba debajo del palco presidencial, allí los protagonistas se destocan y saludan. Los matadores cambian los capotes de paseo por los de brega, que son los que utilizarán en la corrida, y se colocan en el callejón. En la arena, los alguacilillos repiten la ceremonia del despeje y vuelven de nuevo para pedir ‘simbólicamente’ las llaves del toril. Luego, estos dos quedarán en el callejón para transmitir las órdenes y otras comunicaciones del presidente a los actuantes y entregar los trofeos a los matadores.
Entonces sale el toro y... comienza el espectáculo.
Dionisio San Miguel
Dionisio San Miguel Quevedo. 37 años. Aficionado desde la adolescencia a este espectáculo, mezcla de plasticidad y emoción, formé un día parte del equipo que realizaba el suplemento de toros del extinto Diario 16, con Barquerito al frente. Hoy, profesionalmente alejado de la información taurina, defiendo la fiesta y al toro sin reservas, pero entiendo que provoque rechazo por desconocimiento o sensibilidades.
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