La trama parece sencilla, y se corresponde con una novela negra clásica: un asesinato, un caso de infidelidad y la venta de una empresa por una cifra estratosférica. El asesinado es una vieja gloria del periodismo, elegante, ex corresponsal en Nueva York, reñido con la tecnología, un poco por libre: Krugman. Trabaja en la redacción de uno de los principales periódicos de nuestro país, donde se mueven los peculiares del periodismo, como el propietario, Ventura, un director obeso, Gavela, sobrepasado en todo, no solo en peso, pero que cuenta en su redacción con una joya auténtica, y el personaje sobre el que Sanclemente más se esfuerza en construir, en hacer creíble y coherente. Y lo consigue, porque después de una descripción de rubia peligrosa, la va situando en el papel de mujer inteligente, agresiva, buena periodista, íntegra, y no por ello menos guapa. Lo malo es que es la redactora de sucesos. Pero tiene muy buenos contactos en la policía, porque además fue novia del inspector que se va a encargar de investigar el asesinato, Ortega, pero tiene que luchar a brazo partido para poder investigar la muerte de su colega.
Además, está la pareja Carlos Marín, empresario de éxito (es deliciosa la escena en la que después de hacer una magnífica venta de su empresa va al gimnasio a la hora en la que sabe que se va a encontrar a lo mejor de su sociedad) y su mujer, Mónica, que han vendido a una empresa americana su agencia de comunicación.
Con estos mimbres, José Sanclemente teje una trama sencilla y eficiente, emocionante, con una muy buena resolución y con una escritura que te permite (y casi te obliga) a no poder dejar el libro, pero que además tiene la virtud de irse alejando progresivamente de los tópicos del género (de hecho, la trama de la infidelidad de Mónica, se diluye y desaparece cuando deja de tener importancia para la trama, quedándose sin revolver, en el territorio de la vida privada) para convertirse en una novela política que reflexiona sobre el control de las personas a través de las redes sociales y sobre el control de la información a escala mundial, además de plantear la poco importancia que empiezan a tener los medios “de papel” para dar paso a la sociedad digital, y no solo por un tema de consumo sino porque de esa forma, los verdaderos poderes fácticos tienen controlados a todos los individuos del mundo, hasta el punto de plantear una trama en torno a la información sobre los grupos de “indignados”, cuyo ejemplo se extiende por otros países, y que todas las agencias de información quieren tener.
Además plantea, o mete solo la nariz, en el mundo de las empresas que gestionan la información, en los programas que recogen la ingente cantidad de datos que generamos a través de mail, de blogs (como éste), de redes sociales, y cómo esa información se analiza, se clasifica y se utiliza.
De esta forma, “Tienes que contarlo” no solo se convierte en un título que da sentido a la trama, sino también en una intención por parte de Sanclemente de descubrir un mundo real, que cuando empiezas a leer te parece un exceso de imaginación del autor, y que cuando llegas al final te hace dudar si lo que estarás leyendo no será una novela de terror: tienes que contarlo…
Tienes que contarlo