La Casa de los Conejos
(Laura Alcoba, Ed. Edhasa)
Esta novela explora una realidad determinada, una realidad dura, casi insoportable, extraña, desde el punto de vista de una niña, y sin embargo, ni trata a la niña como si fuera lerda, ni nos trata a los lectores como si lo fuéramos, ni simplifica la realidad, ni la adorna, ni, en definitiva, ve gente con pijama en campos de concentración.
"… si al final hago este esfuerzo de memoria para hablar de la Argentina de los Montoneros, de la dictadura y del terror, desde la altura de la niña que fui, no es tanto por recordar como para ver si consigo, al cabo, de una vez, olvidar un poco".
Una niña, cuyos padres militan en Montoneros pasa a la clandestinidad, pierde su nombre, se olvida de su apellido, viaja en la trasera de un coche tapada por una manta, y no comprende nada. O solo comprende una parte de esa realidad. Y así, comete fallos imperdonables para la organización, con cosas tan sencillas como hacerse una amiguita en la acera de enfrente y dejarse invitar a su casa.
Se desplaza a vivir a una casa donde se imprime la revista de Montoneros, 'Evita Montonera', y donde la organización construye un galpón escondido tras una granja de conejos, que sirve de tapadera. Por las tardes envuelve en papel de regalo los montones de revistas y trata de entender lo que le pasa, sola en aquella casa, junto a su madre y una pareja, Diana, embarazada, y Cacho.
La novela nos va metiendo, poco a poco, en esa atmósfera fría, brutal, a pesar de sus escasas 140 páginas, a base de escenas evocadas con ternura pero con dureza. Es espectacular la escena en la que el ingeniero que construye un sistema que oculta la entrada a la imprenta sorprende una etiqueta con un nombre (¡un nombre real!) en su chaqueta; o cuando la niña intenta matar a un gato neurótico que la persigue, arañándola, por toda la casa, o el sacrificio del primer conejo. Es impresionante la escena en la que la niña empieza a crear un crucigrama para entretenerse y todas las palabras que le salen tienen que ver con la dictadura, la muerte y la realidad extraña que le ha tocado vivir.
En tan pocas páginas, en un escenario tan reducido, y siempre desde la perspectiva de esa mirada infantil, esa mirada a la altura de la cintura, sin embargo, la novela nos da una imagen muy precisa de lo que ocurrió en esos terribles años previos al golpe de estado del 76 y la represión posterior. También nos da una idea de lo que debía ser la militancia en Montoneros.
El final es brillante y estremecedor, con una reflexión sobre lo que está escondido y lo evidente, alrededor de un relato de Poe, y sobre la traición y la organización, sobre la muerte, el pasado, el recuerdo y el olvido. La búsqueda para poder olvidar, al final. Los fantasmas que nos persiguen.
Nada más lejos de mis intenciones que amargaros estas bonitas fiestas, pero creo que merece la pena parar un rato y leer esta novela; regalarla incluso. Es una de esas lecturas que hacen que pensemos un poco, que nos mueven, que no nos dejan indiferentes.
Y una curiosidad: es una novela escrita en francés y traducida al lunfardo. Enhorabuena a Leopoldo Brizuela, el traductor.

Vallejo en los infiernos
(Eduardo González Viaña, Ed: Alfaqueque)
Llevo no sé cuántos días (pero muchos) sin actualizar, atravesando mi particular infierno, sin ser Vallejo ni Dante, y aprovechando para leer, en medio de la desazón y la locura. Me he metido con Auster, con Lapierre, con Bayly, con Oates, con Gibson, con Rico, con Mazzucco y con Garriga Vela. De alguna de esas batallas salgo triunfante, y de otras perdiendo. Ya os iré contando.

La noticia, la buena noticia, es que la nueva novela del grande, del entrañable, del brillante, del locuaz, del profundo, del comprometido Eduardo González Viaña está en el mercado, editada por Alfaqueque Ediciones, con el apasionado, el emprendedor, el inteligente, el valiente Fernando Fernández Villa al frente.
La novela explora la biografía de César Vallejo (poeta, en mi opinión, no suficientemente conocido, ni reconocido, en nuestro país, a pesar de todo lo que nos dejó y todo lo que tomó de él) partiendo del breve (para nosotros) tiempo que estuvo encerrado en la cárcel, en la terrible Cárcel Pública de Trujillo, de la que escapó vivo de forma casi mágica porque le encerraron sus enemigos para matarle, o para que muriera, acusado de un crimen que no cometió.
En el tiempo en que está en ese infierno, entre brumas y a caballo entre la realidad y el ensueño, Vallejo va recordando su infancia.
... ver entrada completaMatar y guardar la ropa
(Carlos Salem, Ed: Salto de Página)
Ya solo el hecho de plantear una novela negra en un camping nudista tiene su punto. Efectivamente, no hay mucho sitio para guardar la pistola. Porque tiene que haber pistola, claro. Y es que en el territorio de la novela negra conviven ya demasiadas cosas, para mi gusto: cabe casi todo mientras haya un perdedor y una pistola por medio. 
Esta novela contiene historias de asesinos a sueldos, de amores imposibles, de iniciaciones, de padres y familias rotas, tiene nostalgia, humor, violencia, sexo, y nos habla también de la muerte y de la condición humana. Hay un poco de todo, y como en la buena mesa, a veces los ingredientes no se notan, porque están bien ligados por un buen cocinero, y Carlos Salem tiene una voz propia, sin duda y sabe hacerlo (aunque se prodiga poco).
El único problema que yo he tenido con esta novela es que Fernando Sánchez Dragó me había hablado tan bien de ella que empecé a leerla con unas expectativas desmedidas.
La novela está bien, si no estuviera bien no os la recomendaría: algún día haré un post sobre todo lo que me leo y no se me ocurriría nunca recomendaros: pero es que yo tengo la teoría de que de las cosas malas no hay ni siquiera que hablar: ninguna publicidad: nada: para que no pase como con el horror de la novela del código aquel, que al final todo el mundo la compraba porque no se hablaba de otra cosa: para mí es mejor la dammatio memoriae: que no se nombre, que no se recuerde, que se borren las huellas de su memoria.
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Antonio Martínez Asensio
Antonio Martínez Asensio nació en Madrid en 1964. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y empezó muy pronto a trabajar en el mundo de la televisión: en TVE, en Tele 5 y en Canal+, así como en varias productoras independientes. Ha desarrollado una labor de crítico literario en la radio como colaborador en varios programas. Ha escrito guiones para series de televisión y para el cine. Es subdirector del programa dirigido por Isabel Gemio en Onda Cero, "Te doy mi palabra", donde también presenta la sección literaria de los domingos. Ha publicado un ensayo en clave de humor titulado ¡Mi mujer está embarazada! (Grand Guignol Ediciones), que va a ser traducido al italiano y que quiere ser una guía del embarazo para los padres (y no para las madres). Va a publicar próximamente su primera novela, En soledad.
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