Invisible
(Paul Auster, Ed. ANAGRAMA)
Desconcertante. Así es como definiría la última novela de Auster. Tiene uno de esos finales, una última imagen, que te obliga a volverte para ver si hay alguien cerca de ti que se lo ha leído y preguntarle "¿Tú cómo entiendes el final?" Me apasiona Auster, aunque no me hayan gustado nada sus dos novelas anteriores. Empecé "Invisible" deseando que me gustara, deseando encontrarme a ese narrador extraordinario que hace que las cosas fluyan, que funcionen, que leer sea un placer, que te vayas empapando de una historia que al principio crees que no tiene nada que ver contigo, que incluso parece intrascendente, pero en la que vas entrando, hasta que la lectura se convierta en una experiencia magnífica, redonda, y descubres que te estaba hablando de cosas más profundas de lo que creías.
"Invisible" tiene algo inquietante, algo que va un poco más allá, que intenta profundizar en la propia novela, en el concepto mismo de lo que escribe, más allá de la historia: un hombre obsesionado por un hecho que
ocurrió en su juventud cuenta, en una novela, su experiencia, la relación con su hermana. Un amigo suyo recibe los capítulos de esa novela cuando el autor, su amigo, ya es muy mayor, y trata de saber hasta qué punto todo lo que cuenta es verdad. La verdad, la mentira, las cosas que te cambian la vida, la forma de interpretarlo y de contárselo a los demás. La forma de entender la vida, al fin y al cabo.
En dos ocasiones Auster utiliza la palabra invisible en la novela. La segunda vez para hablar de alguien que murió, invisible desde entonces. La primera, en la página 86, en una reflexión muy brillante sobre la escritura, sobre el bloqueo del escritor, sobre la forma en la que aparece el autor en una obra. Puede que eso sea de lo que trata esta novela: de lo que aparece o desaparece de un autor en lo que escribe, de las imágenes que pueblan las mentes de los literatos, de la propia condición de la literatura.
"El hecho de escribir sobre mí mismo en primera persona me había obligado a contenerme, haciéndome invisible, impidiéndome encontrar lo que andaba buscando." La reflexión sobre lo que debe alejarse un autor para hablar de lo que más le preocupa o le refleja siempre ha estado en la literatura: hablar de los demás para descubrirse a uno mismo. No sé si eso quiere decir que esta novela es la más autobiográfica, la más personal de Auster, la que refleja mayores miedos, mayores angustias.
¿Y si es así, de quién habla Auster cuando habla de sí mismo: de Rudolf Born, desalmado, calculador, con un oscuro pasado como espía; de Adam Walker, atormentado por un secreto, por algo que cree que hizo mal, enamorado incestuosamente, preocupado por la forma de escribir, por el pasado; de la bella Margot; de la inteligente y también atormentada Cécile, con cuyas palabras termina la novela; o se esconde detrás del narrador, del demiurgo que organiza las páginas de la novela.
Auster ha recuperado en esta novela el arte de narrar, y leerle sigue siendo un placer. Solo por eso merece la pena abrir las páginas de "Invisible". Si además te quieres hacer algunas preguntas sobre cómo escribir, sobre la literatura, sobre las mentiras de la vida y las verdades de la literatura o viceversa, sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre los acontecimientos que te cambian la vida y te persiguen, a lo largo del tiempo, te recomiendo que la leas. Y cuando te la hayas terminado, por favor, dime, tú cómo entiendes el final.
Los Bárbaros
(Alessandro Baricco, Ed. ANAGRAMA)
Tenía pendiente este "Ensayo sobre la mutación". Un estudio sobre los bárbaros: ¿no os ha pasado que de repente vivís en un mundo que no entendéis? ¿No os pasa que, lejos de negaros a aceptar a las nuevas generaciones, hay algo que no comprendéis en ellos, en su forma de ver el mundo, en su forma de relacionarse con él, en esa extraña forma de incultura que practican? ¿No sentís que nada de lo que ocurre ahora se parece a lo que vivisteis vosotros? ¿Y sobre todo, a como lo que sentisteis vosotros? A mí me ocurre. Y para que no éste discurso no se parezca al reaccionario que nos precedió y que nos negaba por principio, nada como un ensayo tan inteligente y tan brillante como éste, para explicarnos las diferencias y los porqués; "…ése el asunto que me gustaría comprender: en qué consiste la mutación que veo a mi alrededor".
Se publicó por entregas en el diario La Repubblica, y va repasando poco a poco, metiéndonos cada vez más dentro, los paisajes que están cambiando, y analiza con inteligencia, con humor, y con profundidad fenómenos sociales, como el fútbol, el vino, o el mundo de los libros las mutaciones. Hay partes que son, inevitablemente, demasiado italianos, pero tened paciencia y seguid adelante, porque es el la segunda parte del libro donde alcanza su verdadera estatura.
El capítulo titulado "Respirar con las branquias de Google" es extraordinario, y nos introduce en los cambios que social y psicológicamente han producido, no solo las grandes tecnologías, sino sobre todo la forma de pensar que nos ha dado el buscador más famoso del mundo. "El saber que importa es el que es capaz de entrar en secuencia con todos los demás saberes… La idea de entender y saber es una hermosa idea que está muriendo.” Una gran mutación que afecta a nuestra forma de conocimiento del mundo, a la búsqueda, a las respuestas, y sobre todo a la forma de plantear las preguntas". "Ha cambiado la manera de adquirir experiencias." La cultura como sistema de paso.
Hay un capítulo brillante que se titula "Alma". "El movimiento", dice en él, "es el valor supremo. Por él, el bárbaro es capaz de sacrificar cualquier cosa. Incluso el alma." También es brillante la forma en la que analiza los distintos pasos que hemos dado hasta aquí, lo que el violento siglo XX nos ha enseñado y les ha mostrado, las distintas evoluciones que han dado lugar a éstos nuevos bárbaros que están modificando el que era nuestro mundo.
Si tuviera que copiar cada parte del libro que he subrayado casi tendría que copiarlo entero. Es divertido, lúcido, valiente, inteligente. Va desgranando las principales características de los mutantes, su capacidad para surfear por este mundo, sin detenerse nunca, su incapacidad de profundizar, "la migración hacia las regiones periféricas", su desprecio del esfuerzo sin diversión, su amor por la espectacularidad y el placer, su interpretación de la política, de la democracia, de la libertad (tan peligrosa, según mi opinión).
Por último, el epílogo, "La Gran Muralla", es para enmarcarlo, para leerlo en plaza pública y reflexionar. "En su propia relación con los bárbaros toda civilización lleva inscrita la idea que tiene de sí misma… y cuando lucha contra los bárbaros toda civilización acaba eligiendo no la mejor estrategia para vencer, sino la más apropiada para confirmarse en su propia identidad." La muralla, pues, no tanto como movimiento militar sino mental: la invención de una frontera.
Es un ensayo fundamental. Creo que debe leerse entre padres e hijos y que deberían leerlo las autoridades, los profesores, y los locos que andan quemando coches por las fiestas pijas de la Comunidad de Madrid. Hay algo que aprender en él. Es brillante y necesario, como deben de ser los ensayos, profundo y divertido, acertado, como debe de ser el trabajo de los intelectuales en este principio de siglo. Una joya.
Este verano
Llevo sin escribir en este blog desde el 7 julio: San Fermín. Decidí parar para recuperarme, para leer, para mirar a mi alrededor y tomar un camino. Parece que la pregunta esencial ha sido siempre de dónde venimos, pero yo creo que en realidad la pregunta correcta es hacia dónde vamos.
Pero no sé si ha sido el mejor momento: el panorama literario es yermo en verano: casi como ir al cine: nada que ver: nada que te haga pensar. Como si en verano
todos nos volviésemos un poco más lerdos, como si no hiciera falta alimentar el alma, como si formara parte de la mentira y del juego no tener nada que echarse a la boca mientras nos tostamos al sol.
Yo suelo decidir leerme, en esta época, aquellos libros que por su volumen o por mi pereza, dejé pendientes en primavera: así que este verano me he empezado (por enésima vez) “Las benévolas” (y aunque en cada lectura llegue un poco más lejos siempre empiezo desde el principio) de Jonathan Littell, un durísimo análisis del nazismo (casi mil páginas); estoy disfrutando (y sufriendo) “El alma de los verdugos” de Vicente Romero y Baltasar Garzón, un viaje (sin retorno) a la mente de los torturadores y al horror de la dictadura Argentina (casi 600 páginas); y he empezado la maravillosa “Luz de vísperas”, del extraordinario escritor Mauricio Wiesenthal, un recorrido por el siglo XX en Europa (más de mil páginas). Creo que los libros de Wiesenthal son esenciales y no entiendo como no están en boca de todos.
Además, he terminado algunos libros que tenía atrasados (y que os iré contando), como la tercera parte de la trilogía Millennium, del pobre Larsson (que me ha gustado mucho, ya os lo anticipo, aunque tengo una teoría que os plantearé) y he lanzado al pozo del olvido algunos que se me habían atravesado, o que me leí seducido por una campaña de mercadotecnia y que me han decepcionado, como el último de Bénjamin Black, “El lémur”, del que Alfaguara dice que “está destinado a convertirse en un clásico”… Si, como “El Quijote”… Menuda basura de libro: con la excusa del género negro vale todo: novelas a medias, inacabadas, absurdas: con tal de vender…
Me he pasado el verano buscando en las librerías algo que me excitara, sobre todo en la parte de libro de bolsillo, porque entre las novedades me cansé de revolver. Una de las que me compré fue la primera novela de Moccia, “A tres metros sobre el cielo”. Precisamente me preguntaba Ola, en un comentario, que qué me habían parecido las novelas de Moccia, que ha editado Planeta. Siempre me interesó el fenómeno literario que supuso en Italia, con los puentes de Roma llenos de candados, como símbolo de amor, y el mito de su primer manuscrito, circulando entre los adolescentes, por los colegios, rechazado por los editores: he intentado leerme las tres novelas de Moccia que han sido editadas en España, y no he podido con ninguna: me agota su forma de escribir, como se habla (¿tan mal se habla?), y sus tramas, pero en mi casa mi hija adolescente me las ha robado, ha devorado los libros y le parecen buenísimos. No nos puede gustar todo a todos. Yo creo que es literatura juvenil: no la consumo pero no la critico. No sé quien leerá a Moccia dentro de cien años, eso sí.
Otra de las decisiones que he tomado este verano es vender casi toda mi biblioteca.
Pero eso, os lo contaré otro día, más despacio.
Borges y los orangutanes eternos
(Luis Fernando Veríssimo, Ed. Ézaro)
El miércoles 18 estuve en la Embajada de Brasil, en una tertulia literaria, con Verissimo, en un acto organizado por la Fundación Cultural Hispano Brasileña y pude comprobar, cara a cara, la solidez de este autor brasileño del que aquí sabíamos poco hasta que José María Villalvilla, su traductor, se empeñó en descubrírnoslo, con una pasión que demostró en la tertulia, liderando las partes más divertidas y sacando (arrancado casi) al tímido Verissimo las mejores anécdotas.
Yo ya os había hablado de este autor brasileño cuando me leí “Sexo en la cabeza”, un delicioso volumen de relatos cortos con el nexo común del humor y la fuerza que mueve el mundo. Ahora estoy deseando leerme “Las mentiras que los hombres cuentan” porque Verissimo es, sobre todo, un cronista de su tiempo y es éste el volumen que reúne esas mejores crónicas que ha escrito durante años en los periódicos brasileños, donde Verissimo, por cierto, es ahora mismo el autor más leído encabezando los rankings de los más vendidos.
No sé si aquí existe este tipo de intelectual, tan brillante en el día a día de la prensa, tan sutil en su análisis de cualquier aspecto de la realidad y a la vez novelista, músico, futbolero confeso (siendo brasileño no podía ser de otra forma) y diseñador. No sé si en nuestro país permitimos que cada uno se salga de la etiqueta que rápidamente le asignamos, y si Umbral era un buen articulista no parecía que pudiera ser, precisamente por eso, un gran novelista, por ejemplo.
En la novela que hoy os propongo Verissimo nos plantea una historia policíaca que se puede leer de muchas formas distintas. En un congreso sobre Poe se produce el asesinato de uno de los ponentes: el propio Jorge Luis Borges, ayudado por un admirador suyo, que fue el que descubrió el cadáver, se encarga de analizar las señales que han quedado en la habitación para descubrir al asesino. Se inicia ahí un juego en el que el propio asesinado habría dejado, antes de expirar, una serie de pistas, que solo un gran entendido en la obra de Poe podría seguir para descubrir al asesino. Valdría solo con la trama para leer una novela negra, clásica. Pero hay muchos más planos de lectura.
Por un lado está el humor, que como en todas las obras de Verissimo, lo impregna todo, como en el caso del personaje principal, Vogelstein, que tiene una obsesión delirante con Borges desde que lo tradujo y mejoró su cuento en la traducción. Las discusiones del congreso, los distintos cambios de los recuerdos que van modificando la investigación, todo se lee con una sonrisa, a medio camino de la carcajada.
Por otro lado hay una reflexión sobre la propia literatura, en esta novela que bien podría haber escrito el mismo Borges y donde se produce un homenaje a los maestros de este género, desde el gran Poe, hasta Lovecraft, en una época en la que bajo el título de novela negra cabe casi todo. Pero hay lecturas más profundas que hablan de los propios misterios de la vida, de las casualidades y el destino.
Que cada cual lo lea como quiera o como pueda. En todo caso hay que leer a Verissimo. Yo me quedo con su inteligencia, porque para hacer humor hay que serlo, y con la brillantez de su análisis del mundo. En persona, además, transmite paz, y humildad; cierto halo de autor de culto. 
Primeras noticias de Noela Duarte
(José Manuel Fajardo, José Ovejero y Antonio Sarabia, Ed: La otra orilla)
Este es un libro escrito a seis manos. O en realidad ensamblado,
porque se distribuye en seis capítulos, escritos alternativamente por
cada autor. Podría ser una novela, pero en realidad tiene
magníficamente puesto su título, porque son seis noticias, o seis
relatos, unidos por el nexo de la vida de Noela Duarte, una mujer
apasionante.
Desde la primera línea, en cada uno de los relatos,
parece que lo que quieren es que admiremos a una mujer que podría ser
real (y que creo que no lo es, a pesar del juego de la foto de portada,
titulada “Autorretrato” firmado por una tal Noela Duarte). Una mujer de
la que todos se enamoran, todas se rinden a sus pies, todos intentan
cazarla, mantenerla, y terminan heridos por su fuerza, por su dureza.
Casi
todos los relatos (salvo el primero) comparten un punto de vista: es
otro y no Noela, en primera persona, quien nos habla de ella, y de esa
forma obtenemos al final una imagen caleidoscópica pero bastante
precisa, llena de aciertos, de perspectivas, de puntos de vista
enriquecedores, de esta mujer manipuladora y decidida, exigente,
distante a veces, apasionada otras, pero sobre todo marcada por la vida
que ha llevado, que ha elegido.
En el primer relato, Ovejero nos
cuenta la infancia de Noela, hija de un guitarrista cubano, separado,
amargado y exiliado (“No, mi padre no pegó nunca a mi madre, cuando
quería hacerla llorar, cogía la guitarra y le cantaba un bolero.”) y
como Noela descubre la fotografía, y luego el sexo, la manipulación, el
dolor, y la muerte. Noela se ha convertido en reportera de guerra e
interpreta el mundo a través de su visor.
Antonio Martínez Asensio
Antonio Martínez Asensio nació en Madrid en 1964. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y empezó muy pronto a trabajar en el mundo de la televisión: en TVE, en Tele Madrid, en Tele 5, en Canal+, en Intereconomía, así como en varias productoras independientes. Ha desarrollado una labor de crítico literario en la radio como colaborador en varios programas como Agosto en la Onda, Herrera en la Onda, Radio Estadio, Al Primer Toque y Te doy Mi Palabra. Ha escrito guiones para series de televisión y para el cine. Colabora en una sección de libros en el programa de Antena 3 Nova “Casa de América”. Ha publicado un ensayo en clave de humor titulado “¡Mi mujer está embarazada!” (Grand Guignol Ediciones), que ha sido traducido al italiano en la editorial Aisara y que quiere ser una guía del embarazo para los padres (y no para las madres). En 2010 se publicará su primera novela, “En soledad”.
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