El corrector
(Ricardo Menéndez Salmón, Ed. Seix Barral)
Hoy es viernes 13 de marzo: hace dos días se celebró el aniversario de la matanza del 11-M. Leí titulares que hablaban del olvido de las víctimas y no quise leer mucho más. Tal vez ahora sea más pertinente que nunca leerse la última novela del siempre sorprendente Ricardo Menéndez Salmón, no sólo porque cada línea que escribe este autor a mí me parece una buena noticia, sino porque además habla sobre el 11-M.
Esta novela es muy difícil de contar. Casi tanto como de leer. La primera vez la he leído como sobrevolándola, sin poder entrar del todo en la densa red de sensaciones, de claves y de sentimientos que encierra. Son 141 páginas. La segunda vez se disfruta mucho más, se paladea, se mastica. Sobre todo, yo tuve la sensación de digerirla mejor.

Vladimir, un corrector, un novelista frustrado, se despierta, como hicimos cada uno de nosotros, sobre todo los que vivimos en Madrid, aquella mañana, con la sensación de que acaba de ocurrir algo terrible. "Cuando el primer tren saltó por los aires derramando sobre nuestras pequeñas y esforzadas vidas un aluvión de sangre, cólera y miedo, yo estaba sentado delante de mi vieja mesa de fresno australiano y corregía unas galeradas de Los demonios de Fedor Dostoievski". Así empieza. Y según va avanzando el día sufre y convive con el horror que produce el atentado, con la muerte, con el dolor, con la pérdida, con la mentira y con el error, que como buen corrector, detecta enseguida.
Pero lo más duro de la novela es que muestra como ese horror profundiza en cada aspecto de la vida, inundándolo y manchándolo todo. Y así, Vlad nos va contando su historia, la de sus padres, la de su hijo oculto, la de su exmujer y su actual pareja, Zoe, sus intentos por escribir y sus fracasos, y de cada uno de estos hechos va descubriendo los errores, las faltas, va corrigendo su vida, va descubriendo el horror cotidiano, mientras lo mezcla con una narración pormenorizada de lo que cada uno nos fuimos encontrando en la televisión, a lo largo del día. Descubre la verdad como si ya no fuera posible seguir mintiéndote, como si ya nada quedara oculto, como si los errores pudieran corregirse.
"Y en medio de este pandemonio, como por ensalmo, heroico, trágico, transcurro yo, el corrector".
Nada parece posible desde entonces, y menos lo que tiene que ver con la lectura, la escritura, la corrección. Mientras la vida continúa las contradicciones se acentúan. Esta novela nos permite profundizar en el horror hasta el nivel que queramos o que aguantemos, y podrá hacerse un análisis más profundo en cada nivel. Y siempre queda la sensación de que, por debajo de la narración, a veces lineal de la realidad política del momento, de los juicios de valor del personaje, quedan aun metros para seguir sumergiéndote.
El final es profundamente esperanzador, sin embargo. Lleno de amor. La muerte termina saliendo del sueño, poblando el mundo.
No sé si la realidad lo es tanto.

Fueras de serie
(Malcolm Gladwell, Ed. Taurus)
El subtítulo de este ensayo es "POR QUÉ UNAS PERSONAS TIENEN ÉXITO Y OTRAS NO". Yo no suelo leer este tipo en libros, que parecen de "autoayuda empresarial" o algo así, pero no sé si porque me he cruzado ya demasiadas veces con ese tipo de gente que, no se sabe muy bien por qué, ha tenido éxito siendo tipos despreciables o porque sobre mi mesilla se acumulan novelas con las que no puedo y me cuesta llegar más allá de las primeras sesenta páginas, el caso es que empecé a leer con interés este ensayo y desde la primeras páginas me atrapó: no sólo porque está escrito de un forma muy clara, didáctica y divertida sino porque responde a algo que a mí siempre me ha intrigado.
La tesis principal del libro es que los fueras de serie, los grandes triunfadores en todos los ámbitos, no solo son gente con un talento especial, genios realmente, y que además han trabajado como bestias, sino que han tenido la suerte de estar en el momento preciso en el lugar adecuado: algo externo les ha hecho que llegaran a donde han llegado (además de su talento y de su esfuerzo) de modo que si hubieran nacido unos años antes o después, o no hubiera sucedido una determinada circunstancia no habrían llegado a donde han llegado.

Este libro nos dice que el éxito sigue un curso predecible, que no es más brillante quien tiene más éxito, y que de hecho el éxito no llega por una serie de decisiones y esfuerzos, sino que depende de una serie de oportunidades y de saber y de tener la capacidad de aprovecharlas.
Y así, va repasando, desde la razón por la que los mejores profesionales de las ligas de hockey en Canadá han nacido, en su mayoría en el primer trimestre del año, y porqué tienen más posibilidades los que han nacido entre enero y marzo que los nacidos en septiembre, hasta la razón por la que el 20% de las personas más ricas de la historia de la humanidad han nacido en solo 10 años en Estados Unidos (entre los años 1830 y 1840), o la razón por la que triunfaron The Beatles, o el mismísimo Bill Gates, que si hubiera nacido diez años antes o diez años después puede que hubiera triunfado, pero seguramente no en el mundo de la informática, o las razones por las que una serie de bufetes norteamericanos son ahora los más importantes del mundo, por razones de clase social, de religión y de oportunidad.
Si en la primera mitad del libro, nos cuentan las razones de oportunidad, y nos argumentan éxitos sorprendentes, en la segunda parte nos hablan de la influencia de la cultura, y de cómo, por ejemplo, se descubrieron razones culturales en una serie de accidentes de aviación que se produjeron en las compañías Avianca y las líneas aéreas coreanas y cómo se solucionaron. Impresionante.
"Se trata de una lección tan simple que parece asombroso cuán a menudo se pasa por alto. Estamos tan seducidos por el mito del mejor y el más brillante y el hombre hecho a sí mismo, que creemos que los fueras de serie brotan de la tierra tan naturalmente como los manantiales… Para construir un mundo mejor, es preciso que sustituyamos el patrón de los golpes de suerte y las ventajas arbitrarias que hoy determinan el éxito por una sociedad que ofrezca oportunidades a todos".
Conclusión: seguro que, como siempre he sospechado, soy un genio, y he trabajado duro además, pero no he estado en el lugar adecuado en el momento preciso.

La ciudad de los ángeles caídos
(John Berendt, Ed. Mondadori)
He estado en Venecia este fin de semana y nada de lo que me habían contado, ninguna de las fotos que había visto, me preparó para la belleza de esa ciudad. El libro que más me ha acercado nunca a Venecia es el que hoy os propongo, publicado en 2006 y que releí antes de marcharme y que repasaré de nuevo ahora que he vuelto. El título viene de un cartel visto en una iglesia que estaban restaurando: Cuidado, caen ángeles.
"Venecia no solo está construida sobre piedras, sino también sobre una fina red de palabras, habladas o recordadas, de cuentos y leyendas, de testimonios oculares y habladurías".

Este libro nos cuenta la Venecia real, la que cuesta encontrar cuando estás allí, la que se esconde mucho más allá de las calles atestadas de gente, de las miles de tiendas de máscaras y de las góndolas. Arranca cuando se produce el incendio de La Fenice, y cuenta cómo ocurrió, cómo se investigó, quién lo hizo, y cómo se reconstruyó ese magnífico teatro, con toda la trama de la Fundación que lideró la reconstrucción y de sus luchas con la especial idiosincrasia de los venecianos y su administración.
Así, conoceremos al implacable fiscal Felice Castón, y sabremos como llevó la investigación del incendio, pero también cómo trabajan los bomberos y las ambulancias en la ciudad de los canales, cómo se hacen las obras, las dificultades inmensas. También conoceremos a Renato Boná, uno de los últimos artesanos venecianos, considerado un semi dios por los gondoleros, fabricante de remos y postes para remos, y al doctor Scattolin, el hombre que se encarga de estudiar y controlar a las palomas en la ciudad.
Todo un universo que funciona con sus leyes y sus normas, donde también convive el Hombre Planta, un tipo que parece un jardín andante o el Capitano Mario Moro, el hombre de los uniformes, y Mario Stefani, que siempre escribía la misma pintada por las paredes: "La soledad no es estar solo, es amar al prójimo en vano". "Si Venecia no tuviera puente, Europa sería una isla", dijo en uno de sus libros Stefani.
Pero este libro, que disecciona como un fino cirujano la sociedad veneciana, nos habla también de su pasado, de quien construyó la ciudad, y sus mitos, de Peggy Guggenheim, con sus fiestas y su frma de vivir la cultura, o la apasionante vida de Giuseppe Volpi, que llevó la electricidad a Venecia, entre otras muchas cosas y que ha dado nombre al premio del Festival de Cine, o la historia del arquitecto Giovanni Battista Meduna, que comprendió que para los italianos la ópera es algo más que lo que ocurre en el escenario.
Venecia es un mundo en sí misma, y parece irreal, atestada de gente, que pasea arriba y abajo, incesantemente, que gira en cada puente y se pierde por una ciudad donde resulta más útil una brújula que un plano, llena de sorpresas, de rincones, de iglesias, de joyas, de palacios, de casas maravillosas. No hay nada como recorrer sus canales, dejarse llevar, arriba y abajo por sus islas. Recordarla.
Este libro es mágico. Abomina del turismo. Muestra una ciudad que no encontraremos, que no podremos ver, pero que es la única que existe. El resto es mentira: una ópera, una representación, un sueño.

La fiesta ha terminado
(Daniel Vázquez Sallés, Ed.RBA)
¡Qué dura es esta novela! Carece absolutamente de esperanza, pero es verdad que a veces en la vida real, la que de vez en cuando retratan las novelas y el cine, no existe tampoco nada a lo que agarrarse y todo parece derrumbarse. Cortázar decía que la esperanza es una puta vestida de verde: me encanta esa frase, esa descripción. Y me horrorizan esos finales de película americana en los que no importan las coherencias de los personajes ni la credibilidad de la historia, porque todo tiene que terminar en un happy end lamentable. Bueno, pues aquí no vais a encontrar ningún final de esos, desde luego, pero si que vais a encontrar coherencia y personajes que funcionan, hasta el final.
La historia comienza con el encuentro de una pareja, Ruth y Mo, en un hotel. Todo parece ir bien: sexo, pasión, deseo. Pero cuando se visten y se van todo cambia: son un matrimonio aburrido que ha encontrado en sus encuentros, una vez por semana, en un hotel, una forma de continuar follando con pasión, una forma de escaparse de una realidad que no satisface a ninguno de los dos: fuera del hotel se aburren, se detestan, se denigran.

Desde el primer momento vemos la degradación de esta pareja, la caída en un esquema burgués que no les satisface: los hijos, el trabajo, la vida cotidiana. Hace poco hablábamos de "Vía revolucionaria", la magnífica novela de Yates que retrataba el drama de una pareja en los Estados Unidos de los años 50. Ésta retrata algo parecido pero con una crudeza extraordinaria, siempre al borde del abismo, siempre a bordo del drama, muy cerca de la violencia, de la derrota, y en nuestros tiempos y nuestra Europa, más abierta, más permisiva, más coherente y seguramente más perdida.
Las soluciones que encuentran son terribles. Huidas hacia ninguna parte, callejones con salidas sucias y estrechas que llevan a territorios lejanos e inexplorados, de donde probablemente vuelvan con heridas que ya no se curarán jamás. Gente con problemas aun mayores, más coherentes, más anclados en la desesperación y en la derrota. Y cuando regresan ya no queda nada, salvo la certeza de que la fiesta, como su título y su frase final indica, ha terminado.
La novela no solo es dura por el argumento sino también por los temas que plantea, las reflexiones que suscita y sobre todo, por la falta de esperanza, de salidas, de soluciones para esta sociedad podrida y para los modelos que muchos seguimos, a veces sin saber muy bien porqué y sin haberlos decidido, en los que se encuentran los personajes: se quedan sin armas, sin deseos para vivir aquí, pero son incapaces de vivir en otro lado o en otro modelo.
Esta pareja la completan dos segundarios muy buenos: uno es extraordinario, y se llama Izio: un personaje que podría haber creado Lowry o Miller, un ser en la frontera de la vida; el otro una mujer: la joven Benjamina, representante de una generación mucho más joven que los protagonistas y que tiene muchos menos problemas de conciencia, como los que han nacido alejados del 68.
Pero además esta novela es dura por la forma de contarlo, por su estructura, con esas idas y venidas en el tiempo, esas búsquedas, esas razones de los errores, y también por el vocabulario, y por el tono, absolutamente descarnado, soez a veces, terrible, insultante. Vázquez Sallés no se corta a la hora de llamar a las cosas por su nombre, a la hora de llevar a sus protagonistas hasta el límite y dejarlos allí, para ver como se hunden, como sobreviven, si es que lo hacen.

Las caras del tigre
(Alfonso Mateo-Sagasta, Ed. Seix Barral)
Divertidísimo. Me he metido sus trescientas sesenta páginas en apenas dos días, y, lo que es mejor, cuando iba por la página trescientas cincuenta todavía no sabía cómo iba a terminar: apenas me quedaban hojas que pasar y aun dudaba, nervioso y ansioso por terminar, pensando si lo ligaría con la hermosa, tronchante y desconcertante primera página, en la que un gorila de lomo plateado pone un buen zurullo y luego lo degusta con placer, o me sorprendería. Ganó la segunda opción.
Es una novela, está claro, pero bien podría decirse que es un libro de divulgación, porque hay tantas reflexiones sobre Darwin y su teoría de la evolución, o de la selección natural de las especies, tanta discusión entre los personajes, que aprendes muchísimo sobre ella, y sobre los diferentes puntos de vista (científicos y religiosos). Además, ese es el auténtico motor de la novela.
Bueno, los problemas evolutivos y tres magníficos personajes, bien construidos, que realizan una función muy precisa dentro de la novela y que nos van guiando por su trama. Por un lado la protagonista, Matilde, un personaje redondo, con fuerza, inteligente, y que va evolucionando magníficamente hasta brindarnos un final sorprendente. Luego está su primo, el Jenízaro, un auténtico regalo, un personaje culto y curioso, con una personalidad compleja y que da siempre el contrapunto a Matilde. Por último, el ayudante de Matilde, el gran Pajarito, complemento perfecto, descrito y explicado a la perfección en tres trazos muy precisos.
Y la trama: Matilde trabaja en una empresa de seguros e investiga un terrible accidente de autobús en el que se identifican treinta y ocho cuerpos… ¿O treinta y siete? Se encuentran restos que no pueden identificarse, e incluso cuando se analiza el ADN, se piensa que está corrupto porque no corresponde a ningún ser humano. ¿O sí? ¡Es que no puedo contaros más!
Es apasionante. A veces, novela policíaca, a veces de investigación científica, a veces novela de costumbres, o radiografía social de la España de ahora, con esa compleja inmigración, a veces reflexión antropológica. Con su punto de sexo, su trama sexista, su historia de amor, en realidad es todo eso, pero muy bien contado, con una construcción que funciona, con un lenguaje claro y muy eficiente, y algo de hipnótico.
Me ha sorprendido este autor, me ha sorprendido su capacidad divulgadora, su humor y su forma de escribir. Siempre hace falta tener a mano uno de esos libros que no se te caen de las manos, tan divertidos, tan brillantes como éste.
Río Quibú
(Ronaldo Menéndez, Ed. Lengua de Trapo)
Esta novela muestra una imagen de Cuba tan alejada de los tópicos, tan sorprendente, tan dura, que solo por eso merecía la pena leérsela. Pero es que además es divertida (a ratos), brutal (casi siempre), emocionante (a veces) y está muy bien escrita (si es que eso existe), o por lo menos, ofrece una voz reconocible (que no es poco).
Quien se haya leído 'Las bestias', su anterior novela, sabrá perfectamente a qué me refiero, por lo reconocible de su estilo y por las cosas tan sorprendentes que cuenta. En otras cosas, en 'Las bestias' nos cuenta la historia de un cubano que cría un cerdo en su baño, y que le opera para que no pueda gruñir ni se le oiga en el vecindario, algo que desde aquí nos parece surrealista pero que allí es una forma como cualquiera de sobrevivir, y más común de lo que parece. 
Ronaldo Menéndez escribe un estilo de novela negra llena de humor, y de sexo, salvaje, y muy consistente, que no todos los estómagos podrán digerir fácilmente. Propone imágenes que parecen sacadas de un sueño, como de pronto se acerca a lo poético y de ahí pasa a una descripción tan cruda, sin concesión alguna, tan descarnada (nunca tan acertado este adjetivo como en este libro… ya lo entenderéis al leerlo) que te deja mal cuerpo, incluso.
'Río Quibú' cuenta la historia de Júnior y de Julia, su madre. En pocos personajes he visto descrito e impregnado el deseo tanto como en el de Julia. El capítulo 8, que nos cuenta el descubrimiento del sexo por parte de Julia, es antológico, hermoso, divertido y procaz. Pero Julia que vive el sexo como una fiesta continua, una celebración de la vida (“…tendría que aprender a hacer el sexo como si hiciera todas las cosas, y hacer todas las cosas como si hiciera el sexo…”) aparece muerta una mañana, a orillas del río Quibú, que llena de mierda la ciudad, y que separa a ésta de los barrios más salvajes, perdidos y olvidados, donde no entra la policía más que para corromperse, y donde es muy difícil salir con vida.
Júnior decide buscar al autor de la muerte de su madre y descubrir cómo y por qué la mataron, e inicia una búsqueda que le lleva a las puertas de la muerte, al mismísimo infierno, para descubrir el deseo, lo más salvaje de sí mismo, y finalmente, su historia y la de su madre, todo ello, a orillas del río Quibú, que esconde un secreto terrible y brutal (y espero que imaginado). No os puedo contar más.
De la Cuba que esperamos hay poco, aunque estoy seguro de que hay mucho más, escondido en claves que solo los que conocen la isla podrán descifrar. Pero no importa. Está la referencia a los balseros y el trapicheo de barcos (que a mí me ha recordado al de los cayucos), y la magnífica escena en la que Julia emana tanto deseo (“Eran una mujer y una avenida con un paseo sembrado de arbustos que desde los balcones parecían brócolis.”) que un coche se para a su lado y el mismísimo General le propone pasar un día íntimo con él: “Dígale al General que muchas gracias, pero yo no me acuesto con la historia de este país”. Rotunda.
Novela negra, negrísima. Merece la pena perderse por sus orillas.

No matarían ni una mosca
(de Slavenka Drakulic ed. Global Rhythm)
"Criminales de guerra en el banquillo", es el subtítulo de este libro desgarrador. La autora, croata (aunque obligada a abandonar su país por acusaciones de ser "insuficientemente patriota"), se sumerge en las sesiones del Tribunal Penal de La Haya para contarnos, capítulo a capítulo, la historia de una serie de personas que un día se convirtieron en criminales de guerra, cometieron atrocidades que cuesta relatar, y que sin embargo, eran, poco antes, gente normal. "Una guerra es una orgía de violencia en la que muchos dan rienda suelta a su desesperación".
En primer lugar, este libro es muy útil para entender el conflicto de la antigua Yugoslavia: ¿quién se pegó con quién y por qué?. Drakulic nos cuenta sus recuerdos de la era Tito, cuando su padre y ella colgaban en el balcón la foto del dictador, y nos cuenta cómo cambiaron las cosas, cómo llegó al poder Milosevic, la forma de sentir de los serbios, y lo que pasó después: la irresponsabilidad, la maldad que provocó una guerra que eran muchas guerras en realidad. "Sólo ahora puedo entender lo fácil que es empezar una guerra contando con la ausencia de hechos2. Y esa es la primera razón para leerse este libro. Aprender algo. Darnos cuenta de que poco a poco se van dando pasos hacia una situación que luego nadie puede parar.
Además, está el relato de la historia de los criminales de guerra: aquellos que violaron a mujeres, que las explotaron sexualmente, que las vendieron, que abusaron de menores, sin la menor conciencia, sin tener la sensación de que estaban haciendo algo malo, amparados por su (in)cultura, por su pueblo, por su odio; Goran Jelisic, condenado por ejecutar a trece prisioneros musulmanes, aunque en realidad ejecutó a cientos, con 23 años, y cuyos vecinos y conocidos coincidían en señalarle como una buena persona: un buen chico; el general Krstic, responsable de las tropas que perpetraron la matanza de Srebrenica, un militar de carrera, un hombre íntegro, que defendió hasta el final que nunca supo qué estaba pasando, y que protagoniza uno de los capítulos del libro más profundos, más terribles y más esclarecedores también. "Su juicio era la prueba del desmoronamiento de una sociedad que había perdido sus valores, de un ejército que había perdido su honorable reputación y de un hombre que había perdido su alma cuando aceptó permitir el mal"; o el absolutamente descorazonador, terrible y alucinante capítulo dedicado a Drazen Erdemovic, uno de los hombres que participó en un pelotón de fusilamiento en Srebrenica, que empezó a fusilar gente, niños, viejos, adultos, jóvenes, a las diez de la mañana y terminó al atardecer, fuera de la realidad y de cualquier humanidad; y los magníficos capítulos dedicados a los protagonistas: Milosevic, su mujer Mira Markovic, y Mladic, el jefe del Estado Mayor del ejército de la República Serbia, con una tragedia personal increíble, del que Drkulic traza un retrato antológico e inolvidable.
Y por último, este libro tiene dos capítulos finales antológicos: En el titulado ¿Por qué necesitamos monstruos? hay una reflexión extraordinaria sobre la condición humana: "Si la gente normal comete crímenes de guerra, eso significa que cualquiera de nosotros puede cometerlos. Entonces entiendes por qué es tan fácil y cómodo aceptar que los criminales de guerra son monstruos, en lugar de estar de acuerdo en que el mal que surge de una mentalidad ordinaria y es cometido por gente ordinaria es la norma, no la excepción". Pero "qué debe ocurrir para que un hombre ordinario vea un enemigo en un colega o en un vecino". Y concluye explicando lo que es "a construcción del otro como objeto de odio". "Hubo muy poca gente capaz de resistir la atmósfera general de odio".
No sé si a los españoles nos suena un poco todo esto. Si hemos aprendido o si deberíamos aprender. Leed este libro y seguid a la autora (yo ya he buscado dos novelas suyas que publicó Anagrama). Ya os contaré.

Antonio Martínez Asensio
Antonio Martínez Asensio nació en Madrid en 1964. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y empezó muy pronto a trabajar en el mundo de la televisión: en TVE, en Tele Madrid, en Tele 5, en Canal+, en Intereconomía, así como en varias productoras independientes. Ha desarrollado una labor de crítico literario en la radio como colaborador en varios programas como Agosto en la Onda, Herrera en la Onda, Radio Estadio, Al Primer Toque y Te doy Mi Palabra. Ha escrito guiones para series de televisión y para el cine. Colabora en una sección de libros en el programa de Antena 3 Nova “Casa de América”. Ha publicado un ensayo en clave de humor titulado “¡Mi mujer está embarazada!” (Grand Guignol Ediciones), que ha sido traducido al italiano en la editorial Aisara y que quiere ser una guía del embarazo para los padres (y no para las madres). En 2010 se publicará su primera novela, “En soledad”.
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