Vivir de contarlo
Solo es un juego literario: uno más. O un sueño. Poder dedicarme a leer y a contarlo, poder abrir micrófonos, cámaras o navegador y saber que habrá un lugar donde podré hablar de literatura, de la pasión de leer, compartir emociones, sensaciones, pequeños universos con quien me quiera escuchar, leer o ver. Y vivir de ello. El gran poeta Fernando Beltrán contestaba en una entrevista a la pregunta de si vivía de la poesía: "Si, claro que vivo de la poesía. Lo que no hago es comer de la poesía."
Es verdad que el acto de escribir solo se completa del todo cuando un lector abre las páginas de un libro y se lo lee, y así, hace que el libro sea distinto cada vez. He vivido seguramente la mayoría de los momentos de más emocionantes de mi vida leyendo. He vivido grandes aventuras, viajes alucinantes, historias de amor insospechadas, reflexiones que me han llenado intelectualmente, páginas que me han dado un verdadero placer físico, que me han hecho como persona. Y siempre he soñado con contarlo.
He perseguido a los autores, con admiración, cuando era mucho más joven, en la feria del Libro de Madrid: Gonzalo Torrente Ballester me ha "prestado" doscientas pesetas para que comprara "Dafne y ensueño" en vez de "Javier Mariño"; he esperado tres horas para que Borges hiciera apenas un rayajo en uno de sus poemarios; he saludado a Sábato, atónito porque nadie comprara libros a 40 grados, cerca de la cuatro de la tarde en uno de esos junios calurosos de Madrid; José Hierro me ha dibujado un árbol de colores al lado de su firma. Y con el tiempo he tenido la suerte de conocer a muchos de mis autores admirados en persona gracias a la radio y a la televisión: he podido entrevistarles, incluso, aunque a veces me temblaran las manos, charlar con ellos. Hay historias magníficas y redondas como cuando conocí a Enrique de Hériz, tras leer su extraordinaria "Mentira" y la dedicatoria que me escribió. Me considero afortunado por ello.
Pero una de las cosas bellas que me han pasado, en relación con este deseo de hablar de libros, fue cuando mi amigo Paco Sierra y la extraordinaria Melanie Parejo me propusieron empezar este blog: hace casi dos años. Escribí mi primer post el 11 de junio de 2008: desde entonces he escrito 100 reseñas: más o menos un libro a la semana. Para mí es un orgullo al que no me acostumbro. Cada vez que veo mi actualización en la página de Antena 3 Noticias me siento afortunado. Cada semana.
Me hace gracia abrir mi archivo y ver los cien títulos: hay de todo. Y repasar esa lista es repasar lo que han sido mis dos últimos años. Se podría escribir una biografía con los títulos de las novelas que has leído.
Escribir un blog está absolutamente relacionado con la interactuación que se establece: saber que estáis ahí, que cualquiera podrá comentar, que se establecerá un diálogo: es emocionante. Al final, he terminando leyendo para los demás. Cada subrayado, cada anotación es para recordar cómo contarlo. Y no todas las lecturas que he hecho han acabado reflejadas aquí. Porque yo no hago crítica: solo leo y lo cuento. Y lógicamente solo recomiendo lo que me gusta, y lo que no, lo condeno al silencio, y al olvido.
Dicen que cuando nos invada el e-book una de las cosas que desaparecerá más rápido es la crítica, incapaz de seguir todo lo que va a circular por la red, incapaz de sintonizar con los e-lectores. Yo espero seguir aquí, intentando descubriros cosas, intentando comunicaros mis emociones cuando leo, mis pasiones.
Y ya solo quedará poder vivir de contarlo.
Y no hacer nada más.
Gracias.
La noche de los tiempos (Antonio Muñoz Molina, Ed. Seix Barral)
Llevo casi un mes sin escribir en el blog. No toda la culpa la tiene este novelón, pero es verdad que me costó entrar, meterme a cuchillo por sus más de novecientas cincuenta páginas. Eso sí, una vez que conseguí meterme he disfrutado muchísimo. Por eso, la primera recomendación (pasa casi siempre con las novelas muy largas) es meterse, la primera vez, un buen número de páginas de una vez, para entender bien el juego con el tiempo y con la memoria que propone Muñoz Molina nada más empezar, para situarse en los tiempos de la República Española, para entender los muchos territorios que transita Ignacio Abel (un personaje que dicen que puede estar basado en Arturo Barea).
La novela nos cuenta la historia de un arquitecto que construye la Ciudad Universitaria de Madrid en los convulsos años anteriores a la Guerra Civil. Y establece rápidamente dos líneas: por un lado nos cuenta magistralmente cómo era aquella vida que nos han contado tantas veces (pero que a mí por lo menos me cuesta tanto ver como algo real) del Madrid anterior al estallido de la Guerra. ¿Qué pensaba la gente? ¿Cómo era el día a día? ¿Qué escribían los periódicos? ¿Qué se sentía? Y en este sentido la imagen que nos transmite Muñoz Molina de la última fase de la República es muy negativa. Es muy crítico con los dirigentes y sobre todo con los partidos, con los sindicatos. Un mundo lleno de violencia y de sinrazón. Sale muy mal parado Bergamín. Y aparecen también otros personajes reales, como Alberti, que aparece solo lateralmente, organizando fiestas de disfraces y recitales de poesía, como un tipo algo insustancial, o Moreno Villa, y su Residencia de Estudiantes, desbordado. 
Azaña lo hace en una escena brutal, y lo hace como un hombre casi hundido, ido, preocupado por algo irresoluble. Se salva Negrín. Y sorprende su figura: dinámico, creativo, resolutivo, enorme físicamente, inteligente. Hay una escena con él realmente brillante en la que se hace un análisis de la realidad española clarividente. A muchos no les va a gustar esa imagen de aquellos tiempos, les va a doler: ese Madrid desbocado, descontrolado, asalvajado.
La otra vía, el otro desarrollo de la novela, es una maravillosa historia de amor entre Ignacio Abel y su amante, Judith Biely. Una historia en la que, como en la parte histórica, no hay buenos ni malos, donde cada uno debe asumir sus culpas, sus coherencias, sus miserias. La mujer de Ignacio es un personaje magnífico, enamorada de su marido, abandonada, esposada a su educación. Como lo es Judith, la amante, combativa, comprometida, liberada, coherente. Una historia de amor apasionada en la que se escuchan todas las voces, en la que Muñoz Molina nos hace mirar desde todos los puntos de vista. Al final, es difícil pero llegamos a entender a todos, aunque estén en lados tan opuestos.
A veces me pregunto si tiene sentido escribir una novela tan larga, si no sobran páginas, si podría haber sido más brevemente. La respuesta en este caso es sí. Pero también podría tener mil páginas más. Y seguro que me criticarán los que defiendan que la estructura de la novela requiere un ritmo, un tiempo y un contenido. Pero una vez metido en la historia, una vez mecido por el ritmo y la voz de Muñoz Molina hubiera deseado que durase más. Porque cuánto tiempo hace falta para contar una vida. Cuántas páginas. Para contar una tragedia. Para entenderlo.
El elemento (Ken Robinson, Ed. Grijalbo)
Descubrí a Ken Robinson a través de un video y, además de sorprenderme su humor, me encantó su visión de los planes de estudio actuales y el papel de la creatividad en nuestras escuelas. No podía estar más de acuerdo: la creatividad sigue considerándose, en general, poco menos que una excentricidad, un mal pasajero, pero cuando un niño quiere dedicarse a algo creativo la sociedad cambia el semblante y le da argumentos para que estudie derecho, económicas o una ingeniería, una carrera seria y con futuro.
Me lancé enseguida a buscar más cosas de este genio que se dedica a impartir conferencias sobre educación y creatividad y, casualidad, vi que acababa de publicarse en nuestro país éste ensayo con el subtítulo “Descubrir tu pasión lo cambia todo”.
Ken Robinson nos habla de ese lugar en el que somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos, de ser felices y hacer felices a los demás, un lugar, el elemento, “el lugar donde convergen las cosas que nos gusta hacer y las cosas que se nos dan especialmente bien”, donde vivimos nuestra pasión. Y nos invita a buscarlo: “Hay demasiada gente que nunca conecta con sus verdaderos talentos naturales y, por lo tanto, no es consciente de lo que en realidad es capaz de hacer.” Seguramente, nuestros hijos estudian con un sistema heredado de los tiempos de la Revolución Industrial, cuando las enseñanzas técnicas estaban muy por delante, por necesidad, de la creatividad, y que estableció una jerarquía en las asignaturas que ha llegado hasta nuestros días. Un modelo caduco e inútil para enfrentarse al siglo XXI.
“Este libro contiene una amplia muestra de historias que cuentan las trayectorias creativas de personas muy diferentes”. Y cada historia es más apasionante, más ejemplarizante que la anterior. Es una especie de libro de autoayuda que cada padre debería leerse antes de que sus hijos empiecen a pensar qué hacer con sus vidas, cuando todo es posible, cuando podemos quitarnos los miedos y animarles a ser lo que quieran ser, a ser felices, toquen la batería, bailen, o funden una empresa de informática. Un libro que deberían leerse los hijos, también.
Aunque tampoco está mal que lo leamos los que ya hemos elegido, los que a veces creemos que ya es demasiado tarde para dejarlo todo y dedicarse a escribir, los que ven sus pasiones juveniles como un tiempo pasado, los que creemos que aun podemos ser quienes siempre quisimos ser.
Pero también deben leerlo los educadores, los que planifican, los que enseñan, los que se dedican (espero que con pasión) a enseñar a nuestros hijos, cada día, en el colegio, ahora que la educación (tan sólo ligeramente) está en el debate, ahora que los profesores parece que deben tener más autoridad, ahora que la juventud parece estar más perdida. “Se supone que la educación es el sistema que debe desarrollar nuestras habilidades naturales y capacitarnos para que nos abramos paso en la vida. En lugar de eso, está refrenando las habilidades y los talentos naturales de demasiados estudiantes y minando su motivación para aprender.”
Éste es un libro lleno de talento, de humor, de emoción y de pasión. Un libro para el debate, para la reflexión, para la autoayuda pero sobre todo para la esperanza, porque puede que solo haya un camino hacia el futuro y estoy seguro de que ese camino pasa por la educación.
Los Bárbaros
(Alessandro Baricco, Ed. ANAGRAMA)
Tenía pendiente este "Ensayo sobre la mutación". Un estudio sobre los bárbaros: ¿no os ha pasado que de repente vivís en un mundo que no entendéis? ¿No os pasa que, lejos de negaros a aceptar a las nuevas generaciones, hay algo que no comprendéis en ellos, en su forma de ver el mundo, en su forma de relacionarse con él, en esa extraña forma de incultura que practican? ¿No sentís que nada de lo que ocurre ahora se parece a lo que vivisteis vosotros? ¿Y sobre todo, a como lo que sentisteis vosotros? A mí me ocurre. Y para que no éste discurso no se parezca al reaccionario que nos precedió y que nos negaba por principio, nada como un ensayo tan inteligente y tan brillante como éste, para explicarnos las diferencias y los porqués; "…ése el asunto que me gustaría comprender: en qué consiste la mutación que veo a mi alrededor".
Se publicó por entregas en el diario La Repubblica, y va repasando poco a poco, metiéndonos cada vez más dentro, los paisajes que están cambiando, y analiza con inteligencia, con humor, y con profundidad fenómenos sociales, como el fútbol, el vino, o el mundo de los libros las mutaciones. Hay partes que son, inevitablemente, demasiado italianos, pero tened paciencia y seguid adelante, porque es el la segunda parte del libro donde alcanza su verdadera estatura.
El capítulo titulado "Respirar con las branquias de Google" es extraordinario, y nos introduce en los cambios que social y psicológicamente han producido, no solo las grandes tecnologías, sino sobre todo la forma de pensar que nos ha dado el buscador más famoso del mundo. "El saber que importa es el que es capaz de entrar en secuencia con todos los demás saberes… La idea de entender y saber es una hermosa idea que está muriendo.” Una gran mutación que afecta a nuestra forma de conocimiento del mundo, a la búsqueda, a las respuestas, y sobre todo a la forma de plantear las preguntas". "Ha cambiado la manera de adquirir experiencias." La cultura como sistema de paso.
Hay un capítulo brillante que se titula "Alma". "El movimiento", dice en él, "es el valor supremo. Por él, el bárbaro es capaz de sacrificar cualquier cosa. Incluso el alma." También es brillante la forma en la que analiza los distintos pasos que hemos dado hasta aquí, lo que el violento siglo XX nos ha enseñado y les ha mostrado, las distintas evoluciones que han dado lugar a éstos nuevos bárbaros que están modificando el que era nuestro mundo.
Si tuviera que copiar cada parte del libro que he subrayado casi tendría que copiarlo entero. Es divertido, lúcido, valiente, inteligente. Va desgranando las principales características de los mutantes, su capacidad para surfear por este mundo, sin detenerse nunca, su incapacidad de profundizar, "la migración hacia las regiones periféricas", su desprecio del esfuerzo sin diversión, su amor por la espectacularidad y el placer, su interpretación de la política, de la democracia, de la libertad (tan peligrosa, según mi opinión).
Por último, el epílogo, "La Gran Muralla", es para enmarcarlo, para leerlo en plaza pública y reflexionar. "En su propia relación con los bárbaros toda civilización lleva inscrita la idea que tiene de sí misma… y cuando lucha contra los bárbaros toda civilización acaba eligiendo no la mejor estrategia para vencer, sino la más apropiada para confirmarse en su propia identidad." La muralla, pues, no tanto como movimiento militar sino mental: la invención de una frontera.
Es un ensayo fundamental. Creo que debe leerse entre padres e hijos y que deberían leerlo las autoridades, los profesores, y los locos que andan quemando coches por las fiestas pijas de la Comunidad de Madrid. Hay algo que aprender en él. Es brillante y necesario, como deben de ser los ensayos, profundo y divertido, acertado, como debe de ser el trabajo de los intelectuales en este principio de siglo. Una joya.
El Pozo
(Juan Carlos Onetti, Ed. Seix Barral)
En tiempos de crisis lo mejor es volver a los clásicos. Pero qué es un clásico: se supone que algo que no se puede mejorar. Ésta es la primera novela de Onetti, del que se cumple este año su centenario. Así que para los que no hayan transitado todavía por su universo complejo, creo que éste es un buen comienzo, sus deliciosas apenas 60 páginas (en mi edición); y para los que se lo hayan leído de cabo a rabo, reconoced conmigo que te puede pasar como al protagonista, en la primera línea de la novela: "Hace rato me estaba paseando por el cuarto y se me ocurrió de golpe que lo veía por primera vez."
Un hombre, Eladio Linacero, un hombre mediocre escribe en su habitación pensando en hacer algo distinto: "Me gustaría escribir la historia de un alma, de ella sola, sin los sucesos en que tuvo que mezclarse, queriendo o no." Y lo hace mientras sueña que el fantasma de una mujer a la que casi violó le visita por la noche y se sienta, desnuda, frente a él. Y recuerda, lo que ocurrió en la cabaña y cómo se lo contó a varias personas, que le juzgaron, como Ester, la prostituta de los marineros: "No hay nadie que tenga el alma limpia, nadie ante quien sea posible desnudarse sin vergüenza."
E interpreta a su modo el amor, al lado de Cecilia, en una dejadez que lo envuelve todo, que puede con todo, que sume a su mediocridad en algo que parece vulgar pero que construye una atmósfera, una forma de vida, que lo impregna todo y que hace de esta asfixiante novela algo inolvidable.
"El amor es algo demasiado maravilloso para que uno pueda andar preocupándose por el destino de dos personas que no hicieron más que tenerlo, de manera inexplicable."
Dice Mario Vargas Llosa en su magnífico ensayo sobre Onetti "El viaje a la ficción" (que ya he reseñado en este blog) que "El pozo", escrita en 1939, parece beber de las fuentes de lo que se llamó existencialismo, y que puede parecer cercana a novelas como "La náusea" de Sastre o "El extranjero" de Camus.
Es asombroso, y vale solo como anécdota, lo que cuenta Vargas Llosa sobre que Onetti extravió el manuscrito de "El pozo" y que la reescribió, y que perdió del todo el manuscrito de su segunda novela, que no conocemos. Me parece coherente (sobre todo, Onetti es coherente, en su obra y en su vida) esa desidia vital con ésta que describe el protagonista de "El pozo" a quien nada le importa nada.
Dentro de poco me releeré "Para esta noche", siguiendo cronológicamente la obra de Onetti, mientras el verano se llena de futbolistas millonarios, América de muertos, y al resto del mundo, sigue, como a Eladio Linacero, sin importarle nada.
Leed a Onetti.
Todo eso que tanto nos gusta (Pedro Zarraluki, Ed. Destino)
Lleva la novela de Zarraluki meses llamándome desde la estantería, atrayéndome con su imagen de portada, esa mujer con una risa enorme, envuelta en un albornoz, a punto de entrar en el agua del mar. Sabía que dentro encontraría mucho de lo que tanto me gusta, como dice su título, y por eso, mientras que muchos otros no han pasado el filtro, esa grave decisión que supone leerse un libro, como mínimo, cada semana, éste me ha esperado.
"Mi padre se escapó un día de sol radiante". Así comienza esta novela en la que un hombre, en realidad, se escapa de su propia vida. Y lo hace con el objetivo de cumplir un sueño, postrero: llegar a Potala, en la ciudad santa de Lhasa. En busca de su felicidad, de otra vida, de los recuerdos, de los errores, de los caminos que no tienen vuelta atrás, de su hijo, protagonista de la novela, de su mujer, Cristina, un personaje magnífico, que bien podría ser la mujer de la portada, una mujer con un carácter extraordinario, y que Zarraluki crea, dibuja y explora con maestría. Cristina entrará sin duda en mi Museo de Personajes Inolvidables, de hecho, ya está allí.
Y el hijo va a buscar a su padre, por supuesto, porque todo el mundo interpreta que se ha vuelto loco. Le encuentra en un pueblecito de la costa catalana, viviendo en una posada y descubre a un hombre que no conocía, a un hombre distinto que se enfada cuando ve a su hijo por allí, como esa sociedad que no permite nunca que cambies, sino que prefiere que sigas en tus errores, y si decides huir te llama egoísta, como si pensar en uno mismo no fuera lo más natural, como si huir no fuera a veces la única solución, como si intentar cambiar no fuera la ambición final de tanta gente. "Todos cambiamos, sea por un esfuerzo de la voluntad, o por hartazgo de lo que somos, o por adaptarnos a los cambios de los otros".
Pero esta novela también habla de la memoria, de cómo hay cosas que permanecen allí sin que podamos jamás analizarlas y menos verbalizarlas, de los recuerdos que los hijos tienen de los padres, de los errores de los padres, de las historias trágicas. "La memoria es arbitraria y rencorosa. No dejes que ella piense por ti".
Al final, la huida del padre descubre todo un universo alrededor de la posada, con la dueña, que cultiva marihuana, las prostitutas que alquilan las habitaciones, o Rosa, la taxista, que tendrá tanto protagonismo al final. Poco a poco se produce la magia y cada uno va buscando su sitio en ese universo nuevo, y hasta Cristina, la mujer abandonada viaja hasta allí, y se aloja primero en un hotel a orillas del mar, para ir acercándose poco a poco a la posada. Cada uno va recuperando su lugar en el mundo, y mágicamente la vida les permite cambiar, les permite olvidar, les permite entender, mirarse hacia dentro, asumirse, optar de nuevo a la felicidad, y entrar así, por fin, en su palacio de Potala.
Disfrutad con esta novela tan mediterránea, tan llena de luz y tan profunda. Tan llena de esperanza, de comprensión, de tristeza y de vida.

La Soledad de los Números Primos
(Paolo Giordano, Ed. Salamandra)
Esta novela viene precedida de unas impresionantes ventas en Italia y de un premio de prestigio. No me interesan las novelas por el hecho de que estén teniendo éxito, salvo que sea un fenómeno sociológico (me leí "El código Da Vinci" y me pareció divertida a ratos pero de las peores novelas que me he leído). Hay veces que solo es una técnica de mercado y otras, efectivamente, es una demostración de que la gente sabe elegir y compra sobre seguro. No he leído, por ejemplo, la famosa saga de Larsson, aunque sé que terminaré haciéndolo.
El pasado viernes empecé a leer esta novela que hoy os recomiendo y la verdad es que nada más empezar
te das cuenta de que es especial: los dos primeros capítulos te fijan en el sillón y es imposible no querer saber algo más de Alice, de Michela y de Mattia. La imagen de Alice, tan pequeña, haciéndose sus cosas encima, antes de esquiar, tan diferente, tan sola, en medio de la niebla, y su terrible accidente, es muy potente. Pero la historia de Mattia y Michela, apenas contada en diez páginas, lo contiene todo: Michela tiene un problema mental que condiciona absolutamente la vida de su hermano gemelo, Mattia. Cuando les invitan a una fiesta, al fin, cuando salen de casa cogidos de la mano, cuando llegan al parque, la soledad de ambos se hace tan patente, la tragedia es tan evidente que seguimos leyendo sabiendo lo que va a ocurrir y con el corazón encogido aun así, tal vez porque, como el título indica, muestran una soledad tan enorme, y que está tan bien descrita además, que sientes que tienes que seguir mirando, esperando a descubrir cómo van a escapar.
Y no lo hacen. Tan solo Michela (y no os puedo explicar por qué), probablemente, es la única que se salva al final, porque Alice y Mattia siguen, durante toda su vida, solos, como los números primos, perdidos, incapacitados para compartir, para relacionarse, para salir de su dolor y de su incomprensión. Están rodeados de una serie de personajes que sostienen en gran parte la novela, construida a base de escenas, de sentimientos, de personajes y de incomunicación. Los padres tienen el acierto de hacer que te veas retratado a veces. Los amigos también.
Os recomiendo que os la leáis de un tirón, porque ésta es una de esas novelas que saben mejor cuando no olvidas ningún rasgo de los protagonistas, porque les ves crecer y desarrollarse como en una película (son 280 páginas), cuando tu cansancio se corresponde con el cansancio de los protagonistas. La soledad muchas veces es no sentirse comprendido, no encontrar nada que te consuele del dolor. Y veces cuesta entenderles, y cuesta, sobre todo, entender el final, desgarrador, que te deja una sensación muy amarga. Por eso, es distinto si llevas horas leyendo, si te duelen las manos y estás metido a fondo en la historia.
El autor tiene 27 años y ha escrito una magnífica novela aunque dicen que hasta que no pasas de los cuarenta en realidad no tienes nada que contar. Yo no estoy de acuerdo con esa teoría porque creo que también es importante cómo lo cuentas. Pero estoy seguro de que Paolo Giordano, dentro de muchos años se dará cuenta de que lo dejó justo donde yo creo que estaba la gran novela: creo que ha escrito una novela que le va a gustar más a la gente de su edad, a los que no busquen llegar muy abajo y que los mayores nos preguntaremos siempre por ese abismo que se abrió en la última línea, donde apenas llega la luz, y echará de menos haberlo recorrido.
Es tristísima. Es dolorosa. Pero a la vez es muy gratificante. Es hermosa. Es una muy buena novela. Os la recomiendo, de verdad. Es la típica novela de la que apetece luego hablar y discutirla; pero todo se andará.

Antonio Martínez Asensio
Antonio Martínez Asensio nació en Madrid en 1964. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y empezó muy pronto a trabajar en el mundo de la televisión: en TVE, en Tele Madrid, en Tele 5, en Canal+, en Intereconomía, así como en varias productoras independientes. Ha desarrollado una labor de crítico literario en la radio como colaborador en varios programas como Agosto en la Onda, Herrera en la Onda, Radio Estadio, Al Primer Toque y Te doy Mi Palabra. Ha escrito guiones para series de televisión y para el cine. Colabora en una sección de libros en el programa de Antena 3 Nova “Casa de América”. Ha publicado un ensayo en clave de humor titulado “¡Mi mujer está embarazada!” (Grand Guignol Ediciones), que ha sido traducido al italiano en la editorial Aisara y que quiere ser una guía del embarazo para los padres (y no para las madres). En 2010 se publicará su primera novela, “En soledad”.
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