08:55 feb 01, 2010 | Antonio Martínez Asensio | General

Invisible
(Paul Auster, Ed. ANAGRAMA)

Desconcertante. Así es como definiría la última novela de Auster. Tiene uno de esos finales, una última imagen, que te obliga a volverte para ver si hay alguien cerca de ti que se lo ha leído y preguntarle "¿Tú cómo entiendes el final?" Me apasiona Auster, aunque no me hayan gustado nada sus dos novelas anteriores. Empecé "Invisible" deseando que me gustara, deseando encontrarme a ese narrador extraordinario que hace que las cosas fluyan, que funcionen, que leer sea un placer, que te vayas empapando de una historia que al principio crees que no tiene nada que ver contigo, que incluso parece intrascendente, pero en la que vas entrando, hasta que la lectura se convierta en una experiencia magnífica, redonda, y descubres que te estaba hablando de cosas más profundas de lo que creías.

"Invisible" tiene algo inquietante, algo que va un poco más allá, que intenta profundizar en la propia novela, en el concepto mismo de lo que escribe, más allá de la historia: un hombre obsesionado por un hecho que ocurrió en su juventud cuenta, en una novela, su experiencia, la relación con su hermana. Un amigo suyo recibe los capítulos de esa novela cuando el autor, su amigo, ya es muy mayor, y trata de saber hasta qué punto todo lo que cuenta es verdad. La verdad, la mentira, las cosas que te cambian la vida, la forma de interpretarlo y de contárselo a los demás. La forma de entender la vida, al fin y al cabo.

En dos ocasiones Auster utiliza la palabra invisible en la novela. La segunda vez para hablar de alguien que murió, invisible desde entonces. La primera, en la página 86, en una reflexión muy brillante sobre la escritura, sobre el bloqueo del escritor, sobre la forma en la que aparece el autor en una obra. Puede que eso sea de lo que trata esta novela: de lo que aparece o desaparece de un autor en lo que escribe, de las imágenes que pueblan las mentes de los literatos, de la propia condición de la literatura.

"El hecho de escribir sobre mí mismo en primera persona me había obligado a contenerme, haciéndome invisible, impidiéndome encontrar lo que andaba buscando." La reflexión sobre lo que debe alejarse un autor para hablar de lo que más le preocupa o le refleja siempre ha estado en la literatura: hablar de los demás para descubrirse a uno mismo. No sé si eso quiere decir que esta novela es la más autobiográfica, la más personal de Auster, la que refleja mayores miedos, mayores angustias.

¿Y si es así, de quién habla Auster cuando habla de sí mismo: de Rudolf Born, desalmado, calculador, con un oscuro pasado como espía; de Adam Walker, atormentado por un secreto, por algo que cree que hizo mal, enamorado incestuosamente, preocupado por la forma de escribir, por el pasado; de la bella Margot; de la inteligente y también atormentada  Cécile, con cuyas palabras termina la novela; o se esconde detrás del narrador, del demiurgo que organiza las páginas de la novela.

Auster ha recuperado en esta novela el arte de narrar, y leerle sigue siendo un placer. Solo por eso merece la pena abrir las páginas de "Invisible". Si además te quieres hacer algunas preguntas sobre cómo escribir, sobre la literatura, sobre las mentiras de la vida y las verdades de la literatura o viceversa, sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre los acontecimientos que te cambian la vida y te persiguen, a lo largo del tiempo, te recomiendo que la leas. Y cuando te la hayas terminado, por favor, dime, tú cómo entiendes el final.

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12:39 oct 07, 2009 | Antonio Martínez Asensio | General

Rafael Chirbes

Uno de los autores que no se ha movido de mi biblioteca cuando decidí vender una gran parte de ella ha sido Rafael Chirbes. Siguiendo con la idea de desprenderme de los libros que no me fuera a leer de nuevo y que no recomendaría a nadie, me di cuenta de que tenía unas ganas locas de volver a leerme algunos de los títulos de este autor valenciano porque su primera lectura me dejó siempre esa sensación de haber recorrido un territorio profundo y complejo, imposible de percibir por completo a la primera.

Para mí Rafael Chirbes es, sin duda, uno de los mejores escritores españoles vivos y tiene una obra de una coherencia brutal, que ha pasado de la complicidad con el lector a los territorios más agrestes, de denuncia, de verdad, de visión certera, de lucidez, de sabiduría. Su última novela, 'Crematorio' fue premiada el año pasado con el Premio de la Crítica, el más prestigioso. 

Recuerdo especialmente la lectura de 'La Buena Letra' escrita en 1992 y reeditada por Anagrama en 2002 sin el último capítulo (por las razones que explica el autor en el prólogo). Lo tomé en una de mis periódicas crisis literarias: no encuentro qué leer, nada me satisface, no encuentro el tono ni la historia adecuada (suele ocurrir casi siempre después de la lectura de un libro maravilloso). Cuando ocurre eso siempre hay un libro que te reconcilia con la lectura, porque cura. Contada con ternura, en capítulos muy cortos, evocadores, que van reconstruyendo la historia de una familia, y especialmente de dos cuñadas, separadas, como tantas familias, por la Guerra Civil, y sobre todo por la posguerra, por el odio, por el miedo, “aquella lucha desesperada por la supervivencia era la forma de amor que nos habían dejado”. La pérdida. La derrota. Un libro lleno de sabiduría, de dulzura, de tristeza. Un libro extraordinario.

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08:35 oct 24, 2008 | Antonio Martínez Asensio | General

Un día perfecto
(Melania G. Mazzucco, Ed: Anagrama)

Esta bella novela está estructurada en veinticuatro capítulos, uno para cada hora, 24 horas de un día a través del cual se forjarán los destinos de todos los personajes. Como en una novela coral, vemos cómo se desarrollan las vidas y como se cruzan entre ellos, como buscan sus deseos y sus destinos (si es que no es lo mismo). Vemos cómo, hora a hora, va evolucionando cada historia hasta la explosión final. Está magníficamente construida.
 
Mazzucco nos cuenta la historia de una familia: un policía, enloquecido, Buonocore, su mujer, Emma, y sus hijos, Valentina y Kevin. Y nos cuenta también la historia de todos los personajes que pululan a su alrededor: los amigos/enemigos de Kevin, en el colegio, el político para quien trabaja a quien guarda las espaldas Buonocore, Elio, junto a su mujer, Maja, la hija de ambos, Camilla y el hijo del político, Aris.

Buonocore está separado de Emma, a la que ha maltratado sistemáticamente, hasta que ésta se ha marchado, junto a sus dos hijos, a casa de su madre. Está obsesionado con ella. Emma lucha por olvidarse de él mientras mal vive en una casa pequeña, decidida a volver a empezar, después de todo. Valentina se hace un piercing, en busca de su identidad, enfadada con su madre, a la que culpa de la separación. Kevin, con un ojo vago tapado por un esparadrapo, sufre el acoso de sus compañeros de colegio y es ayudado por Camilla, la hija del político al que guarda las espaldas su padre, y le invita a su fiesta de cumpleaños, mientras Maja, su madre, se debate entre el deseo que siente por Aris, el hijo de su marido, un anti sistema que juguetea con el terrorismo, y el aburrimiento de su vida de rica, o el propio político, Elio, que se equivoca de discurso en un mitin muy conflictivo y que es defenestrado por el presidente.

Historias que van creciendo, que van tomando forma y que terminan convergiendo. Pero lo más interesante de esta novela no es tanto el argumento como los sentimientos, la profundidad con la que analiza a cada uno de los personajes. Desde esa noche en la que descubrimos al policía vigilando la ventana de su mujer, la autora se empeña en explicar, radiografiar, penetrar en los sentimientos de cada uno, para que los entendamos, para que sepamos por qué hacen lo que hacen, sienten lo que sienten, reaccionan como reaccionan.

Es una novela extraordinaria, profunda, bien escrita, con una estructura brillante, con unos personajes reconocibles, cercanos. Lo único que hay que echarle en cara es que no sigue con la misma fuerza todas las historias, sino que, inevitablemente se va centrando en la esencia, en el núcleo que lo mueve todo. Hay algunas historias, como el deseo que sienten Maja y Aris, y su escapada por los bajos fondos romanos, o el fracaso de Elio el político, que se resuelven al final con una pincelada, nada más, como si la autora sólo quisiera contarnos ese día, tan perfecto, en el que cambiaron las vidas de tantos, pero también nos dijera que la vida continúa, que aunque cerremos el libro, los personajes seguirán viviendo, otros días, y que seremos nosotros los que tendremos que contarlos.

La escena final, la última hora, es de esas que cuesta olvidar. Es durísima, precisa, escalofriante. No puedo decirles más, solo que la huella de mis dedos pulgares se quedó impresa en cada página. Sé que la realidad es así de dura, lo vemos cada día en las noticias, desgraciadamente, pero esta novela te mete de lleno en la cabeza del maltratador, en primera persona, y hay que parpadear, y respirar muy profundamente para escapar, y cerrar el libro después.

No hay un hueco para la esperanza. O sí…


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09:57 oct 17, 2008 | Antonio Martínez Asensio | General

Un hombre en la oscuridad

(Paul Auster, Ed. Anagrama)

He empezado el nuevo libro de Auster con un poco de miedo, comprobando el número de páginas antes de lanzarme, porque el anterior, su “Viajes por el Scriptorium” a mí me pareció horrible; de hecho, no pude terminarlo. He intentado seguir a Auster porque muchas de sus novelas me parecen obras maestras. Me he cansado de recomendar “El libro de las ilusiones”, he disfrutado hasta la taquicardia con “Leviatán”, y “Brooklyn Follies” me parece una delicia.

Con ésta última me pasó una cosa horrible (y divertida): iba leyendo en el Metro de Madrid, cuando se sentó a mi lado una pareja de americanos. Él señaló algo hacia mi regazo e hizo que levantara la cabeza. Me pidió que le enseñara la portada del libro y cuando lo hice se rió, mientras hacía un gesto a su pareja. Entonces, en un español macarrónico me dijo: “¡En España todos leen Brooklyn Follies!”. La verdad es que me sentí parte de la manada. Pero sonreí, dije que sí, y seguí leyendo, mi best-sellers, a mi pesar. Es verdad que en España somos un poco así. Pero para mí un nuevo libro de Auster es como una película de Woody Allen: hay que ir a verla, aunque no todas pueden ser obras maestras todas tienen algo que merezca la pena, una frase, una imagen, una mirada.

Esta novela contiene algo de lo que para mí es la mayor virtud de Auster, esa capacidad de contar, de ir hilvanando una historia y llevando al lector por planos distintos, sumergiéndole sin que éste se de cuenta, enredándole, de alguna forma, en ficciones que aparentemente no tienen nada que ver pero que luego se resuelven de forma sencilla, y a veces, solo a veces, genial.

“Estoy solo en la oscuridad, dándole vueltas al mundo en la cabeza mientras paso otra noche de insomnio, otra noche en blanco en la gran desolación americana.”


Así, inventa una historia, donde un hombre es trasladado desde su realidad hasta un mundo en el que en los Estados Unidos ha estallado una guerra civil, como una metáfora de lo destructiva que pude legar a ser la actual administración norteamericana, pero también con varias reflexiones interesantes: por una parte nos dice que todo lo que ocurre, es culpa de un solo hombre, y que si se termina con él se acabará el sistema también. Quien lo quiera entender por el lado político que lo haga, pero esta reflexión contiene también la idea de la literatura y la capacidad de creación, de modelar mundos que pueden parecer reales pero que en realidad no lo son, o sí. Y aquí también cabe otra vuelta de tuerca al presentarnos esos mundos que se cruzan hasta no saber donde empieza y donde acaba uno u otro, confundidos y mezclados como tanto le gusta a Auster (y a otros muchos), en una idea de la realidad diferente y sugestiva, como si pudiésemos elegir. Libertad, creación y liberación.

De hecho, acaba con esa parte de la novela, ese otro mundo, de una forma tan abrupta que demuestra en una frase todo lo dicho anteriormente, que todo es posible. Y a partir de ahí se dedica a lo que sabe hacer mejor y ese hombre, sale de la oscuridad para hablar con su nieta y contarle su vida, la maravillosa historia de amor al lado de su abuela, la muerte, el tiempo, la vida, y ahí es donde Auster hace que deseemos que la novela no se acabe, donde aparece el narrador genial.


Habrá que esperar a la siguiente. Llegará otra genialidad. Seguro. Y mientras tanto hay que seguir leyendo a Auster, aunque los yanquis se rían de nosotros en el Metro.

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07:06 ago 13, 2008 | Antonio Martínez Asensio | General

La conquista del aire

(Belén Gopegui, Ed. Anagrama)

Hay que seleccionar mucho los libros que uno se relee. Las lecturas, además, se hacen en un momento determinado, con una edad y en un momento preciso, y a veces, volver a ellas puede ser decepcionante. Aunque nada como disfrutar de una obra que conoces y recordar las sensaciones, paladearlo con gusto. Creo que era Borges quien decía que sólo debían releerse los clásicos. He estado una semana de viaje y antes de marcharme, al elegir el libro que me iba a llevar (sabiendo que no podía llenar la maleta y que en Holanda me resultaría difícil encontrar literatura en español) decidí apostar por algo seguro. Una relectura. Y acerté.
He vuelto a disfrutar de LA CONQUISTA DEL AIRE, más, si cabe, que cuando lo leí, recién publicado, en 1998. He dosificado incluso sus páginas para que me durara toda la semana, y eso me ha permitido reflexionar más sobre lo que leía, entender (o intentarlo) las razones de todos los personajes. De hecho, la película que dirigió Gerardo Herrero basada en la novela de Belén Gopegui se llamó así, LAS RAZONES DE MIS AMIGOS.


La novela plantea lo que les ocurre a tres amigos cuando uno de ellos le pide a los otros dos, dinero prestado. Es una reflexión sobre la libertad del individuo en nuestra sociedad, pero sobre todo, es una reflexión sobre el dinero, y más concretamente sobre el dinero como conciencia moral. Dice la autora que en la Grecia clásica, algunos hombres podían desarrollar sus facultades en la asamblea, en el teatro, en la lucha, y confinar el dinero al recinto de lo doméstico. Hoy, sin embargo, cualquier instancia decae frente a la única capaz de traducir a todas las demás.

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Antonio Martínez Asensio

Antonio Martínez Asensio

Antonio Martínez Asensio nació en Madrid en 1964. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y empezó muy pronto a trabajar en el mundo de la televisión: en TVE, en Tele Madrid, en Tele 5, en Canal+, en Intereconomía, así como en varias productoras independientes. Ha desarrollado una labor de crítico literario en la radio como colaborador en varios programas como Agosto en la Onda, Herrera en la Onda, Radio Estadio, Al Primer Toque y Te doy Mi Palabra. Ha escrito guiones para series de televisión y para el cine. Colabora en una sección de libros en el programa de Antena 3 Nova “Casa de América”. Ha publicado un ensayo en clave de humor titulado “¡Mi mujer está embarazada!” (Grand Guignol Ediciones), que ha sido traducido al italiano en la editorial Aisara y que quiere ser una guía del embarazo para los padres (y no para las madres). En 2010 se publicará su primera novela, “En soledad”.

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