Un día perfecto
(Melania G. Mazzucco, Ed: Anagrama)
Esta bella novela está estructurada en veinticuatro capítulos, uno para cada hora, 24 horas de un día a través del cual se forjarán los destinos de todos los persona
jes. Como en una novela coral, vemos cómo se desarrollan las vidas y como se cruzan entre ellos, como buscan sus deseos y sus destinos (si es que no es lo mismo). Vemos cómo, hora a hora, va evolucionando cada historia hasta la explosión final. Está magníficamente construida.
Mazzucco nos cuenta la historia de una familia: un policía, enloquecido, Buonocore, su mujer, Emma, y sus hijos, Valentina y Kevin. Y nos cuenta también la historia de todos los personajes que pululan a su alrededor: los amigos/enemigos de Kevin, en el colegio, el político para quien trabaja a quien guarda las espaldas Buonocore, Elio, junto a su mujer, Maja, la hija de ambos, Camilla y el hijo del político, Aris.
Buonocore está separado de Emma, a la que ha maltratado sistemáticamente, hasta que ésta se ha marchado, junto a sus dos hijos, a casa de su madre. Está obsesionado con ella. Emma lucha por olvidarse de él mientras mal vive en una casa pequeña, decidida a volver a empezar, después de todo. Valentina se hace un piercing, en busca de su identidad, enfadada con su madre, a la que culpa de la separación. Kevin, con un ojo vago tapado por un esparadrapo, sufre el acoso de sus compañeros de colegio y es ayudado por Camilla, la hija del político al que guarda las espaldas su padre, y le invita a su fiesta de cumpleaños, mientras Maja, su madre, se debate entre el deseo que siente por Aris, el hijo de su marido, un anti sistema que juguetea con el terrorismo, y el aburrimiento de su vida de rica, o el propio político, Elio, que se equivoca de discurso en un mitin muy conflictivo y que es defenestrado por el presidente.
Historias que van creciendo, que van tomando forma y que terminan convergiendo. Pero lo más interesante de esta novela no es tanto el argumento como los sentimientos, la profundidad con la que analiza a cada uno de los personajes. Desde esa noche en la que descubrimos al policía vigilando la ventana de su mujer, la autora se empeña en explicar, radiografiar, penetrar en los sentimientos de cada uno, para que los entendamos, para que sepamos por qué hacen lo que hacen, sienten lo que sienten, reaccionan como reaccionan.
Es una novela extraordinaria, profunda, bien escrita, con una estructura brillante, con unos personajes reconocibles, cercanos. Lo único que hay que echarle en cara es que no sigue con la misma fuerza todas las historias, sino que, inevitablemente se va centrando en la esencia, en el núcleo que lo mueve todo. Hay algunas historias, como el deseo que sienten Maja y Aris, y su escapada por los bajos fondos romanos, o el fracaso de Elio el político, que se resuelven al final con una pincelada, nada más, como si la autora sólo quisiera contarnos ese día, tan perfecto, en el que cambiaron las vidas de tantos, pero también nos dijera que la vida continúa, que aunque cerremos el libro, los personajes seguirán viviendo, otros días, y que seremos nosotros los que tendremos que contarlos.
La escena final, la última hora, es de esas que cuesta olvidar. Es durísima, precisa, escalofriante. No puedo decirles más, solo que la huella de mis dedos pulgares se quedó impresa en cada página. Sé que la realidad es así de dura, lo vemos cada día en las noticias, desgraciadamente, pero esta novela te mete de lleno en la cabeza del maltratador, en primera persona, y hay que parpadear, y respirar muy profundamente para escapar, y cerrar el libro después.
No hay un hueco para la esperanza. O sí…

Un hombre en la oscuridad
(Paul Auster, Ed. Anagrama)
He empezado el nuevo libro de Auster con un poco de miedo, comprobando el número de páginas antes de lanzarme, porque el anterior, su “Viajes por el Scriptorium” a mí me pareció horrible; de hecho, no pude terminarlo. He intentado seguir a Auster porque muchas de sus novelas me parecen obras maestras. Me he cansado de recomendar “El libro de las ilusiones”, he disfrutado hasta la taquicardia con “Leviatán”, y “Brooklyn Follies” me parece una delicia.
Con ésta última me pasó una cosa horrible (y divertida): iba leyendo en el Metro de Madrid, cuando se sentó a mi lado una pareja de americanos. Él señaló algo hacia mi regazo e hizo que levantara la cabeza. Me pidió que le enseñara la portada del libro y cuando lo hice se rió, mientras hacía un gesto a su pareja. Entonces, en un español macarrónico me dijo: “¡En España todos leen Brooklyn Follies!”. La verdad es que me sentí parte de la manada. Pero sonreí, dije que sí, y seguí leyendo, mi best-sellers, a mi pesar. Es verdad que en España somos un poco así. Pero para mí un nuevo libro de Auster es como una película de Woody Allen: hay que ir a verla, aunque no todas pueden ser obras maestras todas tienen algo que merezca la pena, una frase, una imagen, una mirada.
Esta novela contiene algo de lo que para mí es la mayor virtud de Auster, esa capacidad de contar, de ir hilvanando una historia y llevando al lector por planos distintos, sumergiéndole sin que éste se de cuenta, enredándole, de alguna forma, en ficciones que aparentemente no tienen nada que ver pero que luego se resuelven de forma sencilla, y a veces, solo a veces, genial.
“Estoy solo en la oscuridad, dándole vueltas al mundo en la cabeza mientras paso otra noche de insomnio, otra noche en blanco en la gran desolación americana.”
Así, inventa una historia, donde un hombre es trasladado desde su realidad hasta un mundo en el que en los Estados Unidos ha estallado una guerra civil, como una metáfora de lo destructiva que pude legar a ser la actual administración norteamericana, pero también con varias reflexiones interesantes: por una parte nos dice que todo lo que ocurre, es culpa de un solo hombre, y que si se termina con él se acabará el sistema también. Quien lo quiera entender por el lado político que lo haga, pero esta reflexión contiene también la idea de la literatura y la capacidad de creación, de modelar mundos que pueden parecer reales pero que en realidad no lo son, o sí. Y aquí también cabe otra vuelta de tuerca al presentarnos esos mundos que se cruzan hasta no saber donde empieza y donde acaba uno u otro, confundidos y mezclados como tanto le gusta a Auster (y a otros muchos), en una idea de la realidad diferente y sugestiva, como si pudiésemos elegir. Libertad, creación y liberación.
De hecho, acaba con esa parte de la novela, ese otro mundo, de una forma tan abrupta que demuestra en una frase todo lo dicho anteriormente, que todo es posible. Y a partir de ahí se dedica a lo que sabe hacer mejor y ese hombre, sale de la oscuridad para hablar con su nieta y contarle su vida, la maravillosa historia de amor al lado de su abuela, la muerte, el tiempo, la vida, y ahí es donde Auster hace que deseemos que la novela no se acabe, donde aparece el narrador genial.
Habrá que esperar a la siguiente. Llegará otra genialidad. Seguro. Y mientras tanto hay que seguir leyendo a Auster, aunque los yanquis se rían de nosotros en el Metro.

La conquista del aire
(Belén Gopegui, Ed. Anagrama)
determinado, con una edad y en un momento preciso, y a veces, volver a ellas puede ser decepcionante. Aunque nada como disfrutar de una obra que conoces y recordar las sensaciones, paladearlo con gusto. Creo que era Borges quien decía que sólo debían releerse los clásicos. He estado una semana de viaje y antes de marcharme, al elegir el libro que me iba a llevar (sabiendo que no podía llenar la maleta y que en Holanda me resultaría difícil encontrar literatura en español) decidí apostar por algo seguro. Una relectura. Y acerté. He vuelto a disfrutar de LA CONQUISTA DEL AIRE, más, si cabe, que cuando lo leí, recién publicado, en 1998. He dosificado incluso sus páginas para que me durara toda la semana, y eso me ha permitido reflexionar más sobre lo que leía, entender (o intentarlo) las razones de todos los personajes. De hecho, la película que dirigió Gerardo Herrero basada en la novela de Belén Gopegui se llamó así, LAS RAZONES DE MIS AMIGOS.
La novela plantea lo que les ocurre a tres amigos cuando uno de ellos le pide a los otros dos, dinero prestado. Es una reflexión sobre la libertad del individuo en nuestra sociedad, pero sobre todo, es una reflexión sobre el dinero, y más concretamente sobre el dinero como conciencia moral. Dice la autora que en la Grecia clásica, algunos hombres podían desarrollar sus facultades en la asamblea, en el teatro, en la lucha, y confinar el dinero al recinto de lo doméstico. Hoy, sin embargo, cualquier instancia decae frente a la única capaz de traducir a todas las demás.
Antonio Martínez Asensio
Antonio Martínez Asensio nació en Madrid en 1964. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y empezó muy pronto a trabajar en el mundo de la televisión: en TVE, en Tele 5 y en Canal+, así como en varias productoras independientes. Ha desarrollado una labor de crítico literario en la radio como colaborador en varios programas. Ha escrito guiones para series de televisión y para el cine. Es subdirector del programa dirigido por Isabel Gemio en Onda Cero, "Te doy mi palabra", donde también presenta la sección literaria de los domingos. Ha publicado un ensayo en clave de humor titulado ¡Mi mujer está embarazada! (Grand Guignol Ediciones), que va a ser traducido al italiano y que quiere ser una guía del embarazo para los padres (y no para las madres). Va a publicar próximamente su primera novela, En soledad.
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