La historia parece sencilla: un viejo periodista, Miguel, queda con una estudiante de periodismo, Ángela, que ya le ha entrevistado y quiere terminar el trabajo, con el claro objetivo de acostarse con ella. Se encuentran en el café donde él escribe su artículo diario y se van a casa de un pintor, amigo de Miguel, para hacer allí “la entrevista”. Cuando llegan, y tras un breve cortejo, ella se mete en la ducha, acalorada por el verano madrileño. Miguel la sigue, se desnuda antes de entrar en el baño, y cierra la puerta. Sin darse cuenta se han quedado encerrados ya que la puerta no abre por dentro. Es sábado. Quedan dos días de desnudez, en todos los sentidos, antes de que el amigo pintor venga a abrirles la puerta. Su único espacio es un mugriento cuarto de baño con un ventanuco, casi un respiradero, el calor y una toalla diminuta.
Empieza allí una conversación en la que se enfrentan dos generaciones, con todos los matices que impone la historia, una que luchó por unos ideales y que ahora vive en la desilusión y otra que nació en la desilusión y busca unos ideales.
En el caso de Miguel hay una desilusión por un tiempo, la transición, que dio paso a la frustración, cierto descreimiento que da la edad, un punto canalla, mucho humor, mucha frustración, mucha profundidad. Miguel es un escritor (a mí me recuerda un poco a Umbral) y aporta toda una lección sobre la escritura, sobre la pasión de escribir, que nada tiene que ver con la técnica, ni se enseña en fascículos, pero que distingue a los verdaderos creadores.
Ángela en cambio pertenece a esa generación difícil de clasificar, que no se sabe muy bien cuales son sus motivacions, que se mueve entre la cultura de sus mayores y el exceso de información, y que no para de buscar, sin embargo.
Hablan de literatura, de política, de periodismo, de las relacions de pareja, de la vida. Pasan momentos de huida imposible, de incomprensión, y otros de intimidad, de cercanía, mientras sus propias desnudeces van desapareciendo. No quiero desvelar misterios, pero al final todo gira a partir de un momento y de un instante en el que la imaginación sustituye a la vida, y la salva.
Y después de leer el guión viene el placer de ver la película, con un magnífico Sacristán, que toma posesión de todo, del humor, de la sorna, de la decepción, del deseo, de la tristeza, y a su lado, una bellísima y contenida María Valverde. Ver lo que has imaginado. Escuchar las pequeñas variaciones en los diálogos.
No puedo negar que hay cosas que funcionan mejor por escrito, pero en todo caso merece aprovechar la oportunidad que nos brinda Anagrama y hacerse con este pack para disfrutar doblemente con esta bella historia, con dos caras, dos personajes y muchas lecturas.
Portada del libro Madrid 1987