Al final conseguí terminarme este novelón, que se me había quedado enganchado cerca de la página cien. Y ha merecido la pena porque es estupenda, y aunque la historia que nos cuenta parezca muy lejana a veces, Franzen la hace universal.
Libertad para equivocarse, libertad para cometer errores, para ser un mal padre, un mal amante, un mal marido, incluso un mal novio; libertad para ser un mal hijo; un mal amigo, para caer una y otra vez en las mismas trampas. Libertad para darse cuenta y rectificar, y buscar al final el camino, aunque sea tarde, aunque tengamos la sensación de haber perdido la vida. Porque todos los personajes de esta novela se equivocan, toman decisiones que les llevan a caminos de destrucción, y sin embargo, todos y cada uno de ellos terminan encontrando la salvación, termina encontrando el camino que le reconcilia consigo mismo y con el mundo.
Tal vez por eso esté justificado ese happy end tan brutal: porque la novela trata de eso: de la salvación. Todos los que se hayan separado tendrían que leersela. Todos los que han renegado de sus padres, de sus maridos, de sus esposas, todos los que hayan traicionado a sus amigos, todos los que han cometido errores, los que han sido desleales, a veces a sabiendas de que lo hacían, pero sin poder evitarlo.Y así, Franzen va tejiendo las historias, va contando las razones, desde el principio, con esmero, con una estructura que a veces agota, que viaja en el tiempo, adelante y atrás, para explicar, para justificar casi, los motivos, y hurga luego en la caída, en el descenso. Hasta que se rinden, hasta que abandonan, hasta que se suspenden en sus vidas buscando. Y desde ahí, cada uno de ellos renace de una forma distinta, a través del dolor, de la soledad, de la comprensión o del pacto.
Libertad de Jonathan Franzen | Foto: antena3.comY ese camino de vuelta, ese relato, esa salvación, es extraordinaria. Hay cinco páginas, desde la 633 hasta la 638, que a mi me parecen antológicas, y no sé si lo serán tanto si las leemos exentas, pero como conclusión de una historia son magníficas. Tal vez por eso los finales de Franzen son tan buenos, y sus novelas son tan largas: porque nos va envolviendo en su red, llevándonos hacia donde quiere, y no para hasta que todo está en su sitio, cada personaje ha hecho su viaje y la solución espera.
Y el final no es sino un resultado lógico de algo que se ha ido tramando desde el principio. Y esa forma de contar a veces agota, a veces no quieres seguir porque cansan los personajes y sus avatares. Pero todo tiene sentido, al final.Patty con su amor, siempre equivocado por Richard y su soledad, y sus memorias, y su vuelta, su convencimiento, su deseo de acabar la vida al lado de Walter. Richard, con su huida hacia delante, y su éxito, su amor por su amigo Walter, y su traición continua.
Walter y su coherencia, su bondad, su esperanza, su amor por Patty. La pobre Lalitha. Jessica. Y el magnífico Joey, superdotado, rebelde, con la bella y enamorada Connie, con esa vida entregada, abandonada, enamorada, y cómo se encuentran al fin. Son historias que no puedo resumir en pocas líneas. Disfrutad de ellas leyendo la novela, con sus bajones y sus momentos brillantes, como el que asiste a la vida de una familia y repite la magia de observar sin ser visto, de reconocerse, de emocionarse, de entender, al fin, un poco más.