Tsugumi
(Banana Yoshimoto, Ed. Tusquets)
Hay que leer a los japoneses. Siempre he tenido problemas con
ellos. Y con los alemanes. Con estos últimos porque tengo la sensación de que
no estoy leyendo sino al traductor y que no queda nada de la forma de expresión
alemana, ni de su lengua. Y con los japoneses, porque empecé con Yukio Mishima
y me di cuenta, por primera vez, que estaba leyendo a alguien tan alejado de mi cultura que necesitaría más bagaje para
entenderlo. Por cierto, Siruela acaba de reeditar La Perla y otros cuentos, de Mishima ,
magnífica recopilación de relatos (traducidos del inglés, eso sí) y donde
podréis encontrar algunas de las obsesiones del autor: la muerte, la propia
cultura japonesa, la ceremonia del hara-kiri, y algunas otras cosas que a veces
te dejan con la boca abierta. Seguí con el Nobel de literatura de 1994
Kenzaburo Oé, y la verdad es que juré no retomar ciertos caminos.
Pero últimamente he tropezado con varios autores japoneses que me están haciendo dar la vuelta a los viejos fracasos. El primero, el que dicen que va a ser próximo Premio Nobel, Haruki Murakami, cuyo Tokio Blues (horrible traducción del título original, “Norwegian Wood”, título de una canción de The Beatles con la que arranca la novela y que provoca además, al modo proustiano, la primera sensación y la primera evocación), es un libro magnifico. Reconozco que me lo empecé dos veces y fracasé en ambas, pero gracias a la insistencia de mi amigo Carel Peralta, volví a por él y a la tercera no sólo me enganchó sino que me fue hipnotizando hasta terminarlo de forma compulsiva una noche después, en soledad.
Tusquets ha publicado, en febrero de este año, una recopilación
de los cuentos de Murakami bajo el título de Sauce ciego, mujer dormida, traducidos
directamente del japonés, que reúne cuentos escritos desde 1979. Hay un poco de
todo, pero los libros de relatos permiten leerse a la vez que otros e ir
avanzando, a veces sin orden, por sus páginas, así que es una buena compañía
para la mesilla o el baño, para leer algún cuento de vez en cuando. Murakami dice en el prólogo que para él “escribir novelas es un reto, escribir
cuentos es un placer”. Y eso se nota
a lo largo de sus casi 400 páginas.
Ante tan inesperado éxito me atreví con un libro que contenía tres relatos, firmados por Banana Yoshimoto, en Tusquets, Sueño profundo, y me volví a enganchar. Hay una tradición japonesa que tiene que ver con los sueños, con vigilarlos, y el relato que da título al libro trata precisamente de una mujer que se alquila para dormir con los clientes, velar sus sueños, hasta el punto de robar las pesadillas, de asimilar los sueños ajenos, en una especia de prostitución onírica. Un relato de una belleza y de una pureza extrañas que deja una sensación de limpieza magnífica. Buena literatura.
Por eso me lancé a leer la novela que hoy os propongo. Nos cuenta la historia, a ratos intrascendente, de dos amigas, alrededor de un verano que pasan juntas. Y es que, como he dicho antes, la literatura japonesa tiene algo de hipnótica porque empieza a contarte la historia de dos amigas, casi adolescentes, sus enfados, sus miedos, sus aventuras, y lo que parece no ser sino algo cotidiano, algo que no tiene por qué interesarnos, va envolviéndote de forma que consigue captar tu atención y meterte en ese mundo lejano pero se que convierte en algo muy atractivo.
Hay un personaje, que es el que da título a la novela, muy
bien construido, que juguetea con la muerte, enfermiza, extraña, que tiene un
sentido del humor y un espíritu vital extraordinarios. Es curioso, porque la
primera frase nos dice: “Tsugumi era una
muchacha desagradable, de eso no cabe duda.” Pero ese personaje construido
casi para caernos mal va tomando forma, con una forma especial de agarrarse a
la vida, de decidir sobre lo que le sucede, que va ganándose nuestro respeto. Está
contado desde un punto de vista que no toma partido, que nos ofrece la
descripción como en un cuadro, como en un fotograma, donde todo está a la vista
y sin embargo todo está oculto, porque la imagen siguiente puede cambiarlo
todo, porque está lleno de matices, de gestos que a veces hay que interpretar o
adivinar.
El descubrimiento de la madurez y del lugar donde queremos estar y vivir. De eso nos habla esta novela. De las cosas que nos marcan, de las pequeñas cosas que nos condicionan. De las decisiones y de los caminos. De los encuentros casuales. Del destino y de la capacidad que tenemos para construirlo. De cosas universales, al fin.
Hay que leer a los japoneses.

Comentarios
Enviado por Beatriz en julio 08, 2008 a las 12:56 PM CEST #
Enviado por Ashyt en julio 08, 2008 a las 06:39 PM CEST #
Estoy de acuerdo. Hay que leer a los japoneses aunque a veces son dificiles de entender....Me sigue gustando más el cine japonés, me hipnotiza¡¡¡
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Antonio Martínez Asensio
Antonio Martínez Asensio nació en Madrid en 1964. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y empezó muy pronto a trabajar en el mundo de la televisión: en TVE, en Tele Madrid, en Tele 5, en Canal+, en Intereconomía, así como en varias productoras independientes. Ha desarrollado una labor de crítico literario en la radio como colaborador en varios programas como Agosto en la Onda, Herrera en la Onda, Radio Estadio, Al Primer Toque y Te doy Mi Palabra. Ha escrito guiones para series de televisión y para el cine. Colabora en una sección de libros en el programa de Antena 3 Nova “Casa de América”. Ha publicado un ensayo en clave de humor titulado “¡Mi mujer está embarazada!” (Grand Guignol Ediciones), que ha sido traducido al italiano en la editorial Aisara y que quiere ser una guía del embarazo para los padres (y no para las madres). En 2010 se publicará su primera novela, “En soledad”.
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Yo me leí tokio in blues pues me lo regaló mi hermano para unos reyes y también me gustó mucho entonces seguro que este que recomiendas me va a gustar también me lo leeré despues de los miserables que me estoy leyendo que me falta poco.