Hay que leer a Martha C. Nussbaum, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2012, no solo por la brillantez de sus reflexiones, de sus análisis, de sus estudios, sino además por lo que aporta, por la visión ética práctica que propone, en unos tiempos tan necesitados intelectualmente como los que vivimos.
Esta filósofa estadounidense profundiza en las bases de la dignidad humana, defendiendo el papel de las humanidades en la educación, los derechos de la mujer, la democracia, y en definitiva, reflexionando y aportando principios éticos universales en las situaciones de injusticia o discriminación, y en este ensayo, subtitulado “Propuesta para el desarrollo humano”, lo hace a partir de un movimiento intelectual y práctico en evolución: el enfoque de las capacidades.
Leyéndolo he tenido la sensación, tal vez por primera vez, de que la autora estaba hablando de ética de una forma tan práctica que podía ser perfectamente una guía de actuación, y he sentido que esa propuesta me indicaba un camino, no solo teórico, filosófico, sino real y, sobre todo, posible: una propuesta que hacer a los gobiernos.
Martha C. Nusbaum entiende la pobreza como una privación de las capacidades humanas (tal vez el término capacidad se hubiera entendido mejor en castellano como aptitud) “¿Qué son realmente capaces de hacer y de ser las personas? ¿Y qué oportunidades tienen verdaderamente a su disposición para hacer o ser lo que puedan?” Y plantea que solo a través del desarrollo de esas capacidades seremos verdaderamente libres en un entorno de justicia social y de dignidad: “cada persona como un fin en sí mismo”. Y es apasionante seguir sus razonamientos y sus propuestas, a través de sus influencias filosóficas, a las que dedica un capítulo entero, desde el liberalismo de Stuart Mills hasta la ética clásica de Aristóteles.
Si “las capacidades combinadas se definen como la suma de las capacidades internas y las condiciones sociales/políticas/económicas en las que puede elegirse… las capacidades básicas son las facultades innatas de la persona que hacen posible su posterior desarrollo y formación”. Pero qué se necesita para que una vida esté a la altura de la dignidad humana, se pregunta Nussbaum: un orden político aceptable está obligado a procurar a todos los ciudadanos un nivel umbral de las diez capacidades centrales: vida; salud física; integridad física; sentidos, imaginación y pensamiento; emociones; razón práctica; afiliación; otras especies; juego; control sobre el propio entorno político y material.
Es interesantísima, sobre todo en éstos tiempos de crisis, su reflexión sobre la forma en la que se mide el progreso de un país, fijándose en su crecimiento económico tal y como éste se refleja en su PIB per cápita, y la propuesta de hacerlo a través el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que toma en consideración factores como la educación y la longevidad. Estados Unidos, por ejemplo, pasa de la primera posición en cuanto al PIB y a la duodécima respecto al IDH. “La utilidad más antigua del enfoque de las capacidades es la de proporcionar una nueva lógica para una comparación y una ordenación correctas de los logros alcanzados en materia de desarrollo”.
Un ensayo impresionante, imprescindible, que invita al debate, a la reflexión, a la mejora, a la acción, al movimiento.
Crear Capacidades