09:01 feb 08, 2010 | Antonio Martínez Asensio | General

Aurora Boreal
(Asa Larsson, Ed: Seix Barral)

Esta es una novela negrísima, oscura, terrible a veces, que tiene una trama estremecedora, llena de personajes al límite, y que sin embargo se ha vendido como churros, al hilo del fenómeno Millenium, supongo. Escrita en 2003, publicada en España por primera vez en mayo de 2009, está ya cerca de la vigésima edición.

Extraño fenómeno, que va a ser protagonista de la próxima Feria del Libro de Madrid, que dedicará su 69ª edición a la literatura de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, donde caben los últimos éxitos, pero que parte de escritores tan extraordinarios como Hans Christian Andersen,  Strindberg, Karen Blixen o  Mika Waltari  y pasa por enormes éxitos como Jostein Gaarder y el magnífico Henning Mankell. Así que hay mucho mundo, mucha nieve y mucha buena literatura detrás.

"Aurora boreal" se publicitó como "la novela que mantuvo toda la noche despierto a Stieg Larsson". Pero hubiera dado para varias noches si la hubiera escrito el gran Stieg porque habría hecho de ella un volumen de más de mil páginas. Es verdad que quedan cabos sueltos y que quedan, sobre todo, personajes descosidos, apenas esbozados, apenas explicados. Hacía tiempo que no me quedaba con ganas de que la novela fuera más larga (lo normal es que me pase al revés).

Y así que me contaran más cosas de Viktor Strandgard, ese personaje apenas intuido, que muere dos veces, que habla con Dios, que oculta un terrible secreto. La primera página de la novela no solo es estremecedora sino un extraordinario ejercicio literario, una imagen muy potente que te engancha sin remedio. "Cuando muere, Viktor Strandgard, en realidad no es la primera vez que sucede." Me gustaría saber más razones, más porqués. Y lo mismo me pasa con la policía embarazada (que me recordaba constantemente a la de "Fargo"), cuyo pasado se soluciona en una línea, y que intuyo tiene más recorrido.

Me gustaría saber más de esa comunidad tan cercana a Dios y a Satán a la vez, los caminos de la maldad, de la corrupción, así como los de la santidad, a pesar de lo que me repelen, del miedo que me dan los fundamentalistas. O las razones que impulsan al jefe de Rebeka a cogerla de la mano o a intentar violarla. Gente perdida.  

La investigación de un asesinato en realidad es casi baladí. Cuando el gurú de una congregación aparece muerto, de una forma casi ritual, todo apunta a su hermana, Sanna. Rebeka, una abogada amiga de la hermana, antiguo miembro de la congregación acude en su ayuda. Pero lo que nos cuenta esta novela en realidad no es eso, porque de hecho nada queda muy claro al final, sino que nos muestra lo enferma que está esta sociedad, que vive rodeada de la blancura de una nieve que lo envuelve todo pero sin embargo tiene los corazones negros, negrísimos, como la novela.

No os voy a decir que resulta una lectura agradable. Realmente habla de cosas tan terribles y a la vez tan trascendentes, como la relación con Dios, o con la propia muerte, de sentimientos tan extremos que termina encogiéndote el corazón con poco que te preguntes lo que te están contando, además de disfrutar de cómo te lo están contando. Entre el best seller y la gran literatura, entre la literatura de consumo y la de adquisición, a medio camino justo de los dos lados. Esa es la sensación que me ha dejado: una ligera insatisfacción, unas enormes ganas de saber más. 

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08:55 feb 01, 2010 | Antonio Martínez Asensio | General

Invisible
(Paul Auster, Ed. ANAGRAMA)

Desconcertante. Así es como definiría la última novela de Auster. Tiene uno de esos finales, una última imagen, que te obliga a volverte para ver si hay alguien cerca de ti que se lo ha leído y preguntarle "¿Tú cómo entiendes el final?" Me apasiona Auster, aunque no me hayan gustado nada sus dos novelas anteriores. Empecé "Invisible" deseando que me gustara, deseando encontrarme a ese narrador extraordinario que hace que las cosas fluyan, que funcionen, que leer sea un placer, que te vayas empapando de una historia que al principio crees que no tiene nada que ver contigo, que incluso parece intrascendente, pero en la que vas entrando, hasta que la lectura se convierta en una experiencia magnífica, redonda, y descubres que te estaba hablando de cosas más profundas de lo que creías.

"Invisible" tiene algo inquietante, algo que va un poco más allá, que intenta profundizar en la propia novela, en el concepto mismo de lo que escribe, más allá de la historia: un hombre obsesionado por un hecho que ocurrió en su juventud cuenta, en una novela, su experiencia, la relación con su hermana. Un amigo suyo recibe los capítulos de esa novela cuando el autor, su amigo, ya es muy mayor, y trata de saber hasta qué punto todo lo que cuenta es verdad. La verdad, la mentira, las cosas que te cambian la vida, la forma de interpretarlo y de contárselo a los demás. La forma de entender la vida, al fin y al cabo.

En dos ocasiones Auster utiliza la palabra invisible en la novela. La segunda vez para hablar de alguien que murió, invisible desde entonces. La primera, en la página 86, en una reflexión muy brillante sobre la escritura, sobre el bloqueo del escritor, sobre la forma en la que aparece el autor en una obra. Puede que eso sea de lo que trata esta novela: de lo que aparece o desaparece de un autor en lo que escribe, de las imágenes que pueblan las mentes de los literatos, de la propia condición de la literatura.

"El hecho de escribir sobre mí mismo en primera persona me había obligado a contenerme, haciéndome invisible, impidiéndome encontrar lo que andaba buscando." La reflexión sobre lo que debe alejarse un autor para hablar de lo que más le preocupa o le refleja siempre ha estado en la literatura: hablar de los demás para descubrirse a uno mismo. No sé si eso quiere decir que esta novela es la más autobiográfica, la más personal de Auster, la que refleja mayores miedos, mayores angustias.

¿Y si es así, de quién habla Auster cuando habla de sí mismo: de Rudolf Born, desalmado, calculador, con un oscuro pasado como espía; de Adam Walker, atormentado por un secreto, por algo que cree que hizo mal, enamorado incestuosamente, preocupado por la forma de escribir, por el pasado; de la bella Margot; de la inteligente y también atormentada  Cécile, con cuyas palabras termina la novela; o se esconde detrás del narrador, del demiurgo que organiza las páginas de la novela.

Auster ha recuperado en esta novela el arte de narrar, y leerle sigue siendo un placer. Solo por eso merece la pena abrir las páginas de "Invisible". Si además te quieres hacer algunas preguntas sobre cómo escribir, sobre la literatura, sobre las mentiras de la vida y las verdades de la literatura o viceversa, sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre los acontecimientos que te cambian la vida y te persiguen, a lo largo del tiempo, te recomiendo que la leas. Y cuando te la hayas terminado, por favor, dime, tú cómo entiendes el final.

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11:05 ene 24, 2010 | Antonio Martínez Asensio | General

La noche de los tiempos (Antonio Muñoz Molina, Ed. Seix Barral)

Llevo casi un mes sin escribir en el blog. No toda la culpa la tiene este novelón, pero es verdad que me costó entrar, meterme a cuchillo por sus más de novecientas cincuenta páginas. Eso sí, una vez que conseguí meterme he disfrutado muchísimo. Por eso, la primera recomendación (pasa casi siempre con las novelas muy largas) es meterse, la primera vez, un buen número de páginas de una vez, para entender bien el juego con el tiempo y con la memoria que propone Muñoz Molina nada más empezar, para situarse en los tiempos de la República Española, para entender los muchos territorios que transita Ignacio Abel (un personaje que dicen que puede estar basado en Arturo Barea).

La novela nos cuenta la historia de un arquitecto que construye la Ciudad Universitaria de Madrid en los convulsos años anteriores a la Guerra Civil. Y establece rápidamente dos líneas: por un lado nos cuenta magistralmente cómo era aquella vida que nos han contado tantas veces (pero que a mí por lo menos me cuesta tanto ver como algo real) del Madrid anterior al estallido de la Guerra. ¿Qué pensaba la gente? ¿Cómo era el día a día? ¿Qué escribían los periódicos? ¿Qué se sentía? Y en este sentido la imagen que nos transmite Muñoz Molina de la última fase de la República es muy negativa. Es muy crítico con los dirigentes y sobre todo con los partidos, con los sindicatos. Un mundo lleno de violencia y de sinrazón. Sale muy mal parado Bergamín. Y aparecen también otros personajes reales, como Alberti, que aparece solo lateralmente, organizando fiestas de disfraces y recitales de poesía, como un tipo algo insustancial, o Moreno Villa, y su Residencia de Estudiantes, desbordado.

Azaña lo hace en una escena brutal, y lo hace como un hombre casi hundido, ido, preocupado por algo irresoluble. Se salva Negrín. Y sorprende su figura: dinámico, creativo, resolutivo, enorme físicamente, inteligente. Hay una escena con él realmente brillante en la que se hace un análisis de la realidad española clarividente. A muchos no les va a gustar esa imagen de aquellos tiempos, les va a doler: ese Madrid desbocado, descontrolado, asalvajado.

La otra vía, el otro desarrollo de la novela, es una maravillosa historia de amor entre Ignacio Abel y su amante, Judith Biely. Una historia en la que, como en la parte histórica, no hay buenos ni malos, donde cada uno debe asumir sus culpas, sus coherencias, sus miserias. La mujer de Ignacio es un personaje magnífico, enamorada de su marido, abandonada, esposada a su educación. Como lo es Judith, la amante, combativa, comprometida, liberada, coherente. Una historia de amor apasionada en la que se escuchan todas las voces, en la que Muñoz Molina nos hace mirar desde todos los puntos de vista. Al final, es difícil pero llegamos a entender a todos, aunque estén en lados tan opuestos.

A veces me pregunto si tiene sentido escribir una novela tan larga, si no sobran páginas, si podría haber sido más brevemente. La respuesta en este caso es sí. Pero también podría tener mil páginas más. Y seguro que me criticarán los que defiendan que la estructura de la novela requiere un ritmo, un tiempo y un contenido. Pero una vez metido en la historia, una vez mecido por el ritmo y la voz de Muñoz Molina hubiera deseado que durase más. Porque cuánto tiempo hace falta para contar una vida. Cuántas páginas. Para contar una tragedia. Para entenderlo.

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10:07 dic 27, 2009 | Antonio Martínez Asensio | General

El amor patético
(Rafael Martínez-Simancas, Ed. Algaida)

Creo que fue Billy Wilder quien dijo: un hombre entra en una habitación y ve a su padre ahorcado: eso es tragedia; entra en la siguiente habitación y está su madre ahorcada, en la siguiente está su abuelo, en la siguiente su tío, en la siguiente su primo… Eso es comedia. El amor patético

Yo creo que la comedia tiene que ver con una forma de retorcer la realidad y con el talento: y eso es lo que le sobra a Rafael Martínez-Simancas: por un lado el talento, y por otro, una cierta mirada que le hace ver las cosas de una forma distinta; y lo demuestra en El Mundo, en Onda Madrid, cada mañana, o en La Gaceta de Salamanca, por ejemplo, pero no se había lanzado hasta ahora a la novela.

La novela humorística (no sé cómo llamar a este género, porque en el fondo la palabra “humorístico” sigue teniendo un pequeño matiz peyorativo, creo, en nuestra sociedad) en la que destacó, por ejemplo, Rafael Azcona, sigue siendo escasa en un país tan dado a reírse de todo, y viene muy bien, en momentos de crisis como éste (que no es solo económica), dejarse llevar por los recovecos de la comedia, del humor, negro a veces, de “El amor patético”.
La novela recorre la historia de Eduardo y Jose (narrador de esta historia) y su amor por Rosa. Como también cuenta el Madrid de los ochenta, como cuenta una forma de vivir bohemia, pero sobre todo, cuenta las distintas clases de amor que somos capaces de vivir: el amor peligro, el amor tóxico, el amor mentira, el amor que se cree verdad, el amor caníbal, el amor acelerado, el amor que tiene algo de estatua, el amor que flota, el amor que te hunde, el amor apaleado, el amor imposible… Hay muchos tipos más de amor, de los que se ríe Martínez-Simancas, pero sobre todo está el amor patético (¿todos lo son?) y el amor incompleto, alrededor del cual se escriben, seguramente, las mejores páginas de la novela.

Porque, de repente, Rafael Martínez-Simancas, nos recuerda que no todo es tan divertido, que siempre, en la comedia hay una base de amargura, de realidad. “Hablamos porque la palabra es la base de la pasión”. Y que hay que manejar muy bien esas palabras para escribir así. Realmente, las dos historias de amor que cuenta podrían encontrarse en cualquier tragedia, llenas de soledades, de incomprensión, de huidas, de renuncias, de dolor.

Hace falta cierto estado de ánimo para leer esta novela, hay que meterse en ambiente, saber que te vas a divertir y leerlo preparado para ello. Toda la historia es delirante y muy divertida, llena de frases ingeniosas pero, si tuviera que elegir, yo me quedaría con una historia y una escena: la historia de Eduardo como conductor de la furgoneta del hotel Palace, haciendo putadas a los guiris por Madrid y llevando pobres al hotel cuando hace mucho frío me ha parecido extraordinaria; y la escena en la que Eduardo relata, en El Nueve Albóndigas, lo que le haría a quien ose acercarse a su Rosa y el desmayo de José me parece una de esas escenas que debería pasar a la antología de lo que sea, de la risa, del humor, o del miedo, del verbo mepartoelculoderisasinpoderparar.

Hacedme caso. Reíros un poco del mundo patético que nos rodea (sobre todo en Navidad), nada mejor que empezar el año, o terminarlo,  partiéndose de risa.    

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11:26 dic 17, 2009 | Antonio Martínez Asensio | General

Comunión (Eloy M. Cebrián, Ed. Alfaqueque)

Me he divertido mucho leyéndome estos doce relatos. Algunos son inquietantes, otros dulces, otros sorprendentes. En “Sonidos en un piso vacío” dos enamorados, dos vecinos, separados por un piso vacío escuchan lo que parecen los ecos de su propia pasión o de sus propios deseos. “Comunión” cuenta la historia de un grupo de amigos, uno, el Gordo Muñoz, exseminarista, y los demás exmonaguillos, celebran una misa falsa, muy mayores ya, mientras recuerdan sus vidas y se despiden, de alguna forma, de lo que fueron, de los tiempos siempre felices de la infancia.

“Monos de mar” explora la relación entre dos hermanos y explora con acierto el otrolado, la maldad, porque quien toma la palabra es el hermano malo, el envidioso, el violento, y asistimos a los intentos del otro hermano por vencer, por convencer, por romper la relación destructiva que hay entre ambos.

“Tres versiones de El Sur” explora “la barbarie… la muerte indiscriminada y violenta… la fatalidad arbitraria… la mala suerte” a través de tres trayectos terribles, tres historias de violencia que terminan el aquel fatídico 11-M.

“Igual que entonces” nos habla, mezclando la redacción de una noticia con la historia real de una mujer maltratada, en todos los sentidos, por su marido, por su hija, por la soledad, por la vida, y que solo encuentra consuelo escondida en el armario que la aleja por un momento de su terrible vida, de la vida vulgar de tanta gente. Otra historia de soledad absoluta es “El hombre que respondía a los correos basura” (aunque parezca un chiste).

“Objetos personales” es delicioso: nos cuenta, intercaladas con las palabras de bienvenida de la locución del AVE (que terminan con el ya famoso “…comprueben que no olvidan sus objetos personales…”) las historias de varias personas, y sus contradicciones, a través de sus conversaciones por el móvil dentro del vagón. Lleno de humor y de ternura. Y “Las luciérnagas” es una joya: un hombre se levanta a media noche y mientras deambula por la casa, suena el teléfono y una voz de mujer le dice algo (creyendo que habla con otro) lleno de pasión, y esas palabras le hacen ser consciente de quien es, su realidad más rotunda, y le hace recordar, seguramente, quien pudo ser alguna vez.

“Los muertos” es fantástico (en todos los sentidos) y tiene un final extraordinario, además de beber de la mejor tradición: un hombre acuesta a su madre, una mujer que siempre estuvo en contacto con los espírtus, con el más allá, y le anuncia a su hijo, que recuerda lo que ha sido su vida, marcada por su madre, que esa noche será la última. Un cuento oscuro pero lleno de tristeza, de resignación, de dignidad.

“Anamorfosis” parece una revisión de La Metamorfosis o un homenaje a Kafka: un hombre que descubre todos los hombres que hay dentro de él, los monstruos, las formas terribles que lo componen, tal vez la verdad. Siempre la soledad. Pero aún más kafkiano es “La torre” (¿O es borgiano?) con una torre infinita, que crece en función de nuestra propia vida, nuestras propias angustias. Un lugar del que es imposible escapar. Una realidad que nunca sabremos si es real. Un sueño. Un lugar inquietante y sin embargo conocido.

Por último, “Libélula” cuenta una historia llena de realidad, de fatalidad, de amores no correspondidos, de secretos compartidos, de victorias y sobre todo de las grandes derrotas que los perdedores sienten que les esperan en cualquier esquina. Sólo un momento de paz, una ilusión de la victoria, antes de la derrota definitiva.

“Comunión” me parece una magnífica lectura para estas navidades, para pensar un poco, para buscar respuestas, que no nos vendrá mal reflexionar entre copa y turrón sobre quienes somos en realidad, sobre la soledad y sobre nuestros miedos y nuestros deseos.

Como los buenos relatos están llenos de verdades, de misterios, de reflexiones envueltas en otras cosas, llenos de trozos de vida, de otras vidas, ya imposibles. Merece la pena.

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11:59 dic 09, 2009 | Antonio Martínez Asensio | General

El Soldado de Porcelana (Horacio Vázquez-Rial, Ed. Punto de Lectura)

Un día, a finales del siglo pasado, estaba revolviendo estanterías y mesas en una de las grandes librerías de Madrid cuando descubrí un voluminoso ejemplar que me llamó la atención, no por el autor, al que no conocía, sino por el argumento: trataba sobre la vida de Gustavo Durán, pianista, amigo de Falla, en los tiempos de la Generación del 27, amigo de Hemingway, de Lorca, de Gil de Biedma, general del Ejército Republicano, y exiliado, luego; puede que espía ruso (cosa que nunca se pudo demostrar) pero casi seguro que lo fue del lado norteamericano: estuvo en Argentina cuando Perón tomó el poder, representó a la ONU en el proceso de independencia del Congo Belga; relacionado con Roosevelt, con Rockefeller; murió en Grecia en los tiempos del Golpe de los Coroneles…

No me lo podía creer. Nada me podía parecer más interesante, así que lo compré y devoré en pocos días sus más de novecientas páginas para descubrir no solo que era una historia fascinante sino que era una de las mejores novelas que me he leído jamás. Tiene un ritmo frenético, está escrita con pasión, con elegancia, está llena de historias profundas, de historias de amor, construidas con primor, de vidas ejemplares, de luchas heroicas, de ideologías puras. Recorre casi toda la Historia del siglo XX y lo más asombroso es que, además, ha creado una serie de personajes inolvidables: el caso de Jacobo Beckman y Antonio Reyles es antológico: tan redondos, tan profundos, tan vivos y tan literarios a la vez, llenos de matices y de magníficas bifurcaciones, de caminos que se pierden, que hay que construir.

Me pregunté quién sería ese autor que no conocía y que había escrito semejante maravilla (yo, que me creía tan leído) y descubrí que Horacio Vázquez-Rial había escrito entonces ya casi una veintena de novelas, que busqué y leí en los siguientes meses con auténtica obsesión, para descubrir que los personajes de Vázquez-Rial aparecen en casi todas sus novelas y así podemos asistir, en 'Frontera Sur', al nacimiento de Reyles y Beckman, como en otras novelas asistiremos a sus muertes, sus amores, y aparecerán otros que fueron secundarios en algunas novelas y protagonizarán la siguiente, siempre llena de referencias, en una cosmogonía gozosa que te da una idea del universo completo del autor.

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01:35 nov 30, 2009 | Antonio Martínez Asensio | General

Los 10 de la década

Estoy convencido de que la lectura es un acto íntimo y creo firmemente que cada lectura modifica el texto, hasta el punto de que el hecho literario solo es posible cuando el lector abre las páginas de un libro y mezcla con su propia experiencia lo que el libro le ofrece. Por eso no se pueden dejar libros, porque contienen el alma de cada uno.

Y por eso siempre digo que yo no hago crítica sino que recomiendo libros: nada más: comparto experiencias. Al hacer esta lista he intentado reflejar mis lecturas de la década: los libros que me han impactado, los que me han hecho crecer, los que me han aportado algo, los que han cambiado mi vida. Pero salen de mi biblioteca, de mi territorio. No pretendo hacer cánones, sino compartir pasiones. Me ha costado mucho elegir los diez españoles: he dejado fuera a Semprún y a Almudena Grandes con su mejor novela "Los aires difíciles" (y he incluido "El corazón helado", seguramente peor novela pero que me impactó, me hizo llorar y me marcó para siempre) y a Adolfo García Ortega, con su extraordinaria "El comprador de aniversarios". Espero que compartáis las elecciones y que me regañéis por las ausencias: así debe de ser y así lo espero.... ver entrada completa
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Antonio Martínez Asensio

Antonio Martínez Asensio

Antonio Martínez Asensio nació en Madrid en 1964. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y empezó muy pronto a trabajar en el mundo de la televisión: en TVE, en Tele Madrid, en Tele 5, en Canal+, en Intereconomía, así como en varias productoras independientes. Ha desarrollado una labor de crítico literario en la radio como colaborador en varios programas como Agosto en la Onda, Herrera en la Onda, Radio Estadio, Al Primer Toque y Te doy Mi Palabra. Ha escrito guiones para series de televisión y para el cine. Colabora en una sección de libros en el programa de Antena 3 Nova “Casa de América”. Ha publicado un ensayo en clave de humor titulado “¡Mi mujer está embarazada!” (Grand Guignol Ediciones), que ha sido traducido al italiano en la editorial Aisara y que quiere ser una guía del embarazo para los padres (y no para las madres). En 2010 se publicará su primera novela, “En soledad”.

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