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Espejo Público con Susanna Griso
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Nos sentamos ante el televisor como cuando revisamos las imágenes grabadas en vacaciones. Con esa mezcla de ilusión y miedo al ridículo. Porque dos mil millones de personas iban a estar pendientes de esa ceremonia. De nosotros, tan acomplejados casi siempre.
Ahora que “La Roja” parece la única opción que tenemos los españoles de ir de fiesta, me acuerdo de “Naranjito”. Hace treinta años aquel cítrico balompédico puso rostro de fruta al Mundial de fútbol que organizamos en 1982. Era la primera vez después de mucho tiempo que España se asomaba al televisor del mundo para decirle: ¡eh, que estamos aquí, que estamos cambiando, confiad en nosotros!
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Hace 20 años estábamos de fiesta. Aquel Abril terminó con los españoles batiendo palmas por sevillanas, convencidos de que ¡por fin! ya éramos europeos, de que entre uno de nosotros y un alemán, por ejemplo, había mucha menos diferencia de la que percibimos ahora.
Solo teníamos que plantarnos en la estación de ferrocarriles de Atocha en Madrid o de Santa Justa en Sevilla y embarcarnos en un tren de color blanco con cara de pato y pinta de ser tan veloz como ese japonés que llamaban “bala” en los documentales de televisión.
“Avalancha de actos conmemorativos por el centenario del hundimiento del “Titanic”. Escribía yo esto en la introducción de un reportaje de "una mirada atrás" para los informativos de esta casa , cuando me hice esta pregunta tan original sobre semejante acontecimiento: ¿Qué tiene el “Titanic” para que después de tanto tiempo siga en el candelero? Dando por sentado que 1522 muertos es un suceso como para recordar, y que la tragedia encierra todos los ingredientes de un buen guión de cine, busqué otra respuesta. Levanté la vista, mire por la ventana, y me dije poniéndome estupendo: es la metáfora.
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Hace unos días hablaba con Blanca Fernández Ochoa, y me contaba que cuando era niña podía jugar a tirarse con sus hermanos por la nieve en el Puerto de Navacerrada durante seis meses al año. Y que la carretera se tapaba muchas veces porque el manto blanco alcanzaba los tres y cuatro metros. Mientras lo relataba con cierta nostalgia, ambos mirábamos la ladera de la “Bola del mundo” con completa incredulidad: mediados de Enero y aquello era un barbecho seco y ralo. “Algo está pasando” sentenció Blanca, agachando la cabeza cegada por un sol espléndido.
"Voy a salir un rato". Parece una frase cualquiera. La que la mayoría de nosotros lanzaríamos para explicar algo banal. Por ejemplo, para despejarnos del cargado y empalagoso ambiente de las cenas de Navidad. Pero Lawrence Oates era héroe hasta cuando se fumaba un puro.
Nunca el tiempo voló tanto. Nunca hemos utilizado tanto la palabra deprisa. Nunca lo nuevo se hizo viejo tan pronto. Apenas aprendemos a usar una nueva tecnología, cuando otra la hace obsoleta. El móvil de hoy es prehistoria mañana. Estar al día ya no es un reto, es una angustia. Y sin embargo lo retro vende.
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“Gigi, el amoroso”. Ese era el apodo de un ciclista italiano al que hice un reportaje hace ya veinte años, en una Vuelta a España. El nombre de pila del corredor es Roberto Pagnin, pero en el pelotón todos le conocíamos por el mote. No recuerdo en que puesto quedó, pero estoy seguro que por debajo de los cincuenta primeros. Su interés para nosotros nada tenía que ver con su golpe de pedal.
Antonio Amaro Álvarez. (Madrid 1960). Redactor de Antena 3tv desde el nacimiento de la cadena. Fue coordinador de la Sección de Sociedad y ha codirigido los últimos documentales realizados por los Servicios Informativos, como 'El rey cumple 70 años' y 'Adolfo Suárez, retrato de un Presidente'. En la actualidad sigue vinculado a Sociedad desde donde elabora los reportajes sobre aniversarios y efemérides de una 'Una mirada Atrás', que se emiten en las 'Noticias'. Si quieres saber cómo hemos cambiado, si quieres curiosear conmigo en archivos y hemerotecas, y si quieres comprobar que el tiempo vuela, conéctate. Este espacio te puede interesar.