Secuestros por cualquier cosa
La crisis económica también repercute en el mundo del crimen. En los últimos dos años, cada vez más personas ven una salida fácil y rápida a sus problemas mediante el secuestro de un jefe, de un conocido, de alguien con quien han hecho negocios más o menos legales. El problema, es que para todo hay que ser profesional en esta vida y muchos secuestros se convierten en verdaderos desastres
La crisis ha traído la bajada de los precios, comercios y empresas cerradas, más paro y… más secuestros. Durante los dos últimos años los secuestros han aumentado de manera bastante notable y la policía y la Guardia Civil lo atribuyen, efectivamente a un intento de mucha gente de solucionar sus deudas y sus apuros de esta manera… Se calcula, no hay cifras oficiales, que estamos ya casi en un secuestro express cada dos días. Hace tres años, era uno cada tres días en España. Se está secuestrando ya casi por cualquier cosa: por problemas de paro, por una deuda, hasta por dos mil euros, como hace un par de meses en Cádiz
La Guardia Civil de Cádiz detuvo el 8 de octubre en Alcalá de los Gazules a tres tipos que montaron el secuestro. Todo empezó porque un chaval con problemas de droga les debía esa cantidad, unos dicen que por la venta de un caballo, otros que por la heroína. Entonces, y como no les pagaba, citaron al padre del moroso en una finca. Allí le encerraron en una caseta y le dijeron que llamara a su hijo y le dijera que estaba secuestrado hasta que pagara. El hijo llamó a la Guardia Civil y pactaron con los secuestradores darles un coche, un BMW usado, por la deuda. Quedaron en una venta para hacer el intercambio y cuando el señor estaba a salvo, entonces fueron detenidos. Todo duró seis horas.
En los años de las vacas gordas, también había secuestros. Pero en esos momentos, la mayoría eran actos entre delincuentes, lo que se conoce como ‘amarres’…La policía distingue dos grandes tipos de secuestros: el secuestro convencional o por motivos económicos y los amarres, que son asuntos entre delincuentes. Delincuentes enfrentados por una deuda no saldada, por un problema en el reparto de un dinero. En los amarres, las víctimas son también delincuentes y son secuestros muy peligrosos, porque casi nunca aparece la policía. Sólo se llama a la policía cuando la víctima no tiene dinero para pagar, la inmensa mayoría de ellos no se denuncian.
Los amarres –serían una especie de ajustes de cuentas light, con secuestro, no con asesinato– muchas veces son improvisados. Los delincuentes que secuestran saben que no van a tener la presión de la policía y a veces ni siquiera se planifican, sino que se decide llevarlo a cabo tras una diferencia de opiniones o de pareceres entre un grupo de delincuentes.
Y luego hay otro tipo se secuestro, el convencional o económico, que llama la policía. En estos casos, la víctima se elige, no porque haya una situación de conflicto con ella, sino simplemente por su disponibilidad económica. Es decir, la víctima del secuestro se convierte entonces en un objeto con el que se puede obtener un beneficio. Así de crudo, pero así de real…
Y, naturalmente, hay profesionales del secuestro, como los hay de otros delitos, aunque, afortunadamente, no abundan. Planificar, ejecutar y llevar a buen puerto un secuestro es algo bastante complicado. Se precisa de una organización compleja, de más de cuatro personas que estén separadas en sus funciones. Por ejemplo, los custodios o encargados de vigilar a la víctima, que en los grupos más profesionales ni siquiera conocen al dirigente del secuestro ni saben nada de las circunstancias en las que se va a llevar a cabo el cobro…
Casi nadie se convierte en secuestrador profesional de repente. Suelen ser antes delincuentes de otras especialidades: atracadores y estafadores, sobre todo, que deciden dar el paso al secuestro. Esto les hace más peligrosos, porque cuanto mayor sea su experiencia con la policía, mayor es su grado de profesionalidad y mayores son las precauciones que adoptan en, por ejemplo, sus comunicaciones con la familia de la víctima. Cuando se trata de secuestradores profesionales, además, hay siempre una buena elección de la víctima y, sobe todo, una buena elección del rescate. Es decir, se exige una cantidad que el secuestrador sabe que se va a poder pagar rápido, ya que tiene una buena información de la situación económica de la víctima o de su familia.
Probablemente, el secuestro mejor planificado de los que se han producido en España en los últimos años fue el del empresario gaditano Rafael Ávila, que pasó dos semanas retenido por una banda dirigida por un conocido estafador, Luis Miguel Rodríguez Pueyo. Pueyo es uno de los mejores piruleros o estafadores del país. En su curriculum está el haber estafado a Publio Cordón haciéndose pasar por un intermediario que decía que tenía los derechos del futbolista Rafael Martín Vázquez para vendérselos al Zaragoza… Y también fue condenado por el caso Arny, ya que Pueyo organizaba orgías con menores en su casa de la calle Betis, donde se rodaban películas porno que luego eran exhibidas en aquel local sevillano.
Y de las películas porno pasó al secuestro, pero por todo lo alto. Su primera víctima iba a ser el hijo de Francisco Hernando, el Pocero, el famoso constructor. Llegaron a interceptarle en la carretera, pero la fuerte resistencia del joven le libró de un secuestro en el que Pueyo y su banda iban a pedir 30 millones de euros de rescate. Por cierto, en la banda de Pueyo estaba un primo de Mariano Rajoy, Raúl Brey, que era el propietario de la casa de Sanlúcar de Barrameda donde estuvo retenido Rafael Ávila.
Tenemos, lo hemos dicho aquí muchas veces, una policía y una guardia civil que trabajan muy bien. Y los agentes dedicados a la resolución de secuestros son de lo mejor: personas con un altísimo nivel de cualificación, expertos en negociación, en técnicas disuasorias, que se ponen perfectamente en el lugar del secuestrador a la hora de hablar con él… Y, además, está la tecnología, que ayuda mucho. Y aquí, como decíamos la semana pasada, Sitel es clave para posicionar un teléfono o para interceptar comunicaciones en tiempo real…
Unos policías expertos en secuestros nos recordaban hace unos días el caso de un chaval chino, capturado en Madrid. Los secuestradores pedían por él 50.000 euros y en cada comunicación, se deshacían del teléfono. Gastaron como doce teléfonos en todo el secuestro.
Y en esta peculiar industria del secuestro, existe gente menos profesional, chapuceros del secuestro, pero, cuidado. Estamos siempre ante un delito muy grave que puede, y de hecho ha habido muchos casos, tener un desenlace fatal. Por eso, a la policía no les gusta que hablemos de chapuceros, aunque no cabe duda de que hay secuestradores poco profesionales. Por ejemplo, hace unos meses, dos hermanos, ex legionarios, secuestraron a una chica de 19 años, hija de un consejero delegado de una importante empresa. No tenían mucha infraestructura, comenzaron por pedir dos millones de euros y acabaron conformándose con poco más de 80.000 euros, pero eran gente peligrosa, muy peligrosa.
No es más que una técnica para ganar tiempo y la manera que tiene la policía de comprobar el grado de especialización de los secuestradores. Si los secuestradores bajan, como en este caso, de los dos millones de euros a los 80.000, se sabe que no están ante unos grandes profesionales y que ni siquiera sabían cuánto dinero pedir por la víctima.
Y son estos secuestros de aficionados los que han aumentado con la crisis, Últimamente ha habido dos ejemplos muy significativos de este tipo de secuestros, en los que casi siempre, por cierto, víctima y secuestrador tienen algún tipo de relación directa o indirecta. Fue el caso de un delincuente, ex yonqui, que decidió secuestrar al hijo de un mediano empresario, dedicado a la compra-venta de vehículos, en Madrid, al que conocía desde veinte años atrás. El secuestrador estaba pasando problemas económicos y decidió quitarse de en medio las deudas de esta manera. Fue, probablemente, el secuestro más chapucero de los últimos años…
Hubo una mala elección de la víctima –a la que taparon la cabeza con un gorro del Real Madrid a la hora de capturarlo–, ya que su familia no tenía, ni por asomo, el dinero exigido: un millón de euros. Además, el secuestro fue un viernes, con las complicaciones que tiene el fin de semana para que cualquier familia pueda juntar el dinero.
Así el día de la semana en que se comete un secuestro indica la profesionalidad de los delincuentes. Si lo hacen en viernes, ya se sabe que no son muy avispados. Además en este caso, además, el cerebro o mejor el líder del grupo se asoció con un grupo de delincuentes muy violentos, pero con poca cabeza: encerraron a la víctima en una estancia que lindaba con la casa de un vecino y el encargado de custodiarle pasó la noche del secuestro fumando marihuana… La víctima se puso a pedir auxilio, un vecino lo escuchó, llamó a la Guardia Civil, que liberó al secuestrado casi sin que su custodio se enterase, del globo que tenía…
Hace poco, cerca de Madrid, también hubo un secuestro perpetrado por personas poco profesionales. La víctima en este caso fue la hija de un hostelero de Miraflores de la Sierra. Esta vez, el secuestrador era un tipo con formación militar muy buena, había pertenecido a las fuerzas especiales. Él y su novia, en paro los dos, en compañía de una amiga que conocía a la víctima, decidieron sacar 150.000 euros a cambio de la vida de la chica, a la que contaron que ellos eran miembros de la mafia italiana.
Pero cometió un error de principiante: acudió él mismo a la recogida del rescate y además escondía a la víctima muy cerca de ese lugar, de tal manera que nada más cobrar el dinero, al secuestrador le cayeron encima media docena de guardias civiles, que se las vieron y se las desearon para esposarle, porque era un toro… El propio secuestrador dijo a los agentes que había hecho una gilipollez… Una gilipollez que le costará entre seis y diez años de prisión, que es la pena prevista para el secuestro por el código penal.
Por eso es tan importante no banalizar los secuestros, que son delitos muy graves que pueden acabar mal. Incluso cuando los hacen chapuceros, porque precisamente cuando se ven en su chapuza pueden matar o torturar a sus víctimas. A principios de este año, el empresario Fernando Moreno murió durante su secuestro en Málaga. Sus captores, entre los que había ex empleados, querían sacar dos millones de euros por su vida muy rápidamente, en un secuestro exprés. Pero en los secuestros exprés hay que ejercer mucha violencia en muy poco tiempo, para presionar e intimidar lo suficiente. Por eso, se buscan víctimas jóvenes, que puedan aguantar esta violencia. En este caso, el hombre tenía 75 años y murió en los primeros minutos del secuestro. Eso sí, después la policía detuvo sus captores fueron detenidos.
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Manuel Marlasca
En esta bitácora Manuel Marlasca y Luis Rendueles nos cuentan lo que se dejan en el tintero cada semana en su sección del mismo nombre en Julia en la onda (16:00-19:00 ONDA CERO). Un espacio para no perder detalle de la crónica negra de nuestro país y para compartir con ellos tus inquietudes.
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