Quien tiene un amigo (en un aeropuerto) tiene un tesoro
¿Saben ustedes cuál es el sueño de cualquier traficante de drogas? Pues tener un colaborador en el aeropuerto de una gran ciudad. Hablamos hoy de una red de traficantes recientemente desarticulada en el aeropuerto de Madrid-Barajas y de la importancia de ese punto en el tráfico de drogas mundial. Esta red, que parecía haber dado con el sistema perfecto para introducir cocaína en nuestro país.
El jefe de esta red desarticulada por la UCO de la Guardia Civil era José María San Pedro Lorenzo, un hombre de 36 años, hijo del alcalde de Ferreras de Abajo, un pequeño pueblo de Zamora. San Pedro era un empresario de éxito: tenía un restaurante en Madrid y un par de gasolineras en Zamora, pero lo que le proporcionaba mucho dinero era, realmente, el tráfico de cocaína a gran escala.
San Pedro se había casado con una mujer colombiana y había pasado largas estancias en ese país, donde, al parecer, había hecho buenos contactos con los suministradores de droga. También había residido en Santo Domingo, República Dominicana y era desde allí, exactamente, desde donde llegaba la mercancía que San Pedro y los suyos metían en España.
La red tenía dos modalidades, dos formas de traer cocaína a España. La habitual, más conocida, era la de los boleros. Hemos hablado aquí de ellos en alguna otra ocasión; personas que se tragan bolas de coca envueltas en preservativos y que cruzan el Atlántico con eso en el estómago, sabiendo que si una sola de las bolas se rompe morirán en medio de terribles dolores… La red tenía una plantilla fija de boleros y había hasta alguna estrella entre ellos, todo un galáctico del tráfico de coca…
En las conversaciones interceptadas a la organización se oye bien claro: “Trae al grande, que come mucho”. En efecto, el grande, como ellos decían, es un tipo de más de cien kilos, casi dos metros de alto y capaz de tragarse 112 bolas de coca, con un peso de 1.500 gramos cada una… Es lo que El Grande llevaba en el estómago cuando fue detenido por la Guardia Civil. El tipo es un dominicano con pasaporte estadounidense, perfectamente trajeado, que intentaba pasar por un hombre de negocios y que, pese a la carga que traía, no se puso nervioso en ningún momento. De hecho, al ser arrestado se mostró muy colaborador con la Guardia Civil y hasta les contó que había hecho varios viajes de este tipo y que cobraba 4.000 euros por cada uno de ellos, una cantidad que puede parecer elevada –se suelen pagar unos 1.000 euros el kilo introducido–, pero no olvidemos que hablamos de toda una estrella entre los boleros.
Una estrella que, de momento, ha acabado en prisión. Bien, habíamos dicho que los boleros eran una de las vías de la red para traer coca, pero ¿y la otra? Los boleros llegaban desde la República Dominicana en vuelos de cualquier compañía, pero en la otra modalidad, los correos volaban siempre en Iberia… No por amor a la compañía, sino porque todos los vuelos de Iberia que tienen como destino Madrid, aterrizan en la nueva terminal, la T-4.
Todos los correos salían de Santo Domingo y llevaban entre cinco y 25 kilos de cocaína ocultos en sus equipajes de mano, en las maletas o mochilas que llevaban consigo…
Para meterlo en el avión esperaban a que fuera el turno en el control de entrada del policía dominicano que está a sueldo de la organización, una práctica tan vieja como el contrabando. Una vez pasado el control, el pasajero lleva su equipaje de mano consigo hasta que aterriza en la T-4 porque, como hemos dicho antes, siempre viaja en Iberia y su destino final es ese…
La T-4, para quien no la conozca, es una terminal gigantesca, de 470.000 metros cuadrados, donde las distancias son enormes. Hay trenes para desplazarse por su interior y los pasajeros caminan por interminables pasillos. Así que cuando uno baja del avión tiene que andar un buen trecho antes de pasar por el control de pasaportes y, lógicamente, hay cuartos de baño por el camino… Y de eso se dio cuenta el avispado de José María San Pedro, el jefe de la red.
Hemos dejado al hombre correo con su equipaje de mano cargado de cocaína en Barajas. Baja del avión y antes de llegar al control de pasaportes, pasa por el baño, algo lógico después de un vuelo transoceánico y de lo incómodos que son los baños de los aviones. Y allí, casi siempre en el baño familiar, ese que tiene cambiador para bebés y que, por lo general, está muy poco frecuentado, el correo vacía su equipaje de mano, deja la cocaína en la papelera y la tapa con papeles de celulosa. Sale del baño con la maleta ya vacía y limpia, pasa el control policial y se va del aeropuerto con total tranquilidad…
Bien, ¿y quién se hace cargo de la cocaína que ha quedado en la papelera? Porque sea quien sea tendrá que pasar por el control policial para salir del aeropuerto… pero no si eres un empleado del aeropuerto y tienes en tu poder una tarjeta que te da acceso a todos los rincones de la terminal y te abre puertas no accesibles para los pasajeros… Y eso es exactamente lo que hacía este grupo de traficantes. La Guardia Civil detuvo a dos empleados de mantenimiento de Barajas que lo que hacían era recoger de los servicios de la T-4 la cocaína que dejaban los correos de la red. La sacaban oculta en cajas de material o en sus bolsas de herramientas…
Han detenido a dos de estos empleados de Barajas y a dos de los correos. Uno de ellos llevaba más de veinte kilos de droga en su equipaje de mano y todos tenían un aspecto impecable, justo el tipo de persona que difícilmente un policía pararía en la aduana, que es exactamente lo que buscaba San Pedro, que se encargaba personalmente de reclutarlos. Antes de ser detenido, trataba por todos los medios de ampliar la plantilla de correos y pedía a sus contactos que le buscasen “camareras”… No le hacía falta nadie para trabajar en su restaurante, sino chicas para viajar a República Dominicana y traer cocaína a España.
La Guardia Civil calcula que a Madrid llegaba, al menos, un correo a la semana con cantidades que oscilaban entre los cinco y los veinte kilos de droga… Los encargados de la investigación no saben el tiempo que llevaban con el negocio, pero estaba todo muy bien engrasado, así que sospechan que, al menos, muchos meses….
Si el sistema era tan perfecto, ¿qué ha falló?. Es una buena pregunta a la que cualquier policía o guardia civil dedicado a la lucha antidroga te respondería: “tras intensas gestiones e informaciones confidenciales”. Lo que esa frase esconde es que, por ejemplo, un confidente le ha contado a la Guardia Civil la existencia de un grupo de trabajadores de Barajas que andaban sacando droga del aeropuerto… O que les han hablado de un tipo que tiene un restaurante, pero realmente trafica con droga desde Santo Domingo… Es decir, que la mayoría de las operaciones antidroga no nacen por generación espontánea, ni por una revelación extrasensorial… Hay mucho de captación de información, de confidencias y, eso sí, de un ímprobo trabajo de vigilancia, seguimiento y muchas, muchas horas pegados a los ordenadores de Sitel…
Barajas era el escenario donde operaba esta red y uno de los principales puntos de entrada de droga de España. Por ejemplo, durante el pasado año, sólo la policía –en Barajas trabajan policías y guardias civiles– se incautó de casi 900 kilos de droga. Y la cifra de la Guardia Civil andará cerca de las tres toneladas de 2008, así que tendremos unos 4.000 kilos intervenidos en el aeropuerto de Barajas, una cifra que la inmensa mayoría de las policías europeas no intervienen en todo su territorio… Y la teoría más o menos admitida es que se coge el 10 o 15 por ciento de toda la droga que entra.
Para estas cifras hay varias explicaciones: la primera es que España, por afinidad, por razones de idioma, es el primer punto de Europa en el que se fijan los narcotraficantes colombianos, venezolanos… Aquí tienen más fácil montar una base de operaciones e instalarse, a veces, como cabeza de puente para llevar droga al resto de Europa. Esta es la explicación histórica, pero en la actualidad hay una mucho más sencilla: a España llegan toneladas de cocaína porque los españoles consumen toneladas de cocaína. Todos los planes del Gobierno, del Plan Nacional para reducir la demanda han fracasado de manera estrepitosa. España demanda cada vez más cocaína y lo que es peor, la demanda gente cada vez más joven…
Y Barajas, el aeropuerto de Madrid, es el punto idóneo para atender esa demanda. Cualquier traficante que quisiera introducir droga en España soñaría con tener como colaborador a un trabajador del aeropuerto. Todas las organizaciones tratan de buscar cómplices, primero entre las fuerzas de seguridad y, si no lo logran, entre el personal del aeropuerto. De hecho, al operación Locust, como se llamó la que te hemos contado, no es, ni mucho menos la primera en la que se detiene a empleados del aeropuerto. Nos contaban veteranos agentes antidroga destinados en Barajas que ellos están curados de espanto: han detenido a pilotos, azafatas, auxiliares, mecánicos, empleados de handling, de catering… Todos ellos se vieron tentados por el color del dinero de los narcotraficantes.
Ha habido, por ejemplo, redes que escondían la cocaína en los lavabos de los aviones y era algún empleado del personal que limpia las naves el que sacaba la mercancía. O, y estos sí eran muy profesionales, la red descubierta en Avianca, las líneas aéreas colombinas. Cargaban la droga en el espacio que hay entre las paredes del avión y el fuselaje, lo que los técnicos llaman los espacios de aviónica, donde van los cables. Cuando llegaban a Madrid, técnicos de la línea aérea desatornillaban los paneles y se llevaban los paquetes.
Para controlar Barajas la Policía y la Guardia Civil suman algo más de mil efectivos, una cifra que puede parecer muy alta, pero que suena casi ridícula si a continuación decimos que en Barajas trabajan a diario 65.000 personas y que mensualmente pasan por ese aeropuerto una media de más de tres millones de viajeros… Es decir, hasta Barajas va a trabajar diariamente un número de personas equivalente a toda la población de Zamora…
Las cifras son espectaculares … por eso las redes de traficantes tratan de pescar en ese caladero. El caso de la operación Locust no será el último seguro. Nos contaban hace unos días que, por ejemplo, en la T-4 hay tres plantas que están bajo tierra y en ellas trabajan miles de personas, clasificando equipajes, en jornadas durísimas y por sueldos que no llegan ni a los 700 euros… Imagine lo fácil que es para una red de traficantes doblegar la voluntad de esa gente…
Y, claro, controlar a todo ese personal es prácticamente imposible… , aunque cuando nos dimos cuenta de que España era un objetivo del terrorismo islámico, después del 11-M, alguien dio la voz de alarma: los aeropuertos son siempre blancos favoritos de los terroristas –recordemos el atentado del parking de la T-4 en diciembre de 2006–… Pese a eso, casi nadie se lo tomó en serio. Y decimos casi nadie porque sí hubo un guardia civil que hizo su trabajo: comenzó a comprobar todos los nombres de los trabajadores de origen árabe y magrebí que habían estado en Barajas en las fechas previas al 11-M…
Y Encontró que Abdelilah Hriz había estado trabajando como electricista en los túneles que dan acceso a la nueva terminal de Barajas unos meses antes de dejar su ADN en la casa de Chinchón donde se montaron las bombas que mataron a 191 personas el 11 de marzo y en la casa de Leganés donde se suicidaron los terroristas de Al Qaeda…
Hoy está encarcelado en Marruecos, donde cumple una condena de veinte años de prisión por actividades terroristas. Fue enviado allí tras ser arrestado en Siria, donde se dedicaba a ayudar a introducir a terroristas de Al Qaeda en Iraq.
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Manuel Marlasca
En esta bitácora Manuel Marlasca y Luis Rendueles nos cuentan lo que se dejan en el tintero cada semana en su sección del mismo nombre en Julia en la onda (16:00-19:00 ONDA CERO). Un espacio para no perder detalle de la crónica negra de nuestro país y para compartir con ellos tus inquietudes.
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Me parece increible que se den nombre y appellidos de una persona que aún no ha sido condenada por un delito. Incluso dando datos de sus familiares. Todo por intereses políticos ocultos. Eso no se cuenta!! porque no interesa verdad?