Presos a la fuga
Un peligroso delincuente albanés, Astrit Bushi, que fue detenido hace apenas cinco meses, está en libertad desde hace unos días. Una cadena de fallos aún no explicados permitió que Bushi, responsable del grupo que estuvo a punto de matar a José Luis Moreno durante el asalto a su domicilio, entrase en un juzgado esposado y saliese como un ciudadano libre. Policía y Guardia Civil le buscan desde hace quince días para volver a meterle en prisión. A Bushi se lo pusieron fácil para evadirse de la Justicia, pero otros muchos reclusos tiran de ingenio, violencia o aliados externos para tratar de escaparse. En el Territorio Negro, hablamos de todo tipo de fugas.
¿Cómo es posible que Astrit Bushi esté en libertad, si cuando lo detuvieron le presentaron como uno de los delincuentes más peligrosos de España?
Astrit Bushi es, sin duda, uno de los ladrones más cualificados de cuantos actúan en nuestro país. Fue quien dirigió el asalto a la casa de José Luis Moreno, en diciembre de 2007, un robo que le proporcionó un botín multimillonario en dinero en metálico y en una valiosa colección de relojes y monedas. Nunca hubo cifras oficiales, pero se calcula que la banda de Bushi se llevó de casa de Moreno más de 500.000 euros. Además, se emplearon con una violencia tremenda, estuvieron a punto de matar al productor y empresario a golpe de hacha.
Once meses después del robo, una operación conjunta de Policía y Guardia Civil hizo posible la detención de Bushi y de varios de sus secuaces. Se les acusó de treinta asaltos y de tráfico de cocaína, ya que habían empelado parte del botín en financiar la compra de droga, que revendían en locales nocturnos de Madrid.
El 31 de marzo, Bushi fue trasladado desde la prisión de Valdemoro al juzgado de instrucción número 3 de Alcobendas, dirigido por Javier Martín Borregón. Tenía que comparecer para responder por un asalto frustrado a un chalé. La Guardia Civil comunicó a la comisaría de Alcobendas que iba a trasladar al preso hasta el juzgado. Una vez allí, la policía comunicó al juzgado que el preso había llegado y el juez ordenó que le subiesen a su despacho para ser interrogado. Una vez acabada la diligencia, el juez ordenó su puesta en libertad en relación con el asalto frustrado por el que había sido llamado a declarar. La investigación abierta por la Dirección General de la Policía y Guardia Civil sostiene que el juez notificó el auto de libertad como se hace en los casos en los que se presenta a un detenido, pero no a un preso. En este último caso, el auto de libertad se notifica directamente en el centro penitenciario en el que esté ingresado el recluso. Sin embargo, en este caso el juez consideró a Bushi un detenido y no un preso, por lo que ordenó su libertad y los policías le quitaron las esposas y le dijeron: “puede usted irse”. Bushi, imaginamos que atónito, se marchó tranquilamente por la puerta de los juzgados.
A las pocas horas de descubrirse el error, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid eximió al juez de cualquier responsabilidad y culpó a policía y Guardia Civil, que ahora culpan al juez. Así que, como casi siempre en nuestro país, nadie tiene la culpa. O todos la tienen.
Ahora los mismos policías que le detuvieron tras una investigación de casi un año tienen que volver a buscarle, algo que se han tomado, como te puedes imaginar, no demasiado bien, aunque con humor: “que lo busquen el juez y su santa madre”, es lo más suave que dicen. Es cierto que Bushi es una de las prioridades de la Policía y la Guardia Civil. El ladrón no llevaba ni un solo euro ni su documentación, pero es un tipo escurridizo, muy hábil y acostumbrado a vivir en la clandestinidad. De hecho, cuando le buscaban tras el asalto a la casa de Moreno, los agentes que le vigilaban comprobaron que Bushi no dormía ni tres días seguidos en la misma casa para evitar ser localizado, así que imagínate cómo vivirá ahora que se sabe buscado por cientos de agentes.
No ha sido el único error en torno a la banda que asaltó a Moreno, porque ahora la policía podía estar buscando no a uno, sino a dos ladrones. Unos días días antes de que Bushi se fugase, un error de los funcionarios de la prisión de Estremera hizo posible que Fred Deda, el segundo de Bushi, saliese en libertad. El 18 de marzo llegó al penal de Estremera un auto que decretaba la libertad para Deda por una de sus causas pendientes y uno de los funcionarios le abrió la puerta y le dejó en libertad al ver el auto, sin consultar la base de datos para comprobar si tenía otros asuntos en los que estaba ordenado su ingreso en prisión. Deda fue detenido por la policía días más tarde cuando iba al despacho de su abogado, según fuentes de la investigación.
Las prisiones son cada vez más seguras. Es prácticamente imposible escaparse de cualquiera de los setenta centros penitenciarios que hay en España. La mayoría de ellas son prisiones modernas, construidas muy lejos de cualquier núcleo urbano y con dobles murallas y alambradas que hacen impensable una fuga, digamos, tradicional. Pero aún hay reclusos que le echan moral e imaginación. El pasado año, en la prisión de Badajoz, los funcionarios encontraron un túnel de medio metro de profundidad que partía de una celda y estaba orientado hacia un patio. Precisamente, en ese centro se produjo una de las fugas más espectaculares de los últimos años, cuando en el año 2001 un preso de 19 años logró escalar los dos muros de seguridad de la cárcel empleando un tubo de hierro apoyado en las paredes. La fuga apenas duró 40 horas.
Siempre hay románticos y nostálgicos de otros tiempos, hasta en las cárceles. El año pasado, cuatro jóvenes reclusos de la prisión de Villena se intentaron fugar con sábanas anudadas a modo de cuerdas. Los internos llegaron hasta el tejado de la cárcel, pero allí fueron descubiertos. Otros le echan más imaginación, como Pedro Ruiz García, un elemento que estaba encarcelado en la prisión alicantina de Foncalent por quemar con ácido a su ex novia el día de los enamorados de 2002. Pedro se ocultó en una bolsa de basura, se metió en un contenedor y esperó a que los funcionarios sacasen la basura al exterior del centro. Fue detenido semanas después y pudo ser condenado a doce años de prisión por la agresión a su ex novia, que ha tenido que ser intervenida quirúrgicamente catorce veces.
Los gobiernos de uno y otro color han puesto mucho empeño en mejorar las condiciones de seguridad de las prisiones. Aunque están lejos de ser óptimas, las cosas han cambiado mucho. Los motines en prisiones que se producían en los años ochenta eran en centros tan atestados como, Fontcalent, Puerto I o la Modelo de Barcelona, donde los reclusos se hacinaban y las cárceles eran verdaderos polvorines. En aquellos motines forjaron su leyenda verdaderos kies, jefes carceleros que imponían su propia ley. En 1990, por ejemplo, Antonio Cortés Escobedo –un tipo que lleva 23 años entre rejas– encabezó un motín en Fontcalent durante el que tuvieron secuestrados dos días a nueve funcionarios. Además, eligieron a un preso al que asesinar y dar un escarmiento a quienes no se habían sumado a la revuelta. El propio Cortés mató a un interno argelino.
¿Qué se hace con esos presos tan conflictivos? ¿Tienen un régimen especial dentro de prisión? Son los presos FIES Control Directo. Las siglas FIES significan Fichero de Internos de Especial Seguimiento y los que están en control directo digamos que son, sin duda, los más peligrosos y, por tanto, los más vigilados. En España hay medio centenar de ellos. Viven aislados del resto de los internos y sólo tienen una hora de patio al día. Naturalmente, estos reclusos no pueden participar en actividad alguna ni tienen destinos. Se trata del régimen más duro de cuantos existen en prisión, pero lo cierto es que la mayoría de ellos se lo han ganado a pulso. En este régimen estuvo mucho tiempo Juan José Garfia, el personaje que protagonizó la película Horas de Luz.
Cuando los responsables de prisiones ven avances, van relajando este régimen. El propio Garfia, que protagonizó una fuga en Burgos, ha abandonado ya el régimen CD y participa en actividades. Otro histórico kie que ha abandonado el régimen control directo es Santiago Cobos Fernández. Tras protagonizar en los 90 varios motines e intentos de fuga, en 1995, junto a Juan Redondo, fue trasladado a los juzgados de Gijón para ser oídos por un juez al que habían enviado varias cartas amenazantes. Allí, pidieron ir al cuarto de baño y en un descuido, le quitaron la pistola a uno de los policías que les custodiaban y le mataron. Fueron detenidos tras un tiroteo. Todavía después de eso, intentó escaparse con una escalera artesanal, pero en los últimos diez años parece que ha ido calmándose y ha salido del aislamiento.
Pero hay tipos verdaderamente irreductibles. Y el número uno de estos indomables debe ser Daniel Ramírez Córdoba, en prisión desde 1984: Seis intentos de fuga, más de veinte agresiones a funcionarios, destrozos millonario. En navidad de 1993, estando en aislamiento, aprovechó su salida al patio para golpear y patear al funcionario que le abrió la puerta; días antes se peleó con otro interno, y cuando acudió el funcionario, se puso ciego a patadas. Al año siguiente, arrancó la ventana de su celda de aislamiento, y en 1997 destrozó el arco detector de metales de la prisión de Valladolid (ha roto siete de estos dispositivos) y varias ventanas de la de Oviedo. Ramírez Córdoba aprovechó en 1994 un traslado desde los juzgados de El Puerto de Santamaría (Cádiz) para golpear a un guardia civil, abrir los grilletes y salir corriendo. Varios agentes quedaron lesionados en su captura. Un año después, en la cárcel asturiana de Villabona, los funcionarios que hacían la ronda vieron que no estaba en su celda, que faltaba un barrote y dos estaban doblados. Lo pillaron en un patio trasero. En 1996 intentó deshacerse de los dos guardias que lo sacaban del furgón hacia los juzgados de Toledo. Su última intentona fue en 1999, en la prisión de Jaén. Junto con dos compañeros, arrancó una espaldera, que apoyaron en una pared y con una cuerda se encaramaron al tejado. Cuando se estaban dejando caer, fueron reducidos.
Muchos eligen el momento de ser trasladados para fugarse. Es muy complicado escaparse desde dentro de una prisión, así que los reclusos saben que su única oportunidad está en los traslados. Hace unos años se extendió la costumbre entre los internos de enviar todo tipo de misivas amenazantes e insultantes a jueces de toda España para que así les llamasen a declarar y aprovechar este traslado para huir. Probablemente, el mayor especialista en estas misivas es Santiago Izquierdo Trancho, un individuo capaz de ocultar cuchillas y pinchos en su estómago, serrar barrotes y disimularlo con pasta de dientes pintada, y escribir misivas como ésta que escribió en 1993: “Mira, pedazo de puta, tu eres un maricón desde que tu padre el sarnoso y tu madre, una perra, eran novios (…). Vas a morir a no ser que pagues un millón de pesetas (…) te romperemos tu sucio culo, es un decir, te desvirgó un picoleto a los doce años. Muere perra”. El angelito lleva 22 años entre rejas y suma condenas de 138 años.
Los jueces pican cada vez menos en este cebo. En la totalidad de las prisiones se han instalado equipos de videoconferencia, que posibilitan realizar algunas diligencias mediante este sistema. Pero, aunque parezca mentira, aún hay jueces que deciden llamar a declarar a un interno cuando reciben una de estas cartas, pese a que desde la dirección de Instituciones Penitenciarias se les advierte de que no es más quje un truco para intentar una fuga. Tampoco funciona ya el sistema de la autolesión. Muchos reclusos se provocaban lesiones para ser conducidos a un hospital y aprovechar allí para fugarse, a veces con ayuda del exterior: golpes en la cabeza contra la pared, tragarse cuchillas. Pero los servicios médicos de las prisiones son cada vez más completos y los traslados a hospitales se han reducido mucho.
Sobre los presos de ETA, en la actualidad hay 614 presos de ETA y los intentos de fuga en los últimos año se pueden contar con los dedos de una mano. Los etarras no pierden el tiempo en intentos vanos y prefieren tener un buen régimen de vida en la cárcel. La excepción tiene nombre y apellidos: José María Sagarduy Moja, alias Gatza, el preso de ETA que más tiempo lleva en prisión, desde 1984, cuando ingresó acusado de haber asesinado a un policía local en Guernica. Desde 1980 a 1990 protagonizó siete huelgas de hambre en los seis centros de máxima seguridad en los que estuvo recluido. En marzo del año 1993 logró de salir de su celda, en el módulo de primer grado de la prisión de Granada, por un agujero que hizo en el techo y usando la cama como escalera. Después pasó por encima de la cámara del circuito cerrado de televisión y con parte de la instalación eléctrica fabricó una cuerda de cable y un gancho con los que intentó encaramarse a una de las garitas. En ese momento fue descubierto por los funcionarios. A pesar de haber cumplido las tres cuartas partes de su pena, su salida está fijada para este mismo año. Habrá cumplido un cuarto de siglo entre rejas.
El cine y la televisión nos han hecho creer que son posibles las fugas más increíbles, como esas en las que los reclusos abandonan el patio de la cárcel en helicóptero. En la prisión de Ocaña, el recluso marsellés Joel Vervliet estuvo a punto de subirse a un helicóptero que había aterrizado en mitad del patio de la cárcel. El aparato fue secuestrado por la mujer del recluso, que a punta de pistola obligó al piloto a aterrizar en la prisión. Un funcionario logró retener al preso antes de que llegase a subirse al helicóptero. Ya en 1981, dos reclusos se evadieron por ese sistema de la cárcel parisina de Fleury Merogis. Dos amigos suyos secuestraron al piloto de un helicóptero que previamente había sido alquilado. La operación duró un minuto y fue tan limpia que se puso de moda entre los hampones de la mafia marsellesa. Así, se han realizado varias fugas con éxito en la prisión de la Santé (París) y en Lannemezan (sur de Francia). En 2007, el preso francés Erik Ferdinand, que estaba pendiente de ser extraditado a España, huyó de la cárcel de Lantin tras subirse a un helicóptero secuestrado por dos compinches, armados con metralletas y granadas de humo. En España el procedimiento había sido proyectado por ETA para intentar liberar al ex jefe del comando Madrid, Ignacio de Juana Chaos. La policía desbarató la operación cuando todavía estaba preparándose.
Otras fugas, más que de cine, son de verdadera comedia. Los presos le echan imaginación y a veces hasta talento. Preparando este Territorio Negro hemos echado mano de nuestras amistades y fuentes en Prisiones, que nos han contado historias verdaderamente increíbles. Por ejemplo, la del preso gitano que en diciembre del año pasado logró escaparse en el funeral de su padre. Una multitud se echó encima de los guardias que le custodiaban y el interno logró huir. O la del interno marroquí que el pasado año huyó tras participar en el medio maratón de Zamora. O la de los tres reclusos de Meco que aprovecharon una jornada de puertas abiertas para escaparse en el coche que le robaron a uno de los guardias civiles destinado en la prisión. O la del preso que trabajaba cuidando el jardín de la prisión de Huelva, se escapó y al día siguiente apareció del brazo de su padre, que le llevó a golpe de colleja hasta la puerta del centro penitenciario…
Pero a pesar de estas historias no hay que ser alarmista. En España hay un total de 75.000 reclusos en diversos grados. El índice de quebrantamiento de condenas apenas alcanza el 0,6 por ciento. Y la mayoría de estos quebrantamientos no son fugas, sino permisos de los que no se regresa. Cualquiera que haya visto cómo es una de las prisiones de nueva construcción se dará cuenta de que poco tienen que ver con las antiguas cárceles como Carabanchel, el Puerto de Santa María, la Modelo de Barcelona, Herrera de la Mancha. Pero la verdad es que el número de reclusos sigue creciendo y eso incide en la falta de seguridad. Aunque, a veces, como hemos contado al principio, no hay más que llevar a un preso tan peligroso como Bushi al juzgado para facilitarle la salida...
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Manuel Marlasca
En esta bitácora Manuel Marlasca y Luis Rendueles nos cuentan lo que se dejan en el tintero cada semana en su sección del mismo nombre en Julia en la onda (16:00-19:00 ONDA CERO). Un espacio para no perder detalle de la crónica negra de nuestro país y para compartir con ellos tus inquietudes.
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Como anecdotario simplón creo que no pasa de ser un trabajo para consumo de necios. Yo he pasado 20 años en la cárcel, conozco a la mayoria de las personas de las que hablas y te aseguro que ignoras cuanto de dignidad y italidad tienen muchos de estos que presentas como "angelitos" ignoras su historia, su pasado (muchas veces el origen humilde y de dificultades) la historia de las carceles la omites deliberadamente(cuando te torturaban por cualquier cosa) quizás no todos hemos vivido en el país de las maravilas e el que has vivido tú pero tu ignorancia no te exime de la responsabilidad de documentarte correctamente. Un saludo