06:21 may 21, 2009 | Manuel Marlasca | General

Mujeres en el mundo de la droga

Hace unos días, conocíamos la historia de dos mujeres ya entradas en años que fueron detenidas en un crucero con 27 kilos de cocaína que transportaban desde América del Sur hasta España. No son, desde luego, las únicas mujeres que hicieron del tráfico de drogas su forma de vida.

Estas dos mujeres son vecinas de Barcelona, Isabel Gil Cruz, de 58 años, y María Asunción Robles Rodríguez, de 55. Isabel está separada y cuida de sus padres. No tenía ocupación aparente, pero estaba en estrecho contacto con los jefes de la organización de traficantes para la que trabaja, Carlos Iglesias y Jesús García Paniagua, dos delincuentes dedicados a la introducción de cocaína y hachís en España. Asunción es amiga de Isabel y es probable que no supiese que la generosa invitación de su amiga a pasar unos días en un crucero de lujo tenía cierta trampa.

Así es, porque el barco en el que fueron detenidas es uno de los transatlánticos más lujosos del mundo, el Grand Mistral, un crucero de lujo, dotado con las mayores comodidades para los pasajeros. Las dos mujeres embarcaron en Argentina, pasaron por varios puertos de Brasil, por Tenerife y tenían previsto desembarcar en Cádiz, donde fueron detenidas. El pasaje para el crucero cuesta unos 2.000 y, además, ellas no se privaron de nada durante la travesía. Gastaron más de mil dólares en manicura, peluquería y masajes. Además, se pegaron unas buenas comilonas y todas las noches disfrutaban del baile y se tomaban unos cuantos cócteles. La policía las grabó en la pista de baile descoyuntándose al ritmo de una dudosa versión de La Bamba, el clásico de Ritchie Valens.

La cocaína no la llevaban desde el inicio de la travesía. Aprovechando las escalas en Brasil, se bajaban a tierra y recibían pequeñas entregas de manos de uno de los miembros de la organización la mercancía que tenían que entregar al llegar a Cádiz: una maleta con un total de 27 kilos de cocaína. En principio, el sistema era casi perfecto, porque los traficantes sabían que, una vez en el barco, las maletas de los pasajeros no pasan ningún control policial, por eso les daban la droga durante la travesía. El problema es que todos los movimientos del grupo de traficantes estaban controlados por los policías del GRECO de Ibiza. Incluso, algunos se subieron al barco y las grabaron y fotografiaron, bailando o tomando el sol en la cubierta del transatlántico.

No tenían ni idea de que las estaban vigilando. Probablemente porque estaban muy confiadas, éste no debía ser el primer viaje de este tipo que, al menos Isabel, hacían. La policía ha averiguado que, además del viaje, la organización de narcotraficantes les pagaba 20.000 euros por transportar la maleta con la cocaína, una cantidad irrisoria frente al más de un millón de euros que cuesta la droga que llevaban y los, como mínimo, seis años de prisión que les va a caer por tráfico de drogas.

Así que, de momento, estas dos narcoabuelas están en la cárcel, donde hay ya bastantes mujeres encerradas por tráfico de drogas. Actualmente hay unas 6.000 mujeres encarceladas en España. De ellas, se calcula que cerca del 90 por ciento, es decir, más de 5.000 están en prisión por delitos relacionados con el tráfico de estupefacientes. Si hablamos de reclusas extranjeras, el porcentaje ya estaría muy cerca del cien por cien. Además, hay casi 300 mujeres españolas encarceladas en prisiones de todo el mundo y en esta caso, casi todas ellas están encerradas por narcotráfico. Mujeres que viajaron a Marruecos o a Sudamérica para traerse algo de droga y que penan en prisiones, desde luego, mucho peores que las que tenemos en España.

Lo que más abunda en las cárceles españolas son ‘mulas’ o ‘correos’, en su mayoría procedentes de países de América del Sur: Colombia, Bolivia, Venezuela, Perú. Son mujeres de extracción social muy baja, que llegaron a España con cocaína en sus maletas o, lo que es peor, en el interior de sus cuerpos y que fueron incapaces de pasar el primer control del aeropuerto, no lograron engañar a los ‘coyotes’, como son conocidos los agentes que detectan de manera casi instintiva a estas mulas. Las mujeres reciben entre mil y dos mil dólares por cada kilo de cocaína que logren introducir y, en ocasiones, las organizaciones las amenazan con represalias a su familia, en el caso de que no cumplan con el acuerdo.
En otros casos, se trata de mujeres que, movidas muchas veces por amor, han aceptado encargos de sus maridos o novios o, simplemente, se beneficiaban del negocio que llevaban sus parejas. Son, por decirlo de alguna manera, traficantes consortes.

Son personas que llevan cocaína en su organismo, algo sumamente peligroso. Ha habido bastantes muertes porque alguna de las bolas de coca –de entre 10 y 20 gramos cada una– ha estallado y se ha abierto en el estómago de una mula, de ahí el nerviosismo que muchas de ellas presentan cuando cruzan los controles aduaneros y que las delata inmediatamente. Pero la imaginación de los narcos no tiene límites. Desde el pasado año, la policía chilena ha detectado la llegada a sus aeropuertos de correos procedentes de Bolivia con una característica en común: todas son mujeres en avanzado estado de gestación, a partir de los cinco meses. Se supone que una mujer en ese estado no es sospechosa y si tiene mal aspecto, puede ser atribuible a las molestias propias del embarazo. Algunas de estas mujeres no sólo llevaban un kilo de coca en bolas en su estómago, sino medio kilo más en la vagina. En Italia también se ha detectado la llegada de estas mulas embarazadas. Todas ellas siguen un proceso de preparación similar: tragan durante semanas trozos de zanahoria cruda para acostumbrar al estómago a ingerir sin masticar bolas de las dimensiones que tendrán las rellenas de cocaína.

¿Tenemos a ninguna Reina del Sur?

En la novela del padre de Alatriste, la Reina del Sur se llama Teresa Mendoza y es una narcotraficante poderosa. Esa mujer existe, se llama Sandra Ávila Beltrán, tiene 47 años, nació en el estado mejicano de Baja California, su apodo era la Reina del Pacífico y desde 2007 está encarcelada en México. La verdad es que su vida da, no para una, sino para varias novelas, alguna teleserie y varias películas. Sobrina de Miguel Ángel Félix Gallardo, El Padrino, el mayor traficante de la historia de México, perdió a dos maridos y a un novio, que fueron asesinados en vendettas entre narcotraficantes. Cuando fue arrestada, era la pareja de uno de los narcos colombianos más poderoso del momento, Juan Diego Espinosa Ramírez, El Tigre, cabeza del Cartel colombiano del Valle del Norte. Según las autoridades mejicanas y la DEA –la agencia federal antidroga norteamericana–, la Reina del Pacífico tenía un importante papel en la conexión de las redes colombianas con las mejicanas, que introducen miles de toneladas de cocaína en Estados Unidos a través de la larga frontera de California, Arizona, Texas y Nuevo México. Además, dirigía las finanzas de los cárteles de Juárez y Sinaloa.
Podía seguir en libertad si no hubiese sido porque vio en serio peligro la vida de uno de sus hijos, de 15 años, secuestrado probablemente por una banda rival. La mujer acudió a una comisaría de policía a dar cuenta del secuestro de su hijo y los agentes intervinieron sus teléfono para tratar de dar con los secuestradores. A los dieciocho días, el chico fue liberado, después de que Sandra pagase casi millón y medio de dólares, pero la policía mantuvo intervenido el teléfono, porque se dio cuenta de que era un verdadero filón; la mujer hablaba con los traficantes más buscados del momento.

Según las autoridades norteamericanas y mejicanas, Enedina Arellano Félix es hoy la única mujer al frente de una organización de delincuentes tan poderosa como el cartel de Tijuana. Su perfil es radicalmente distinto al de Sandra Ávila. La Reina del Pacífico es guapa, seductora, amante de las fiestas, de las joyas y sus conquistas sexuales se cuentan por docenas. Enedina es mucho más discreta y menos agraciada físicamente. Cursó estudios de Contabilidad y desde siempre ha llevado las cuentas del cartel y ha blanqueado los beneficios de la droga a través de una cadena de farmacias y supermercados. Tras la detención y el asesinato de los antiguos jefes del cartel, Benjamín y Ramón Arellano, Enedina accedió al número uno de la organización, que comparte con su hijo Fernando Sánchez.
Otra mujer que había subido muy alto en un escalafón reservado tradicionalmente a los hombres fue la ex miss Sinaloa y ex Reina de la Belleza Iberoamericana, una antigua maestra de preescolar de 24 años llamada Laura Elena Zúñiga. Laura había cambiado las pasarelas por el tráfico de drogas y de armas y fue detenida junto a su novio, un líder del cártel de Juárez, con un arsenal de fusiles, pistolas y municiones. La historia de Laura sí que tiene antecedentes: a los capos sudamericanos les encanta rodearse de las bellezas del momento. El hermano de Leónidas Vargas, Fabio, fue asesinado días después de que unos sicarios matasen a Leónidas en un hospital de Madrid. Junto a Fabio fue asesinada Liliana Andrea Lozano, actriz de telenovelas y Reina de Bambuco 1996.

En España no ha habido nadie con un perfil similar a la Reina del Pacífico. Pero sí que hay mujeres con poderío en el mundo de la droga. En primer lugar, si uno se da una vuelta, por ejemplo, por la Cañada Real, aquí en Madrid, probablemente el mayor supermercado de la droga de España, se da cuenta de que quienes manejan allí el negocio son mujeres gitanas. Los puestos de venta están atendidos por ellas. Detrás de puertas blindadas y de rejas, las mujeres dispensan coca y heroína con una escopeta a mano y un brasero para arrojar rápidamente la mercancía si llega la policía. En ese tipo de poblados se puede hablar con tranquilidad de matriarcados: las mujeres son las que mandan, a veces porque los maridos están en la cárcel y ellas se quedan al frente del negocio o, simplemente, porque son mucho más serias y eficaces. Ellas venden mientras los maridos se están poniendo hasta arriba fumando chinos o bebiendo cervezas.

Hace un par de años tuvimos la ocasión de conocer la historia de Esperanza Moreno, una mujer gitana que era conocida como la reina de las 3.000 viviendas, en referencia al barrio marginal de Sevilla en el que vivía. La policía la detuvo en relación con un alijo de 43 kilos de heroína que ella misma había negociado en Estambul, donde, de paso, se había gastado 24.000 euros en muebles para la mansión que se estaba construyendo en Dos Hermanas. Esperanza llevaba dos décadas al frente del negocio de la droga en uno de los peores barrios de España. Tenía tanto poderío que podía dejar aparcado tranquilamente su BMX X5 o su Audi A4 en el barrio sin ni siquiera cerrar las puertas, porque todo el mundo sabía que ese era el coche de la Reina. Los policías de Sevilla que la detuvieron nos contaban una anécdota muy significativa que da idea de quién era esta mujer. Cuando la arrestaron, se le planteó a la policía un grave problema: tenían que acudir con ella a su barrio para registrar la casa. Pensaron incluso en tomar militarmente el barrio con unidades antidisturbios para impedir cualquier incidente. Ella les dijo: “No se preocupen, yo me encargo de que no pase nada”. Cuando llegó al barrio esposada, medio millar de personas la esperaba, pero no ocurrió nada. Tan sólo intentaban acercarse a ella para besarle las manos.

Galicia es tierra de matriarcados y también, por desgracia, de grandes clanes de narcotraficantes…
Así es. Los clanes gallegos también han dado muchas veces muestras del poder que atesoran allí las mujeres. Siempre se pensó, por ejemplo, que detrás de los grandes negocios de Laureano Oubiña –uno de los históricos del narcotráfico de las Rías Bajas– estaba su esposa, Esther Lago, fallecida en un accidente de tráfico. Ella era, según los agentes antidroga, la que diseñaba las grandes operaciones y, sobre todo, se dedicaba a dar salida a los multimillonarios beneficios que la droga reportaba a la familia.
Otro de los clanes más conocidos de Galicia, el de los Charlines, también tiene varias mujeres entre sus componentes más importantes y por encima de todas destaca Yolanda Charlín….


¿Quién es está Yolanda Charlín y qué ha hecho para ocupar un lugar tan destacado?
Yolanda es hija de José Luis Charlín, uno de los patriarcas del clan. Nació y creció en una familia dedicada por entero al contrabando de tabaco, primero, y al tráfico de cocaína, después. Estuvo unida sentimentalmente a Daniel Baúlo –hijo de Manuel Baúlo, el jefe del clan de los Caneos, transportistas que trabajaban para los Charlines–. Cuando Danielito Baúlo se enteró de que Yolanda le engañaba, comenzó a colaborar con el juez Baltasar Garzón en el desmantelamiento del clan de los Charlines. Las confidencias de Daniel, motivadas por su desengaño amoroso, le costaron la vida a su padre, asesinado por unos sicarios colombianos y dejaron en una silla de ruedas a su madre. Los tres autores materiales del crimen fueron condenados, pero ninguno de ellos dijo quién había sido el inductor, que para muchos era Yolanda.
No es la única muerte con la que se ha relacionado a la joven Charlín, que hoy tiene 37 años, pero que comenzó en el negocio de la droga con apenas veinte. En 1996, Isabel Espiñeira Villar fue encontrada asesinada a tiros en su casa de Madrid. Había sido detenida años antes junto a su novio, un traficante turco, conocido como El Joya. En prisión hizo amistad con Yolanda Charlín, que estaba allí cumpliendo condena por introducir en España una tonelada de cocaína. Al quedar en libertad las dos, viajaron a Cambados, pero Isabel volvió precipitadamente a Madrid y poco después fue asesinada. Nunca se resolvió el crimen, pero la sombra de Yolanda también apareció detrás de este asesinato.

Una saga, la de los Charlines, que hasta ha tenido descendencia dentro de prisión…
Así es, Noemí Outón Charlín, hija de Josefa Charlín y nieta de Manuel Charlín, dio a luz en 2004 en la prisión de Teixeiro a un niño, la cuarta generación de los Charlines, que, casi como un símbolo, nació entre rejas. Noemí fue condenada junto a otros miembros de su familia a ocho años de prisión por blanqueo de capitales.

Las mujeres parecen sumarse de forma natural a cualquier clan, se dedican a lo mismo que sus compañeros masculinos y, a veces, como nos contáis, están en el escalafón incluso por encima de los hombres…
Un ejemplo perfecto de esto es Francisca Romeiro, Paquita. Esta quinqui era la que movía toda la heroína en España al cuñado de Urfi Cetinkaya, el gran capo turco del caballo. Tenía laboratorio, máquina prensadora, de todo. Paquita, a pesar de no presentar los mismos apellidos, es hermana del merchero Luis Calzado. Los dos habían montado un negocio redondo en torno a la heroína. Ella trataba con los turcos, compraba la mercancía, la almacenaba y la cortaba. Él la vendía. Cuando cayeron, en mayo de 2006, en la operación Renacimiento –se decomisaron 60 kilos de heroína pura–, a los policías les sorprendió lo echada para delante que era, su amabilidad y su sentido del humor. Nos contaban que llegó a decirles dónde estaba el hachís que guardaba en casa para su consumo. Paquita movía cerca de 50 kilos de heroína al mes.

La operación Temple supuso la mayor incautación de cocaína de la historia de España –9.000 kilos– y también había allí una mujer en lo más alto de la organización…
Así es. Se trata de Ana Garrido, una asturiana que era la que manejaba todos los hilos de la red en España: preparaba las caletas, organizaba los transportes... Por encima de ella sólo estaba Carlos Ruiz Santamaría, el Negro, fugado y encontrado hace poco en una cárcel de Brasil. Ana fue condenada a 33 años de prisión y se convirtió en la mujer con la condena más alta por narcotráfico

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Comentarios

Enviado por JAVIER ESPIÑEIRA VILLAR en agosto 14, 2009 a las 08:32 PM CEST #

LO QUE AQUI SE COMENTA TIENE DATOS IMPORTANTES Y VERIDICOS Y A LA VEZ INCORRECTOS. YO SE O CREO SABER QUIEN MATO A MI HERMANA ISABEL

 

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Manuel Marlasca

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En esta bitácora Manuel Marlasca y Luis Rendueles nos cuentan lo que se dejan en el tintero cada semana en su sección del mismo nombre en Julia en la onda (16:00-19:00 ONDA CERO). Un espacio para no perder detalle de la crónica negra de nuestro país y para compartir con ellos tus inquietudes.

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