Los falsos inválidos y María José Campanario
No se dejen engañar por algunos apellidos, hoy, Territorio negro no se va a vestir de rosa. Vamos a hablar de un caso, el sumario de los falsos inválidos, que nos afecta a todos. Una trama, dirigida por el ex jefe de policía de Ubrique, que conseguía pensiones de invalidez para personas perfectamente sanas. Un asunto negro en el que están acusadas 26 personas, incluidas María José Campanario –esposa de Jesulín de Ubrique– y su madre Remedios Torres.
Vamos a explicar el sumario de los falsos inválidos, una investigación de la Guardia Civil ya concluida y a la que solo falta que se juzgue a los acusados.
Los principales acusados son Carlos Carretero, el ex jefe de la policía de Ubrique, y su amigo el médico Francisco Casto Pérez Lara. Les piden diez años de prisión a cada uno por organizar una trama perfectamente estructurada. El señor Carretero buscaba gente que quisiera cobrar una pensión mayor a la que tenían derecho. Y el doctor Pérez Lara conseguía que les dieran la incapacidad permanente o invalidez, con lo que cobraban diferentes cantidades mensuales hasta su muerte.
Todo comienza en 2003, el jefe de la policía de Ubrique tiene problemas en un ojo. Le quedaba una pensión pero tenía que seguir trabajando. Así que acudió al inspector médico Casto Pérez, porque sus mujeres eran amigas. El caso es que de su consulta el jefe de policía salió con una incapacidad total y una buena pensión para siempre.
Y como fue tan fácil, empezaron a hacerlo con más gente. No suele haber grandes mentes ni proyectos detrás de los delincuentes. Y de este modo Carretero empieza entonces a ofrecer sus servicios como mediador. Cobraba entre 18.000 y 24.000 euros por conseguir pensiones milagrosas (de hasta 1.500 euros mensuales) para cualquiera. El asunto era un gran negocio y el siguiente paso fue hacérselo a su cuñada, Pilar, que estaba deprimida.
Y también lo logró, claro. La mujer cobró hasta que esto se destapó 48.166,25 euros de pensión. Lo que se ha descubierto es que ella exageró su depresión y logró la incapacidad absoluta a finales de 2004. Ahora le han retirado esa pensión porque entienden que puede trabajar. En las grabaciones del sumario que hemos leído hay una ilustrativa en la que Carretero está enfadado con su ex cuñada, que no ha querido aceptarle un pagaré. Le dice a su secretaria –y leemos textualmente–: “no veas la que he tenido con la gorda de mi cuñada. Tiene 48 años y la he jubilao pa toa su puta y asquerosa vida, que va a estar la tía cuarenta años con el chocho tirá en la playa”
Bueno, gracias a la Guardia Civil tendrá que moverse de la playa y volver a trabajar. En fin, vemos que el fraude iba viento en popa. Pero había más médicos implicados. La red utilizó a dos médicos del primer escalón, de los centros de salud que te dan las primeras bajas cuando estás enfermo: los doctores Harold Escalante y Luis Carretero, pariente del jefe de la policía. Ellos, según el fiscal, daban bajas a veces sin ni siquiera ver a los pacientes. Y luego el doctor Casto emitía el informe definitivo de incapacidad. Así se hizo con personas que exageraron sus depresiones, sus dolores lumbares, su alcoholismo… En total la Seguridad Social cree que ha pagado 220.000 euros de más en pocos años…
Y todo lo que se ha ahorrado, porque eran pensiones para toda la vida, en algunos casos de gente muy joven. En casa de Carlos Carretero, la Guardia Civil encontró un millón de euros. Él dice en una grabación que cuando tuviera ahorrados 200 millones de pesetas lo dejaría, así que no debía faltarle mucho cuando entró en la historia la Guardia Civil de Cádiz.
Y aparece también aquí Remedios Torres, la madre de María José Campanario. La Guardia Civil llega hasta esta trama porque el jefe de policía de Ubrique estaba siendo investigado por una red de facturas falsas del IVA. Y al escuchar sus conversaciones por orden del juez, oyen como habla de una tal Remedios y dicen que “le van a hacer el paripé”, le van a pedir 18.000 euros y le van a conseguir una pensión
La madre de María José Campanario, para quien la fiscal y la Seguridad Social, es decir el Estado, piden cuatro años de cárcel, lo contó al juez: una noche de verano de 2004 están cenando con su hija, Jesulín y José Luis López alias El Turronero, íntimo amigo de Jesulín y de su familia y también íntimo amigo del ex jefe de policía Carretero. El Turronero, también acusado en este tema, les ofrece revisar la pensión de la madre de María José.
La madre de Campanario no cobraba pensión, entonces…es una mujer muy joven, de 53 años. Había pasado una prueba en Castellón, donde vive, y le habían reconocido una pequeña minusvalía, pero la Seguridad Social requiere siete puntos para darte la pensión por incapacidad permanente y la mujer no sumó ni uno solo. Ella misma declaró al juez que no creía que tuviera derecho a nada y que la última vez que trabajó fue en 1974.
Entonces ese tal Turronero, que obviamente no es médico, habla con Carretero y ponen en marcha la operación para lograr la pensión a la madre de María José Campanario. De hecho María José Campanario reconoce que pagó dinero a El Turronero y éste se lo dio a Carretero. La esposa de Jesulín ha dicho que no recuerda cuánto pagó y que pensó que era para los trámites de la pensión. El Turronero y Carretero han declarado que cobraron 18.000 euros. Y las grabaciones telefónicas no engañan…
Se oye cómo se elabora un plan. Pensemos que la mujer vive en Castellón, por lo que un médico de Cádiz no puede darle la baja ni la incapacidad. Así que lo primero es inventarle una dirección en Cádiz. Carretero pone el nombre de la madre de Campanario en un buzón de la casa de su padre, Antonio Carretero, en Cádiz. Así ya puede verla un médico de la red y darle la baja.
Pero esta señora no trabajaba desde 1974…Ese fue el segundo paso. Carretero, que también se dedicaba al negocio inmobiliario, le inventa un trabajo en una de sus empresas y la da de alta en la Seguridad Social. La madre de Campanario fue así, oficialmente, limpiadora de una oficina de una inmobiliaria en Cádiz durante diez meses. Aunque eso va a dar más de un problema…
Porque Remedios Torres no trabajaba allí, claro. Por eso el problema lo tienen ahora en el juzgado. El problema fue que Carretero pagó a la Seguridad Social los diez meses de cotizaciones de la madre de María José Campanario como su trabajadora y quiso que la mujer de Jesulín le diera esos 5.000 euros de gastos extra digamos.
Otra grabación del sumario muestra dos cosas: la primera, el carácter de María José Campanario. El 10 de enero de 2006 queda en el hotel Jerez con Carretero y El Turronero, que le piden los 5.000 euros. Ella se niega a dar un euro más. Y llama delincuente y chorizo a El Turronero, según la grabación, a voces en el hotel. Éste amenaza incluso con irse. Y ella le advierte: vete, pero ahora llamo a mi marido y le digo a lo que tú te dedicas. Esta última parte apunta dos cosas, que Jesulín no sabe nada de esta historia, pero que su mujer es perfectamente consciente.
Carretero pone paz. Sabe que tiene un buen negocio entre manos y no quiere que se le estropee. Él mismo lo cuenta por teléfono: “Le digo, mira, María José, tu madre no ha trabajao en su puta vida, tu madre no tiene derecho a nada y tu madre, he formao yo un follón y lo he arreglao para que le quede una paga de doscientas mil pesetas”. Además, perdona los 5.000 euros, que Campanario se ahorra. Carretero dice que asiente y responde: “Es así, como tú lo explicas, pero a mi suegra le pediste menos”
A raíz de esto, la Guardia Civil investigó las pensiones de la madre, Carmen Bazán y del padre, Humberto Janeiro, sin encontrar irregularidades. En la grabación del sumario, el propio Carretero dice que la madre de Jesulín es diferente porque cotizó durante treinta años y que sólo iban a adelantarle cuatro años el cobro de la pensión, prejubilarla, vamos, algo totalmente legal.
Después de ese incidente, el plan para la pensión de Remedios Torres sigue adelante. Una vez convertida en falsa limpiadora, tiene que tener una baja médica en Cádiz. Para esto presentan un parte de baja firmado por un médico del servicio de Urgencias de un hospital de Cádiz. Dicen que la señora tuvo un accidente y se lesionó el tobillo limpiando el 3 de noviembre de 2005. Luego hay dos informes médicos más de ese mes, donde ratifican la baja y las lesiones de la mujer. Que, como ya están pensando, ni se lesionó el tobillo ni estuvo en la consulta…
Han avanzado mucho en el fraude, que la Guardia Civil no lo olvidemos, está grabando y siguiendo casi a tiempo real. Falta sólo que el doctor Casto la vea y certifique que ya no puede trabajar más. Y así es. Y llega la cita para el 23 de marzo de 2006. Le van a hacer una prueba en un dedo (pequeñas descargas eléctricas) para saber si tiene el nervio dañado. Tres días antes, Carretero llama al Turronero: “a la madre de tu amiga he conseguío que no tenga que venir de Castellón, lo vamos a hacer el paripé y a tomar por culo”.
El 15 de marzo ella misma llama a Carretero, que cambia el tono y la trata de señora y usted. Le dice: “como ya le dije a su hija, lo tenemos ya resuelto para que usted no tenga ni que venir. Luego, el hombre llama a María José Campanario y le dice que, eso sí, su madre intente no salir de casa esa mañana en Castellón para que no la vea nadie, porque oficialmente la está viendo a un médico en Cádiz…
Bien, llegamos a la prueba decisiva, pero la enferma no va. Se buscó a una doble. Carretero lo dice con otra palabra, se buscó a una “especialista para las escenas de riesgo”. No buscó muy lejos. Como decíamos antes, todo es un poco cutre aunque muy eficaz. Carretero le pide a su secretaria Elisa, que entonces era también su novia, que haga pasar a su madre, una humilde mujer, por la madre de María José Campanario. Va a ser ella, Isabel Gil, la especialista. Eso sí, Carretero lo organiza bien: van a ir en un coche, con chófer, Manolo, y acompañada de su hija real Elisa y Mercedes, una funcionaria que trabaja para el doctor Casto.
Es casi una película de Berlanga. Imagínense: el chófer, las tres mujeres en el coche y la Guardia Civil en otro coche al lado, siguiéndolas y escuchando sus conversaciones por teléfono, hasta que llegan al hospital Puerta de Mar de Cádiz. Sí y los guardias civiles se indignaban, pero no podían evitar sonreír al escuchar las llamadas. Por ejemplo, la que hace la secretaria y novia de Carretero a su jefe. Está nerviosa por si su madre sabrá hacerlo: “si le preguntan si le duele, ¿tiene que decir que sí o que no?”. Carretero no duda: “Le van a poner dos cables en los brazos, te hacen una pequeñísima descarga eléctrica, pues claro que le va a doler. Es como si metes los dedos dos segundos en un enchufe”
O sea, que a la especialista le iba a doler. Pero nadie la identificó en la consulta. La funcionaria Mercedes consiguió que no le pidieran el DNI. En el viaje en coche del que estamos hablando su hija y Mercedes le van preguntando ¿Como te llamas mama? Y ella responde su nombre real: Beli (Isabel). Le dicen: te llamas Remedios, mama, Remedios Torres. El médico salió y llamó a Remedios. Entonces entró ella, la especialista.
Y todo salió bien. La mujer casi no habló. Pero hubo un problema, su hija se quedó fuera y no supo decir qué dedo le hormigueaba. Así que le dieron descargas eléctricas en todos los dedos. Y lo que iba a ser un dedo en el enchufe dos segundos se convirtió en casi media hora. Su hija llamó luego al médico: “le dolió un poco bastante, pero vamos que aguantó el tirón la pobre”. El informe de la Guardia Civil (dos agentes estuvieron en la sala de espera haciéndose pasar por pacientes y lo vieron todo) recoge como la mujer sale nerviosa y su hija le pregunta: “¿estás muy malita, mama?”, antes de abrazarla y salir del hospital.
Vamos que todo estaba a punto para conceder una pensión de por vida a una mujer que ni siquiera había ido allí. Mercedes, la funcionaria, llamó luego a Carretero y le comentó su miedo a que si le hacían daño a la mujer dijera: “que no soy Remedios, que soy Joaquina, concho”. Pero la mujer estuvo callada, como le ordenó su hija. Y Carretero lo celebra: “las especialistas están para eso, para las escenas de riesgo”. Eso sí, la mujer, que no sabía lo que estaba haciendo, se vio recompensada, según otra grabación en la que se dice que “nos hartamos de cervezas y quisquillas y a tomar por culo”.
Se celebraban las pensiones falsas como si les tocara la lotería, claro. Para el beneficiario era un sueldo de por vida. Para ellos, seguir el negocio, una lotería de tres millones de pesetas cada vez. El sumario recoge como celebran por ejemplo, la pensión de 1.500 euros que han logrado para un ex director de Mercadona que tomaba mucha cocaína. El ex ejecutivo estresado les invita a una marisquería en El Puerto de Santa María. Y Carretero llama a su mujer después de los postres y le cuenta el menú: “ha pedido ostras, bogavantes, langostinos, gambas y eso asqueroso que parece una uña de león con la puntita por abajo, eso que lo come el juez Garzón y toda esa gente”, dice textualmente
Una comida de casi mil euros, claro, a cuenta de la pensión fraudulenta que íbamos a pagar entre todos. Primero lo comparan con berberechos y luego se ve que fueron percebes, aunque Carretero dice que a él le dan asco. Pero está tan eufórico que cuando su novia le dice que le ve contentito, él se arranca a cantar. Y perdón porque no tenemos ni la gracia ni el talento de Cádiz: (una melodía algo así como tan a gustito de Ortega Cano) “Que me gusta un billete, que me gusta un sobrecito, que me pongo contentito… Trincando billetes soy el hombre más feliz del mundo”, dice.
Finalmente Guardia Civil acaba con ese fraude a la Seguridad Social. Y ahora queda el juicio. Esta gente se enfrenta a diversas penas. Carretero y el doctor Casto a diez años de prisión. Para María José Campanario y su madre piden cuatro años de cárcel. No se sabe aún si el caso lo juzgará un tribunal o un jurado. Los abogados de Campanario y otros 25 acusados intentarán que se anulen todas las conversaciones grabadas por un defecto de forma (algo que ya ha sido rechazado varias veces). Eso será importante, aunque no decisivo. Las pruebas parecen claras. La justicia dirá.
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Manuel Marlasca
En esta bitácora Manuel Marlasca y Luis Rendueles nos cuentan lo que se dejan en el tintero cada semana en su sección del mismo nombre en Julia en la onda (16:00-19:00 ONDA CERO). Un espacio para no perder detalle de la crónica negra de nuestro país y para compartir con ellos tus inquietudes.
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Señores Periodistas de investigación: Algunos hemos visto este tipo de comportamientos irresponsables e innecesarios durante demasiados años. Se nos ha considerado inadaptados o imbéciles por no practicarlo teniendo motivos reales. Por parte de los mismos que aun tienen por 'pecata minuta' las mil formas de fraude que culminaron en la gran estafa social que ha significado la burbuja inmobiliaria y sus consecuencias. He visto casos, desde hace mucho tiempo, que "claman al cielo" por su descaro, su absurdo e innecesario teatro asumido por mayorías. En fin... que en entornos en los que se perpetúan estos usos y costumbres, hasta por jóvenes sanos y en tiempos de necesidad de trabajadores, quien no siga el juego de quemar las naves antes de la travesía, por el mero gusto de disfrutar de una candela alrededor de la que cantar cigarradas mientras se deja el futuro de todos en manos de cualquier ente superior...... es sencillamente condenado a los peores castigos (cual brujos en el medioevo... literalmente). Gracias por la atención. el barco de papel