08:11 ene 26, 2010 | Luis Rendueles | General

El gigolo frustrado y otros timos sexuales

Hablamos de una especie que pensábamos en extinción, pero parece que se adaptan a todo. Nos hacen daño sin armas y casi siempre con una sonrisa. Los timadores, los pequeños estafadores, juegan con nuestros pecados capitales: se aprovechan de nuestra soberbia, de nuestra avaricia. Y, últimamente, también de la lujuria.

Vamos a empezar hablando de un timo donde tiene un papel fundamental el pecado capital de la lujuria. Es un engaño en el que las víctimas siempre son hombres. Se llama el timo del gigolo o del gigolo frustrado. ¿En qué consiste?
Hace unos diez años que se detectó por primera vez en nuestro país y ya hay muchas denuncias por toda España. Todo empieza cuando los timadores o timadoras ponen un anuncio en un periódico, casi siempre el que más se lee en la provincia en la que estén buscando un primo. El caso más sangrante ocurrió en Asturias, en Oviedo, concretamente. Un hombre perdió 18.000 euros al ser estafado con este timo el pasado mes de diciembre.

¿Cómo pudieron sacarle tanto dinero con un anuncio? Pensemos en un hombre soltero, sin compromiso. Lee el anuncio, que dice textualmente: "Empresarias divorciadas pagan por divertirse sexualmente" y también: "Maduritas divorciadas necesitan calor. Pagan". Es decir, mujeres de buen nivel económico que pagan por compañía, por favores sexuales. Al fin y al cabo, por un gigoló. Es el sueño de casi cualquier hombre soltero y sin compromiso y de alguno comprometido, también. El tipo no se resistió y llamó al teléfono del anuncio.

Y allí empieza el timo, claro. Una recepcionista le escucha y le pasa a una "asesora", que le explica que podrá ganar hasta 6.000 euros mensuales siendo chico de compañía de mujeres maduras. Siempre y cuando esté dispuesto a tener sexo con ellas, claro. Pero, y aquí empieza la sangría, debe pagar antes 285 euros en concepto de cuota anual para darse de alta en este servicio exclusivo de mujeres. Además, él debe firmar una especie de claúsula de confidencialidad porque algunas de las clientas de la organización son mujeres muy conocidas, le dicen.

Bien, este hombre, halagada su vanidad, paga esos 285 euros y ya es un miembro del club de gigolós, pero no acaba aquí la historia. Realmente acaba de empezar, porque le van a sacar más dinero. El segundo paso del timo llega unos días después. La recepcionista llama al pardillo. Le dice que una mujer madura, de nacionalidad holandesa, está muy interesada en él para que forme parte de un trío y que debe viajar a otra ciudad. Y que la señora, una empresaria de alto nivel, le pagará 6.800 euros a cambio de un par de noches de compañía y sexo, mucho sexo. Eso sí, pero –con los timos siempre hay un pero– antes él debía ingresar 5.000 euros en una cuenta corriente como fianza para la agencia.

Y el tipo ingresa los cinco mil euros, porque cree que él se va a quedar luego, después del sexo con la señora estupenda, otros 1.800 euros para él. ¿Qué ocurre entonces? Una de las artes más importantes del buen timador es buscar siempre una salida suave, no dejar herido al pringado, al lila. Así que cuando el hombre ha ingresado los 5.000 euros y tiene ya hecha la maleta, suponemos que con sus mejores galas y muda nueva, la presunta clienta holandesa le envia un mensaje anulando la cita porque, según ella, había fallecido su padre.

Y este hombre no se mosquea ni denuncia la historia, porque, y esta es otra clave de los buenos timadores, no le dejan tiempo para pensar. Al día siguiente del disgusto con su primera clienta, la recepcionista de la agencia le llama, le dice que sabe lo que ha ocurrido y que tienen ya otra mujer madura, en este caso de Madrid, y además, famosa, que quiere disfrutar de sus servicios. Eso sí, como el hombre acaba de pagar mucho, y además está en paro, esta vez le rebajan la fianza que debe anticipar: ya sólo debe ingresar 4.000 euros. Después de la noche de sexo con su clienta, la mujer le dará 5.500 euros, así que ganaría 1.500 euros limpios.

Tampoco hubo segunda cita, claro, ni ninguna otra. Así que el hombre, ya mosqueado, contactó con la agencia y pidió que le devolviesen las fianzas. Como en todo timo, hubo palabras de amabilidad y la promesa de que le devolverían el dinero. Le dijeron que le habían ingresado dos talones en su cuenta y que, de hecho, le habían dado por un error 2.600 euros de más, por lo que le pedían que él ingresase en una cuenta esa diferencia. Esta vez no cayó.

Este tipo de timos es uno de los que más ha crecido en España en los últimos años. A qué hombre no le gusta oír que una señora madura y estupenda pagaría por pasar una noche de pasión con él. Ha habido muchos gigolós frustrados. En Lugo, por ejemplo, un tipo entregó 4.700 euros a las mismas estafadoras de Asturias, que por cierto son tres y siguen fugadas, imaginamos que preparando más timos, así que ojo con las fantasías.

Pocas veces se detiene a este tipo de timadoras, porque los delincuentes que se dedican a los timos y las estafas son muy finos, adoptan todo tipo de medidas de precaución y trabajan muy rápido: pegan unos cuantos palos y cambian de ciudad, sin dejar rastro. De hecho, las pocas veces que han caído ha sido por culpa de la propia avaricia de los timadores, que no han sabido poner freno al negocio, como la organización desarticulada en Málaga, que estafó a 68 aspirantes a gigolós.

Su modus operandi era muy similar al de las mujeres que hemos contado antes. En este caso, la organización estaba compuesta por dos matrimonios, que incluso habían creado una sociedad a la que vinculaban las cuentas corrientes en las que las víctimas tenían que ingresar los pagos. El principio del timo era igual. Un anuncio que decía: "Se solicitan caballeros para contactos con señoras". A los interesados se les pedía, nada más empezar, una cuota de inscripción de 350 euros. El siguiente paso era solicitar a los candidatos a gigolós unos 1.600 euros más, en esta ocasión como seguro de responsabilidad civil, no sabemos muy bien en concepto de qué.

Muchos se borraron, pero porque no tenían ese dinero, aunque hubo primos que sí siguieron. Si tragaban con el pago del seguro, después seguían pidiéndoles dinero con diferentes y cada vez más peregrinas excusas: en concepto de fianza, para asegurarse que acudirían a las citas o hasta por un seguro antirrobo que garantizase que no se llevarían las joyas de las clientas con las que iban a tener relaciones. Los estafadores decían a sus víctimas que iban a pertenecer a una red de altísimo nivel y que toda precaución era poca. Si alguno flojeaba, una de las estafadoras llamaba y le ponía a tono con una conversación en la que le preguntaba por sus habilidades sexuales y el primo volvía así a estar cebado.

La policía de Málaga, que llamó a esta operación, operación Chulo, encontró 68 víctimas, a las que habían estafado más de 150.000 euros. Prácticamente todas las víctimas eran personas de muy bajo nivel cultural, muchos inmigrantes y residentes en poblaciones pequeñas. Algunos de los inmigrantes, decía la policía, creían que iban a ser como los protagonistas de una película. Pensaban que sus favores sexuales les iban a retirar de trabajar y que su adinerada amante iba a traer a toda su familia a España. La policía pudo dar con los estafadores, como decíamos antes, porque fueron demasiado avariciosos: usaron mucho tiempo los mismos teléfonos y de ese hilo se pudo tirar

En fin, es como el timo del beso del sueño pero sin riesgos, sin tener que dar la cara, sin hacer daño físico a la víctima. Un timo, el del beso del sueño, que sigue existiendo. En tiempos de crisis aumentan todos los timos, las estafas, los robos. Este es un timo más físico que el del gigoló frustrado. Aquí se trata de buscar un primo en una discoteca, por ejemplo, de las frecuentadas por hombres maduros. Las mujeres les convencen de que son irresistibles y les proponen tomarse la última copa en casa del primo y lo que surja.

Y lo que surge es mucho sueño, porque la mujer lleva algo en el bolso para dormir a su víctima. Una vez en la casa del primo, la mujer se ofrece a preparar esa última copa mientras el hombre se pone cómodo y se va quitando la ropa. Entonces, ella echa en el vaso una dosis de un somnífero, generalmente benzodiacepina. Si la mujer es profesional, el tipo se queda dormido y ella roba todo lo que encuentra en el piso, pero si la timadora es novata o improvisa, el timo puede acabar en crimen.

Sí porque dos hombres murieron en Madrid el verano pasado tras sufrir este timo. Las dos ladronas eran muy poco profesionales. Se trataba de una paraguaya y una ecuatoriana que usaban pelucas y aprovechaban el verano, ya se sabe, el territorio de los míticos "rodríguez" en Madrid, para dar besos del sueño. Lo que ocurre es que usaban un somnífero casero preparado por la madre de una de ellas y no sabían cuánta dosis debían echar. Un hombre de Alcalá de Henares acabó en el hospital y otros dos de Madrid murieron.

Las dos mujeres fueron detenidas por la policía. Están en libertad bajo fianza acusadas de homicidios. Parece claro que no quisieron matar a nadie, solo robarlos, pero…

Y ahora la otra cara de la moneda: un timo en el que las víctimas son casi siempre chicas jóvenes, aspirantes a modelo o a actriz. Y los timadores son hombres que, aprovechando la ingenuidad, la ambición y las ganas de triunfar de las chicas quieren sacarles dinero o simplemente verlas desnudas.  Hasta la Asociación de Mujeres Violadas ha alertado en los últimos tiempos de la proliferación de estos falsos castings y ha hecho llamamientos para que las jóvenes nunca acudan solas a estas convocatorias, sino que lo hagan acompañadas. Quizás, el más activo y el de mayor imaginación de estos depravados sea Luis García Redondo, un tipo condenado recientemente a dos años de prisión por abusos y que adoptó hasta treinta personalidades distintas para llevar a cabo sus rijosos planes

Tentaba a sus víctimas con todo tipo de cebos. Dijo ser David Delfín, Luis Caldery –un prestigioso fotógrafo de moda–, ayudante de Bigas Luna, Miguel Albadalejo, mano derecha de Pedro Almodóvar, Pedro Garay –representante de Elena Anaya, Penélope Cruz, Natalia Verbeke…–… Enviaba correos electrónicos a las jóvenes que se ofrecían en diversos foros de Internet como aspirantes a atrices o a modelos y les contaba todo tipo de milongas para engatusarlas y para lograr su objetivo último, que era citarse con ellas. La verdad es que este tipo se trabajaba bien el papel, porque en ocasiones hasta les enviaba guiones en los que, causalmente, siempre había un desnudo a las primeras de cambio.

La gran mayoría de las chicas no tragaban porque muchas son veteranas en los castings y, pese a su juventud, se las saben todas y no es fácil engañarlas. Cuando este Luis les decía cosas como "Almodóvar come de mi mano" o "mi jefe, Bigas Luna, ha pensado en ti para hacer la segunda parte de Las Edades de Lulú…", las chicas se mosqueaban y no le daban más carrete, aunque la Justicia le condenó por dos delitos de abusos, dos chicas a las que sí logró engaña

Pero a este individuo le funcionó un truco que utilizaba mucho. En los correos electrónicos, decía ser un fotógrafo que hacía las veces de director de casting y que estaba buscando chicas para una película, pero que el papel era bastante exigente en lo físico y que por eso, antes de ir él, mandaría al encuentro de la candidata a un preparador físico, que era él mismo, naturalmente. Y, como puedes imaginar, sus encuentros con las chicas se parecían muy poco a una sesión de preparación física. Así lo hizo, según la sentencia de la Audiencia de Madrid que le condenó a dos años, con dos chicas, una de ellas de quince años.

Y en los últimos tiempos, los falsos castings han llegado hasta un género en crecimiento, como el cine X. El sector del porno ha crecido mucho en los últimos tiempos y las empresas están avisando ya de que hay mucho listo que está aprovechando el tirón para conseguir imágenes de chicas desnudas o hasta para tener una sesión de sexo por la cara.

¿Cómo actúan estos falsos productores de cine X? Hay varias modalidades. En principio, el caladero de víctimas es siempre el mismo: se anuncian en páginas web especializadas ofreciendo papeles muy bien pagados. Cuando alguien pica, ya sólo depende de la ambición de los estafadores. A veces, le piden a la candidata que les haga un strip-tease delante de su webcam y se quedan con las imágenes; otras veces, conciertan una cita, donde hay cámaras y las aspirantes actrices son grabadas manteniendo sexo con unos y otros. En estas sesiones participan supuestos actores y hasta los cámaras, en lo que se llama género gonzo. Al acabar, quedan con ella en que le mandarán un book de vídeo con imágenes o la emplazan para el siguiente día de rodaje. Cuando la chica vuelve, allí no queda nada, los teléfonos son falsos y se da cuenta de que ahí se acabó su incipiente carrera de actriz porno.

Pero no sólo las aspirantes a actrices porno han sufrido estos engaños, también quienes quieren convertirse en estrellas de la canción…
Así es, pero el ‘timo de los triunfitos’ lo vamos a dejar para la semana que viene, si te parece.

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Manuel Marlasca

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