05:50 jun 16, 2009 | Manuel Marlasca | General

Acosados

La joven actriz Sara Casanovas estuvo a punto de ser asesinada en Madrid por un fan que llegó desde Alemania para jurarle amor eterno. John Lennon murió acribillado por un seguidor perturbado. Ronald Reagan fue víctima de un atentado perpetrado por un tipo obsesionado por Jodie Foster… La obsesión enfermiza por personajes famosos puede tener consecuencias fatales…

Primero contaremos el caso de este tipo obsesionado con Sara Casanovas, la joven actriz a la que atacó a la salida del teatro. Sara salía hace dos domingos de la última función de La Noche de la Iguana, la obra que representaba en Madrid, cuando un alemán de 40 años llamado Arndt Meyer se dirigió a ella, le reprochó que no hiciese caso a sus cartas de amor, sacó una ballesta, le apuntó a la cara y disparó… Un empujón de un compañero de Sara evitó que la flecha llegase a su objetivo y, casi con total seguridad, acabase con la vida de la actriz.

Meyer fue detenido de inmediato. Lo que sabemos de él es que es un tipo que había llegado a Madrid unos días atrás y cada noche iba a ver la función en la que trabajaba la actriz. El día que se produjo el ataque, por la mañana, había seguido a la chica hasta un mercadillo benéfico y le había vuelto a insistir: no quería ser un fan más, quería tener una historia de amor con ella. La conoció cuando residió en Estados Unidos y a través del canal internacional de RTVE vio un episodio de ‘Amar en tiempos revueltos’, la serie que lanzó a la fama a la actriz.

Su obsesión iba mucho más allá de lo que se ha contado. Ardnt Meyer había estado en España hace cuatro meses. En aquella ocasión, fue a Getafe, donde Sara representaba una obra. Le escribía cartas y cuando la policía le detuvo y registró sus bienes asomó la magnitud de la obsesión: en su mochila llevaba, además de un spray de autodefensa, otra ballesta, grilletes y una soga con dos nudos corredizos, cincuenta folios llenos de fotografías de Sara Casanovas.

La  soga con dos nudos es lo más inquietante de todo lo hallado en su poder. Cuando la policía registró la habitación que Meyer ocupaba en un hostal del centro de Madrid se dieron cuenta de lo que pretendía hacer el enloquecido fan: pensaba secuestrar a su amada, ahorcarla con la cuerda y suicidarse él con el mismo procedimiento. En su habitación había una carta de despedida en la que dejaba claras sus intenciones.

Esta vez todo quedó en un susto, aunque ha habido ocasiones en las que la cosa ha acabado peor. El caso de Mark David Chapman es, probablemente, el fan más famoso de la historia. Fue el hombre que el 8 de diciembre de 1980 cambió la historia de la música cuando mató de cuatro tiros a John Lennon a la entrada de los apartamentos Dakota, en Nueva York, junto a Central Park. Chapman llevaba todo el día leyendo El guardián entre el centeno, la famosa novela de Salinger, en la puerta de la casa del ex Beatle, que incluso le firmó un ejemplar de su disco Double Fantasy el mismo día de su muerte. Cuando Lennon y Yoko Ono regresaron a casa tras una sesión de fotos, Chapman le disparó y esperó tranquilamente la llegada de la policía leyendo las andanzas de Holden Caulfield…

La pregunta que uno se hace es que si Champan era un fan de Lennon, ¿por qué lo mató?. Lo que él dijo  es que se sentía decepcionado, que había idolatrado a los Beatles y, sobre todo, a Lennon, pero que se sentía decepcionado por él. Dijo que el cantante defendía a los desfavorecidos, pero vivía como un burgués. Es muy confuso, porque Chapman tendía antecedentes psiquiátricos desde bien joven, incluso había tratado de suicidarse en su juventud. En el año 2000 cumplió los veinte años de condena que le impusieron por el asesinato de Lennon, pero se le ha denegado la libertad y sigue preso en el penal de Attica, debido “a la naturaleza inusual de su delito”.

El libro de J.D. Salinger ‘El guardián entre el centeno” (The catcher in the rye) era una lectura de cabecera de otro fan enloquecido que estuvo a punto de cambiar el curso de la historia de los Estados Unidos y del mundo. Se trata de  John Hinckley, el hombre que atentó en 1981 contra Ronald Reagan, era un admirador devoto del libro de Salinger, por cierto, una obra maestra de la literatura. Hinckley tenía otra obsesión: la actriz Jodie Foster. Al parecer, Hinckley se obsesionó con Foster después de ver más de veinte veces Taxi Driver, la película dirigida por Martin Scorsese e interpretada por Robert de Niro y la propia Foster, que encarna a una joven prostituta de la que se enamora De Niro, que interpreta al taxista Travis. Hinckley quería convertirse en un alter ego de Travis.
Comenzó a acosar a la actriz, se matriculó en Yale cuando se enteró de que ella estudiaba letras allí y le mandaba cartas de forma periódica…

Hinckley, según la carta que dejó escrita para Foster antes de atentar contra Reagan, creía que la actriz le haría caso cuando se convirtiese en una celebridad nacional. Antes del atentado, acosó al presidente anterior, Jimmy Carter, pero fue a Reagan a quien tuvo a tiro. Fue reducido por el servicio secreto y, pese a que fue absuelto debido a su perturbado estado mental, lleva casi treinta años privado de libertad en instituciones psiquiátricas.

El presidente Reagan salvó su vida milagrosamente, pero ha habido más celebridades, además de Lennon, víctimas de su fama y de sus fans. Otro ejemplo es el de una cantante de rancheras llamada  Selena Quintanilla Pérez, la reina del Tex-mex, la actriz latina que más discos ha vendido en la historia, sólo superada por Gloria Stefan y Shakira. Selena, nacida en Texas, murió con 24 años asesinada por la presidenta de su club de fans, Yolanda Saldívar. En esta caso, parece que la muerte de la cantante no fue fruto de ninguna enfermiza obsesión: Selena había confiado a su fan número uno la gestión de unas tiendas de ropa y Yolanda desviaba dinero, es decir, estaba estafando a la cantante. La reina del tex-mex se citó con Yolanda en un motel de Texas y durante la discusión la fan mató a tiros a la diva de las rancheras.

Ha habido más víctimas mortales de estos locos. Una de ellas fue Rebeca Schaeffer, una actriz a la que Woody Allen lanzó a la fama con un papel en Días de Radio, murió asesinada a balazos en 1989 por un fan, Robert John Bardo. Bardo creía ser correspondido en su demencial amor por la actriz tras recibir una fotografía firmada por ella que rezaba el texto… “Tu carta ha sido la más hermosa que he recibido jamás. Con amor de Rebeca”. Ella no escribió aquella carta. Empleadas de la productora se encargaban de hacerlo, utilizando siempre el mismo texto. Pero para aquel lunático aquello era tan autentico como su obsesivo amor por ella. Fue condenado a cadena perpetua.
 
En realidad la trama de ‘El guardaespaldas’, la película protagonizada por Kevin Costner y Withney Houston, no está tan alejada de la realidad.  Aunque salvo en casos excepcionales (todos recordamos a Estefanía de Mónaco y, recientemente, a Elisabeth Fritzl o la ex alcaldesa de Marbella), los guardaespaldas no acaban liados con sus protegidas… Pero las celebridades de la música son víctimas de todo tipo de pirados, que les escriben, les persiguen, les amenazan y, si tienen ocasión, les atacan. Un ejemplo perfecto de fan pirado es el de Robert Dewey, un tipo absolutamente enloquecido por Madonna: En 1995 Dewey entró en casa de Madonna y dejó un mensaje para la diva del pop, citando un pasaje de la Biblia: “aquellos que lleven ropa inadecuada deben ser castigados, y que los que forniquen fuera del matrimonio, ejecutados”. Una vez dentro, encontró a la manager de la cantante, Caresse Henry, a quien amenazó de muerte. Ella logró telefonear para pedir ayuda y cuando el guardaespaldas apareció, Robert le juró que “rebanaría la garganta de Madonna de oreja a oreja” si ésta no se casaba con él esa misma tarde. De nuevo logró escapar, y aunque en su huida se cruzó por la calle con la propia Madonna en bici, no la reconoció. Semanas después, en el mes de mayo, Robert volvió a escalar el muro de la casa de Madonna, que en ese momento estaba de viaje. El guardaespaldas lo interceptó y le disparó en el abdomen. Robert Hoskins fue finalmente detenido y condenado a 10 años de prisión.

Los ídolos del deporte tampoco están libres de las obsesiones de estos pirados.  Que se lo digan a Mónica Seles, la tenista yugoslava que en 1993 fue apuñalada por la espalda por un enloquecido fan de Steffi Graff, Günter Parche. El agresor pensó que aquella era la mejor manera de que su idolatrada Steffi recuperase el número uno que le había arrebatado la prometedora Seles. Mónica tardó 28 meses en volver a las pistas y nunca fue la de antes de la agresión. Su atacante sólo fue condenado a dos años de libertad vigilada.

La enfermedad que padecen las personas que hacen este tipo de cosas está catalogada bajo el nombre de heteronomia. Y es un trastorno grave y de tratamiento muy complicado. Los que lo padecen sostienen una idea falsa que es imposible de rebatir desde cualquier argumentación lógica. Se obsesionan hasta el delirio con una persona, tratan de aproximarse y, al sentirse rechazadas, no entienden como aquella persona que ellos creían que les amaba les ningunea, les ignora, no atiende a sus requerimientos. Entonces, todo ese amor enfermizo, que no es más que un delirio, se convierte en una explosión de violencia y agresividad hacia ellos mismos o hacia el ser amado. En Estados Unidos, país en el que se producen a diario este tipo de acosos, le han puesto un nombre mucho más comercial: stalkin, que procede del verbo to stalk, que significa cazar al acecho.

Hay infinidad de  casos de stalking , sobre todo en Estados Unidos: Olivia Newton John se despertó una mañana con la desagradable sorpresa de que un loco había ahorcado a su perro y había dejado una nota al lado en la que decía ‘necesito matarte’; Cher recibió una oreja ensangrentada de un admirador; Stephanie Zimbalist, la compañera de Pierce Brosnan en Remington Steele, recibió 212 cartas de un admirador que le detallaba hasta la talla de las braguitas con el dibujo de Piolín que la actriz se había comprado; Michael J. Fox recibió amenazas de muerte continuas de una mujer que le recomendaba que abandonase a la novia que tenía entonces, pero no para irse con su admiradora, sino para que volviese con su novia anterior, Nancy McKeon; Athena Marie Rolando se coló en la casa de su amado Brad Pitt y pasó diez horas poniéndose su ropa y recorriendo todos los rincones de la mansión…

En España no ha habido antecedentes tan peligrosos como el de la actriz Sara Casanovas,  pero sí ha habido muchos personajes populares que han sufrido el acoso de toda clase de perturbados: a Terelu Campos la perseguía un tipo que a punto estuvo de echarla de la carretera; Beatriz Rico sufrió el acoso de un admirador durante años; Cristina Tárrega contó con protección policial para tratar de disuadir a un admirador, que finalmente fue detenido; el malogrado cantante de Los Secretos, Enrique Urquijo, era perseguido por una fan que trababa de colarse en los camerinos para hacerle proposiciones sexuales; Lydia Bosch recibía extrañas cartas de un admirador que le mandaba estrofas de canciones

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Manuel Marlasca

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En esta bitácora Manuel Marlasca y Luis Rendueles nos cuentan lo que se dejan en el tintero cada semana en su sección del mismo nombre en Julia en la onda (16:00-19:00 ONDA CERO). Un espacio para no perder detalle de la crónica negra de nuestro país y para compartir con ellos tus inquietudes.

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