Nadie es profeta en su tierra
El galgo español, nuestro “querido” galgo, ya era conocido por los romanos, aunque hemos de suponer que su llegada e implantación en la Península “Ibérica” sea muy anterior.
Estos maravillosos animales guardan una gran similitud con los perros de los faraones, con los ejemplares que fueron representados en sus tumbas del antiguo Egipto. Ante lo dicho, y ante los estudios de los especialistas en la materia, podemos concluir que, lo más posible, el galgo descienda del Verdades romano, un animal llegado a la península de mano, evidentemente, de los romanos.
El Verdades, y por tanto nuestro Galgo, procedía del Lebrel Egipcio; la principal diferencia con este antecesor es que el Galgo Español tiene las orejas semicaidas y el Lebrel Egipcio, erectas.
Existen otras hipótesis, como la que habla de que fueron los Celtas los que introdujeron al galgo en la península “ibérica” tras su conquista de las Galias (de ahí el nombre de Galgo: Canis Gallicus)
Lo que no es discutible es que la presencia del Galgo en la península es indudablemente antigua, durante la reconquista se utilizó para la caza en general y era un animal querido y protegido por múltiples legislaciones que penaban su robo o su muerte. No vendría mal un poco, solo un poco, de aquellas legislaciones hoy en día.
A partir de aquel momento el Galgo siguió trabajando en la caza, en competiciones de velocidad y desgraciadamente ha sido en demasiadas ocasiones un “simple y desechable útil”, un elemento para el disfrute.
Esta realidad que contempla al animal como un objeto de usar y tirar (incluso “colgar”), ha provocado que muchos desalmados hayan maltratado y asesinado a miles de estos animales cuando su “herramienta” no les ofrecía utilidad. Sin comentarios (por el momento).
Por desgracia, el ser humano tiene la singular capacidad de cometer el mismo error infinidad de veces, es capaz de cometer delitos y acciones aberrante, y, mucho más, si no existe una legislación que lo persiga.
Ciertos sucesos, situaciones, acontecimientos, aparecen en nuestras vidas de forma cíclica. Por desgracia, algunos de ellos, retornan a nuestras vidas con estricta puntualidad y con muy pocos cambios en sus duros matices.
Un año más, el galgo, una de las razas de las que, desafortunadamente, más se habla, y quizás de las menos conocidas, vuelve a ser un negro punto de atención informativa.
Tras 365 días y al acabar su perro “trabajo”, ciertos indeseables decidirán qué hacer con sus vidas: “ya no me sirves”, “no has rendido bien”, “no has actuado como esperábamos”, o simplemente “eres un estorbo”.
Ante estas “delicadas” posibilidades, ciertos humanos, supuestamente racionales, se plantean la “más adecuada forma” de quitarse de encima el problema. Todas estas vías tienen una cosa en común: la extrema cobardía del que lo realiza.
Unos “simplemente” dejan al animal abandonado a su suerte. Otros, “apiadándose” del animal, consideran que merecen el precio de un cartucho y se lo “administran” como despedida y cierre de la relación. Pero algunos, no pocos, como ciertos “conocedores del tema” pretenden argumentar, deciden acabar con la vida de su compañero de faena proporcionándoles un “merecido castigo”.
Estos impresentables, cobardes, delincuentes y asesinos deciden colgar a su perro del cuello, quieren que su muerte sea lenta, el perro “se ha portado mal”, no ha trabajado correctamente, no merece el precio de un cartucho descerrajado en su fiel cabeza.
Les cuelgan del pescuezo mientras el animal apoya ligeramente sus patas traseras en la misma tierra que reventó sus almohadillas para satisfacer el sangriento “hobbie” de su “amigo”.
El animal aguanta un tiempo variable en esta cruel posición hasta que se le escapan las fuerzas y muere ahorcado. Estos peligros sociales, además gozan de un “fino sentido del humor”, y denominan a esta forma de tortura: “el pianista”.
Las imágenes de estos animales vuelven puntualmente año tras año, sin que nadie tome cartas en el asunto. Estas imágenes recorren el mundo en un intento de abrir los ojos de los que deberían responsabilizarse de cortar de raíz un acto tan difícilmente calificable. Estas imágenes son una “excelente” tarjeta de visita de nuestro evolucionado, moderno, “talentoso” y europeo país, en todos los foros, webs y blogsdel mundo.
Ante el fervor patrio que me provoca tal situación y con el pecho henchido de orgullo, solo puedo decir:
¡¡VIVA ESPAÑA Y SUS TRADICIONES!!
Comentarios
Enviado por NATALIA en abril 01, 2009 a las 02:15 PM CEST #
Enviado por lily en abril 19, 2009 a las 11:50 AM CEST #
Como manchega que soy estoy al tanto de esas crueles tradiciones ¿por que el galgo es un perro de segunda categoría? De todas esas horripilantes acciones solo somos capaces los humanos, como decía el antiguo slogan "El nunca lo haría"
Enviado por Mar en abril 27, 2009 a las 05:13 PM CEST #
Soy de Girona y me espeluzna toda la crueldad gratuidata de los que nos denominamos "humanos".Hace tres semanas que compartimos nuestra vida con un precioso galgo blanco al que hemos adoptado.Es un encanto y con todo lo que ha sufrido hay que ver la cantidad de cariño que tiene y comparte cada dia con nosotros y quienes lo rodean. Todo un ejemplo que nos vuelven a dar los animales a las personas.
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Carlos Rodríguez
Licenciado en Veterinaria por la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Rodríguez compagina la radio y la televisión con el ejercicio de su profesión en su clínica veterinaria. Este profesional se mueve con autoridad y solvencia en estos dos mundos. Es un maestro en el ejercicio de saber divulgar de forma amena y hasta divertida los conocimientos y experiencias que acumula a través de su profesión de veterinario. Miembro del Consejo de Protección Animal de la Comunidad de Madrid y colaborador de diversas entidades de defensa de los animales, ha encontrado además en los medios de comunicación una excelente tribuna, no sólo para divulgar sus conocimientos, sino para concienciar e inculcar el respeto hacia las mascotas. Ha sido presentador de programas sobre animales en Tele 5, Antena 3, TVE y Telemadrid, así como colaborador en múltiples secciones de diversos formatos televisivos. En ONDA CERO ha dirigido y presentado también “Ládrame mucho” (temporadas 2000 a 2004), que fue un buen precedente del actual espacio: “Como el perro y el gato”. Además, ha publicado media docena de libros sobre animales de compañía y sus trabajos e investigaciones han merecido el reconocimiento de la Real Sociedad Canina de España.
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ES EN ESTOS CASOS CUANDO UNO SE DA CUENTA, QUE SOLO EL SER HUMANO ES CAPAZ DE LAS MAYORES CRUELDADES, Y LO PEOR DE TODO ES QUE NUESTRO SENTIDO DE LA SOLIDARIDAD Y DE LA COMPASION CADA VEZ ESTA MAS MERMADO.SOLO ME CONSUELA PENSAR QUE TODAVIA QUEDAMOS GENTE QUE PESE A TENERLO TODO EN CONTRA NO PERDEMOS LA ESPERANZA Y QUE UN DIA NO MUY LEJANO TODO ESTO CAMBIE.UN SALUDO Y UN ABRAZO MUY FUERTE