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VOLUNTARIADO ATRESMEDIA

TRES A CAMBOYA, el blog
PONIENDO SERIES

The Leftovers: la redención de Lindelof

The Leftovers es una de las series revelación de la temporada. Uno de esos productos que se cuelan en el cerebro inesperadamente. Un prodigio técnico, un guión sólido, una interpretación sorprendente… cualquier elogio es poco para una de esas producciones que dan mucho más de lo que prometen… a pesar de contar con una importante lacra: su creador, Damon Lindelof.

The Leftovers The Leftovers | Foto: HBO

Pablo del Amo  |  Madrid  | Actualizado el 16/09/2014 a las 18:45 horas

Asociación de Damnificados por Lindelof

Uno no se enfrenta a un nuevo proyecto de Damon Lindelof sin tener en cuenta dos bofetadas antológicas. La primera y más sonora, el capítulo final de Lost. Una bofetada mundial sincronizada que se oyó en los confines del Sistema Solar.

En el terreno cinematográfico, tampoco ha logrado brillar. Desaprovechó una divertida premisa en un libreto plano y sin humor (el equivocadísimo casting no ayudó) en la decepcionante y sorprendentemente convencional Cowboys VS Aliens. Metió mano – y ahí hubo muchas manos, no todas buenas – en la correcta pero insulsa Guerra Mundial Z.

Y la que nos hizo darnos una segunda bofetada de resonancias cósmicas, Prometheus, la vuelta del Alien de la mano de Ridley Scott (otro que merece colleja ya desde finales de los 80). En esta precuela disfrazada de que no es una precuela , toda la culpa es del guión perpetrado – sí, perpetrado – por Lindelof. Un horror de principio a fin. Una bofetada tras otra, una paliza en toda regla.

Por tanto, asociar el nombre de Lindelof a una nueva producción televisiva no tiene el reclamo de antaño, al menos para unos cuantos que aún levantamos el puño al aire mascullando su nombre.

Damon LindelofEl infame Lindelof | Foto: Damon Lindelof

Afortunadamente (o no), uno no necesita mucho para sentirse atraído ante el género fantástico y la premisa de The Leftovers era lo suficientemente atractiva como para llamar mi atención. Además, venía avalada por HBO y componía el estupendo Max Richter, fichado desde su estimulante score para The last days of Mars, pasando por Shutter Island y culminando en una partitura estupenda para la curiosa The Congress. Suficiente para alguien tan poco exigente… a priori.

Una nueva oportunidad

Un suceso fantástico, la desaparición del 2% de la población mundial, es el detonante. Un buen comienzo, misterioso, rodado con solvencia, elegante, sin efectismos innecesarios. Y la primera sorpresa es que nos trasladamos tres años después del incidente. Es un salto temporal inesperado, pues rápidamente entiendes que se van a vivir esos primeros días, semanas, meses de desconcierto en off.

Así, ya en sus primeros minutos, asistimos a un ambiente extraño, a unos personajes ambiguos que esconden algo en su mirada, en sus palabras, en su forma de moverse… Y es que no ha vuelto a ocurrir nada extraño, nada desde esa desaparición. Lo que estamos viendo son las consecuencias con las que están tratando de lidiar los leftovers, las sobras, los que se sienten abandonados, menospreciados, heridos, indefensos, asustados.

The LeftoversSectas absurdas, terroríficas e impensables, como los Guilty Remnant, proliferan en el nuevo orden mundial. | Foto: The Leftovers

El piloto despliega a unos personajes que han convivido con la pérdida de seres queridos durante tres años sin saber exactamente qué les ha pasado. Y el espectador tampoco lo sabe. Ni lo sabrá. Porque en The Leftovers nadie investiga el misterio, no hay respuestas ni se buscan, no es una serie fantástica al uso. Las consecuencias de una premisa potente se bastan y se sobran para mantenernos pegados a la pantalla.

Y en esa pantalla se está desarrollando un drama humano. Terrenal, real. La atmósfera de misterio es el resultado de lo que esconden los personajes, unos personajes huraños que arrastran los pies y sujetan una carga interna que se desvela despacio, masticada lenta y concienzudamente ante un espectador que, como ellos, no entiende nada.

Y es que el espectador está tan perdido como la mirada de esos personajes. No es un defecto, es un efecto. Esa desazón, ese no comprender nada, es la esencia de la serie. Es lo que te atrapa durante los dos primeros capítulos en los que compartes con los personajes sus emociones, su desamparo y su desconcierto. No entiendes muy bien qué haces viendo esta serie – qué hacen los personajes viviendo su vida -, pero hay algo hipnótico en ella. Quizá la interpretación de todo su elenco, quizá la pausada realización, quizá la partitura mágica de Richter… Quizá TODO. ¡Y sin entender nada!

Y entonces, llega el tercer capítulo. Un monográfico del reverendo Jamison, brillantemente interpretado por Christopher Eccleston. Este tercer capítulo es el de la hora de la verdad, es la prueba de fuego al espectador, un cambio de estructura inesperado para dedicarle sesenta minutos a un personaje secundario… Pero qué personaje y qué sesenta minutos. Tras esta excelente experiencia audiovisual, la decisión de continuar o no con la nueva apuesta de Lindelof ya está tomada. O has entrado en el juego, en el drama, o no has entrado. A partir de este capítulo, la serie te tiene en sus redes.

The LeftoversEl reverendo Jamison y el sheriff Garvey, con cara de no entender nada. | Foto: The Leftovers

Ficción adulta y pretensión

The Leftovers se despliega como la vida misma, con sus misterios, sus pequeñas alegrías, sus momentos de desconcierto y un surrealismo atroz. Es un producto desconcertante. Y pretencioso. Y adulto.

No es una serie cómoda, no puedes permitirte despegar la vista de la pantalla. No porque vayas a perderte una información vital… sino porque te sales de la experiencia, porque dejas de sentir, porque no puedes evitarlo.

The LeftoversNora sabe cómo lidiar con los Guilty Remnant. | Foto: The Leftovers

Es desconcertante porque no responde a las preguntas normales. La mayoría, ni las responde. Y no importa en absoluto.

Es pretenciosa, por supuesto, porque desarrolla temas profundos como la soledad, la culpa, la ira, la tristeza, el dolor y el amor. Y, de vez en cuando, un poco de pretensión nos viene bien.

Es adulta, porque trata al espectador como a alguien inteligente, sin caer en trampas narrativas, sin recurrir a tópicos, sin facilitar entender cada punto de la trama. Pon tus sentidos y tu cerebro a trabajar, rellena los huecos, imagina qué ha ocurrido, piensa si lo que estás viendo es real. Piensa, especialmente.

Una serie atípica, envuelta en un  halo de misterio, de verdad, de oscuridad y de luz, de altibajos. Una gozada sensorial, un espectáculo de emociones.

Una nueva oportunidad a Lindelof.

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