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VOLUNTARIADO ATRESMEDIA

TRES A CAMBOYA, el blog
PONIENDO SERIES

Slow TV

¿Tiene hueco el movimiento Slow en la pequeña pantalla? ¿Puede la filosofía del “vivir lento”, cuyo logo es un caracol sonriente, ofrecer algo a la acelerada y despiadada escena televisiva? Uno diría que no, pero eso es probablemente porque no había pensado en Noruega. Un país que ha conseguido que la gente pague impuestos sin queja (emoticono de incredulidad), ¡y que además los gasta con sentido! (mismo emoticono x 1000); que ha popularizado el ajedrez como el deporte número uno; o que tiene el precio del petróleo por las nubes, pese a ser el tercer productor mundial, no es un sitio común. Y la TV no se iba a quedar al margen.

Slow TV Slow TV | Foto: Slow TV

Bingo  |  Madrid  | Actualizado el 27/10/2015 a las 12:49 horas

La televisión pública noruega tiene en el libro Guiness de los récords una entrada por el documental más largo de la historia. 134 horitas de nada para la emisión en directo y sin cortes de la travesía entre Bergen y Tromso del popular ferry Hurtigruten. Pero lo más extraterrestre del caso es que la pieza fue un éxito de audiencia. Más de 3 millones de personas, de una población total de 5, sintonizaron en algún momento con el segundo canal de televisión para seguir el (lento) navegar del barco por la costa del país. No se trata, por increíble que parezca, de un evento único, de un caso excepcional en la parrilla noruega. De hecho, este tipo de programas han devenido formato allí. La mencionada Slow TV, que a razón de uno o dos especiales por año, asalta (con parsimonia) los ratings nacionales.

Slow TVMinuto de oro del programa documental del Guiness | Foto: Slow TV

La Slow TV tiene un germen artístico. La película experimental warholiana Sleep. En ella se mostraba sobando durante más de 5 horas a un amigo del súper artista pop. A plano fijo. Una fiesta. Los antecedentes televisivos hay que buscarlos en Gran Bretaña. Grandes aficionados al mundo ferroviario (como sabemos por Trainspotting), tuvieron la idea de grabar vídeos que, colocándose en el punto de vista del conductor, recorrieran de principio a fin las principales líneas de tren del país. La idea no tuvo el éxito esperado (quién lo iba  a decir), y no llegó a nada serio. Unos años más tarde un experimento similar trataba de hacerse un hueco, esta vez en las pantallas alemanas. La idea era la misma, grabar desde el punto de vista de un conductor un trayecto concreto (y largo a poder ser). Eso sí, en este caso el recorrido era sobre el asfalto de las imponentes carreteras teutonas, faltaba más. Bahn TV (Autopista TV) tampoco reventó el audímetro y acabó su corta vida aparcado en una cuneta (qué bien traída la analogía).

Slow TVUn referente cultureta, siempre da prestigio, y si es Warhol ya… | Foto: Slow TV

Y ya, por fin, llegamos a la plácida y extraña Noruega. Año 2009. Thomas Hellum, productor de televisión, se presentó en el despacho de sus jefes en la NRK (televisión pública), y les propuso un nuevo show. Grabar con cuatro cámaras el recorrido completo de la línea ferroviaria más popular del país, que por entonces cumplía su centenario. “Ok, ¿pero cuánto durará el programa?”, le preguntaron, “Todo el trayecto, las 7 horas”, contestó. Thomas salió de ese despacho con un encargo. No el de recoger sus cosas y dirigirse a la oficina de trabajo, sino el de preparar aquel loco programa.

La pieza en cuestión, más de siete horas de naturaleza, túneles, información sobre las localidades que se atraviesan, túneles, piezas de archivo, y más túneles, rompió los esquemas a casi todo el mundo. De los previstos 2000 espectadores potenciales (los trainspotters noruegos estimados), a más de un millón; de una iniciativa suicida, excéntrica, sin repercusión, a todo un fenómeno viral en las redes. Se generaron cientos de miles de conversaciones e intercambios entre los espectadores / pasajeros, dando lugar un evento paralelo online. Estaba claro que allí había algo.

Slow TVBonito, ¿no? Pues así, 7 horas | Foto: Slow TV

Si tienen unas 7 horitas libres, ahí tienen el programa (más de 1 millón de visionados, ojo):

Dispuestos a testar la solidez del formato (y la paciencia de su público), Hellum y el equipo prepararon su siguiente evento a lo grande. Si el primer programa había sido grabado, ahora sería en directo; si el primero duraba sólo 7 horas, ahora serían más de 5 días; antes, 4 cámaras, ahora 11; etc. etc. El resultado: tan desmesurado como su propia concepción. Además del Guiness, y los millones de espectadores, el hecho de ser en directo, echó a la calle (al fiordo, más bien) a la gente, y el recorrido se convirtió en el selfie popular más gigantesco (y extendido) de la historia. Hasta la reina del país tuvo a bien saludar a cámara.

A partir de aquí, la salud del formato quedó más que probada. Y desde entonces se han emitido especiales tan sugerentes como La Pesca del Salmón (18 horas de… eso precisamente), Noche Nacional de la leña (12 horitas de gente calentando sus hogares con leña recién talada), Salmebokka (60 horas recitando salmos), y mi favorito personal, Noche Nacional Tejiendo (que bajo el maravilloso subtitulo de “De la oveja al jersey”, ilustraba admirablemente esto en unas ajustadas 12 horas). Ni que decir tiene, que todos han sido un éxito.

Slow TVEstrellas del prime time noruego | Foto: Slow TV

Thomas Hellum visionario del Slow TV tiene algunas teorías interesantes acerca de este formato. (Muy recomendable su charla en los TED). Thomas piensa que lo que lo hace especial, distinto, es el hecho de no editar nunca, aunque el montador acabe con una úlcera. Esto potencia la sensación de estar ahí, de identificarte con algo cultural, ampliamente reconocido, y te obliga a entrar, a participar en el storytelling (clave para ello, claro, las redes sociales, donde se genera un programa paralelo al oficial). Y es aquí donde la gente de la ficción puede sacar una lectura, una potencial enseñanza: la gente necesita historias, y las busca e inventa dónde sea. ¿Tendría posibilidades un formato como este en nuestro país? De entrada, el reality es un género que gusta mucho. La duración no parece tampoco un problema (horas viendo a paisanos sin hacer nada es uno de los signos de identidad de un gran porcentaje de espectadores; si bien es verdad que aquí gusta que se aderece ese tedio con cantares de gesta genitales y broncas de mercado de extrarradio). La dificultad sería, y más en estos tiempos, encontrar ese evento cultural y compartido que junte al país delante de la televisión. ¿Alguien se anima con la idea?

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