Seguramente, se deba a su protagonista: Gregory House, jefe del Departamento de Diagnóstico del Hospital Universitario de Princeton-Plainsboro, interpretado por Hugh Laurie. El actor británico ha pasado ocho años dando vida a un médico especialista en enfermedades infecciosas, y aunque nada tiene que ver con el perfil encantador del pediatra Doug Ross de 'E.R.' (rol que lanzaría a la fama perpetua a George Clooney), ha conquistado y fidelizado a millones de espectadores. El personaje principal de este clásico televisivo, lleva bastón, cojea, tiene un problema de drogas, va llegando a los cincuenta, es brutalmente honesto, y está absolutamente obsesionado por descifrar enfermedades tan extrañas, que hacen que diagnosticarlas parezca una misión imposible.
Para House, el verdadero reto es "armar el rompecabezas", más que salvar vidas. Y no está solo para hacerlo. Se apoya en un equipo de especialistas. En las primeras temporadas lo conformaban el neurólogo Eric Foreman, el cirujano Robert Chase y la inmunóloga Allison Cameron, luego vimos cómo aparecieron y rotaron nuevos integrantes como Dr. Taub, Dra. Remy Wilde (Thirteen), Dr. Kutner, Dr. Jessica Adams y Dr. Chi Park. No importaba, el género, ni la especialidad, House los torturaba a todos continuamente, generando conflictos entre si, gastándoles bromas pesadas; logrando lo impredecible al llevarlos al extremo: sacarles el mejor desempeño posible.
Así, el "Dr. Puzzle", carece de la bondad con la que se tiende a asociar a los profesionales de la medicina: es irreverente, irónico, cínico, prescinde de cualquier forma de tacto social, rayando en la sociopatía. Está completamente convencido que todos los pacientes mienten y la clave es descubrir en qué exactamente, asunto que lo llevaba a confrontarse continuamente con la jefa del hospital Lisa Cuddy. Pero House está más allá del bien y del mal, así que se le perdona casi todo, porque sobre todas las cosas, es increíblemente brillante.
La tridimensionalidad del personaje se nutre de comportamientos auto-destructivos, como la adicción al analgésico Vicodin; el sabotaje al que somete a todas sus relaciones; a su afición por el juego y las prostitutas. Pero, por otro lado, también se alimenta de las pizcas de humanidad que aparecían, al apoyar de las formas menos convencionales a su mejor amigo -y su antítesis- el oncólogo James Wilson. De alguna forma, su insolencia resulta atractiva, casi magnética. (O quizá quien escribe debería empezar terapia psicológica al terminar de escribir este post), y es que desde 2004 la serie del Dr. Misántropo de la televisión logró cautivar y capturar la atención de más de 88 millones de espectadores alrededor del mundo, obtuvo 2 Globos de Oro como mejor actor principal en una serie dramática, y 25 nominaciones al Emmy, de las cuales logró llevarse 5 estatuillas doradas.
El 21 de mayo de 2012 se emitió el último capítulo del drama médico número 1 de FOX creado por David Shore ('Law & Order'), y en el ambiente queda una sensación de vacío, casi de luto. Ya no veremos más al doctor que es capaz de saltarse cualquier tipo de protocolo, de pasar de la ética para resolver los misteriosos y crípticos casos que llegaban a su consulta. No sabremos qué bromas de mal gusto le gastará a los colegas que dirige, o en qué lío legal se meterá a causa de alguna de sus adicciones, ni tampoco escucharemos ninguna de sus frases legendarias cargadas de humor negro. Pero para nuestro consuelo (y fortuna), siempre nos quedará revisionar la serie que cambió radicalmente el perfil del drama médico.
Cartel del final de House
House-Cast