¡A hipervitaminarse y mineralizarse!
Seguro que tu madre te las daba cuando te veía debilucho o probablemente tú mismo te las administres en determinados estados de bajón de energía. Las vitaminas son todo un mito popular de la alimentación porque, en contra de lo que suele creerse, no proporcionan gasolina a nuestro organismo. Son fundamentales para la vida, pero no tienen nada que ver con las calorías que nos ayudan a funcionar.
Su labor es, sin duda, más compleja. Consiguen poner a punto todos los procesos metabólicos del organismo, colaboran a mejorar el estado de nuestras células y, en definitiva, contribuyen a elevar nuestro estado de salud al favorecer una mayor absorción de los nutrientes (esto, a grandes rasgos, que yo no soy bioquímico ni mucho menos). Lo que sí que os puedo asegurar es que la mayoría de ellas no las puede sintetizar el organismo, por eso tenemos que obtenerlas de la alimentación. Y siempre es mejor proveerse de ellas naturalmente que mediante pastillas. No porque las pastillas sean malas, que yo estoy superafavor, simplemente, porque los alimentos saben mucho mejor.
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