Palabros dietéticos: los alimentos funcionales
La verdad es que últimamente parece que hay que hacer un doctorado para ir a la compra: L Casei, omega 3, bífidus, prebiótico, carnitina…
Son nombres que nos suenan mucho, de la publicidad y de verlos impresos
en los envases de los productos del supermercado, pero que a veces no
sabemos ni lo que significan.
Y en parte de eso se aprovecha la industria alimentaria. Todo lo
que suena a sano, o lo parece al menos, para nosotros es como si lo
fuera. Son los productos enriquecidos o, como se conocen en argot dietético, los alimentos funcionales.
Una lanza por el aceite de girasol
¡Menuda la que se ha montado! Después de la alarma que se produjo hace unos días, parece que las aguas vuelven a su cauce y Sanidad da luz verde al consumo de este aceite de semillas que se utiliza en la cocina, sobre todo, para freír.
¡Descuiden los productores de este magnífico alimento! Pasadas unas semanas, otro artículo se convertirá en la bestia negra de los telediarios y los consumidores lanzarán sus maldiciones hacia otro lado: ¿cuál será el próximo? Lo que me sorprende es que, a cuenta del aceite de girasol, en tertulias de café mañanero o caña vespertina en mano, la gente se apresure a decir, ufana y orgullosa: a mí eso no me pasa porque yo uso aceite de oliva.
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