Verdades y mentiras nutricionales
El café deshidrata. Vale, todo el mundo sabe que, después de un café, apetece mucho un vaso de agua, pero también pasa lo mismo cuando te comes un sobao, y no por eso decimos que los sobaos deshidratan. Recientes estudios han demostrado que, no sólo no deshidrata, sino que, en su justa medida, es ideal para activar el organismo tras un sueño reparador y que sus efectos negativos sobre la salud cardiovascular son mucho menores de lo que nos habían dicho. ¡Qué manía con asustarnos por todo!
La barriga cervecera. Van a darse cuenta pronto de que soy un poco pesado con el tema, pero es que soy tan fan de la cerveza que no podemos dejar de gritar a los cuatro vientos todos sus beneficios. Por ejemplo, una caña engorda mucho menos que cualquier refresco: ¿por qué no hablan de "la barriga cocacolera"? Apenas 50 calorías, y una sin, unas 20. En cantidades moderadas (los expertos recomiendan que lo ideal para hombres es beber 500 ml. diarios y 250 ml. para las mujeres -qué suerte tenemos los chicos-), es una fuente excelente de antioxidantes, minerales, ácido fólico y vitaminas del grupo B. Por si fuera poco, reduce el colesterol malo y previene la osteoporosis.
La fibra sirve para ir al baño. Sí, pero no. La fibra dietética es todo aquel elemento vegetal que nuestro organismo no puede digerir. Por ejemplo, la piel de la fruta o de las legumbres, las pepitas de los higos y las fresas, las hebras de los espárragos o de las judías verdes, las cáscaras de los cereales... La fibra hidrata el tránsito intestinal, lo que sirve, no para aumentar las visitas al WC, sino para regularizarlas. Y de paso, gracias a una dieta rica en fibra, reducimos el riesgo de padecer estreñimiento, obesidad y diabetes. Investigaciones recientes apuntan a que puede prevenir el cáncer de colon, aunque aún es pronto para asegurarlo.
La fruta, de postre, engorda. Otra mentira, y gorda. La fruta tiene el mismo valor energético te la comas antes de comer, después, o entre plato y plato. Recordemos que el tomate, el aguacate o las aceitunas son también frutas y con ellas no se hacen estas distinciones. El único motivo por el que los dietistas recomiendan tomarla antes de comer es porque así comes menos: al ser poco calórica y tener mucha fibra, nos llena y sacia, evitando atracones. Comerla entre horas suele ser lo más aconsejado porque es un excelente (y ligero) tentempié y se aprovechan más sus vitaminas. Se suele decir que las frutas, al consumirlas después de comer, fermentan en el estomágo; un debate del que podemos hablar otro día largamente, ya que hay teorías para todos los gustos. En todo caso, pueden resultar indigestas para personas con el estómago delicado.
Después de la leche, nada eches. Creencia popular sin base científica que nos asegura que si tomamos algo después de la leche, ésta sienta mal. ¿Habéis visto en las pelis y series americanas a los chavales comiendo y cenando con leche? Si el refrán fuese cierto, los jóvenes estadounidenses estarían muriéndose de cólicos a diario y no es así. El orden de los factores no altera el producto; simplemente se trata de una cuestión cultural, como la de comer fruta de postre.
El huevo crudo alimenta más. Este mito de los deportistas que se beben nosecuantos huevos crudos porque así creen que estarán más sanos y más nutridos de cara al ejercicio físico es una chorrada que no tiene ningún fundamento. De hecho, los huevos crudos se digieren peor que los cocinados: en los primeros se aprovecha alrededor del 50% de los nutrientes, frente al 92% de los cocinados. Por no hablar del asco que dan los huevos crudos...

