Una lanza por el aceite de girasol
¡Menuda la que se ha montado! Después de la alarma que se produjo hace unos días, parece que las aguas vuelven a su cauce y Sanidad da luz verde al consumo de este aceite de semillas que se utiliza en la cocina, sobre todo, para freír.
¡Descuiden los productores de este magnífico alimento! Pasadas unas semanas, otro artículo se convertirá en la bestia negra de los telediarios y los consumidores lanzarán sus maldiciones hacia otro lado: ¿cuál será el próximo? Lo que me sorprende es que, a cuenta del aceite de girasol, en tertulias de café mañanero o caña vespertina en mano, la gente se apresure a decir, ufana y orgullosa: a mí eso no me pasa porque yo uso aceite de oliva.
Miren ustedes, a mí estas cosas me ofenden. Para empezar porque no se trata de ningún sustitutivo: en alimentación cada producto tiene valor por sí mismo, nutricional y organolépticamente (sabor, olor, textura…). El aceite de girasol, aunque haya gente que, por sus recursos económicos, no pueda comprar otro, no tiene por qué desaparecer de las despensas sólo porque podamos permitirnos un aceite más caro. En realidad, se trata de alimentos complementarios: en cada plato o cada boca, cada aceite tiene su valor, independientemente del precio que le den en el súper.
El aceite de girasol es un excelente alimento, saludable y delicioso, que se extrae de las pipas y de cuyo cultivo se obtiene una de las estampas más bonitas de la Península Ibérica: los grandes campos cuajados del amarillo de las flores de girasol.
Pero romanticismos aparte, al tratarse de una grasa procedente de las semillas, como el maíz o la soja, su valor nutricional es elevado. De aquí nuestro cuerpo obtiene los cardiosaludables omega 3 y omega 6, que reducen la viscosidad de la sangre y controlan la tensión arterial. Además, el aceite de girasol es una fuente excelente de vitamina E, que nos protege del envejecimiento celular como buen antioxidante que es. Eso sí, siempre en crudo. Y cuanto menos refinado esté, mejor, porque mantendrá intactos los beneficios de la semilla del girasol. En ensaladas, por ejemplo, sorprende… para bien.
Y cuidado al freír ya que, al contrario que el aceite de oliva, no resiste las altas temperaturas y se oxida fácilmente, perdiendo sus cualidades saludables y transformándose sus grasas de poliinsaturas en saturadas (como las de la grasa animal). A pesar de ello, muchas personas siguen prefiriendo freír con girasol porque no afecta al sabor de los alimentos, al contrario de lo que sucede con el aceite de oliva.
Y es que muchas veces, lo barato no es peor, simplemente distinto. ¡Y ahora disfruten del girasol y por muchos años!


jo, a ver si actualizáis. ahora que empieza la "operación culo" vienen fenomenal los consejos de nutrición.,,