Las misteriosas grasas vegetales
Frase lapidaria: la falta de tiempo es una de las causas principales de los problemas alimenticios de nuestros días. Y no es por echar balones fuera. Largas jornadas laborales, cursos y clases, labores domésticas, cuidar de la familia, recados y compras, y los siempre recurrentes compromisos sociales muchas veces obligan a desayunar en el curro, comer de menú y cenar cualquier cosa. Vamos, "el ABC de la dieta moderna".
Hoy nos centramos en los alimentos precocinados y los productos envasados, que a menudo nos salvan de la inanición tras una larga y estresante jornada laboral, pero que también son culpables de los malos hábitos dietéticos de la mayor parte de la población. Ya sabes que optar por los productos frescos y cocinar tú los alimentos siempre será más sano y equilibrado que dejar que otros lo hagan por nosotros.
Por eso, cuando vayamos al supermercado, que siempre nos tienta con deliciosas y sugerentes ofertas, hemos de estar alerta y leer con cuidado la composición de los alimentos manufacturados. Y especialmente averiguar qué se esconde bajo ese ambiguo ingrediente llamado grasa vegetal.
Está muy extendida la idea de que las grasas vegetales son buenas y sanas. En su justa medida, por supuesto que sí. Sin embargo, no son todas iguales. El aceite de oliva es la mejor, porque nos ayuda a controlar el nivel de colesterol; le seguirían los aceites de semillas como el de girasol o maíz, también cardiosaludables porque que bajan la tensión arterial. Eso sí, siempre en crudo. Cuando se calientan, especialmente los de semillas, se oxidan y se saturan, perdiendo sus beneficios y propiedades.
En el capítulo de aceites vegetales menos saludables se incluyen aceites como los de palma o coco, que tienen grasas saturadas como las de la mantequilla o el tocino. En resumen, totalmente prescindibles en una dieta equilibrada.
Pero los peores son, sin duda, los aceites vegetales hidrogenados o parcialmente hidrogenados (también llamados trans), habituales en la industria alimentaria, que favorecen la conservación de los productos y consiguen una untuosidad y sabor únicos gracias a un proceso industrial complejísimo. ¿Cuál es el precio que pagamos por ese sabor inigualable? Grasa saturada, colesterol y desconocidos efectos a largo plazo en nuestro organismo. Y no es por alarmar, es cuestión de desconfianza. ¿Alguien nos puede arrojar algo de luz sobre este asunto?
A la hora de mirar la etiqueta (especial atención a la bollería y panadería industrial, margarinas y productos precocinados), asegúrate de que te explican la procedencia de los aceites vegetales: de oliva, de girasol o de maíz serían las mejores opciones. ¡Desconfía de la denominación genérica de aceites vegetales, ya que suelen esconder grasas saturadas perjudiciales para la salud!

