La Antidieta es una dieta
El lunes decidí unirme a las hordas de pobres mortales dispuestos a poner a prueba su cuerpo y su mente con la 'operación bikini'. Ya sé que yo mismo desechaba la posibilidad hace dos semanas, pero una amiga me recomendó una dieta que desconocía y no me pude resistir convertirme en cobaya y probarla en mis propias carnes, nunca mejor dicho.
Así se llama: Antidieta. Divulgada en Estados Unidos por Harvey y Marilyn Diamond en los años 80, se puede incluir dentro de ese grupo heterogéneo que llamamos dietas disociadas. Para los profanos, la disociación se fundamenta en la existencia de grupos de alimentos que no se pueden combinar porque entorpecemos el proceso de digestión: ni asimilamos todos los nutrientes ni eliminamos las toxinas que nos hacen engordar, como las grasas.
Desconozco el fundamento científico de este sistema, porque no soy médico, pero el caso es que la disociación está bastante extendida entre los obsesionados con el peso y la comida entre los que me encuentro. Famosos regímenes como los de Montignac o Atkins prohíben mezclar en un mismo plato hidratos de carbono (arroz, patatas, pasta, legumbre, cereales, pan) con proteínas (carne, pescado, huevo, lácteos).
La Antidieta también lo prohíbe, pero exige, además, que no se mezclen dos alimentos del mismo grupo en un mismo plato. Por ejemplo, una tortilla de jamón (ambos productos son proteínas). ¿Qué nos queda entonces? Mezclar con verduras y vegetales, cuanto más crudos mejor. Ensalada con filete de ternera, pasta con champiñones, tortilla de espinacas, ensalada de patata, un sándwich vegetal, pescado con verduras rehogadas o revuelto de ajetes serían platos aptos.
Pero lo característico de este sistema no es la combinación, que también. Son las etapas en las que el cuerpo digiere los alimentos:
1- Etapa de depuración: es el momento de eliminación de toxinas, por eso sólo se puede ingerir fruta (la que quieras) desde la noche hasta las 13 horas.
2- Etapa de digestión: hasta las 19 horas podemos comer lo que queramos, siempre sin mezclar grupos de alimentos, aunque se recomiendan ensaladas y sopas.
3- Etapa de asimilación: en este momento desaparecen las limitaciones, pero siempre combinando adecuadamente.
Lo bueno es que no hay restricciones de cantidad y que, a lo tonto, te hinchas a comer fruta y verdura, así que en principio parece bastante saludable. Entre horas puedes tomar toda la fruta que quieras o algún yogur desnatado. Por supuesto, prohibidos los dulces, los fritos, los bollos, en fin, todo lo que engorda de toda la vida. Aunque nos la venden como una forma de comer saludable, no como una dieta, no deja ser un método bastante tedioso a la hora de preparar la comida o elegir un menú en un restaurante. Vamos, que no me quito de la cabeza la sensación de "estar a dieta". Y ése es un mal principio.
De momento, no he perdido demasiado peso, lógico, pero me siento bien y más ligero. Por cierto, no hagan esto en sus casas: consulten siempre con su médico, que no quiero que Sanidad me cierre el blog. Seguiremos informando.


Me choca un poco porque tengo metido en la cabeza que lo más sano es desayunar en abundancia y acabar el día con una cena ligera (por eso de que cuando nos vamos a la cama dejamos de quemar calorías). Pero la verdad es que a última hora el cuerpo me pide cenar algo contundente. Así que... ¡viva la asimilación!