Tras estos días de reuniones familiares y fiestas alrededor de una mesa, sólo escucho quejas de lo mucho que se ha comido. Son especialmente llamativas las expresiones del tipo: "Si no tenía hambre pero viendo esas bandejas de dulce o esos aperitivos tan ricos es inevitable". ¿De dónde viene ese comer por comer? Claramente esos alimentos no satisfacen una necesidad del organismo entonces qué es, deseo, apetito, ganas de.
Hace unos días pude asistir a una charla del equipo de nutricionistas y psicólogos de Método Thinking sobre la diferencia entre el hambre y el apetito. Generalmente en los casos de sobrepeso no hay más misterio que el comer de más, si bien muchos de los afectados no lo ven o no son capaces de reconocerlo.
Uno de los motivos es que no se come sólamente cuando el cuerpo lo necesita, es decir cuando tenemos hambre. A veces hay emociones que nos provocan sensaciones que se confunden con el hambre o que se gestionan erróneamente a través de la comida. No será la primera ni la última vez que escuchemos a gente decir que atraca la nevera cuando está aburrido o para evitar enfrentarse a un problema o a los libros cuando hay que estudiar. Otro causa, como sucede en estas fechas, es el estar constantemente expuesto a alimentos que nos gustan, son muy apetecibles y los comemos a pesar de no tener hambre. Cuando se come por apetito lo que se satisface es el deseo de comer algo únicamente por placer.
Saber diferenciar entre hambre y apetito e identificar perfectamente lo que sentimos es el primer paso para atajar el problema del sobrepeso. El hambre es una reacción de nuestro cuerpo para que podamos cubrir una necesidad fisiológica y consumamos los nutrientes necesarios para vivir, ni más ni menos. Dicho así suena muy frío pero es lo que es. Cuando tenemos hambre comienza en nuestro cuerpo un proceso que se traduce en señales físicas como la contracción del estómago. Para identificar que esas señales sean de hambre y no de deseo lo ideal es llevar una alimentación ordenada y rutinaria. Lo ideal es hacer cinco comidas: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena y, en cualquier cosa, que no pasen entre las comidas menos de dos horas y media ni más de cuatro. Por lo tanto si creemos que sentimos hambre sólo hay que pensar cuánto tiempo ha pasado desde la última comida, si la respuesta es casi tres horas es posible que tengamos hambre; si sólo hace media hora o una hora que hemos comido y nos apetece un capricho se trata simplemente de deseo.
Otras diferencias son que el apetito es selectivo, aparece en situaciones de estrés, no genera sensación de saciedad, exige una satisfacción inmediata y el no satisfacerlo a veces genera ansiedad. El hambre sin embargo surge de forma gradual, no necesita ser satisfecha inmediatamente, al comer uno se siente saciado y no va unido a situaciones de estrés o ansiedad.
Otro concepto que surge a raiz de estos dos es el de la saciedad y es también muy importante. Cuando se tiene hambre y se come apróximadamente a los 15 ó 20 minutos de la ingesta de alimentos el cerebro envía la señales de saciedad para indicar que los nutrientes han cumplido su función. Por eso es tan importante no comer rápido, ya que si se come en menos de 15 minutos el cuerpo no recibirá la señal de saciedad y seguiremos sintiendo hambre, a pesar de haber comido, lo que se traducirá en comer de más.
Cuando se tiene hambre se come cualquier cosa.