Directamente desde Alemania nos cogimos un avión rumbo Budapest. A pesar de que ya llevamos 10 grandes premios a nuestras espaldas, yo me vine encantada porque es una de esas ciudades que nunca me cansaré de visitar. Y eso que junto con París, creo que es el destino europeo (e internacional) en el que más veces he estado. Pero Budapest es tan bonita que por algo la llaman 'la Reina del Danubio'.
Cuando voy a pasar unos días 'extra' en alguna ciudad intento que la habitación no sea la peor del hotel. Será mi oficina improvisada durantes unos días, así que cuanto más agradable, mejor.
Pues como no, cuando llegué el lunes, la habitación que me dieron estaba justamente en la planta de fumadores. Se abrió la puerta del ascensor y casi me tumba el olor a tabacazo. Ni salí al pasillo. Pulsé el botón 0 y me fui directa a recepción. Nuevo intento. Planta 5. Abro la puerta, miro el baño (mampara, bien), cama bastante grande, me asomo a la ventana y...
¡HORROR! No pido vistas al Danubio, pero tampoco a una corrala de vecinos porque la habitación daba al interior del hotel, a una especie de patio interior orientado al hall, y todo lo que hiciera con la luz encendida sería detenidamente observado por los viajeros de enfrente. Bajo de nuevo a recepción y mi tono tuvo que ser lo suficientemente serio como para que me dieran las mejores vistas. Si es que 'quien no llora, no mama'.
Feliz, me fui a dar una vuelta por Budapest. Estamos al lado del Parlamento, que si ya es alucinante de día, de noche lucía como si de un castillo encantado se tratara. Pasear por esta ciudad es como si lo hicieses por un cuento de hadas. Y yo me sentía, me siento, como una princesa.
Cada edificio de esta ciudad es un monumento. Me detengo a contemplarlos y pienso "quién vivirá ahí" (me lo pregunto siempre que admiro una casa). La mitad de los coches que veo por la ciudad necesitarían un 'Plan Renove' urgente. Aunque también ves algunas reliquias maravillosas. Por cierto, ¿alguien sabe qué coche es éste al que un paisano me dejó subir muy amablemente?
La gente aquí además de amable tiene fama de ser 'guapa', sobre todo las mujeres. Y doy fe. De cada 10, una es guapa. Aunque bien es cierto que alguna podría ser española porque, como no, esto está plagado de españoles. En cualquier caso, Budapest es el paraíso de los hombres.
Pero si alguien tiene una belleza extrema aquí, ése es el Danubio. La primera vez que vine, hace unos 10 años, quedé totalmente hechizada con la magia de este río. Los puentes que lo cruzan son fascinantes y las edificaciones que ves a cada orilla son como para estar días enteros contemplándolas.
Así que decidí irme a correr por una isla en medio del Danubio, Margitsziget, e iba feliz, hipnotizada por la magia del río. Bueno, mentira. El primer día (he ido dos) casi me da una lipotimia porque fui a correr a la una de la tarde con 30 grados. Por eso, cuando vi esta 'guagua' navegando como si nada pensé que estaba empezando a tener alucinaciones.
Pero no, en Budapest casi todo es posible, es una ciudad con magia que te hechiza y te conquista desde el primer momento. Por eso la llaman 'la Reina del Danubio'.