El sitio se llama Lago Sacacomie, está en Québec a unas 2 horas en coche de Montreal. El viaje en carretera ya fue alucinante encontrándonos con vehículos de lo más extraños, aunque es cierto que la mayor parte del viaje lo hicimos por larguísimas carreteras desiertas rodeadas de bosques y lagos.
Al llegar a nuestro destino, me quedé con la boca abierta. El hotel completamente de madera está construido con tal gusto que embellece incluso el paisaje. La habitación es de esas en las que te dan ganas de quedarte encerrada durante días y no salir. Y las vistas, sin palabras... Os dejo dos fotos, una de día y otra de anocheciendo para que juzguéis...
Por supuesto que salí del hotel, esos bosques y ese lago había que explorarlo. Pero el primer día pagué la novatada. Estar al lado de un lago tiene un problema: ¡¡¡LOS MOSQUITOS!!! ¡Se quedaron a gusto los condenados! Con deciros que las dos primeras noches no pude dormir bien del picor... En fin, el resto de días ya me encargué de embadurnarme de repelente. Y a parte de mosquitos, tengo que confesar que no vi ni osos ni ciervos; pero sí muchísimas ardillas de lo más acostumbradas al ser humano y castores.
Viajes en quad por el bosque, en canoa por el lago, paseos, lectura (me devoré 'La catedral del mar' que había llevado casi virgen y son 600 páginas)... Y un vuelo en hidroavión que no fue fácil. Como no, el día que habíamos reservado se levantó un temporal de viento interesante (Murphy, ya saben).
Preguntamos al piloto si era seguro volar y súper convencido dijo que sí. Pues bien, no pude hacer muchas fotos desde el aire porque casi hecho la comida de mi primera comunión... ¡Cómo se mueven esos bichos! Me río yo de las turbulencias en vuelos comerciales.... Pero valió la pena por las vistas y por vivir mi primer amerizaje. La verdad es que impacta aterrizar en el agua.
Ha sido una semana alucinante. Y lo mejor, es que vengo cargada de energías para Valencia. ¡Qué ganas de estar ya ahí y de que empiece todo!