Quizás se deba a que me acuesto con el estómago lleno hasta los topes. Eso es lo normal en semana de Gran Premio (cenar tarde y mucho), pero aquí especialmente porque la comida es muy americana, muy grasienta. Para prueba el desayuno que nos sirven en el hotel. No es buffet, no puedes elegir, sino que ellos te traen un platazo lleno de colesterol hasta los topes con huevos revueltos, bacon, patatas fritas, fruta (para compensar será) y dos tostadas bien untadas con mantequilla ya de fábrica.
Y es que Montreal es así, muy americano. La primera vez que vine me llevé una pequeñita desilusión porque pensé que sería mucho más... canadiense... Me explico: más salvaje y lleno de vegetación donde el oso Yogi te podía aparecer en cualquier esquina. Es lo que tiene la ignorancia porque la ciudad no deja de ser eso, una gran ciudad con grandes edificios, muchísimas tiendas y, eso sí, un ambiente que ya le gustaría a muchas. El tráfico humano por la calle en semana de Gran Premio es propio de la M30 en hora punta y hay fiesta en cada esquina. En esta ciudad es imposible pasarlo mal, pero hay que venir con dinero porque una cenita de lo más normal no te baja de 30 euros.
Lo que yo esperaba de Montreal lo encontré en el circuito Gilles Villeneuve. Está en medio de la isla de Notre Dame a unos 6 kilómetros del centro y es pura vegetación. Ya el TV Compound (donde están las teles) parece el parque de Jellystone donde nuestro lugar de trabajo es este módulo de maderita por dentro. El problema es que, como la isla está llena de ríos, es muy difícil moverse y el paddock está a unos 20 minutos de distancia.
En el carrito de golf que nos lleva al paddock | Foto: Nira JuancoEso implica que cuando sales por la mañana del 'TV' (así le llamamos para abreviar) tienes que llevarte absolutamente todo contigo porque si se te olvida algo y tienes que volver estás muerto. Y el viaje implica primero coger un barquito que te lleva unos 7 minutos de travesía por el río; luego un tramo a pie que es complicado porque te juntas con todos los aficionados; y por último, una vez que has cruzado un puente, te subes a un carrito de golf que te lleva hasta la puerta del paddock. Parece divertido y el paisaje es realmente bonito, pero cuando vas con prisas, como suele ser habitual , pues qué quieres que te diga...
Pero lo que me trae de cabeza en esta ciudad es el tiempo. No lo entiendo. Sí, ya sé que la meteorología no es lo mío, pero aquí es mucho peor. Puedes pasar de 28 grados y un sol radiante a 18 y una lluvia torrencial en cuestión de minutos. Es lo que pasó ayer. No hacía 28 grados, pero de repente empezó a caer una tromba de agua que parecía que alguien se había dejado el grifo abierto. Nos cogió a mi y a los dos cámaras, Alvarito y Marcelo, a la puerta de Ferrari y en sólo 1 minutos, lo que tardamos en ponernos a cubierto, terminamos calados hasta los huesos. Menos mal que tardamos poco en irnos al hotel y darnos una buena ducha de agua caliente... Pero bueno, forma parte del encanto de esta ciudad. Que nunca sabes lo que te vas a encontrar.
Así que a ver qué nos depara la clasificación hoy... ¡Vamooosss!