Esa niña se fue encantada a visitar a su tía y a sus primitas. Pero al llegar a Montecarlo, su vida cambió. Se encontró con una pequeña ciudad encantada que parecía una montaña rusa gigante con subidas y bajadas imposibles por las que circulaban coches que parecían sacados de películas. Con boutiques y tiendas que no olvidará nunca porque cuando entraba en ellas la trataban como a Julia Roberts en 'Pretty woman' (si bien es cierto que por entonces esa película aún ni existía). Las veces que fue a buscar a sus primas al colegio se cruzó con Andrea, Pierre y Carlota Casigari ¡porque estudiaban en el mismo centro! Por no mencionar las historias de persecución de paparazzies a su tía porque cierto es que por aquel entonces era clavadita a Carolina de Mónaco y la confundían.
Fueron días de ensueño, de cuento de princesas y cuando la niña regresó a su casa ya nunca volvió a ser la misma (o eso se ha cansado de repetirle su padre). Esa niña se llamaba Nira y sí, era yo. Todo lo que cuento es verdad, me quedé deslumbrada con esa ciudad de lujo y glamour. Como digo, desde entonces mi padre dice que sufro 'El síndrome de Mónaco', que me 'apijotaron'. Yo no estoy de acuerdo, jejeje. Simplemente era una niña y me dejé impresionar.
Siempre que vuelvo a esta ciudad mi relación con ella es de amor y odio. Amor porque cierto es que es especial, única, y que me lo he pasado genial como puede verse en las fotos que os dejo de años anteriores. Lo otro no lo llamaría odio, sino... desencanto. Desencanto porque no termino de encajar aquí, con todo este lujo, ni siquiera cuando he viajado con la F1. La gente se piensa que venimos a todo trapo, a hoteles 5 estrellas en el centro de Mónaco. ¡De eso nada! La prensa suele alojarse en los pueblos cercanos. El nuestro, Menton, está a unos 20 kilómetros y tardamos más de una hora en entrar y salir todos los días.
Esto es lo que quiero mostraros estos días. El lado glamoroso y el 'no tanto' de la F1.