Lo primero que hicimos fue visitar un templo budista que teníamos a la vuelta del nuevo hotel. De camino nos encontramos con esta exposición de 'transformers' ambientada con música de guerra no sé si para irnos preparando para lo que nos espera en Bahrein. Ya dentro del templo, paz absoluta. Intenté pedir un deseo quemando incienso como hacían todos los chinos ¡y casi me quemo enterita! Parecía todo muy bucólico con los monjes budistas paseando por los pasillos del edificio hasta que vi a uno con un IPhone y se me vino abajo el romanticismo del momento.
De ahí nos fuimos al Bund, la zona de edificios coloniales junto al río Huang Pu. Las vistas son alucinantes, con todos los rascacielos de la zona financiera en frente. Me llamó la atención que no vi ni a un sólo chino corriendo por el paseo junto al río. De hecho, nunca he visto a un chino haciendo ejercicio en Shanghai mientras que en cualquier otra ciudad con semejante paseo estaría atestado de deportistas. ¿Será por la polución? No sé... Decidimos quedarnos a comer ahí, las vistas bien lo merecían. Y ahí estábamos los periodistas españoles que aún quedamos en Shanghai: Antonio, Jacobo y yo, más Jaime Rodríguez de El Mundo, Carlos Miquel de La Cope y La Gaceta y Manuel Franco de As. No, no fuimos un restaurante chino. Eso ya lo intentamos el lunes por la noche y alguno, como Antonio, se fue con mucha hambre a la cama. Así que esta vez tocó comodín, sitio de sandwich y listos.
Almorzando en Shanghai | Foto: Nira JuancoLuego fuimos hasta la zona financiera. El paseo fue curioso. Ropa colgada de los cables de la luz; una niña china tocando un instrumento tradicional en plena calle, y muy bien por cierto; un hombre arrodillado echándose una siesta a la entrada de una tienda de lujo, porque os juro que estaba dormido; una tienda de venta de piedras... ¡Alucinante!
Ropa colgada de cables de electricidad | Foto: Nira JuancoComo las vistas desde lo más alto del edificio Jinmao, el que se parece al Empire State. Tiene una historia muy curiosa que me contó mi amigo Manuel Franco. Mide 420 metros y pretendía ser el edificio más alto de Shanghai. Lo fue hasta que vinieron los japoneses y construyeron un edificio al lado más alto. Este edificio japonés tiene forma de abrelatas y así lo hemos bautizado, 'el abrelatas', pero los japoneses querían que el hueco cuadrado fuera un círculo y así cuando el sol se pusiera y estuviese colocado en medio del círculo, simulara la bandera japonesa. Por supuesto, los chinos se negaron, les obligaron a hacer un cuadrado, y ahora están construyendo otro edificio al lado que pretende volver a ser el más alto de Shanghai. Aquí os dejo una secuencia de cómo se fue haciendo de noche... Nuestro par de horitas nos costó, pero valió la pena, ¿no?
Ahora estamos de camino al aeropuerto. Próximo destino Bahrein. A lo mejor vuelvo a despertar en pleno vuelo preguntándome dónde estoy.... Suele pasarme...