Del mayo del 68 al mayo de 2011
¿Los chicos con las chicas? Que escándalo. Imposible. El rector de la Universidad parisina de Nanterre no quiere un campus mixto. Y lo prohibe. De manera espontánea un grupo de estudiantes asalta por sorpresa al ministro de cultura para protestar. Uno le llama “fascista” y luego se ríe de un policía en su cara. Ese joven rubio y pecoso es Daniel Cohn-Bendit, más conocido después por Dany “El Rojo”, el rostro simbólico de aquella revuelta. Había comenzado el Mayo francés del 68.
Dany y sus colegas eran universitarios con francos suficientes en el bolsillo como para formarse y encarar un futuro laboral prometedor. Criados en el confort burgués de la postguerra mundial, su agobio principal no era la falta de “curro”, ni el “mileurismo” que ni siquiera se había inventado, ni las “hipotecas salvajes” de bancos desalmados. El agobio de los cachorros de aquella primavera era más generacional, intelectual, casi metafísico. Sobre todo estaban hartos de un sistema basado en la autoridad. ¡No quiero que nadie me prohiba nada! gritaban. Ni los padres, ni los políticos, ni la policía. Era otra generación “ni,ni”, que nada tiene que ver con la de ahora. Ellos estaban insatisfechos, éstos están indignados. Ellos escribían “prohibido, prohibir”, éstos “no hay pan, para tanto chorizo”.
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También hubo un Mayo español en el 68. El cantautor Raimon lo entonó al viento en un paraninfo de la Universidad de Madrid repleto de estudiantes, con un ojo puesto en el escenario y otro en la puerta, por si entraba la policía franquista cargada de porras y dictadura.
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Los españoles se iban de vacaciones y prosperaban montados en un “seiscientos”, pero los jóvenes corrían delante de los “grises” en busca de libertad. Hoy lo hacen buscando un futuro. El fin entonces era la democracia, y ahora es “cambiarla por otra”. “No soy antisistema, el sistema es antiyo”, pregrona otro cartel.
Épocas distintas. Mayos distintos. Diferentes en lo básico pero con similitudes en el contexto. Son movimientos fundamentalmente juveniles y asamblearios, aunque en el actual hay una mayor carga poligeneracional y más mestizaje étnico propio de la globalización. Todos encontraron un canal de contagio. En el 68 la televisión convirtió el mundo en una aldea global, hoy el pegamento son las redes sociales. Y siempre hay un acontecimiento externo y cercano en el tiempo que dota a las revueltas de cierta energía complementaria. En las del 68 el “No a la guerra de Vietnam” y ahora las simpatía generalizada por los levantamientos del mundo árabe. Aquí, el tirano es el capitalismo insaciable.
¿Y esta primavera, acabará como aquélla?. Todavía está por ver. Entonces, después de una huelga general, barricadas y poner en vilo a la República, la utopía se acabó. El pacto de sindicatos, patronal y gobierno, dejó a los estudiantes solos. Volvieron a los pupitres con la sensación de que debajo de los adoquines no estaba la playa.
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Chernóbil con los ojos de Teresa
Teresa tiene cuerpo de Matriuska. Una Matriuska de 80 años ágil y viva. Como sus ojos, diminutos y acogedoramente claros. Tuvieron que ser mucho más grandes, pero debieron cansarse de tanto que vieron. Porque los ojos de Teresa ya observaron siendo infantiles que se puede ser “una niña de la guerra” para siempre, después de exiliarse con su familia a la URSS huyendo de la España de Franco.Y vieron, tras otra contienda espantosa, que su apellido catalán se pronunciaba Katernaya, porque se casó con un ucraniano de Kiev. Y allí comprobaron hace 25 años que el viento se podía tocar.
Fue el 26 de Abril de 1986 , después de que “hubiera ocurrido algo muy grave” a cien kilómetros de su casa, en la planta nuclear de Chernóbil . Entonces se dio cuenta que el viento que soplaba de la central contenía “pedacitos”. Y también que las fiestas pueden utilizarse para esconder desgracias y que sus responsables ganen tiempo, aunque sea a costa de que miles de personas lo pierdan para siempre. Como en aquel 1 de Mayo, con el júbilo kievita todavía ignorante de lo sucedido cuatro días antes.
Quizás fue a partir de ese momento cuando los ojos de Teresa se fueron cerrando. Cuando tuvo que escapar de un mal invisible para proteger a su hija y a su nieto en trenes abarrotados repletos de angustia. Cuando regresó y comprobó que muchos de su vecinos ya no estaban, y cuando cayó en la cuenta, años después, que repetía muchas veces la palabra miedo.
Teresa Katernaya nos cuenta cómo vivió la catástrofe nuclear de Chernóbil.
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Antonio Amaro
Antonio Amaro Álvarez. (Madrid 1960). Redactor de Antena 3tv desde el nacimiento de la cadena. Fue coordinador de la Sección de Sociedad y ha codirigido los últimos documentales realizados por los Servicios Informativos, como 'El rey cumple 70 años' y 'Adolfo Suárez, retrato de un Presidente'. En la actualidad sigue vinculado a Sociedad desde donde elabora los reportajes sobre aniversarios y efemérides de una 'Una mirada Atrás', que se emiten en las 'Noticias'. Si quieres saber cómo hemos cambiado, si quieres curiosear conmigo en archivos y hemerotecas, y si quieres comprobar que el tiempo vuela, conéctate. Este espacio te puede interesar.
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