Inés y la alegría
(Almudena Grandes, Ed. Tusquets)
Alegría la mía cuando supe, este verano, que Almudena Grandes publicaba su nueva novela a primeros de septiembre. Como un rayo de esperanza. Y es que además comienzan los Episodios (que no pueden ser Nacionales, más que nada porque son Republicanos), una promesa de obra que constará de seis novelas, siempre en torno a una guerra interminable, y que cuentan (o más bien contarán) la resistencia antifranquista, que, lejos de lo que siempre nos han contado, existió. En ellos la autora mezcla personajes creados por ella con figuras reales en verdaderos escenarios históricos, y los hace interactuar.
En Inés y la alegría nos cuenta la historia de la invasión del valle de Arán por parte de un reorganizado ejército Republicano, que mantuvo en jaque al régimen de Franco durante el mes de octubre de 1944, esperando la ayuda internacional que nunca llegó: un episodio que, a mi por lo menos, jamás me habían contado, que pertenece a esa clase de hechos que nunca se sabe si son parte de una leyenda u ocurrieron de verdad. En una serie de capítulos la autora/narradora nos cuenta los hechos históricos, puros y duros. Allí nos encontramos, sobre todo, con la actuación de Pasionaria y del Partido Comunista frente a la ofensiva, primando los intereses personales sobre los ideales y la lucha. Otra vez. Pero también con la actitud de los aliados. Otra vez. Y descubrimos personajes extraordinarios, como Carmen de Pedro y Jesús Monzón, que parecen pertenecer al otro lado, al de la ficción.
Y alrededor de la historia, la real, la a veces inverosímil verdad, Almudena Grandes traza la historia de Inés, y la del capitán Galán, y ficciona alrededor de una maravillosa historia de amor, lo que pudo ser la invasión desde dentro y la lucha de Inés en su viaje desde una familia burguesa, de derechas, un hermano falangista hasta las filas de la lucha antifranquista, pasando por la guerra, la cárcel, un convento y la libertad.
Inés es uno de esos personajes a los que nos tiene acostumbrados la autora, tan redondos, tan completos, tan emocionantes, tan perfectos que no se olvidan. No sé qué es más importante en esta novela, donde los hechos históricos están tan voluntariamente separados de la novela, si una parte u otra, pero el viaje de Inés desde Madrid hasta Madrid, con cinco kilos de rosquillas debajo del brazo tiene una emoción tan intensa que se perdonan todos los pecados. Tal vez por eso creo que se le puede recomendar a todo el mundo. Porque la alegría y la pasión de Inés contagian y salvan, porque la emoción empapa, porque el amor es tan creíble, tan lleno de esperanza, porque la construcción de los personajes es tan buena, que hasta cuando interactúan con los reales no pones en duda su veracidad (el encuentro de Pasionaria y Adela es antológico), y al final es tal el placer de leer, de contar, que llegamos al final de las más de setecientas páginas queriendo un poco más. Siempre un poco más, aunque esta no sea su mejor novela.
Pasado perfecto(Leonardo Padura, Ed. Tusquets)
Seguramente, una de las novelas que más me ha gustado últimamente ha sido 'La neblina del ayer', también de Leonardo Padura. Tal vez porque descubrí a su protagonista, Mario Conde, un policía ya de vuelta de todo, brillante y humano, o porque descubrí una Cuba que no conocía, que ni siquiera intuía, y casi seguro porque el argumento giraba alrededor de unos libros antiguos, bibliotecas escondidas, y dignidades nunca perdidas. Desde entonces no me pierdo una. Y ahora acaba de reeditarse esta novela escrita en 2000, pero que podría haberse escrito ayer.
De hecho, tiene mucha gracia la nota del autor previa a la novela: "Los hechos narrados en esta novela no son reales, aunque pudieron serlo, como lo ha demostrado la realidad misma… Nadie, por tanto, debe sentirse aludido por la novela. Nadie, tampoco, debe sentirse excluido de ella si de alguna forma lo alude".
Mario Conde es despertado un sábado por la mañana en una enorme resaca para que se ocupe de la investigación de un caso de desaparición con el agravante de que el desaparecido es un alto cargo de la administración. Pero eso no es todo, porque Rafael Morín, el desaparecido, es un amigo de la infancia, y además, el hombre que se casó con la mujer que amaba Mario Conde. Una sucesión de razones para que la leamos, un millón de razones para que Mario Conde no quiera pasar por allí.
Padura se mete así en un terreno que pocas veces se ha tratado, desde dentro, ni tan bien: el de las diferencias sociales y económicas en Cuba: por qué llegan las personas a donde llegan, partiendo del mismo barrio: de qué están hechos los que triunfan: de qué están hechos los que se quedan. Y aquí está la corrupción, las dietas, las trampas, los deseos, como en cualquier sitio, pero con la medida cubana. La novela está llena de descripciones sutiles de casas que tienen en sus estanterías regalos sencillos pero extraños en Cuba, riquezas, como una cadena de alta fidelidad, señales imposibles de una miseria venida a más.
Pero el mayor atractivo de la novela está en los recuerdos de Mario Conde, que vuelven cuando vuelve a ver a su amada, Tamara, tan maravillosa como antes, y cuando va reconstruyendo, sobre la imagen de Morín la pandilla de entonces. Es extraordinario el personaje del Flaco, que ya no lo es y que vive sentado en una silla de ruedas, y magníficas las tardes que se pasan bebiendo y comiendo delicias descritas con gula, recordando y discutiendo. O Tamara, tan llena de coherencia y de sabiduría. Las descripciones de Tamara están plagadas de deseo y de ternura, de añoranza y de pasión. Detrás de cada uno hay una razón, algo que les llevó a ser quienes son. Y bañándolo todo, cada línea, cada evocación, cada queja y cada crítica, la tremenda dignidad del pueblo cubano. Ese pasado perfecto.
Nada más se puede contar de una novela policíaca. Y ya he contado suficiente. Sólo tengo que deciros que esta no es una novela policíaca al uso, y que contiene muchas más cosas. Que está llena de matices y de lecturas. Está escrita en cubano y por eso tampoco abandona nunca ese tono zumbón que te lleva a paladear las expresiones. Hay humor, amor, delitos y culpas.
Engancharos a Mario Conde.
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