01:10 jun 24, 2011 | Antonio Martínez Asensio | General

El hombre que amaba a los perros (Leonardo Padura, Ed. Tusquets)

Me he leído la última novela de Padura con el cuchillo entre los dientes porque sus casi ochocientas páginas, en la edición de bolsillo, son duras, un ejercicio de voluntad a veces, pero que cuando termina te deja la sensación de que haber vivido una experiencia literaria, e incluso, que podrías con más, que conoces tan bien al personaje central, que te falta algo, como si la literatura se confundiera con la vida.

El protagonista es el odioso Ramón Mercader, el hombre que asesinó a Trotski, y lo es porque en realidad nadie como él puede representar mejor el tema del que trata realmente la novela: los horrores de Stalin, su régimen y su influencia en tanta gente y en tantos países. Maldito Stalin. Y así, viajaremos desde Cuba a España y desde aquí a México, a Moscú, para volver a Cuba, siempre bajo el amparo ruso, siempre bajo la atenta mirada de aquel que todo lo veía.

Hay tres voces en la novela: por un lado está la historia desde la juventud de Ramón Mercader, de su terrible madre, Caridad, y de cómo Ramón fue captado por el Partido Comunista para emprender una tarea histórica para la que le preparan, le forman, le educan (o sería mejor decir que le reeducan), le instruyen, y sobre todo le convencen de que el gran hombre es bueno, sabio, y las decisiones que toma, las purgas, los asesinatos, la destrucción que emprende, es por el bien de algo superior, un ideal, una forma de vida, una revolución que en realidad nunca existió. Después le introducen en el entorno de Trotski y Ramón lo mata, con ese famoso piolet, y sus gritos le persiguen toda la vida. Pero tras la cárcel llega la realidad, el desencanto, la vida real, en un Moscú decrépito, y luego, en una Habana perdida también en las mentiras en la huida hacia adelante, en el hambre, en la miseria y sus contradicciones.

La segunda voz es la del propio Trotski, desde que sale al exilio, su peregrinar y su llegada a México. Le conocemos desde el punto de vista más personal y asistimos a su sufrimiento, las relaciones con su mujer y con sus hijos, sus dudas, su trabajo, su extraordinaria capacidad, su lucha. Apasionante Trotski.

La tercera voz es la del hombre que amaba a los perros, que pasea por la playa de La Habana con sus borzoi, el hombre que cuenta la historia de Mercader, que implica a un joven cubano en esta historia secreta que no se puede escribir, hasta que el joven cubano la escribe, la transmite, y conocemos así el final de la historia, y viajamos a la querida Cuba de Padura, la Cuba pobre y hundida, engañada y olvidada.

Y son apasionantes las tres voces, los tres escenarios: está magníficamente contada la España de la guerra civil, desangrado el bando republicano en luchas e intereses ajenos; es aterradora la descripción tan realista, tan minuciosa que se hace del régimen de Stalin, las decisiones y las maniobras enloquecidas y de destrucción; es terrible, dolorosa, extraña, la realidad cubana que nos cuenta, pero es que pocos autores hablan de Cuba como Leonardo Padura, pocos autores con ese conocimiento, con esa dureza y con ese amor; y es apasionante la vida de Trotski, su huida, su lucha, su personalidad, la relación con su mujer y con sus amigos, que van desapareciendo progresivamente, engullidos por Stalin, la relación con Frida Kahlo y con el pintor Diego Rivera, el búnker en el que vivió sus últimos años. Esta historia, sin embargo, acaba con el atentado. Nada sabemos del legado de Trotski, de su familia, de su entierro, de los dos días que tardó en morir.

Casi ochocientas páginas en vena, de pura literatura, a ratos agobiante, a ratos hipnótica. No sé qué mejor plan puede haber que saber algo de nuestra propia historia antes de sumergirnos en las aguas atestadas de bañistas. Es una buena novela para el verano, para contradecir al best seller y la literatura de consumo. Para sorprender al vecino de toalla cuando pregunte qué estamos leyendo: “la historia de Ramón Mercader y el asesinato de Trotski”: algo ligerito...
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08:46 jun 15, 2011 | Antonio Martínez Asensio | General

Veinte años y un día (Jorge Semprún, Ed. Tusquets)

Murió Semprún. Después de leerme todo lo que se publicó durante dos días sobre él coincidí con quien dijo que el mejor homenaje que se le podía hacer era leerle.

Corrí hacia mi biblioteca y estuve un buen rato eligiendo, intentando recordar las sensaciones que me provocaron sus libros. El asombro de su profunda y extraordinaria "La escritura o la vida", el dolor del recuerdo, el placer de viajar de su mano por la cultura europea, de asistir, como en una clase magistral, a los recovecos de su memoria, a su inmensa cultura, y perseguirle por los caminos que propone, las idas y las vueltas. Como "Aquel domingo". O divertirme con su acidez y su coherencia en "Federico Sánchez se despide de ustedes", donde recuerda su tiempo como ministro.

La línea política, sus memorias del partido, su Federico Sánchez, sus memorias personales, sus novelas o la literatura de campos de concentración. Hay tanto donde elegir.

Y sin embargo me decidí por "Veinte años y un día". Tal vez porque fue la última, tal vez porque a raíz de su publicación tuve la suerte de participar en una entrevista que le hizo Taboada: le pregunté, para terminar, si preparaba otra novela, otra obra, otro libro, y me dijo que sí, que por supuesto, que sería imposible no hacerlo. Y sin embargo ésta fue la última.

Y contiene mucho de Semprún: la guerra civil, la tragedia, el dolor y la muerte, el tiempo de la clandestinidad, Federico Sánchez, una imagen que lo estructura todo, idas y vueltas en el tiempo, en la memoria, vías de escape, historias que se cruzan, que se resuelven en un párrafo aislado o que te persiguen a lo largo de la obra, personajes reales, personajes en clave y ficción, filosofía, y metaliteratura, como si asistiéramos al proceso de creación, como si la novela se estructurara delante de nosotros, como un mago mostrándonos sus trucos.

En Quismondo, cada año, desde el fatal 18 de julio de 1936 en el que los trabajadores de una finca se rebelaron contra los señores y uno de ellos murió, se celebra una especio de ceremonia macabra en la que los trabajadores son obligados a representar la rebelión, la muerte, para evidenciar su culpabilidad, su condición de asesinos, de culpables, hasta que veinte años después se niegan a hacerlo de nuevo.

Asistimos así a las primeras noticias de la celebración, con Hemingway por medio, y Domingo Dominguín, y conocemos la historia apasionante de José María Avendaño, que murió aquel día, y su noviazgo con Mercedes Pombo, y el círculo erótico y personal que lleva hasta sus hijos y su tragedia.

Conocemos a la familia Avendaño, y a la corte de entonces, en plenos años 50, con la político social, los escarceos de revueltas estudiantiles, los clandestinos del partido comunista, la sociedad de entonces, los sirvientes, los fieles, los que conocen los secretos, ocultos en bibliotecas y en diarios perdidos. Y todo ello alrededor de un cuadro, de Artemisa Gentileschi, donde Judit le corta la cabeza a Holofernes, donde se representan las tragedias y los deseos del mundo.

Era tal y como la recordaba. No ha perdido nada. Es una gran novela. Llena de Semprún. Hay que leer a Semprún. Siempre.

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05:36 jun 06, 2011 | Antonio Martínez Asensio | General

El amanecer de un marido (Héctor Abad Faciolince, Ed. Booket)

Si ya me pareció apasionante su novela EL OLVIDO QUE SEREMOS (y absolutamente imprescindible), he disfrutado de cada uno de los 16 relatos que componen este pequeño volumen. Precisos. Directos. Sin concesiones. Duros hasta el dolor. Giran alrededor de la pareja, del desamor, de la separación, de la incomprensión y del dolor.

“Álbum”, el primer relato, de apenas cuatro páginas, ya nos fija en el sillón, con la historia de un hombre que visita a su madre el mismo día de la semana, hasta que una semana se equivoca de día y con ello el orden del mundo desaparece, en una reflexión sobre la responsabilidad, el destino y la muerte. Brutal.

“La fiebre en Tolú” mezcla la enfermedad con los celos y las obsesiones, en un relato claustrofóbico, en el que un hombre ve como su mujer le es infiel y le deja tirado, cuando la realidad se confunde con la pesadilla, y con sorpresa final;  en “En medio del camino de la vida” una mujer reflexiona sobre los hombres que a partir de cierta edad buscan rejuvenecer, buscan de nuevo el amor, buscan una forma de no morir, de recuperar la pasión, el deseo, pero “cualquier mujer acaba siendo equivalente para cualquier hombre”; y en el que da el título al volumen un hombre se esconde de la vida, se niega a despertarse ante su miedo a la rutina, “a reconocer que el deseo ya no se despertaba”.

En “Alguien oculta algo” asistimos a la degradación de una pareja leyendo el correo del otro, descubriendo infidelidades y desamores, y leemos el monólogo desesperado, en “Balada del viejo pendejo”, de un hombre mayor engañado por su joven y hermosa mujer. Es extraño “Juventud, divino tesoro” en el que el protagonista es acechado y seducido por cuatro personas en la misma noche, antes de acabar trágicamente. Como “El sosia”, en el que un hombre se ve viviendo la historia de un muerto, reconocido por su viuda, percibido, amado, como si fuera él. En “La señorita Antioquia” asistimos a la venganza de los terratenientes poderosos frente a la negativa de una joven modelo que trata de rehacer su vida.

Dramático, brutal y sin embargo real. Lo es “Mientras tanto”, un ejercicio sobre el miedo, y sobre la realidad colombiana.
Pero mi favorito es el quinto, “Memorial de agravios”, en la que una mujer se suicida y deja una carta a su marido, una carta brutal por lo sincera, escrita por quien ya no tiene miedo a nada y menos a la verdad, escrita para hacer daño, para recordar los agravios que ya no tendrán solución. Para explicar lo que nunca quiso ser oído. Extraordinario, preciso. Toda una vida en pocas páginas. Un relato redondo.

Merecería la pena la lectura de todo el volumen solo por leer esa carta, y este relato. Pero en realidad merecen la pena todos: son un auténtico disfrute. Si descubrí, con auténtico placer, al novelista, la lectura de sus relatos ha sido una experiencia.
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11:20 jun 01, 2011 | Antonio Martínez Asensio | General

Los días del abandono. Crónicas del desamor (Elena Ferrante, Ed: Lumen)

Ésta es la segunda novela del volumen CRÓNICAS DEL DESAMOR, que ha reunido las tres novelas publicadas hasta ahora por la desconocida Elena Ferrante. Y es un auténtico mazazo. Una novela que se lee conteniendo la respiración. Según vas pasando las páginas se te encoje más el corazón, esperando cualquier cosa, comprendiendo la locura, persiguiendo a su protagonista por los caminos de la desesperación, del miedo y de la supervivencia.

Y en realidad el argumento es muy simple: una mujer es abandonada por su marido, tras muchos años de matrimonio, sin que ella sepa por qué. Tiene dos hijos y un perro, y de repente empieza a vivir en un territorio hostil, donde nada es conocido, donde nada tiene sentido, donde las relaciones cambian, donde los modelos, los valores, las reacciones, ya nunca serán las mismas. El peso de la vida real, de las acciones más cotidianas pierde su sentido, como lo pierde todo tiempo pasado, que pierde su valor en la incomprensión y el dolor.

Y lo más asombroso es lo real que parece. Aunque nos sitúa en situaciones difícilmente comprensibles, en un caos angustioso en el que nada funciona, donde los hijos parecen coger la responsabilidad de los mayores, donde todo puede pasar, en el reino de la depresión, de la incomprensión, donde las reacciones nunca son las normales, donde todo ha saltado en pedazos, la autora, a través de una serie de escenas cada vez más hipnóticas, claustrofóbicas, nos va sumergiendo en ese universo y convivimos con ella, y terminamos entendiéndola, compartiendo con ella cada paso.

Pocos personajes que giran alrededor de la protagonista. Un vecino músico, como una sombra al principio, con el que tiene un primer encuentro memorable, que roza la tragedia sino fuera tan patético. Los dos hijos, sobrevivientes, atónitos espectadores de sus vidas: el niño enfermo, la niña pinchando con un abrecartas a su madre para que no se distraiga. Hasta el marido que desaparece, y con el que se encuentra por la calle del brazo de su novia, en otra escena inolvidable. Hasta los más mínimos, los técnicos que vienen a su casa a montarle una puerta blindada que la miran como intuyendo que algo ha cambiado, que esa mujer está desamparada.

Y sin embargo, en un momento, en la escena central, en el punto de giro, de la novela, de la vida, con el perro entre sus brazos, la novela da un giro brillante y termina de dibujar a un personaje brutal, convencido de que no hay fondo en el pozo en el sigue cayendo, que no hay esperanza, ni precipicio siquiera, y sin embargo, se empeña en sobrevivir.

Para mí ha sido un descubrimiento. Un golpe enorme también. Tan real y tan extraña. Tan dolorosa, tan coherente. Tan dramática. Tan redonda.

¿Quién será esta Ferrante? El volumen reúne toda su obra: tres novelas. La primera no me ha interesado tanto (era difícil) y la tercera en cambio recupera algo de este tono y tiene cosas interesantes que ya os contaré. O no.
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09:18 may 03, 2011 | Antonio Martínez Asensio | General

Lágrimas en la lluvia (Rosa Montero, Ed: Seix Barral)

Me he divertido leyendo esta aventura futurista, entre novela negra y policiaca. La trama de una detective, tecnohumana (una replicante de toda la vida), que investiga unos asesinatos que tienen en común el enloquecimiento repentino de los propios asesinos: tiene ritmo y unos personajes bien perfilados, mantiene el interés hasta el final y se olvida con la misma facilidad que se lee.

Pero es que en esta novela hay muchas otras cosas interesantes, que tienen que ver con la trama o no. Fuera de la trama hay otro ritmo, hay otro tono, hay otra búsqueda, hay tristeza y dolor, reflexión, recuerdo y juegos, muchos juegos. Como esa historia que se nos cuenta en breves entradas en los Archivos Centrales de los Estados Unidos de la Tierra, donde podemos vernos reflejados, donde se cuenta cómo podríamos llegar a ser, e incluso se relata el encuentro con los extraterrestres, los acuerdos que se firmaron (o que se firmarán), cómo cambió el mundo, cómo lo cambiaremos nosotros, las guerras que se producen. Y casi nunca vamos a mejor. Hay una trama interesante (y actual) en torno a estos archivos porque se descubre que alguien está intentando cambiarlos, reescribir la historia, y de hecho, esa sobre abundancia de información y la manipulación de la historia es una constante en la novela.

Como lo es una reflexión sobre la democracia, sobre el sistema, la libertad. Y aunque sea el futuro, siguen recordando a Tácito y su Cuncta fessa: todo el mundo está cansado, todo el mundo tiene miedo, y ese miedo hace que la gente tenga hambre de autoritarismo: qué modernos, los clásicos: qué actuales los del futuro.

Pero de lo que está llena esta novela es de reflexiones sobre la muerte, porque los tecnos solo viven diez años, y después les ataca un cáncer que nadie ha querido estudiar (solo se estudian las enfermedades de los poderosos ¿no?) y así, Bruna, la protagonista, musita constantemente la letanía de los días que le quedan para empezar a morir. Y con ella casi todos los personajes están rodeados de muerte, y de recuerdos, unos verdaderos y otros falsos. Porque además de la muerte, el otro gran tema de la novela es la memoria. Los tecnos no tienen un pasado pero se les inserta una memoria artificial para que sean más humanos. La memoria nos hace más humanos. Y Bruna sabe que lo que recuerda no existió, o tal vez sí, porque lo escribió alguien para ella: un memorista: los escritores, en el futuro, se dedican a escribir la memoria de los demás: tampoco han cambiado tanto. Y alrededor de memorias artificiales tóxicas o alteradas se estructura toda la trama policiaca.

Y por último, para quien quiera buscar más allá de la dedicatoria a Pablo Lizcano en la novela de Rosa Montero, tal vez pueda encontrarle en todas partes, en todos los personajes masculinos que tienen algo que decir: en Martín, el compañero que se fue, y cuya muerte atormenta a Bruna, en Paul Lizard, el policía que va creciendo y que va cogiendo un protagonismo que se merece, y que comparte con él el nombre y parte del apellido, en Pablo Nopal (otro Pablo), el memorista, ambiguo, interesante.

Merece la pena pasar el buen rato de lectura entretenido con las muertes y los disparos y luego pararse a pensar un poco y descubrir las claves, los caminos que nos propone la magnífica Rosa Montero, jugar a sus juegos, llorar sus penas, dudar o no de sus previsiones, acompañarla por los caminos de la memoria.

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01:16 abr 27, 2011 | Antonio Martínez Asensio | General

Padres, hijos y primates (Jon Bilbao; Ed. Salto de Página)

Me enganché a Jon Bilbao después de leer sus excelentes libros de relatos, y si en la reseña del “Bajo el influjo del cometa” decía que sus relatos tienen vocación de novela, esta novela, sin embargo, tiene vocación de relato. Porque esta historia alrededor de un hombre que espera una llamada y que se ve sorprendido por un huracán, en México, alejado de su familia, que se reencuentra con un viejo profesor con el que tiene asuntos pendientes, después de un extraño suceso con un chimpancé, reúne todos los elementos para contar, para haber profundizado en las historias, para haber hecho un novelón. Pero sin embargo Jon Bilbao va a lo esencial, y nos va mostrando en cada escena solo lo que necesitamos para que nos pueda la angustia, la claustrofobia.

La novela comienza con una inquietante reunión entre Joanes, el protagonista, y su suegro, antes de que llegue el huracán, en una claustrofóbica sauna, en la que conversan sobre esa llamada que tiene que llegar, y que vertebra toda la novela, sobre el negocio, sobre el futuro. Pero no volvemos a saber nada del suegro, ni prácticamente nada del negocio, de la duda, de la llamada. Como si todo estuviera al servicio del tono, de la tensión.

Cuando el huracán se acerca Joanes tiene un encuentro mágico con un chimpancé, en medio de la selva. Un encuentro que marcará la novela pero del que tampoco sabemos nada hasta el final. Y luego se produce el encuentro con su viejo profesor, un personaje siniestro, poderoso, oscuro, del que esperamos saber cosas pero solo obtenemos migajas, apenas lo necesario para mantener la tensión, para llevarnos al final. Conoceremos a la mujer del profesor, enferma, y la historia del hijo del profesor, que ha sufrido un accidente, en un juego de mentiras y verdades que lo atraviesa todo. Llegan a un hotel en medio de la nada y de allí tienen que marcharse a un chamizo en medio de la selva donde se producirá la escena central, hipnótica, extraña, salvaje, brillante, brutal, donde cada uno sacará lo peor de si mismo, donde solo los más alejados de la civilización, los marginados, se salvarán. La escena final es inolvidable: te encoje el corazón.

Una reflexión sobre la mentira, sobre la sociedad que imponemos al mundo desde el primer mundo, sobre la violencia, sobre la paternidad y la familia, sobre las prioridades, sobre la amistad, la pobreza real, la podredumbre y sobre la impunidad. Y todo en una novela de ciento sesenta y nueve páginas, dura como un relato, esencial, como un relato, angustiosa, hipnótica, claustrofóbica, extraña. Jon Bilbao en estado puro.

 
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03:14 abr 19, 2011 | Antonio Martínez Asensio | General

La liebre de la Patagonia (de Claude Lanzmann ed. Seix Barral)

Me atreví con estas memorias después de leer un artículo de Antonio Muñoz Molina recomendándolas. Y cuestan. Son unas memorias dictadas y a veces tienes la sensación de estar escuchando al abuelo, acordándose de forma desordenada de muchas cosas, yendo y viniendo, contando a veces cosas sin importancia, anécdotas inverosímiles, pero sin embargo, otras veces, la mayoría de las veces, está contando cosas de tal trascendencia, con tal pasión, con tanta profundidad, que no puedes parar de leer.

Y además, cuanta las cosas sin preocuparse por eso tan estúpido de la corrección política: si es sionista no lo oculta, si es judío no se anda con medias tintas, si apoya a uno lo hace con todo, si critica, suele ser demoledor. Autenticidad, sobre todo. Y se termina agradeciendo.           

Y es que la vida de Claude Lanzmann es increíble. Héroe de la resistencia, amante de Simone de Beauvoir, amigo de Sartre, director de una de las revistas más prestigiosas de Francia, director de cine (en realidad yo solo le conocía por “Shoah” una película de más de nueve horas de duración sobre  el exterminio de los judios) y no sé cuantas cosas más.

Podría decirse que vale la pena de dificultad y la intensidad de sus más de quinientas páginas solo por llegar a esos capítulos en los que cuenta cómo hizo “Shoah”: el planteamiento de la película, su propuesta de conocimiento, sus impresiones cuando entrevista y graba a los protagonistas, sobrevivientes y nazis, y sobre todo, cuando viaja a Polonia para grabar los lugares reales.

Y es que esa es la razón, el argumento central y la gran lección de estas memorias (de ahí su título). Lo que nos viene a contar Claude Lanzmann es que en este mundo que nos lo plantea todo como una obra audiovisual, en el que a veces perdemos la perspectiva de lo real, por mucho que lo hayamos visto, por mucho que lo hayamos leído, la vida solo cuenta cuando te puedes manchar, cuando sientes los pasos, cuando te apasionas, cuando te cansas, cuando te emocionas. Él lo llama encarnarse. No sabemos que estamos en la Patagonia hasta que una liebre blanca nos mira desconcertada; no sabemos lo que fue Treblinka hasta que no vemos un cartel donde está escrito, y los campos alrededor, y hablamos con la gente que respiró el aire de los crematorios, pisamos el suelo helado, nos cansamos, hasta que no viajamos en el mismo tren, por las mismas vías, conducido por el mismo maquinista, no nos damos cuenta de la verdad, del poco tiempo que hace, de lo real que es. Hay que tocarlo, y emocionarse.

Hay mucha vida en esta novela. Intelectual y activa: en una Francia apasionante, donde no solo conocemos a Sartre y al Castor sino que vemos cómo se vivió el conflicto de Argelia y el Mayo del 68, o en Israel durante la Guerra de los Seis Días, o en Corea de Norte o China, incluso en España. Creo que ya no hay personajes como éste, tan intensos, tan completos, tan excesivos, tan libres, que hayan vivido lo que han vivido, y que lo cuenten con tal libertad, y con tanto orgullo.

Es un libro difícil (yo me he leído tres novelas más entre medias, mientras lo iba negociando) y a ratos agotador pero cuando lo terminas tienes la sensación de haber leído algo grande, algo importante realmente, algo especial, que deja huella. Merece mucho la pena el esfuerzo. Tal vez en la literatura, como en la vida, también haya que mancharse las manos para saborear algo verdadero.

Y además, ahora que ha ganado la extrema derecha en tantos lugares, ahora que pensamos que hace mucho tiempo de todo, que creemos que nunca repetiremos los mismos errores, nada cómo leer este libro y darnos cuenta de que cuando podamos tocarlo es que habremos llegado.

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Antonio Martínez Asensio

Antonio Martínez Asensio


Antonio Martínez Asensio nació en Madrid en 1964. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y empezó muy pronto a trabajar en el mundo de la televisión: en TVE, en Tele Madrid, en Tele 5, en Canal+, en Intereconomía, así como en varias productoras independientes. Ha desarrollado una labor de crítico literario en la radio como colaborador en varios programas como Agosto en la Onda, Herrera en la Onda, Radio Estadio, Al Primer Toque y Te doy Mi Palabra. Ha escrito guiones para series de televisión y para el cine. Ha colaborado en la sección de libros del programa de Antena 3 Nova “Casa de América”. Ha publicado un ensayo en clave de humor titulado “¡Mi mujer está embarazada!” (Grand Guignol Ediciones), que ha sido traducido al italiano en la editorial Aisara y que quiere ser una guía del embarazo para los padres (y no para las madres). En 2010 ha publicado su primera novela, “En soledad”.

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