El síndrome del tesoro...
Los españoles debemos compartir genes con Homer Simpson. Porque, al igual que él, nos aferramos a nuestra tele gracias al llamado "síndrome del tesoro": osea considerar que es nuestro tesoro ( como Gollum, el del Señor de los anillos) y que no podemos prescindir de ella aunque ya esté vieja o funcione muy malamente...
Por eso, esa tele vieja, cuando llega otra nueva a casa, no acaba generalmente en el punto de reciclaje sino en el cuarto de los niños, en la casa de la playa o en la cocina, ya me entendeis.
Así que reciclamos poco las teles, pero este año hemos revertido la tendencia. El año pasado no aumentó el reciclaje en España por la crisis ( se ve que nos resistíamos a cambiar la tele vieja). Pero en el 2010 hay dos cosas que han disparado el reciclaje un 25%: la llegada de la TDT y la proximidad del Mundial de Fútbol de Sudáfrica donde La Roja tiene opciones de ganar.
Lo de la TDT a muchos les ha puesto de los nervios y han pensado que, si tenían que poner un aparatito nuevo, para eso ya cambio la tele y ya está. De manera que ahora se están reciclando cada día unos 4 mil aparatos de televisión cada día en España.
¿En qué se convierten? Los desmenuzan concienzudamente. El plástico se reconvierte de nuevo en plástico que luego sirve, por ejemplo, para fabricar parachoques de coches o simples perchas... El cristal de nuestra querida pantalla acaba pulverizado y se reconvierte de nuevo en la vitrocerámica de nuestras cocinas . En el capítulo de metales, se reutiliza de nuestras TV muchísimo cobre y aluminio pero hay más...
Para el que no lo sepa en las entrañas del aparato más querido del hogar hay oro y plata. En proporciones pequeñísimas pero ahí está. Haría falta reciclar 100 toneladas de televisores para obtener un kilo de oro. Pero lo obtienen. En España gracias al desmenuzamiento de las teles, se pueden obtener unos 30 o 40 kilos de oro al año...
A lo mejor es eso lo que me atrajo de la televisión desde pequeña. Que en su interior hay mucho más de lo que imaginamos. Mucho material precioso oculto. Aunque el más valioso no se puede desmenuzar en una fábrica. Porque lo tengo cada día a mi lado en la redacción y también al otro lado de la pantalla.
Un material humano por el que sí puede sentirse el "síndrome del tesoro".




