El terremoto incorporado al manga
La serie Shima Kôsaku lleva casi tres décadas deleitando a los lectores de la revista Morning desde que en 1983 su autor Kenshi Hirokane la empezara. En aquel momento, el protagonista, Kôsaku Shima, ocupaba la posición de jefe de sección en una empresa de electrónica llamada Hatsushiba, inspirada en la Panasonic de la vida real. El manga narra las aventuras y desventuras de este empleado de una de las mayores empresas de Japón, así como sus logros y fracasos, que incluyen, cómo no, numerosas conquistas entre el sexo femenino para dar un poco de sal y pimienta a la historia.
Shima, un oficinista ejemplar, ha ido ascendiendo en el escalafón de su empresa hasta, finalmente, llegar al puesto de director general, que es donde se encuentra ahora, miles y miles de páginas después.
El presidente Shima contempla, estupefacto, el desastre (c) Shogakukan / K. Hirokane
La serie Shima Kôsaku siempre se ha caracterizado por su candente actualidad. Los personajes debaten entre ellos sobre los temas del momento, así como de estrategias empresariales, lo que ha asegurado a la serie una legión de fieles seguidores que, a la par que leen una obra de manga, se hacen eco de opiniones y sucesos de la realidad y aprenden sobre cómo funcionan las grandes empresas japonesas.
Como no podía ser de otra manera, pues, Shima ha tenido que hacer frente, dentro de las páginas de su manga, al desastre de Japón. En el número de la revista Morning puesto a la venta esta semana, el presidente Shima visita la sede de su empresa situada en la región de Tôhoku y observa con estupor los terribles destrozos causados por el tsunami.
La central de Fukushima, en grave crisis. (c) Shogakukan / K. Hirokane
Por otra parte, en otra escena, vemos cómo empeora la situación en la central nuclear de Fukushima-1, y varios personajes aparecen debatiendo en televisión las implicaciones de lo que está ocurriendo. El presidente Shima, ahora, se ve obligado a pensar no solo en el futuro de la empresa que dirige, sino también en sus responsabilidades como miembro del pueblo japonés. ¿Cómo ayudar ante el desastre? ¿Qué puede hacer su empresa para echar una mano a Japón? ¿Cómo pueden colaborar los japoneses para salir airosos de la grave crisis?
Sin duda, una muestra más de la agilidad y versatilidad que el manga proporciona como género, tanto de entretenimiento como de información. Chapeau a su autor, Kenshi Hirokane, que una vez más demuestra su gran maestría.
Avisos de terremoto en Japón
Como país acostumbrado a los terremotos, en Japón se reúnen los mejores expertos en sismología, que trabajan duramente para, algún día, poder prever con cierta exactitud estos mortíferos movimientos de las placas tectónicas. Aunque se dista mucho de llegar a ese objetivo último, se han desarrollado tecnologías de detección inmediata de temblores que conectan inmediatamente con varios dispositivos.
La más notoria para los japoneses en la actualidad es la de aviso a móviles. A la que se detecta un temblor, los teléfonos móviles japoneses empiezan a vibrar y a emitir un sonido distintivo a la par que muestran un mensaje textual.
En este siguiente vídeo vemos cómo un móvil empieza a sonar repentinamente y, poco después, el mensaje, que reza, en este caso “Aviso urgente de terremoto. Se ha producido un sismo en la costa de Fukushima. Prepárese para un fuerte temblor (Agencia Meteorológica)” (primer mensaje) y “Aviso urgente de terremoto. Se ha producido un sismo en la prefectura de Niigata. Prepárese para un fuerte temblor (Agencia Meteorológica)” (segundo mensaje)
Este gráfico de la empresa de telefonía móvil AU indica cómo funciona el sistema:
Estos avisos llegan a los móviles situados dentro del área donde se prevé que el temblor puede hacer estragos, y siempre cuando el sismo tenga una magnitud considerable. Los smartphones, como el iPhone, disponen de aplicaciones específicas como Yurekuru (literalmente, “Viene temblor”), que se pueden configurar para que el usuario reciba el aviso del área que especifique y a partir de la magnitud que especifique.
Por otra parte, el mismo aviso llega a las cadenas de televisión, donde en pantalla aparece inmediatamente un aviso urgente acompañado de un sonido muy característico. Inmediatamente, la programación se interrumpe y aparece un presentador dando información concreta, así como recomendaciones y avisos, sobre el temblor, que repite una y otra vez. En este vídeo sacado de la cadena estatal NHK y subtitulado al inglés, podemos ver uno de estos momentos:
Asimismo, los sistemas de megafonía instalados en ciudades y pueblos se activan y a través de ellos se avisa a la población más o menos con los mismos términos. Si la población está situada cerca de la costa, también se ofrecen avisos sobre la posibilidad de llegada de tsunami.
No hace falta decir que estos sonidos han llegado a incrustarse en la psique de los japoneses durante este último mes: escucharlos da sensación de “mal rollo” y no son pocos los nipones que han optado por desconectar el sistema de aviso de sus móviles, hartos de sustos. Y es que, la mayoría de las veces, los temblores que llegan tras recibir el aviso son o bien casi imperceptibles o bien de poca intensidad. Esperemos que, a pesar de eso, no ocurra como en el cuento de los tres cerditos y que nadie baje la guardia.
Carta desde Japón
Cuando vine por primera vez, ya sabía que en este país había época de lluvia (aún no ha llegado) y terremotos, así que no puedo quejarme (mucho), ni protestar ante otra instancia que la Madre Naturaleza (y no es que sirva de mucho). Es lo que hay, y lo tomas o lo dejas.

Mensaje "Ganbaro Nippon" (Saldremos adelante, Japón) en la emblemática Torre de Tokio (Foto del blog de Noppon - mascota de la Torre de Tokio)
Supongo que, como yo, estarán bastante aburridos de escuchar historias sobre lo que pasó (o se dijo que pasó) hace un mes. Y de eso ya ha llovido (por lo menos durante el día de hoy). Así que vamos a hablar del Tokio actual, que es muy muy parecido al Tokio de hace un poco más de un mes. Sus habitantes van a trabajar, hacen la compra en supermercados donde no falta de nada, beben agua embotellada (ya lo hacían antes) o del grifo, votaron en las elecciones provinciales de ayer, y esperan con impaciencia que empiece la liga de béisbol hoy día 12.
¿Qué problemas tenemos?
Varios.
La escasez de energía eléctrica debido al cierre (preventivo o no) de varias centrales, entre ellas las nucleares de Fukushima, es uno de ellos. Pero primero déjenme explicarles que, en realidad, Tokio es una provincia con todas sus ciudades pegadas unas a otras. Veintitrés de ellas forman el núcleo metropolitano, donde vivo, que es lo que ustedes pueden considerar “la capital”. Aquí hemos tenido suerte y no nos han programado ningún corte de suministro eléctrico. Sin embargo, las ciudades del extraradio sí los han sufrido, organizados por grupos y con una duración de tres horas. Aunque se han suspendido desde el día 10 y no se prevén retomar hasta que los rigores del verano hagan que la gente quiera usar el aire acondicionado.
Los cerezos están, en estos momentos, bellamente floridos en Japón
(Foto de David Esteban)
¿Cómo se ha conseguido esto? Con la colaboración de todos ahorrando energía. En algunos horarios, los trenes no tienen las luces puestas en el interior, hay escaleras mecánicas fuera de servicio, la jungla de neones se ha quedado en parque, la iluminación en ciertos comercios se ha reducido, y también en los hogares. Hay medidas que pueden resultar molestas, pero otras son incluso hasta de agradecer.
Otro problema es el económico. Algunos sectores se han visto obligados a parar, aunque poco a poco se ha vuelto -o se está a punto de volver- a la normalidad. La gente vuelve a los restaurantes y a las actividades de ocio, a pesar del extraño llamamiento a la autocontención que hace el gobierno provincial.
Las conversaciones, de una u otra manera, siempre acaban en “el terremoto”, “la central nuclear”, “las víctimas” y otros temas del momento. Y si no lo hacen es que no son lo suficientemente largas. A pesar de la distancia física entre Tokio y la zona devastada, la distancia emocional es muy poca y la gravedad de lo sucedido lo justifica.
Les he comentado antes que los terremotos “venían en el pack” con Japón. Uno se acostumbra. Los he vivido antes (nada grave en Tokio) y los volveré a vivir. Pero después de la sacudida del día 11 de marzo, se ven de otra manera. No por lo que son, sino por lo que fue. Es un trauma que tardará en curarse, si es que lo hace. Quiero finalizar este “Tokio tras el terremoto” deseando que nada dé pie a tener que hacer un “Tokio tras la lluvia”, que sería demasiado. Bueno, ya lo es.
Carta de Miguel Ángel Ibáñez Muñoz (@mickoib)
"Han sido nueve días de mucha tensión"
Más vídeos en Antena3
El pasado lunes 21 regresé a España en un vuelo especial organizado por el gobierno para facilitar el regreso de españoles residentes o de paso en Japón. Debido precisamente a los hechos acaecidos, el precio de los billetes de Japón a Europa se había encarecido sobremanera, lo que prácticamente impedía viajar a familias con hijos. De ahí que en este vuelo hubiera mucha gente con perfil familiar.
En mi caso, estaba pasando una corta temporada de tres meses en el país nipón por motivos de trabajo y tenía previsto regresar el día 29. Como debido al terremoto y tsunami del día 11 de marzo y la posterior crisis nuclear en la central de Fukushima-1 se canceló el Tokyo Anime Fair al que debía asistir, ya no tenía ningún sentido que siguiera en Japón, así que decidí apuntarme a ese vuelo especial para volver unos días antes a mi casa.
Este vídeo es un relato de este viaje tan especial. Salí de Osaka, donde me encontraba de paso, hacia el aeropuerto de Narita y allí subí al avión especial fletado por el gobierno, que nos llevó primero a Bangkok y luego a la base militar de Torrejón de Ardoz, en Madrid. Fue un larguísimo viaje de más de 30 horas para mí, pero valió mucho la pena.
No quiero terminar este post sin agradecer al Ministerio de Exteriores, a la Embajada de España en Japón y al equipo de Emergencias Consulares la atención recibida. El trato durante el viaje fue muy amable en todo momento y todos los viajeros nos sentimos muy arropados.
Un abrazo!
¿Reportaje? ¿Qué reportaje?
Obviamente, con este artículo he cometido un grave error de privacidad y lo borro. Me disculpo por los malentendidos que ha habido y lamento muchísimo lo ocurrido. No debería haberlo escrito en primer lugar.
El día después
Casi 24 horas después del terremoto de magnitud 8,8 y el posterior tsunami que asoló la parte norte de la isla japonesa de Honshû, la tranquilidad parece regresar al país nipón, al menos en su capital, Tokio. Las noticias sobre los daños causados por el sismo siguen llegando acompañadas de escalofriantes imágenes y las cifras oficiales de muertos siguen aumentando poco a poco. Ahora mismo se habla de 420 muertos y casi 800 desaparecidos, aunque probablemente serán muchos más.
Poco se habla sobre la posibilidad de un desastre nuclear en las dos centrales afectadas en Fukushima; desconozco si porque la situación está bajo control o si porque el gobierno no desea provocar ataques de pánico entre la población (sinceramente, espero que sea lo primero). Mientras desde los medios extranjeros no paran de llegar ominosas proyecciones y teorías sobre un posible "segundo Chernobil", los medios japoneses tratan el asunto con muchísima tranquilidad e insisten, con toda la calma del mundo, en que "una simple radiografía lanza más radiación que lo que puede salir de las centrales nucleares afectadas". En la calle, la gente parece totalmente ajena al asunto, dando por bueno aquel dicho de "la ignorancia es dicha".
Acabo de salir a dar una vuelta para despejarme y esto ha sido lo más destacado del paseo que me ha llevado por las zonas de Tsukishima, Hatchôbori, Ginza y Tsukuji, en el corazón de la capital japonesa.
Uno de los pocos daños que he visto, aunque esta casa ya estaba para el arrastre desde antes
Las estanterías de las tiendas 24 horas, secciones "Comida preparada", "Fideos instantáneos" y "Pan y bollería" están totalmente vacías. No sé si tanto porque la gente ha acaparado comida (que probablemente sea así), o porque simplemente hoy no ha habido reparto y reposición de género.
En cambio, las otras estanterías están más o menos normales.
Sensación de normalidad en el carismático y lujoso barrio de Ginza. Poca gente por la calle a pesar de ser sábado por la tarde y hacer muy buen tiempo, pero casi todas las tiendas están abiertas.
La gente compra pasteles en los lujosos grandes almacenes Mitsukoshi
"Sushi man" preparando sushi para llevar en los grandes almacenes Mitsukoshi.
Total sensación de tranquilidad en una panadería de estilo francés, en los Mitsukoshi
El metro también parece funcionar con relativa normalidad
Información en tiempo real sobre el estado de los trenes y metros
He aprovechado para comprarme la cena de esta noche: sushi del bueno comprado en Mitsukoshi y un vasito de sake ^_^
El mayor terremoto de Japón
Como sabéis los lectores de este blog, en estos momentos estoy pasando una temporada en Japón. Esta tarde, concretamente a las 14.46, se ha registrado el terremoto más fuerte desde que se miden los temblores en el país nipón, donde son extremadamente comunes. Este temblor tenía una magnitud tremenda de 8,9 grados y el epicentro ha estado situado al norte de la isla principal de Japón, Honshû, a unos cientos de kilómetros de la capital, Tokio, que es donde me encuentro.
No ha sido el primer terremoto de mi vida, ya que tras un total de 6 años viviendo en este país he notado unos cuantos, pero desde luego ha sido el más fuerte. Mis experiencias anteriores con terremotos fueron básicamente así:
Yo poniéndome blanco como el papel y totalmente paralizado, incapaz de hacer nada más que pensar "¿me quedo quieto o me pongo debajo de la mesa como dicen siempre que hay que hacer?". Y generalmente, me quedo quieto, incapaz de moverme, y deseando que el temblor pase enseguida. Mientras tanto, los japoneses a mi alrededor se quedan tal cual y como mucho comentan "anda, un terremoto", tras lo cual se giran hacia mi con expresión socarrona y me dicen "anda, ¿te has asustado? Claro, como en tu país no tenéis de esto... Je je je" (nótense las risitas jocosas).
A las 14.46 de esta tarde me encontraba tomando un café y trabajando con mi ordenador, como suelo hacer por las tardes, en un restaurante familiar justo al lado del mercado de pescado de Tsukiji, Tokio. He notado un pequeño temblor y, como siempre, he pensado "hm, ¿he sido yo o ha sido un terremoto?". Inmediatamente he levantado la mirada y he visto las lámparas del techo basculando lentamente. Ningún problema... De momento. Pero pasaban los segundos y la cosa iba aumentando de intensidad... Más, y más y más.
Pero los japoneses seguían con sus conversaciones y, como siempre, lo mismo "anda, ¿un terremoto? Bueno, pues como te iba diciendo..." Así que esta vez he decidido hacerme el fuerte, esta vez no iban a pillarme. Aunque por dentro estaba con la adrenalina a tope, y probablemente blanco como el papel, he decidido dar apariencia de tranquilidad. Lo que no contaba es que, esta vez, el temblor seguiría y seguiría, cada vez más fuerte, y vería cómo los japoneses a mi alrededor se empezaban a poner realmente nerviosos. Y si un japonés se pone nervioso, amigo, ¡saltan las alarmas!
Presentador de las noticias con casco
Aun así, no he sido consciente de la fuerza del temblor hasta que, un cuarto de hora y dos o tres réplicas (bastante fuertes) más tarde he decidido irme a casa para poner la televisión y ver cómo estaba la situación en el resto del país, después de haber puesto la tele en el móvil japonés y ver el primer tsunami en directo. Por la calle había mucha gente. No ha cundido el pánico, pero se oían sirenas, había muchos helicópteros sobrevolando la ciudad y, por primera vez en mi vida, he oído el sistema de megafonía para emergencias, avisando de que se esperaba un tsunami en la costa tokiota sobre las 15.40 de la tarde y que la gente se alejara de la orilla del mar.
Las comunicaciones telefónicas han quedado interrumpidas durante unos minutos debido a la lógica sobrecarga de la red, no así las comunicaciones digitales. Los usuarios de smartphones han podido seguir online sin problemas. Eso sí, el suministro del gas se ha suspendido automáticamente en los hogares que tienen el sistema de seguridad, que seguramente serán casi todos. El mío sigue parado, y aunque el casero me ha enviado rápidamente información vía e-mail para restablecerlo, he decidido esperar.
Una vez en casa, he encendido la tele y he empezado a ver las escalofriantes imágenes del temblor en la zona de Sendai, Iwate y Aomori, sobre todo, y asistir en directo a la fuerza del tsunami, que se ha llevado casas, barcos, cultivos y de todo a su paso. Al mismo tiempo, me he puesto en contacto con la familia para tranquilizarles y he empezado a twittearlo todo.
Tsunami engullendo pueblos enteros
Casi un sacrilegio en Japón, creo que se me perdonará el hecho de haber entrado en casa con los zapatos puestos y seguir así ahora mismo. ¡Cualquiera se los quita por si debe salir corriendo! Y aun así, estoy seguro de que ningún japonés ha entrado a su casa con los zapatos puestos.,,
El momento de más susto ha sido cuando a media tarde me ha sonado el móvil con un pitido que nunca antes había oído... Y un mensaje que decía, literalmente: "Aviso urgente de terremoto. Se ha declarado un terremoto en la costa de Fukushima. Prepárese para un temblor fuerte (Agencia Meteorológica)". Afortunadamente, la cosa no ha ido a más y solo ha sido un pequeño temblor, pero la sangre se me ha helado en las venas. De hecho, inmediatamente me he colocado debajo de la mesa.
Pasadas las 8.45 de la noche, 6 horas después del fuerte temblor, las réplicas y los tsunamis, parece que todo se ha tranquilizado, al menos en Tokio. Aun así, los trenes y metros están parados, lo que ha obligado a la gente a buscarse la vida, bien andando hacia su hogar, bien teniendo que dormir en algunos de los centros habilitados para ello, bien en hoteles los que han sido suficientemente despiertos para reservar habitación a las primeras de cambio.
En el norte de Japón se está hablando ahora mismo de unos 55 muertos, principalmente a causa de los severos tsunami, una cifra que a bien seguro irá aumentando en las próximas horas. Preocupa también la situación de las centrales nucleares. El país entero está alerta y el primer ministro Naoto Kan ha realizado varias intervenciones televisivas para tranquilizar a la población.
Una petroquímica en Chiba, en llamas
Barco arrastrado a tierra y coche con las luces encendidas siendo arrastrado al mar (visto en directo, escalofriante)
La punta de la torre de Tokio ha quedado doblada




