09:45 jun 09, 2011 | José Angel Abad | General

Una mesa de Nueva York

Posé sobre el mantel el pinot noir californiano con toda la dignidad que un enésimo vaso permite, le dije al camarero que si no le importaba no iba a tomar el solomillo de Colorado que le había pedido con anterioridad sino el fletán (halibut) thank you very much que tan imprescindible se ha hecho en los menús americanos en los últimos años y, mientras esperaba, intenté suspender un momento en mi cabeza el transcurso del tiempo y recorrí la mesa llena de buenos amigos con la mirada en sentido contrario a las agujas del reloj.

A mi derecha, un hondureño, más allá un colega de Singapur, después una colombiana, un argentino, una pareja neoyorkina anglosajona, una japonesa, una griega/norteamericana y finalmente un español.

El español, un servidor, era, con mucho, quien menos tiempo llevaba viviendo en Estados Unidos (ocho años) y el único que -en principio- reside temporalmente en el país.

Y entonces me dije, sí, ésta parece una mesa de Nueva York.

Era la boda de mi colega K. -norteamericano, trabaja en Wall Street, familia de raíz griega- y su esposa M. -también nacida en Estados Unidos pero con familia de raíz colombiana.

Habían reservado el salón de un estupendo club de golf a las afueras de Nueva York y lo habían convertido en una pequeña Grecia -a la novia, aunque no sea necesariamente lo más frecuente en el mundo hispano, el rastro colombiano se le había quedado ya más lejos en la aventura de vivir.

A mí, que un par de semanas antes -durante el viaje a Éfeso- me había escapado también a la isla griega de Quíos en busca de pequeños monasterios ortodoxos en las que divagar amablemente con los sacerdotes por qué una iglesia tan benévola como la ortodoxa, que no admite la existencia del purgatorio, sin embargo, tampoco acepta la música en su liturgia -sí, uno tiene perversiones difíciles de explicar-, pues a mí el salón de bodas de Nueva York me parecía una especie de olimpo en el que se alternaban dioses todopoderosos y matronas sabias con adonises juguetones y ménades expectantes.

Como encima durante la comida todo el mundo se levantaba para unirse en un tipo de baile griego tradicional, a uno aquello le parecía el friso de la panatenaicas pero con imágenes en movimiento y sonoras.

Hasta que en el momento más inesperado alguien hacía un comentario sobre la última desgracia de los Mets -simplificando y para entendernos, el equipo neoyorkino de las “desgracias” y equivalente en el béisbol americano al Atlético de Madrid en el fútbol español-,  se empezaban a lanzar en masa billetes de dólares al paso de los novios empapelando el suelo de imágenes de Lincoln y Jefferson o alguien recordaba las colaboraciones generosas de mi amigo K. con las “charities” (ONGs) y que, todo sea dicho, son mucho más frecuentes en Estados Unidos que en Europa.

Entonces quedaba claro que las fantasías solo tenían una conexión evocadora con la realidad y que por supuesto no estábamos en Grecia ni en Colombia. Estábamos en Nueva York.

Claro que para llegar a esa conclusión tan sólo hacía falta lo del principio, reposar la mirada por el vecindario de la mesa, esos invitados a los que el azar, como si nos hubieran sacado por lotería del listín telefónico de la ciudad, nos había puesto a compartir una intimidad entrañable.

Cada uno heredero a su manera -y con mayor o menor gana u orgullo, voluntaria o más involuntariamente, consciente o sin siquiera reparar en ello- cada uno heredero, digo, de cientos o miles de años de tradición refundida, mezclada y vuelta a nacer en una especie de nueva tierra prometida que para algunos es la Arcadia feliz y para otros el final de la escapada -sí, Nueva York es capital de muchas cosas, sobre todo de sueños, pero también la capital de quienes escapan o tienen que huir de algo: no todos vienen a Times Square a comerse el mundo, en ningún otro lugar es mayor la legión de quienes llegan sólo para poder asegurarse unos centímetros saludables de experiencia humana porque en casa, sencillamente, les cortaban las alas. O el cuello.

Nueva York seduce al mundo como ese crisol incomparable donde se cruza la fauna humana con la intensidad y armonía que no se ve en ningún otro lugar -y el mundo, en otras muchas ocasiones, también mira a Nueva York por encima del hombro, como a esa esquina del mapa que brilla pero de mentira porque nunca ha tenido ni supuestamente tendrá la casta genuina que sólo da la sucesión genealógica de la camada -por recordar a Lampedusa, que tan bien retratara a su camada siciliana.

Pero a la hora de la verdad, a Nueva York le da igual.

Allí sentados a la mesa, cada uno a su manera se sentía miembro de una nueva camada que, sin renunciar a su origen, se define mucho más por su presente que por su pasado. No importa de dónde vienes sino adónde vas.

Hablando de ir, el camarero llegó de pronto y servicial con el halibut (“attitude is everything”, “la actitud lo es todo”, decía la chapa que llevaba en el pecho), el reloj volvió a correr y el pensamiento se medio esfumó -y esto es lo que quedó. 

 

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Comentarios

Enviado por Chiqui en junio 09, 2011 a las 09:59 AM CEST #

Hola José Ángel!!! Realmente eres muy bueno. Si Nueva York tiene magia por sí misma, tú, con tus crónicas, la multiplicas por infinito. Describes la rutina de una ciudad de tal manera que parece un lugar idílico donde todos tenemos un lugar y para aquellos que, como yo, vivimos enamorados de la Gran Manzana, te conviertes en la llama que mantiene vivo ese amor en la distancia (espero que me entiendas, a pesar de lo cursi del comentario, jaja). Muchas gracias. m

 

Enviado por Marita en junio 09, 2011 a las 11:46 AM CEST #

Creo recordar que estuviste en una boda inglesa que parecía otra torre de Babel, o no?. Es curioso que cuando se dan en España estas situaciones, los novios suelen poner a los extranjeros con los amigos que parecen un poco más aventajados en idiomas. Lo curioso es cómo va cambiando el ambiente: de unas frases protocolarias del principio, a que -con las copas y el baile- todos terminan hablando idiomas que nunca pensaron que dominaran. Por otra parte, cuando alguna vez padezco una de esas misas con coro de guitarras y versiones cristianizadas de Simon y Garfunkel me dan unas crisis de fe...! Oye, que me voy a hacer pope ortodoxa con barba y todo. Gracias por la entrada, Jose, te estás convirtiendo en un escritor muy prolífico.

 

Enviado por Ana en junio 09, 2011 a las 12:29 PM CEST #

No importa de dónde vienes sino adónde vas...y luego vendrá, si decides que te quedas o que vuelves...Vive, mézclate, empápate ... pero vuelve. Un abrazo Jose.

 

Enviado por Ana en junio 09, 2011 a las 12:31 PM CEST #

No importa de dónde vienes sino adónde vas...y luego vendrá, si decides que te quedas o que vuelves...Vive, mézclate, empápate ... pero vuelve. Un abrazo Jose.

 

Enviado por FUD en junio 10, 2011 a las 02:20 PM CEST #

Enhorabuena Jose, ya has tenido tu particular gran boda griega jaja

 

Enviado por Carlos en junio 11, 2011 a las 10:59 AM CEST #

Pues que vivan los novios, sean felices y tengan muchos nuevayorkinillos.

 

Enviado por Idoya en junio 12, 2011 a las 10:50 AM CEST #

Ya digo yo que veo demasiadas películas porque a mí me ha pasado como ha FUD: me ha venido a la cabeza la película de "Mi gran boda griega"... y entre los extras que hacen de invitados, una cara conocida, el español éste que sale en los telediarios de A3. Lo que ha quedado patente es que hasta con ene copas de pinot noir californiano, JAA observa, analiza y sabe extraer lo más bonito e interesante de lo que le rodea ¿no? Tanto que que, esta vez me ha dado mucha envidia porque ese tipo de eventos sociales rodeados de invitados tan dispares y, sobretodo, tan diferentes a tus orígenes, son geniales.

 

Enviado por Marita en junio 12, 2011 a las 01:30 PM CEST #

Te veo con ganas de bodorrio, Idoya. Yo tengo dos para septiembre -sin sirtaki...-, así no voy a poder ahorrar nunca para ir a NY... Y qué suerte tiene los hombres con la indumentaria bodil, corbata nueva y vamos que nos vamos. Para desgracia mía las bodas son una de noche y la otra de día. Vamos, que lo único que a lo mejor ;-) reaprovecho es el maromo de compañía. Ains!

 

Enviado por FUD en junio 12, 2011 a las 08:11 PM CEST #

Buenas a todos, he creado un foro para los que habitualmente seguimos este blog. No se si existirá ya algo parecido, pero yo por si acaso lo he creado jaja. La dirección es desdemanhattan.mforos.com. Creo que sería el espacio ideal para tener un lugar en la red donde reunirnos los seguidores de JAA. (Aunque ya existan grupos o lo que sea en Facebook). Sería un espacio ideal para seguir tambien las charlas que mantinene Marita e Idoya :). Así que nada, espero que os unais, y si no...pues lo borrare :( Un saludo

 

Enviado por Idoya en junio 14, 2011 a las 09:44 AM CEST #

FUD, no es por quitarte la ilusión porque, de hecho, valoro tu esfuerzo tratando de crear algo, pero no sé... es que un foro de "seguidores" de JAA (en concreto, de sus historias ¿no?) sin JAA es como "Sensación de vivir" sin Brandon&Brenda o "CSI Las Vegas" sin Grissom. Falta algo. De todas formas, gracias por haberte acordado de Marita y de mí ;-) y, por cierto, cuando nos vayamos demasiado por "los cerros de Úbeda" y os moleste, nos dais un toque y ¡tan amigos!.

 

Enviado por Marita en junio 14, 2011 a las 10:37 PM CEST #

Exacto, o como "Luz de Luna" sin Maddie Hayes y David Addison. Me enmendaré y moderaré mi locuacidad. Un besote, FUD.

 

Enviado por FUD en junio 16, 2011 a las 04:06 PM CEST #

Como Dos Hombres y Medio sin Charlie Sheen..., vale lo he captado jajaja. De todos modos lo mantendré algunos días más como recuerdo, gracias de todas formas.

 

Enviado por Marita en junio 18, 2011 a las 01:07 PM CEST #

Jose, pensaba que estos días nos ofrecerías una de tus reflexiones -de esas profundas, no como las mías- sobre el tal Weiner y sus (ridículas) fotos. He leído esto en A3.com/noticias: "En Estados Unidos ya existen negocios especializados en borrar el rastro de desprestigio que puede dejar ese tipo de conducta impulsiva, como MyReputation.com". Va al hilo de una conversación con Idoya en la que le decía cuánto me sorprende la falta de prudencia y de pudor de la gente en internet. De todas formas, creo que si se diera en España un “caso Weiner” lo tomaríamos a chufla y la consecuencia más grave sería que Antonio Burgos le sacara una coplilla. Jose, ¿Tú qué crees?¿Alguna vez has escrito algo en el blog de lo que después te hayas arrepentido? (basta sólo “sí” o “no”).

 

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José Angel Abad


José Angel Abad (Gijón, 1971) es corresponsal de Antena 3 en Nueva York desde agosto de 2003. Este blog abre un nuevo diálogo con los espectadores, ofreciendo una ventana más amplia a la actualidad de Estados Unidos y, al mismo tiempo, una mirada al proceso narrativo de la corresponsalía. También pretende mostrar aspectos peculiares de la vida diaria en Nueva York y otros lugares de Estados Unidos.

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