03:08 jun 28, 2011 | Astrid García | General

Nuestras armas en Rebajas



¿Rebajas? ¡Pero si acabo de estrenar los pantalones cortos! De momento han comenzado sólo en Madrid, pero apenas tardarán unos días en extenderse al resto de la península y las islas.

Para mi, las compras acaban cuando empiezan los descuentos. Me niego a pagar por prendas descoloridas, que se vendían hace entre cinco y diez años: Comienzan a asomar los pantalones de campana y los estampados de leopardo, y todavía hay quien cree que compra una ganga.Es una práctica ilegal, pero de poco sirven las denuncias, porque año tras año me encuentro con lo mismo.

¿Dónde se meten los famosos inspectores? Se supone que deben asegurarse de que el producto que se vende rebajado, sea el mismo que hace unos meses costaba un X% más. Pero la vigilancia no pude acabar en las primeras semanas de ofertas: Es frecuente que en agosto los comercios sigan anunciando las rebajas, cuando menos del 50% de sus productos llevan descuentos; una práctica que va en contra de la normativa vigente.

Os recomiiendo además que os aseguréis, antes de llevaros el producto, de que la forma de devolución es la habitual, puesto que ciertos comercios admiten cambios, pero no reembolsan el dinero en temporada de Rebajas. En cualquier caso, y por muy barato que haya sido, si nos damos cuenta de que el producto estaba defectuoso, el establecimiento tendrá que hacerse cargo.
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04:27 jun 22, 2011 | Astrid García | General

Vulnerables en el extranjero

Planificando mis vacaciones me he dado cuenta de que, una vez que salgo de la península, soy tan vulnerable a las trampas empresariales como cualquiera. Aquí tengo todo controlado: sé dónde encontrar los vuelos más baratos, cómo evitar suplementos, si detecto alguna irregularidad sé exactamente cómo quejarme… Pero una vez fuera, sobre todo cuando el viaje es a otro continente, toda mi experiencia se reduce a nada.

Hace un par de semanas, en Bruselas, fui víctima de la mayor burla que pude haber imaginado en un restaurante africano. Pedimos un plato típico de pollo con arroz, y el arroz me quedó claro que estaba, pero me resulta imposible averiguar de qué carne se trataba. Estuvimos una hora y 40 minutos esperando que nos sirvieran, y éramos sólo tres grupos en las mesas. Pero cuando llegó la comida, mi paciencia se convirtió en mal humor. ¡Era imposible comer aquello! Probamos primero con los cubiertos, pero no había quien lo partiera. Nos decidimos a usar las manos, pero ninguna dentadura era tan fuerte como para conseguir extraer un pedazo, y mucho menos para masticarlo. Nos fuimos con un poco de arroz en el estómago, y sin ni siquiera una reclamación en la mano.

Tengo claro que en España, en una situación así, me habrían invitado a todo, con mil perdones para evitar una queja en su expediente, pero aquellos hombres ni siquiera hablaban inglés, y se hacían los locos cuando se daban cuenta de que les estabas poniendo verdes. Evidentemente, fue mi error no llamar a la Policía, para que al menos cumpliesen con su obligación de darme una hoja de reclamaciones, pero teníamos prisa y, aunque la hubiéramos conseguido, el papeleo desde España nunca habría llegado a aquel local de 3 por 4 metros, en un barrio perdido de la capital belga.

Cuando llegué a la península telefoneé a la organización de consumidores con la que suelo ponerme en contacto cuando tengo estos problemas, y me confirmaron que en esos casos hay poco que hacer. Hay muchas probabilidades de que salga adelante cuando la empresa con la que nos enfrentamos es una multinacional, pero no ocurre lo mismo con los baruchos.

Ayer estuve a punto también de ser víctima de otro problema. Me disponía a comprar los billetes de avión para desplazamientos internos entre varias ciudades de Estados Unidos, cuando me percaté de un aviso en letra pequeña: “Los precios con esta aerolínea son orientativos”. No entendía nada, ¿a qué se refería? Vi además que otras opciones de vuelo, mucho más caras, me daban el precio cerrado.

Pronto me di cuenta: ¡Había estado a punto de comprar billetes para vuelos de bajo coste! Y muchos diréis: “¿Bueno, y qué, es una categoría demasiado baja para ti?”. Por supuesto que no; no se trata de eso. Simplemente me habría gastado todos mis ahorros en el aeropuerto: El precio es orientativo, porque ni se incluye el de llevar maleta (sólo podrías viajar con una mochilita o un mini trolley), ni el de cada kilo que ésta se pase del peso, que suele ser muy bajo en este tipo de compañías. Así pues, si me cobran 60 euros por no dejar tirada la maleta en la ciudad de origen, damos por hecho que ese precio incluiría los primeros 15 kilos, y lo normal cuando viajas a EEUU es llevar 30 (lo permitido en vuelos internacionales), nos gastaríamos unos 260 euros más de lo previsto en cada traslado que hiciéramos. Y si, como nosotros teníamos previsto, cogéis cuatro vuelos internos, la broma de la maleta ascendería a… ¡más de mil euros!

Así que ya sabéis, cuidadito con la letra pequeña, y con los bares de barrio.
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01:49 jun 17, 2011 | Astrid García | General

Pagar las bolsas no es una obligación

Cada vez es más difícil encontrar un supermercado que no te cobre las bolsas de plástico. Ante las numerosas quejas de los clientes, los dependientes utilizan el argumento de que “la nueva normativa lo impone”. Sin embargo, esto no es cierto. Sólo algunas comunidades, como Cantabria, obligan a pagar una ‘tasa medioambiental’ de cinco céntimos por bolsa. En el resto de los casos, el cobro repercute directamente en los beneficios de la empresa.

Es cierto que la nueva ley de residuos urbanos y suelos contaminados, que se aprobará próximamente, tiene prevista la reducción en un 60% del uso de estas bolsas no biodegradables en 2013. Sin embargo, ni ha entrado en vigor ni especifica nada sobre su cobro.

El modo de alcanzar dicha meta puede ser elegido por cada distribuidor, aunque la mayoría ha optado ya por el camino más fácil y rentable.

Pero existen más opciones, que evitarían que el consumidor sea el único perjudicado. Por ejemplo, podrían regalarse bolsas reutilizables o biodegradables, en vez de cobrar las de toda la vida, mucho más dañinas para el medioambiente.
Y también es buena idea la que ha tenido Eroski, que para desincentivar su uso, descuenta un céntimo de euro de la cuenta por cada bolsa que el cliente no utilice.
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04:44 jun 05, 2011 | Astrid García | General

De rollos que nunca se acaban y patatas 'artesancis'

Hace más de cinco años que cambiaron de nombre, pero todos continuamos llamando al yogurt, Bio y al zumo con leche, BioFrutas. Las marcas gastaron varios millones de euros en campañas publicitarias para ajustarse a la normativa europea, y nos quedó muy claro que todo producto que llevara la palabra mágica en su envase debía proceder de la agricultura ecológica.

Las asociaciones para la defensa del consumidor se están poniendo serias, y muchas marcas han decidido moderar su eslogan y ahorrarse una multa. Por eso, las croquetas caseras han pasado a ser “las mejores, después de las de tu madre” o a tener “sabor a casa”. Cualquier juego de palabras es válido para hacernos entender el mensaje.

Lo que no tiene demasiada lógica es que, para adaptarse a los nuevos requisitos, las compañías se valgan de asteriscos y letras pequeñas, o incluso de una modificación en la tipografía de su envase.

Por ejemplo, esta marca de papel higiénico nos promete un “rollo que nunca se acaba” y nos aclara mediante un asterisco que en realidad sólo es el doble de largo que el de la competencia. No veo la necesidad de exagerar hasta ese límite, ¿a caso el doble no es suficiente?

Pero ahí no acaba la cosa. Estas patatas fritas, que hasta hace unos meses se vendían como “Artesanas”, se llaman ahora “Artesancis”, un cambio casi inapreciable en su bolsa, como podéis observar en la fotografía. Los diseñadores debieron de darse palmaditas en la espalda al descubrir que se nos podía engañar con tan sólo borrar un trocito de letra y añadir un punto.



El último de sus anuncios que recuerdo tenía como escenario una cocina. En ella, varios hombres cortaban patatas y las metían en sartenes rebosantes de aceite de oliva. Luego, el mayor del grupo ojeaba una a una la perfección de cada patata. Desde luego, no espero que la bolsa de snacks que compro en el supermercado llegue directamente de los fogones del mejor chef del mundo, pero ya nos hemos acostumbrado a este tipo de publicidad…

Y si algo me hace especial gracia es el reverso de su envase:  “Para elaborar nuestras Lay’s Artesanas seguimos un cuidadoso método de elaboración en el que, sin ser artesanal, sólo usamos ingredientes de gran calidad”. ¿No notáis algo raro en la explicación?

Pero las contradicciones no acaban aquí. Si con esta decisión la marca pretende protegerse de posibles denuncias, debería plantearse también un cambio en su página web. En ella, tan sólo ha cambiado el dibujo del producto: La palabra “Artesanas” sigue presente por todas partes, incluso en la url.

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03:22 may 31, 2011 | Astrid García | General

Consejos para perder el miedo a los pepinos

Al menos doce muertos en Alemania, y parece que la culpa la tiene una partida de pepinos con procedencia aún dudosa. La Unión Europea ha hecho saltar la alarma, pero muchas veces esos avisos, más que prevenir, despiertan el pánico y derivan en una caída en picado del consumo.

Los agricultores están que trinan. No hay pruebas de que la contaminación se iniciara en Andalucía, pero los rumores están haciéndoles mucho daño.  De hecho, hasta el momento no hay ningún afectado español. Parece que podemos estar tranquilos y, en cualquier caso, la solución no puede limitarse a dejar de comer vegetales; son fundamentales en nuestra alimentación.

Los intoxicados por la bacteria Echerichia Coli se cuentan ya por cientos, pero la gravedad de unos y otros no es la misma. Los síntomas dependen de la virulencia de la cepa: pueden quedarse en una simple diarrea o llegarse a producir alteraciones renales.

Los niños son mucho más vulnerables a contraer este tipo de infecciones, así que debemos tener especial cuidado en casa, y asegurarnos de que, si comen fuera, lo hagan con plena seguridad.

Sin embargo, sorprende que la mayor parte de los afectados sean adultos. Por eso, no debemos descuidar nuestra alimentación. Es fundamental cocinar perfectamente todos los alimentos, o lavarlos a conciencia en el caso de que los comamos en crudo (recordad que pasar un trapito a la manzana de media tarde no es suficiente.

La conservación también es importante, y muchas veces se descuida desde los mismos supermercados. En casa, lo ideal es tener la nevera entorno a los 3ºC. Si la tuya no te marca a cuánto está, puedes averiguarlo metiendo un termómetro en un vaso de agua.

En los alimentos envasados, la fecha de caducidad está para algo. No os arriesguéis a una intoxicación por no tirar un producto que os ha costado 2 euros; no merece la pena. Incluso, si al abrirlo no huele demasiado bien pese a estar dentro de fecha, siempre es mejor desecharlo. Y, una vez empezado, no lo dejes en la nevera más de dos días.

Y ni que decir tiene que una cocina limpia y desinfectada es una de las mejores garantías de seguridad.
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Consumidos, el blog

Astrid García

Periodista especializada en Economía y Empresas. Con tan sólo cuatro años consiguió sacar los colores a su abuela en una frutería: "Señora, ¿se piensa que somos tontas? Acaba de meter una manzana pocha en la bolsa". Desde entonces, estar al tanto de todos sus derechos como consumidora ha sido casi una obsesión. Si alguna vez te has sentido víctima de una estafa o no has sabido cómo defenderte de un abuso empresarial, este blog te puede interesar.

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