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VOLUNTARIADO ATRESMEDIA

TRES A CAMBOYA, el blog
LA OTRA TARDE | CASOS Y COSAS TAURINAS

“Quedar peor que Cagancho en Almagro”

Han pasado ya más de ochenta y cinco años desde que el diestro trianero salió por piernas del pueblo manchego después de un escándalo formidable. Aún se oye este dicho popular, atribuyéndolo a cualquier ámbito de la vida. Hoy en día, aunque quizá ya se oye menos, lo de “quedar peor que...” es una frase perfectamente entendible.

Cagancho Cagancho | Foto: RT

Herman Pascual  |  Madrid  | Actualizado el 17/12/2012 a las 12:53 horas

Sinónimo de petardo, de espantada y desastre, los hechos históricos fueron los siguientes. Cagancho, torero grandioso, artista y gitano de pura cepa, capaz de la mayor obra de arte y de verse preso de los nervios y del miedo si así le venía el aire, estaba anunciado para torear en Almagro el jueves 25 de agosto de 1927 (y no el viernes 26, como erróneamente se viene citando. Esta fecha equivocada se ha colado debido a que las crónicas de los periódicos de la época se publicaron el sábado 27).

El gitano de los ojos verdes era la gran atracción de la tarde, ya que por aquel 1927 estaba en su plenitud. Recien recibida la alternativa en Madrid, su carrera estaba lanzada. Al año siguiente escribiría su opera prima en la plaza de Madrid ante el toro Corchaíto de Pérez-Tabernero, misma ganadería que habría de lidiarse este fatídico jueves en Almagro, con muy distinto resultado. Junto a él abría cartel Márquez, completándolo Rayito.

Lo cierto es que para un pueblo como Almagro la cita era memorable y las entradas se vendieron al completo, incluso hubo reventa en la cercana capital ciudadrealeña. Se fletaron trenes especiales que trasladaron hasta los topes a los aficionados que venían de los pueblos cercanos. La plaza estaba a rebosar.

Como siempre que un gran torero se anuncia en una localidad pequeña, había runrún de duda sobre si el diestro trianero comparecería. Al día siguiente toreaba en Almería, también con toros de Pérez-Tabernero, para que luego digan de las fijaciones de las figuras de hoy en día, y muchos aficionados temían que “no diera todo” en Almagro.

CaganchoBronca a Cagancho tras un 'petardo' en Sevilla. | Foto: RT

Lo cierto es que todo salió torcido. Márquez mató tan mal que fue multado con 250 pesetas. En el tercer toro Cagancho estuvo muy precavido pero lo malo fue que mató tras muchos pinchazos y cinco descabellos, poniéndose a la gente a la contra. Y en el sexto y último de la tarde, el desastre. El torero huía del animal y se lanzaba al callejón de cabeza. Los banderilleros escondieron estoques en sus muletas y al paso del animal le pinchaban en los costados. Cagancho volvió al ruedo y ni corto ni perezoso le atizó una estocada en el cuello. Las botellas, almohadillas y piedras llovieron sobre el redondel. Sonaron los tres avisos. La cuadrilla de Cagancho sin encomendarse a nadie, estoquearon al animal desde detrás de la barrera cuando los cabestros ya se lo llevaban.

La Guardia Civil se desplegó por el callejón. El Gobernador mandó detener al torero gitano que salió de la plaza recibiendo golpes por todos lados. Fue recluido en el Ayuntamiento a la espera de poder sacarlo del pueblo. Su multa, quinientas pesetas. Aún vestido de torero y camuflado en un automóvil salió camino de la estación. Allí pudo coger el tren y dirigirse a Almería, donde al día siguiente toreó junto a Márquez y Agüero, teniendo otra actuación penosa.

Muchas veces se ha comentado que los aficionados prendieron fuego a la plaza de madera que ardió entera. Esto no es cierto; al día siguiente se celebró una novillada sin el menor problema. El escándalo fue inolvidable, pero tampoco llegó la sangre al río.

Eran otros tiempos, otro público y otro país. También otra fiesta taurina. Hasta Rafael El Gallo, no existía el concepto de torero artista, irregular y medroso. Un torero era ante todo un atleta, un lidiador y un héroe que desconocía el miedo. Los públicos querían valor y orgullo. Junto al Divino Calvo y al toro más templado que llegó con el toreo de Belmonte, vinieron toreros de corte artista y más irregularidad: Gitanillo de Triana, Antonio Márquez, Cagancho...

Como dijo Rafael El Gallo, detenido en los calabozos de Santander tras una tarde de zambullidas de cabeza al callejón, ante la pregunta del Gobernador: “Pero hombre Rafael, ¿qué le ha visto al toro, si no tenía nada malo?”. Una pausa y el genio definió lo que para él era evidente: “ Pues le vi que ese toro no se podía torear...ese toro tenía quimica”. Luego Curro Romero, Rafael de Paula, Julio Aparicio o Morante de la Puebla han seguido la escuela. Y es que el arte...es así.

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Herman Pascual

Aficionado de siempre, enamorado de la riqueza y variedad de este espectáculo, ofrece una visión del mundo taurino abierta a los que aún no son seguidores pero se sienten atraídos por todo lo que se puede sentir en una tarde de toros.

 

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