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TRES A CAMBOYA, el blog
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El indulto nuestro de cada día

El indulto o perdón al toro bravo ha perdido su porqué y su esencia, se ha vulgarizado. Se ha hecho rutinario, y a lo largo de la temporada, sí o sí, se dan más de diez, quince o veinte pañuelos naranjas.

Rafaeillo indulta un toro Rafaelillo simula la estocada tras indultar a 'Operario', de Fuente Ymbro. | Foto: EFE

Herman Pascual  |  Madrid  | Actualizado el 18/09/2013 a las 16:02 horas

En los toros ha existido el perdón al toro bravo desde que se reguló la lidia. O antes. Por citar uno de los más conocidos, el toro navarro 'Murciélago' fue indultado en Córdoba y padreó en la ganadería de Miura.

Ya en el siglo XX el indulto sólo se permitía en corridas concurso, como un premio superior a un toro especialmente elegido por el ganadero por su reata y hechuras. Ejemplo conocidísimo, el de 'Belador' de Victorino Martín en Las Ventas.

Con el reglamento de 1992 se abre la posibilidad a otras corridas de toros ordinarias, en plazas de primera y segunda. En septiembre de ese año, Enrique Ponce torea a 'Bienvenido', que es indultado en Murcia.

Con la proliferación de reglamentos autonómicos, la regulación del indulto varía de comunidad en comunidad, de forma que ahora mismo hay reglamentos como el andaluz que contemplan y admiten el perdón en plazas de tercera y otras que no lo contemplan, pero pese a ello, cada vez se da con más frecuencia.

De la útlima hornada, el del toro 'Taco' de Zalduendo en la encerrona de Talavante en Mérida. Indulto pedido por el torero, por el público y por el propio ganadero. Por lo tanto, indulto indiscutible ya que cumple lo que se pide para esta medida de gracia máxima.

Otros dos más, el de un sensacional e incansable ejemplar de Daniel Ruiz, indultado por Miguel Angel Perera en Albacete. Y el firmado por el torero murciano Rafaelillo, que armó un verdadero lío y consiguió que a 'Operario', de Fuente Ymbro le fuera perdonada la vida.

Sin embargo, el indulto ha perdido su porqué y su esencia, se ha vulgarizado por dos motivos. El primero y principal es porque se ha hecho rutinario. Llegado el mes de agosto, rara es la feria de plaza de segunda o tercera en que no se pide un indulto o varios para algún animal. Y a lo largo de la temporada, sí o sí, se dan más de diez, quince o veinte pañuelos naranjas. Sólo Enrique Ponce lleva más de cuarenta indultos en su carrera.

La segunda razón es que se ha generalizado a todo tipo de festejos. Y esto significa que la mayoría de toros se indulta después de un único puyazo. Con lo que no se puede medir la bravura del animal ya que no se comprueba la respuesta del toro a la segunda vara. Además, su comportamiento en la muleta siempre quedará en entredicho, ya que no sabremos nunca cómo habría embestido tras un mayor castigo en varas.

Cuando acaba la temporada a cualquier aficionado, profesional o taurino le sobran dedos de las manos para enumerar los toros auténticamente bravos que ha visto lidiar. Nadie que tenga un mínimo de exigencia respecto al toro bravo puede mantener que haya quince o veinte toros al año que merezcan un indulto.

La corrida de toros tiene sentido completo porque acaba con la muerte a ley del toro cara a cara con el torero. Ni más ni menos. Y a quien esto le parezca algo triste, salvaje o trasnochado, no entiende lo que es la corrida. Sí al indulto cuando el toro es un animal excepcional al que hay que honrar con su perdón y que merece volver a la dehesa para mejorar su ganadería y la cabaña brava entera.

Pero ojo, porque estamos introduciendo como normal y hasta exigible por el público la 'no muerte' de muchos toros, simplemente porque permiten una faena lucida. Y eso es desvirtuar el fin último de la corrida. Honrar al toro con una muerte hermosa cara a cara, según las normas y con máxima exposición del hombre. Y sobre todo, estamos vulgarizando algo excepcional, quitándole todo su valor.

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Herman Pascual

Aficionado de siempre, enamorado de la riqueza y variedad de este espectáculo, ofrece una visión del mundo taurino abierta a los que aún no son seguidores pero se sienten atraídos por todo lo que se puede sentir en una tarde de toros.

 

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